Humanismo sin credos

Triángulo amoroso: Éros, Philía y Agápe/ 14 - b FIN

11.06.17 | 12:00. Archivado en PROMETEO


El humanismo prometeico es secular, por fundarse en valores laicos, no sagrados. Su amor a los humanos es beneficiencia y benevolencia, como la philía en Aristóteles. Ama a la humanidad sobre todas las cosas y a los humanos por ellos mismos, no por amor al Dios monoteísta.

Su Agápe se dirige a todo el género humano, por encima de pertenencias a razas, culturas, naciones o religiones. Es universalista y no depende de una particular fe religiosa, cristocéntrica y etnocéntrica.

Es cáritas humani géneris, al modo cosmopolita de los estoicos, como defendía Cicerón. No depende de ninguna fe religiosa en un Reino de Dios trasmundano. Mira al cielo desde la tierra, no a la tierra desde el cielo cristiano.

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Triángulo amoroso: Éros, Philía y Agápe/ y 14 a

09.06.17 | 12:00. Archivado en PROMETEO


El amor verdadero se basta a sí mismo (Feuerbach)
El amante ama más allá de la recompensa o la retribución (Nietzsche)
Pues amarga la verdad, quiero echarla de la boca
(Quevedo)
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El teólogo Tertuliano, entre otros, vió en el mito de Prometeo un precursor pagano del Cristo redentor. En efecto, descubrió entre ambos ciertos paralelismos, como el sufrimiento de los dos para salvar a la humanidad (“por salvar a los humanos, he procurado mis males, escribía Esquilo).

Prometeo es encadenado y clavado a una roca en el Cáucaso y Jesús es clavado a un madero en el monte calvario. Incluso Luciano de Samosata en el Diálogo de los dioses califica de crucifixión el castigo de Prometeo: “lo crucificamos en el medio, al borde del abismo, con los brazos sujetos a las rocas”.

Sin embargo, a pesar de las analogías, hay que resaltar las diferencias y la contraposición de dos modelos antitéticos de “salvación” humana, representados por el mito helénico de Prometeo y el mito judío de Jesús, divinizado como Cristo. Sólo así podremos entender dos visiones contrapuestas del tema genérico del Amor, como Éros, Philía y Agápe.

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Triángulo amoroso: Éros, Philía y Agápe/ 13 - b

07.06.17 | 12:00. Archivado en PROMETEO


L. Feuerbach, desde su humanismo antropocéntrico, defiende el valor autónomo y natural del amor, no sometido a una fe sobrenatural ni a la valoración cristiana del sacrificio. F. Nietzsche, por su parte, desenmascara el amor cristiano por su unión con el ideal ascético, la mala conciencia de pecado y el resentimiento contra los enemigos de la fe.

Schmidt-Salomon, influído por los dos anteriores, critica la moral dualista de buenos y malos, presente en los textos sagrados de los tres monoteísmos. Pero los tres filósofos coinciden en la crítica del dualismo moral de buenos y malos, amigos y enemigos, proyectado en el destino escatológico de salvados y condenados.

Dentro de la tradición psicoanalítica y neomarxista, Marcuse critica la represión de una sexualidad puesta al servicio de la reproducción y del trabajo alienado. Propone, de forma utópica, la posibilidad de un Éros liberado, de acuerdo con una lógica de la gratificación, que conciliaría Éros y Lógos, el principio del placer y el de realidad.

Por su parte, Erich Fromm, siguiendo la línea humanista del joven Marx, critica la alienación de la relación amorosa en la sociedad capitalista.

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Triángulo amoroso: Éros, Philía y Agápe/ 13 - A

05.06.17 | 12:00. Archivado en PROMETEO

Amore, more, ore, re iunguntur amicitiae (refrán latino)
Amicus certus in re incerta cernitur Ennius)
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Después de un largo periplo en esta serie sobre el amor y sus formas, haciendo un análisis filosófico del triángulo amoroso denominado por los griegos Éros, Philía y Agápe, resumimos las ideas básicas y sacamos algunas conclusiones desde el punto de vista de un humanismo laico o secular, que es el enfoque de Prometeo.

