Humanismo sin credos

Capas decapadas, entre ellas la religiosa.

10.10.17 | 12:00. Archivado en La otra HISTORIA del Cristianismo.

Dentro del proceso se ruptura con lo religioso, que comenzó, por poner una época, en el Renacimiento, el mundo ha llegado a la última etapa, la de la secularización plena, es decir, la repulsa positiva de todo lo que huela a creencia.

Compte tenía razón al hablar de las “tres etapas”(teológica, metafísica y positiva). Es como si el cuerpo social hubiera ido eliminando, decapando y raspando el maquillaje religioso de la cabeza rectora, bien que todavía impregne de tintura algunas zonas del cuerpo.

El lavado intenso y progresivo de la cultura ha ido limpiando la sociedad de credos, cultos, dogmas, fábulas, quimeras, sagas y alegorías crédulas que, capa tras capa, habían ocultado el verdadero rostro de la sociedad, el rostro humano, el rostro del hombre, haciéndole creer que era más de lo que realmente es.

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Toda institución tiene su "edad del hastío"

¿Qué queda de tanta discusión doctrinal que desde los mismos orígenes, desde comienzos de la Iglesia se generaron en su seno?

Ya hace tiempo que ésta dijo adiós a las discusiones dogmáticas reiteradas en distintos siglos. Hoy, cuando alguien se ha atrevido a poner en solfa algo de lo mucho que chirría en el credo "crédulo", rápidamente el papa de turno o el obispo celoso de la ortoxia (¿?) han puesto al osado en su sitio con el óstrakon oportuno.

En sus inicios la Iglesia no tenía ni idea ni de su propia esencia ni siquiera de su propio fundador más allá de los discurso moralizantes; se fue definiendo poco a poco dejando jirones de sí misma aquí y allá. ¿No les hace pensar a los creyentes este hecho, que se supiera lo que es su religión por entregas? ¿O que la doctrina esencial de lo que es la Iglesia se deba a un converso que no conoció ni trató al fundador? ¿Y la doctrina del resto de los Apóstoles, los verdaderos, dónde quedó?

¿Y qué es hoy más allá de una bien engrasada burocracia centrada más o menos en cómo y cuándo rezar el rosario o salir en procesión? Pura subsistencia.

Recordemos algunas controversias que llegaron a provocar cismas y hasta enfrentamientos fratricidas. Algunos de estos puntos en discusión han llenado la mitad de la Historia de la Iglesia. ¡Cuánta energía perdida, cuánto dolor producido, incluso cuánta sangre vertida!

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El ser más perverso, el ateo.

21.07.17 | 12:00. Archivado en La otra HISTORIA del Cristianismo.

En artículos anteriores hemos hablado de personas normales frente a personas creyentes. Sin embargo para hablar del pensamiento relacionado con estos temas de siglos pasados, no podemos hablar de “personas normales”, dado que el término “ateo” tiene un significado más profundo y, sobre todo, más clarificador. Por lo tanto, es menester usar esa denominación aunque no sea exacta.

Aunque el prefijo a- (ἄ-θεος) implique negación, el concepto “ateo” no llegó a tener un significado positivo hasta el siglo XVIII, cuando se torna pensamiento filosófico que deriva en movimientos políticos. Y como movimiento.

Ni la palabra ateo ni el ateísmo como pensamiento es privativo del cristianismo como movimientos contrarios a él. Aunque es de suponer que el ateísmo también se diera en épocas anteriores, sin embargo sólo de Grecia se conoce documentalmente tal movimiento, hacia el siglo VI a.c.

Si por ateísmo se entiende “negación de dios”, no podríamos encuadrar en esa categoría a muchos que fueron en su momento condenados por ello: Sócrates no era ateo, ni Epicuro, ni Protágoras... No es lo mismo negar a Dios que abstenerse de opinar sobre él o decir que “eso” no es Dios.

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Cervantes con humor anticlerical.

23.01.17 | 12:00. Archivado en La otra HISTORIA del Cristianismo.


Si hoy traigo a colación al Quijote no es porque recientemente lo haya vuelto a leer, y sería la 4ª vez, sino porque he tenido conocimiento de uno de los mayores genocidas culturales de todos los tiempos, el que destruyó de un plumazo, más bien de un “hoguerazo” toda la cultura maya de Guatemala, del Yucatán, en 1562, a la vez que unos cuantos indígenas convictos de desafección al régimen cristianizado: Diego de Landa Calderón, inquisidor del Yucatán. Y me ha recordado el capítulo 6º de la I Parte de El Quijote.

