Humanismo sin credos

Dios no muere, lo rehúyen.

11.02.17 | 12:00. Archivado en EL MALESTAR DE LOS UNGIDOS

Es demasiada la vesania humana. El hombre ya no consiente que “todo eso” lo consienta Dios. Lo que no se conoce no se siente ni, menos, provoca heridas en la razón. El conocimiento de lo que sucede en el mundo lleva a un sentimiento de hermandad entre los hombres que ya no “consiente” nada al “rector” del Universo.

El siglo XX ha sido el coletazo final de una Civilización con base cristiana: genocidio de armenios, I Gran Guerra, II Guerra Mundial, judíos y gitanos, Hiroshima y Nagasaki, Camboya, ancianos y fetos, Ruanda, IS, Siria...

¿Algo más? Si a los crédulos lo más grande lleva al “más grande”, lo más monstruoso llevaría al hombre al “monstruo”. Pero el hombre rehuye los monstruos.

Es un paso del juicio "de" Dios al juicio "a" Dios. Dios, señor de la vida de los hombres. Otros dioses se alzaron arrogándose el poder de Dios, los que colgaron al niño en Auschwitz y los que rajaron las entrañas a mujeres embarazadas.

Para ambas cosas hay que ser Dios, porque el hombre no es capaz. El mal absoluto sólo puede hacer relación a un ser absoluto. Todos ellos han sido sometidos al juicio de los hombres y les han negado el futuro: no queremos un Dios impotente, que, para más “INRI”, lo sabe todo y ama a todos los hombres por igual.

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¿En qué cree un clérigo?

11.09.16 | 12:00. Archivado en EL MALESTAR DE LOS UNGIDOS

Dejando aparte la grosería que subyace en los milagros, como que un enfermo pueda sanar por la palabra de un chamán, de un curandero, de un sacerdote o incluso de un obispo (esto último ya es más difícil), incluso la medicina moderna admite la curación por procesos no estrictamente médicos.

Son fenómenos extraños de curación física que, sin llegar al milagro, parecen rozarlo y admiten una explicación biológica.

La palabra, pues, como elemento terapéutico. Pero al hilo de esta cuestión siempre queda la sospecha de si esos predicadores de lo sacro --profetas, sí, de la revelación y anunciadores del Reino, incluso vehículo de “salvación” sanitaria-- creen lo que predican.

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Curas, un grupo social cada vez más marginado

31.08.16 | 12:00. Archivado en EL MALESTAR DE LOS UNGIDOS


Último día del mes de vacaciones. Ya muchos han desfilado por la senda que les aleja del pueblo de sus ancestros para buscar el nido construido en ajeno predio. Atrás quedan los problemas con que viven los que aquí viven.

Entre ellos, el drama de la asistencia religiosa a los pueblos despoblados: los capitostes de obispados y arzobispados (aquí topamos con el flamante arzobispo de Burgos, el ínclito Fidel Herráez) se las ven y desean para distribuir a sus jóvenes retoños recién accedidos a la alta dignidad/servidumbre del sacerdocio, más preocupados en este o esotro curso sobre pastoral, liturgia o teología de los autobuses municipales que en sentirse gestores y responsables de los bienes religiosos muebles e inmuebles que perviven en los pueblos.

El cura rural ya no existe. Ni como figura popular --no residen en el pueblo-- ni como entidad simbólica --no se sienten excesivamente incardinados al ejercicio pastoral--.

Es así, aunque el encumbramiento teológico que encierra la figura del sacerdote sobrevuele sobre nimiedades como ésas de atender al envejecido pueblo fiel.

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Amores que matan.

25.06.16 | 12:00. Archivado en EL MALESTAR DE LOS UNGIDOS


No hay que hacer apartados en las religiones como si unas cosas no fueran con otras. Gran parte del éxito de las religiones se debe a su visualización en la sociedad, que es la superficie de los credos: obras sociales, gente encantadora, gente sincera y honrada --quizá más que en la vida corriente--, gente que cumple, mensajes de regeneración moral, discursos contra la opresión y la tiranía, festividades llenas de fulgor ritual, omnipresencias en la vida pública...