Platón se centró en el Éros, concebido como amor-carencia, que el filósofo eleva del plano físico al metafísico, desde el deseo del cuerpo bello a la contemplación intelectual de la Idea de Belleza o Idea de Bien. Aristóteles, superando el idealismo y dualismo platónico, se centró en la Philía, la amistad como virtud ética esencial de la vida social y política, concebida como amor-benevolencia, que se da entre los buenos, no entre los malos. Según Diógenes Laercio, el estagirita define el amigo como una sola alma (mía psyché) que habita en dos cuerpos. Los epicúreos valoran la Philía como virtud (areté) en el ámbito privado, que implica el disfrute hedonista del grupo de amigos, liberado del temor a los dioses, a la muerte y al destino.

Los estoicos, desde un enfoque inmanente y naturalista, dan al Agápe un sentido universal, cosmopolita, pues todos los humanos son ciudadanos del mundo (así en Séneca). Cicerón, influído por Aristóteles (pares cum paribus), destaca el valor de la amistad (cfr. De amicitia): En el verdadero amigo se puede ver la imagen del propio yo, pues el amigo es alter ídem, otro yo. La amistad, escribe, “es con la excepción de la sabiduría, el regalo más hermoso, que los dioses inmortales han concedido a los humanos”. Pero, además, define el Agápe como amor a la humanidad (cáritas humani generis, idea que retomará Voltaire y los ilustrados con su concepto de filantropía).

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Triángulo amoroso: Éros, Philía y Agápe/ 12

25.05.17 | 12:00. Archivado en PROMETEO

Quien no comienza por el amor jamás sabrá lo que es la filosofía (Platón)
Querer es esencialmente sufrir y como vivir es querer, toda vida es por esencia dolor (A. Schopenhauer)
Un amor de rodillas no es para mí un amor (Alain Badiou)
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Dentro de la misma Escuela de Frankfurt, a la que pertenece H. Marcuse, el psicoanalista Erich Fromm, también judío alemán y exiliado a EE UU, dedicó un interesante libro al tema del amor, titulado El arte de amar. En él analiza las diversas formas de amor, el erótico de pareja, el materno, paterno, fraterno, amor propio e incluso el amor a Dios.

Considera el amor un asunto básico para dar sentido a la existencia humana, pero, desde un enfoque sociológico neomarxista y desde un humanismo socialista, analiza su desintegración o alienación en la sociedad capitalista contemporánea, donde las relaciones amorosas están reificadas o deshumanizadas al estar mediatizadas por los valores del mercado.

Esta alienación de las relaciones amorosas ya había sido analizada por el humanismo antropocéntrico del joven Marx, quien criticaba el dinero como “poder enajenado de la humanidad”, que invierte y pervierte todas las relaciones, “transformando el amor en odio, el odio en amor, la virtud en vicio, el vicio en virtud, el siervo en señor, el señor en siervo, la estupidez en entendimiento” (Cfr. Manuscritos de economía y filosofía).

Dentro de la tradición del psicoanálisis, Jacques Lacan, en diálogo con Platón, sostiene que el amor viene a llenar de forma imaginaria el vacío que deja siempre la sexualidad, sometida a la ley de la repetición cíclica, pues una y otra vez hay que volver a empezar. Ello recuerda la metáfora socrática del tonel lleno de agujeros que el hedonista ha de llenar constantemente. En la sexualidad, piensa Lacan, cada uno va a lo suyo, buscando el propio disfrute: “lo sexual no une, sino que separa”, siendo el amor un mero vínculo imaginario.

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Triángulo amoroso: Éros, Philía y Agápe /11

23.05.17 | 12:00. Archivado en PROMETEO

Alle Lust will Ewigkeit, will tiefe, tiefe Ewigkeit// Todo placer ansía eternidad, una profunda, profunda eternidad (F. Nietzsche)
Ἥ τε μνήμη τῶν μὲν καλῶν ἡδεῖα //El recuerdo de las cosas bellas es grato (Aristóteles)
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Dentro de la tradición neomarxista frankfurtiana, analizamos brevemente la original obra de Herbert Marcuse, Éros y Civilización. Crítica de una Civilización represiva, que conecta con una crítica a la teoría psicoanalítica freudiana. Marcuse corrige a Marx con Freud y a Freud con Marx: la alienación, que Marx situaba en el ámbito económico del trabajo, tiene en Freud un fundamento en el inconsciente reprimido.

En su obra tardía El malestar en la cultura, defendía Freud que si la civilización y el progreso quieren subsistir, deben pagar el duro precio de la represión de las pulsiones instintivas (Triebe): “el precio pagado por el progreso de la cultura reside en la pérdida de felicidad por aumento del sentimiento de culpa”.

