
Inteligencias perspicaces, avispadas o simplemente críticas dentro de su propio mundo religioso han entrevisto que la ciencia es la puntilla de las creencias.
Quizá de buena fe han tratado de aunar algo que mutuamente se repele, ciencia y religión. Pero...
...la razón no puede admitir lo irracional.
Con éxito dispar, en algunos casos notable, han surgido “religiones” –si así se las puede llamar— que aprovechan elementos de la ciencia concomitantes con la religión.
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En el artículo de ayer hacíamos referencia a un blog vecino donde se discuten asuntos relaciones con la verdad sobre el Jesús de los Evangelios. Ello nos da pie a considerar el asunto “verdad” inherente a las creencias religiosas y el aledaño a la misma, "aceptación".
Con demasiada frecuencia para pensar que sea casualidad cuando de opiniones contrarias a determinadas creencias se trata, se alzan en este blog comentaristas, presuntamente católicos practicantes y convencidos, que tildan a quien escribe de necio, cura rebotado, estúpido, malnacido, amargado, resentido, imbuido de odio… No se habla de la verdad o no, se denigra al mensajero. ¿Por qué esto en las presuntas "verdades" religiosas? ¿Por probadas y no sujetas a discurso?
Insultar sólo afecta a quien se sienta concernido --no es nuestro caso-- y siempre denigra al que lo hace.
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A cualquier argumento o silogismo racional sobre la inadmisibilidad de dogmas, milagros y supercherías crédulas podría responder cualquier crédulo pensante, como de hecho hemos oído infinidad de veces, con otro argumento, simple por demás:
Hay hechos que no se explican por causas naturales. Si no se conocen sus causas naturales, se han de explicar por otras, porque nada de lo que es, existe sin causa suficiente, de lo que se deduce que éstas han de ser causas sobrenaturales.
Esto no es sino una grosería de racionalismo barato.
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DIOS Y LA ORACIÓN.- El asunto de la oración como “súplica que Dios siempre escucha” tiene más pólvora de lo que parece. Lo primero que deja ver es el absurdo que es rezar a un Dios que por esencia es inmutable: Dios ya tiene encauzado el curso del mundo, Dios no puede cambiar de opinión. Si cambia no es perfecto, si no cambia es perverso. Respuestas para todo: ¡¡Dios ya tenía previstas desde toda la eternidad las oraciones y, al crear y poner las leyes del mundo, actuó en consecuencia!!.(Leonhard Euler, 1707-1783).
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Es un asunto para mí recurrente y que, como licenciado en asuntos de la mente, me perturba, inquieta y persigue: ¿cómo conoce, y admite, el hombre las verdades divinas? ¿por qué las acepta si su mente las rechaza?
Los que hemos pasado años estudiando "teorías del aprendizaje" y similares para llegar a conclusiones elementales --"el alma está en el cerebro", que dice E.Punset--, sabemos algo sobre los mecanismos cerebrales del conocer. Pero hete aquí una novedad aportada por...
Es la gran novedad epistemológica de las RELIGIONES DE CREENCIA, la de que propugnan "otra forma de conocimiento" que no es el racional.
Sus afirmaciones (copio):
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Acabo de leer en un opúsculo pasado de años que entre las consecuencias nefastas del pecado y, por defecto, la ausencia de la gracia, está la "ofuscación" de la razón.
Es algo que hoy día nadie se atreve siquiera a sacar a colación. Sin embargo, desde Pablo de Tarso hasta el último teólogo opusdeista, es éste un "concepto-guadiana", que surge cuando la oportunidad llega.
No se nos alcanza cómo el pecado puede siquiera perturbar las funciones racionales. Dicen ellos que el pecado conduce a confusión de facultades intelectuales, emocionales y volitivas. Será así si así lo dicen.