Pero todo eso, decimos, no es sino la superficie, lo que aparece. Lo otro, el fundamento de la fe, la existencia de todo lo supuesto, se da por idem, ni siquiera se entra a discutir sobre su realidad existencial. Es más, parece hasta ofensivo que otros lo hagan.

Ya sabemos que la religión cristiana, católica, es algo más, pero puestos a sintetizar podríamos decir que ser religioso es creer en Dios y ser cristiano es tener como mandamiento principal el amor.

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La gracia de estado frente al malestar de los ungidos.

31.05.15 | 12:00. Archivado en EL MALESTAR DE LOS UNGIDOS


Hay veces en que uno no sabe si puede haber puntos de contacto con los creyentes o no, porque son concepciones diametralmente opuestas de la vida y del mundo.

Se da por supuesto que nos referimos a los creyentes en tanto en cuanto mantenedores o defensores de una determinada visión de la vida.

Cuando hablan del mundo lo entienden como algo “destinado a”, “en función de"... amén de tildarlo de intrínsecamente perverso: el mundo, como uno de los enemigos del alma. Al menos podemos estar de acuerdo en que, en esto, no estamos de acuerdo.

Según dicha concepción del mundo y de la vida, el individuo ha de construir y forjar su personalidad subjetiva bajo presupuestos de huída, lucha, enfrentamiento, afanes de conversión, recelo… Evidentemente también podemos estar de acuerdo en que en esto no hay acuerdo. La personalidad del hombre ha de forjarse según criterios sociales y socializantes e integradores.

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Día del Seminario Diocesano o del idealismo encantado.

18.03.12 | 12:00. Archivado en EL MALESTAR DE LOS UNGIDOS

Hoy y próxima la festividad de San José, se celebra el Domingo pro Seminario Diocesano.

Nada que decir al hecho de que los suyos dediquen a lo suyo un día al año. Un día que sirva a los fieles cristianos de recordatorio del cómo, porqué, cuándo y cuánto supone la formación de quien será luego rector de sus vidas espirituales.

El Seminario fue una institución del Concilio de Trento de una importancia decisiva en el cambio acaecido en la Iglesia a partir del Siglo XVI. La formación de los futuros sacerdotes cambió a mejor: personas más preparadas intelectualmente (no sé si también afectivamente) para una mejor instrucción y formación del pueblo. Frente a la pujanza de las nacientes Órdenes y Congregaciones religiosas, la situación del sacerdote secular era calamitosa en todos los aspectos, desde el económico hasta el intelectual. Y eso cambió a mejor.

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el malestar de los ungidos (13). Una "gracia de estado" que sirve de bien poco.

30.01.11 | 14:00. Archivado en EL MALESTAR DE LOS UNGIDOS

Hay veces en que uno no sabe si puede haber o no puntos de contacto con los creyentes, dado que ambos detentan sendas concepciones de la vida y del mundo diametralmente opuestas. Lógicamente nos referimos a los creyentes en cuanto mantenedores o defensores de una determinada visión de la vida.

Cuando hablan del mundo lo entienden como algo “destinado a”, “en función de”… amén de hablar de él como intrínsecamente perverso. El mundo, como uno de los enemigos del alma. Al menos podemos estar de acuerdo en que, en esto, no estamos de acuerdo. ¿Y por qué piensan así del mundo?

En función de tales conceptos, el individuo --especialmente el consagrado al Señor-- ha de construir y forjar su personalidad: huída, lucha, enfrentamiento, afanes de conversión, recelo… Doy por supuesto que también podemos estar de acuerdo en que en esto no hay acuerdo. La personalidad del hombre ha de forjarse según criterios sociales, socializantes, integradores.

Esto, en psicoanálisis,

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El malestar de los ungidos (12) Escogidos no por su personalidad...

25.01.11 | 22:00. Archivado en EL MALESTAR DE LOS UNGIDOS

Nadie puede estructurar su personalidad adulta prescindiendo de sus etapas formativas (infancia, adolescencia, relación familiar…). En la persona del que se ha consagrado al Señor esto lleva a verdaderos conflictos de personalidad, porque se aúnan a un tiempo tres instancias:

1. su propia evolución psicológica y los deseos normales de llevar a cabo un trabajo personal,

2. el mensaje repetido y reiterado hasta la saciedad de que “es Dios quien lo ha elegido” y, en tercer lugar,

3. el devenir final de su función, depender totalmente de sus superiores y repetir una y otra vez los mismos ritos y protocolos sacros, es decir, conversión en funcionario y burócrata de la religión

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El malestar de los ungidos (11). Los teólogos y cierta visión de la realidad.