En efecto, piensa Freud, la liberación total de las pulsiones del Id, Éros y Thánatos, sexualidad y agresividad, regidos por el principio del placer, llevaría a la destrucción de la civilización. Por ello, las pulsiones del inconsciente han de someterse al principio de realidad (ya Platón defendía que los deseos sin límite del alma concupiscible han de regirse por el alma racional, el auriga del mito de Fedro, que se corresponde con el Ego freudiano).

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Triángulo amoroso: Éros, Philía y Agápe/ 10

09.05.17 | 12:00. Archivado en PROMETEO


Nächstenliebe braucht keine Religion// El amor al prójimo no necesita ninguna religión (M. Schmidt-Salomon)
En la historia, el amor al más cercano (Nächstenliebe) y el odio al más lejano (Fernstenliebe) van de la mano (M. Schmidt-Salomon)
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Continuando la desmitificación y desenmascaramiento de la moral cristiana, basada en el amor y en el sacrificio, realizada por Feuerbach y Nietzsche, el filósofo alemán Michael Schmidt-Salomon, critica en la actualidad el dualismo moral que atraviese los textos sagrados de los tres monoteísmos, el Antiguo Testamento, el Nuevo y el Corán. El dualismo moral de buenos y malos, presente en el judaísmo, cristianismo e islamismo, se funda en el dualismo religioso de fieles e infieles, creyentes y no creyentes.

De esta dualidad deriva la antítesis de amigos y enemigos, que recorre los libros sagrados. Amigos son los hermanos que poseen la misma fe intracomunitaria en el mismo Dios. Los enemigos son los otros, de diferente fe o los incrédulos. Los enemigos de la fe propia pueden ser internos, por tener una doctrina diferente (heterodoxos o herejes) y externos (paganos, incrédulos o de otras confesiones). De estas premisas se deriva el dualismo escatológico de salvados y condenados, agraciados y desgraciados.

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Triángulo amoroso: Éros, Philía y Agápe /9 - II

07.05.17 | 12:00. Archivado en PROMETEO


La fe es por naturaleza excluyente, mientras que el amor es inclusivo. Pero la contradicción reside en que el amor cristiano no puede unir lo que la fe separa. “La fe es excluyente, por su naturaleza. Sólo una cosa es verdad; solo uno es Dios; uno solo es al que pertenece el monopolio del hijo de Dios; todo lo demás es nada (Nichts), error (Irrtum) y locura (Wahn); solo Yahvé es Dios verdadero; todos los demás dioses son ídolos vanos”.

II

Ello significa que bajo la humildad (Demut) del creyente se esconde la altivez (Hochmut) y arrogancia de poseer la verdad.

Feuerbach, que fue teólogo antes de ser filósofo, como Hegel y Strauss, funda su crítica en los textos bíblicos. Así, recuerda que el que no está con Cristo está contra Cristo y lo que no es cristiano es anticristiano (o anticristo).

Recuerda igualmente la moral dualista, que recorre los textos bíblicos, de amor a los amigos y odio a los enemigos:

“¿Cómo no odiar, oh Yahvé, a los que te odian? ¿Cómo no aborrecer a los que se levantan contra ti? Los detesto con odio implacable y los tengo por enemigos míos” (Salmo 139, 21-22).

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Triángulo amoroso: Éros, Philía y Agápe / 9 - I

05.05.17 | 12:00. Archivado en PROMETEO


El amor en el cristianismo está mancillado por la fe (L. Feuerbach)
La religión cristiana es la religión del sufrimiento (L. Feuerbach)
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Durante siglos, la teología moral cristiana asoció el Éros (erotismo y sexualidad) con el pecado. Incluso algunos, como Agustín, vincularon el pecado original con el deseo sexual. La philía, tan loada por Aristóteles, se mantiene en una categoría inferior al agápe o caridad, virtud teologal subordinada a la fe, convertida en virtud (para la filosofía griega la fe no es virtud).

En general, el amor carnal queda subordinado al amor espiritual (el espíritu es superior al cuerpo, en sintonía con el dualismo platónico) y el buen cristiano asciende por grados de lo carnal a lo espiritual. El amor al prójimo sigue subordinado al amor a Dios, al que hay que amar sobre todas las cosas.

Pero la idea suprema de amor a Dios va unida de forma permanente a la idea de sacrificio, imitando la pasión del Cristo crucificado. El ideal ascético, que tiene como culmen la vida mística, es un camino hacia la santidad, que incluye sacrificio (de sacrum facere), renuncia al placer (antihedonismo radical), negación antropológica del cuerpo, al que hay que mortificar, incluso flagelar o castigar con cilicios.