Es ese capítulo uno de los más sabrosos de El Quijote de la Mancha. Muchas interpretaciones se han hecho del “escrutinio” y posterior quema de libros inútiles, perjudiciales para la salud espiritual o directamente inductores al mal. De hecho las interpretaciones no directas sobre tal chamusquina de libros han sido varias.

Una de ellas es la crítica literaria: Cervantes se ceba en libros directamente infumables. Otra el vapuleo que justamente merecen escritores que no tenían la dignidad de tales o que eran vulgares y triviales. Es lo que pensaba Martín de Riquer.

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No ataquen tanto, que tiran piedras sobre su tejado.

24.10.16 | 12:00. Archivado en La otra HISTORIA del Cristianismo.

No, ese argumento no sirve.

Se defienden de lo que tildan de laicismo rampante con el “más lo eres tú”. Y en caso de que no pongan por encima la valía de los credos frente al laicismo, se defienden de igual modo arguyendo que los regímenes que se rigen por principios cristianos no son peores que los fascistas, los nazis o los estalinistas; o que la ilustración y el racionalismo derivaron necesariamente en tales regímenes. Se quedan tan tranquilos con tal deducción, cuando, con los mismos argumentos, otros podemos endosarles la deriva histórica del siglo XX... y no digamos XV y XVI.

Argumento en verdad volátil e inconsistente. ¿Quién niego que tales regímenes hayan sido o sean execrables de todo punto? ¡Eso también lo dicen las personas de bien, sin ser creyentes! Ni siquiera hace falta asentarse sobre principios religiosos para proscribirlos.

Pongamos las cosas en su sitio:

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El templo de Éfeso se rinde a los talibanes.

Córdoba fue conquistada por Fernando III en 1236. Los cristianos transformaron inmediatamente la mezquita en templo. Preservaron la mezquita y encastraron una catedral en ella. Ahí está la Mezquita en todo su esplendor para admiración de fieles y turistas.

Cuando los Reyes Católicos conquistaron Granada quedaron deslumbrados por la maravilla que era la Alhambra. Ni ellos ni sus sucesores en modo alguno consintieron que se destruyera nada, aunque añadieran un palacio al gusto de la época y en consonancia con la grandeza del emperador Carlos. Recordemos que lo normal en la época era destruir edificaciones anteriores para utilizar el material recuperable en nuevas obras. Más si eran obras de paganos.

Dicen que el templo de Ártemis en Éfeso fue una de las siete maravillas del mundo. Por lo que dicen, a la altura, o más, de la Alhambra y la Mezquita de Córdoba.

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De secta a religión... también hoy.

19.08.16 | 12:00. Archivado en La otra HISTORIA del Cristianismo.

Los orígenes de la religión cristiana dicen mucho de su esencia. Primero fue la secta judía seguidora de Jesús, radicada en Jerusalén, liderada por Santiago y fiel cumplidoras de los preceptos judíos; tras la predicación de Pablo y la expansión por el Imperio, surge el cristianismo (la sede más importante, Antioquía), segunda etapa, que dura hasta los años 313 o 325.

Consideremos ahora la Iglesia cristiana en los primeros tiempos y antes del Edicto de Milán (313), cuando el cristianismo, bien que fragmentado en múltiples Iglesias, se había expandido por todo el Imperio, no siendo Roma precisamente donde más había proliferado.

En Roma la consideración de una religión advenediza, cualquiera de ellas, también del cristianismo, como “religión” o como “secta” acarreaba un “status” distinto. Las leyes romanas eran muy permisivas en este sentido, aunque, como decimos, distinguían claramente entre sectas y religiones.

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La otra refundación de la Iglesia romana (2)

03.08.16 | 12:00. Archivado en La otra HISTORIA del Cristianismo.

Preguntábamos antesdeayer sin esperar respuesta cómo se puede pertenecer y ser miembro de una sociedad, sociedad en este caso de creyentes, cuyos orígenes estuvieron marcados por el fraude y la tergiversación de principios y la persecución feroz de los a ellos contrapuestos.

No se trata en este caso de aceptar o no un Dios creador o un Mesías salvador, que ésta es otra historia: la pregunta va dirigida a quienes se dicen miembros de la sociedad crédula llamada Iglesia.