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La Escolástica llegó a su más alta concreción lógica con la técnica del silogismo. El silogismo tenía sus reglas. Según ellas una conclusión necesariamente se debía deducir de premisas previas. Sólo eran válidas quince clases de silogismo, según los enunciados fueran afirmativos universales, af. particulares, negativos univ. o neg. part. Lógicamente las premisas debían ser verdaderas para que la conclusión fuera necesaria.
Esto se aprendía bien con la retahila bárbara - celarent - darii - ferio - baralipton - cesare - camestres - festino, etc. Un ejemplo en "celarent": Los hombres no tienen alas; todos vosotros sois hombres, luego vosotros no tenéis alas. O bien: Hay blogs influmables que no se pueden leer; éste es un blog infumable; luego este blog no se puede leer (silogismo en "darii" un tanto "sofismatizado")
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Cuando se habla de fe, de creer, hasta el más romo de los creyentes percibe que no se trata sólo de un sentimiento, sino también de dar asentimiento a algo, unas verdades, que constituyen el elemento racional de la creencia.
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Cuantos escudriñan y revuelven aspectos de la vida con ojos científicos, suelen derivar en conclusiones generales muy ligadas a aspectos simbólicos, psicológicos, axiológicos o praxiológicos (1) que no se apartan mucho de las nociones que al hombre común le sirven para “andar por la vida”.
Las deducciones religiosas –el hombre depende de instancias superiores que escapan a la consideración científica o a/científica— es una de esas derivaciones quizá no buscadas, pero con las que se encuentra el científico.
Ahora bien, tales derivaciones no son sino fruto del “cansancio vital”
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Hay un asunto ya resuelto en otros países pero no del todo, hasta hoy, en España, del que no sabe la Iglesia cómo salir y con el que había tenido cautiva a la comunidad científica: el problema de las células "madre" y, sobre todo, los embriones congelados.
Dice la Iglesia que Dios "insufla" el alma cuando el espermatozoide entra en el óvulo, en el momento de la fecundación. Un embrión es "ya" un ser humano.
Problema tremebundo saber que "ahí", en el laboratorio, hay cien, doscientos o mil "seres humanos" congelados a la espera de ser "asesinados". Todos con su alma microscópica también congelada...
¿Absurdo? No, absurdo no, problema únicamente de conciencia, que no de ciencia. Es el no poder vivir en esa angustia que corroe, angustia que por algún sitio tiene que explotar...
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Una inquietud intelectual me ha embargado al leer, en un libro crédulo pretencioso pero carente de originalidad, este párrafo:
estas verdades, las dogmáticas, son de un carácter distinto a las verdades científicas.
Algo que tampoco es novedad, pues es la contestación repetida sistemáticamente cuando colisionan los dos tipos de verdades.
Sería admisible decir que son distintas "in se", porque son dogmáticas y se deben creer “porque sí”; pero no son distintas a otras verdades si consideramos el receptor de tal “verdad”, la persona, la facultad, el órgano que tiene que admitirlas, masticarlas, tragarlas, digerirlas, asimilarlas y, si es el caso, expulsarlas.
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Con menor frecuencia dialéctica pero mayor homilética, la contemplación de la naturaleza sirve a los embaucados por la mística natural para acceder a Dios. Y hasta recitan los salmos de David repitiendo tras cada aldabonazo sensiblero "qué admirable es tu nombre".
Resulta hasta curioso que idénticos fenómenos naturales a unos les sirva como goce estético; a otros como relax peripatético; a otros les inicie en una profesión que sustenta una familia o crea escuela; a otros les inspire la creación de sublimes obras literarias, pictóricas o musicales; y a otros les empuje a ver a Dios...
Y quien más quien menos, todos pretenden dar las claves de su "funcionamiento" en la parcela específica de referencia, excepto las religiones, que en su propósito holístico arramblan con todas. Una de las "teorías" últimas, por demás convincente y contrastada con hechos, que no con supuestos, la de Charles Darwin.
En pura lógica habrá que pensar que no son los fenómenos en sí los que producen tales reacciones sino la receptividad
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