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Triángulo amoroso: Éros, Philía y Agápe/ 8

03.05.17 | 12:00. Archivado en PROMETEO

“Lo que se hace por obligación, no se hace por amor” (Kant)
“El deber de amar es un absurdo” (Kant)
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Tanto la moral judía como la cristiana convierten el amor en una obligación, en un deber, expresado en un doble mandamiento: “Amarás a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo”. Kant, desde su ética deontológica, señaló el absurdo de convertir el amor en un mandato (imperativo hipotético, no categórico), pues lo que se hace por amor no se hace por obligación. Y la neokantiana y católica Adela Cortina escribe: “al amor puede invitarse, pero no puede imponerse: una ética impuesta no puede tener por contenido el amor” (cfr. La ética de la sociedad civil).

La moral autoritaria y teónoma del judaísmo se expresa por una alianza, un contrato utilitarista (do ut des). Yahvé, el Dios celoso y belicoso, promete al pueblo de Israel la liberación de sus enemigos y protección al estilo feudal, a cambio de fidelidad, sumisión y monolatría.

El dualismo moral de amigos y enemigos, fieles e infieles, recorre la Biblia judía y cristiana (especialmente en la tradición apocalíptica), como más tarde el Corán, dependiente de ambas.

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Triángulo amoroso: Éros, Philía y Agápe/ 7

01.05.17 | 12:00. Archivado en PROMETEO


El infierno endulza las alegrías de los creyentes bienaventurados (L. Feuerbach)
La Iglesia ha pretendido siempre aniquilar a sus enemigos (F. Nietzsche)
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Después de Feuerbach, tal vez sea F. Nietzsche el crítico más radical de la moral cristiana. Desde la hermenéutica de la sospecha, trata de desenmascarar los valores que se ocultan tras las virtudes cristianas y más en concreto tras la caridad o amor cristiano.

La moral judeo-cristiana viene calificada como una “moral de esclavos”, antinatural, antivital, propia de individuos inferiores a los que califica de “animales de rebaño”, siendo el camello cargado de pesados fardos el animal que mejor simboliza esta actitud.

Fue el pueblo judío, afirma Nietzsche, el que realizó una inversión axiológica (Umwertung) de la moral aristocrática, dominante en el mundo grecorromano. Esta “rebelión de los esclavos”, que hereda el cristianismo, conduce a sostener que “los miserables son los buenos; los pobres, los impotentes, los inferiores son los únicos buenos; los que sufren, los indigentes, los enfermos, los deformes, son asimismo los únicos piadosos, los únicos a quien bendice Dios” (Cfr. Genealogía de la moral, Tratado primero).

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Triángulo amoroso: Éros, Philía y Agápe/ 6

23.04.17 | 12:00. Archivado en PROMETEO

El que no quiera al Señor (ou phileî tòn Kýrion), ¡sea anatema!” (1Cor 16,22)
Sicut lilium inter spinas, sic amica mea inter filias (Cantar de los Cantares)

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Dentro de la filosofía griega, Platón centró su análisis del Amor en el Éros, priorizando el primer lado, que sitúa en la base del “triángulo amoroso”, desarrollando una escala ascendente de grados, que va del amor físico al amor espiritual, culminando en la Idea de Bien (=Idea de Belleza), en sintonía con su dualismo e idealismo metafísico.

Aristóteles, más realista y empírico que su maestro, centra sus análisis en la Philía, segundo lado del triángulo, como virtud ética indispensable en las relaciones humanas y sociales. De ahí la enorme actualidad de sus valiosos análisis que, como buen naturalista, sitúa en un plano natural e inmanente.

Pero será el cristianismo, en cuanto religión y teología, el que dé prioridad al Amor entendido como Agápe, situándolo en una dimensión sobrenatural y trascendente, que sirve de fundamento último. Desde el punto de vista epistemológico, en la teología cristiana, sea en el Nuevo Testamento o en los teólogos posteriores, la razón natural, que nunca es autónoma, queda supeditada a la fe sobrenatural y, por tanto, la filosofía se subordina a la teología. En sentido estricto, no existe “filosofía cristiana”, puesto que en filosofía la razón es soberana. Una filosofía supeditada a una fe religiosa se convierte en “pseudofilosofía”.

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Martes, 24 de octubre

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