Es algo similar a lo que en aquellos tiempos de Universidad me preguntaba yo respecto al régimen franquista: “Si ya has vencido, si ya has destrozado al enemigo, si éste no tiene posibilidad alguna de regenerarse… ¿por qué no aplicar el perdón y la piedad –paz, piedad, perdón de Azaña-- con el vencido y dedicar esfuerzos a lograr la necesaria reconciliación entre todos los que habitan la misma patria?” Pues no, cuarenta años para media España.

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Las siniestras segundas fundaciones cristianas (1)

01.08.16 | 12:00. Archivado en La otra HISTORIA del Cristianismo.

¿Cómo creer, cómo alistarse, cómo seguir sus dictados, cómo defender y cómo ser miembros de una Iglesia que venera y santifica a criminales?

Sí, criminales. Venera la Iglesia criminales por el hecho de que éstos se erigieran en defensores y propagadores de sus santas enseñanzas, más bien su poder, su status, sus privilegios. Si esto no hace reflexionar a cuantos fieles lo conozcan, es que éstos se convierten en panegiristas de tales crímenes y por lo tanto son tan menos de fiar como los factores primeros.

El pasado 30 de junio traíamos a colación al tercer fundador del cristianismo, el criminal emperador Constantino el Grande (denominación eclesiástica), tras el que se considera el primero, Jesús, seguido del gran tergiversador, Pablo de Tarso.

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El gran dilema del papa y de la Iglesia.

En la entrevista 93 “¿Dios o el dinero?” del libro de María y J.I. López Vigil “Otro Dios es posible”, al inicio de la entrevista y tras el fracasado encuentro entre el papa y Jesús del capítulo 92, se expresa de este modo: Ese hombre [el papa] es el que ofende a los pobres. ¿Cómo puede hablar en mi nombre vestido como un emperador? Yo lo dije bien claro. No se puede servir a dos señores, a Dios y al dinero.

Por supuesto que este libro no puede ser del agrado de la Iglesia oficial. Quizá lo hayan condenado explícitamente, si no el Vaticano sí alguna que otra archiepiscopía americana. En él, y utilizando siempre palabras de los Evangelios o deducidas del espíritu de los Evangelios, se profieren las mayores “barbaridades” que un sacerdote pueda proferir opuestas al entramado burocrática en que se ha convertido la Iglesia.

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El tercer fundador del cristianismo, Constantino.


Es fuerte decir eso, pero más fuerte es conocer los entresijos de la oficialización de la Iglesia cristiano-romana como religión de estado. Y eso fue posible por obra de Constantino.

Aunque a su madre, Helena de Constantinopla, la Iglesia cristiana la declaró “santa”, no se atrevió a tanto con su hijo, Constantino, porque de todos fue conocido el vivir y sin vivir de tal personaje. No fue un lobo con piel de oveja, como quisiera haberlo desenmascarado cualquier evangelista: fue verdaderamente un lobo con piel de lobo, un doble lobo, en lo político y en lo religioso, si es que alguna vez lo religioso fue algo distinto a lo político.

Fue uno de los emperadores más crueles y sanguinarios de la historiografía imperial: en sus andanzas militares por Europa masacró pueblos enteros; el Circo romano fue testigo de cómo morían sus enemigos destrozados por las fauces de fieras hambrientas; le cortó el cuello a su hijo Crispo, acusado por su madre Fausta de traición pero siendo inocente de tal cargo; asesinó a su suegro y mandó matar a su cuñado; a su esposa Fausta, mujer tan perversa como él, la hizo ahogar en agua hirviendo.

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Constantino, el otro fundador.

01.02.15 | 12:00. Archivado en La otra HISTORIA del Cristianismo.


Al hilo de unas lecturas históricas sobre la época de Constantino I el Grande, no deja de asaltarme la idea de que, después de Pablo de Tarso, el verdadero fundador del Cristianismo en los términos en que hoy se conoce, bien alejado de las primeras comunidades cristianas, fue el Emperador Constantino. Podría ser que en esto se dejara influir por su madre Elena, declarada santa de manera interesada y agradecida por las iglesias católica y ortodoxa.

"Grosso modo", sin Constantino la Iglesia no habría dado ese salto de gigante que la convirtió, de marginal en oficial, y de pobre, en inmensamente rica. Y en pocos años.

Libros hay para profundizar en el tema. Aquí hacemos hincapié en sólo una idea, cómo se pasó del concepto "ecclesia", como asamblea o reunión de creyentes, a "iglesia", como lugar físico de reunión.

Históricamente ese paso se dio de manera bastante tardía, algo más de tres siglos después de los inicios.

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Martes, 24 de octubre

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