20.01.11 | 12:00. Archivado en EL MALESTAR DE LOS UNGIDOS

Cierto es que la mayor parte de los creyentes en su vida laboral, familiar, de ocio y de negocio se rigen por criterios de sentido común, criterios emanados de la vida diaria, criterios a fin de cuentas racionales. Son como el resto de las personas "normales" (éstas que consideran los cuentos como lo que son, cuentos).

Sin embargo hay otros que sí interpretan la vida según "clichés" aprendidos en la niñez, estudiados en la adolescencia, asimilados en la juventud y puestos en práctica, aunque ésta sea casi siempre verbal, en la madurez. Abundan entre los funcionarios de la fe y los prosélitos de los que llaman consejos evangélicos. Es decir, entre el clero secular y el clero regular, vulgo curas,frailes y monjas.

No podía ser de otro modo si quieren, primero, vivir en consonancia con lo que han sido adoctrinados y, segundo, si no quieren terminar en la esquizofrenia o en la más absoluta hipocresía (¿o sí?).

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El malestar de los ungidos (10). El distanciamiento de su personalidad.

31.12.10 | 12:00. Archivado en EL MALESTAR DE LOS UNGIDOS


Hay un asunto que no deja de crear cierta inquietud en el interlocutor que traba conversación con un cura, un fraile o una monja, en general con cualquier “consagrado a Dios”.

Se refiere a la autenticidad de los sentimientos que determinados miembros seculares o regulares manifiestan en su relación con las personas normales, especialmente aquellos sentimientos que tienen que ver con el afecto y la demostración del mismo.

Dan la sensación de lejanía, de separación, como si se alzara un muro entre ambos interlocutores buscando a la par mostrarse cercanos pero también preservar la intimidad.

¿No habrá algo más? ¿No se puede interpretar esto como defensa? ¿No podría calificarse quizá como carencia?

Dado que ellos, porque su función así lo norma, no pueden odiar, vituperar, maldecir, mostrar enojo… --tampoco amar “more humano”--la generalización de la

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El malestar de los ungidos (9).Las batallitas endógenas de las sotanas.

29.12.10 | 18:00. Archivado en EL MALESTAR DE LOS UNGIDOS


Es enternecedor asistir al tejemaneje, las componendas, los complots y los contubernios que se producen cuando de posibles “ascensos” se trata: que si tal parroquia o sede arzobispal queda libre, que si suena tal nombre, que si tal vicario puede ser nombrado obispo, que si se huele más éste o el otro para tal sede...

Si bien todo ello lo encontramos normal en la vida diaria y en el ámbito laboral, no cuadra con el entramado idealista de que hace gala ese submundo de salvaciones y espiritualidad.

Porque en todo ello sólo se aprecia ambición, ambición y ambición bajo capa de “servicio a la Iglesia”. Responde al único aliciente humano que les queda en la vida: ascender. Donde sea, como sea, pero ascender.

Se barajan o se manejan amistades, grupos de presión, contactos, periódicos, padrinos, políticos, banqueros... Se entremezclan incluso referencias políticas. Es la batalla de las sotanas.

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El malestar de los ungidos (8). Las barreras defensivas.

27.12.10 | 18:00. Archivado en EL MALESTAR DE LOS UNGIDOS


¡Acérquense ante la clerecía con el estandarte de la crítica por delante y verán alzarse las antenas defensivas cuando no de la contraofensiva!

El rechazo primero viene del desprecio a quien les ataca:

Pobrecillos, no sabéis; vuestra crítica es de oídas, procede de una cultura de baratillo, de cuatro cosas que habéis leído; además no entendéis nada de las cosas de Dios... Desconocéis completamente este mundo...

La segunda barrera defensiva es la vieja descalificación del mensajero, el argumento “ad hominem”:

¿Te puedes mirar a ti mismo? Cómo es tu vida, ¿mejor que la nuestra?... Lo que dices es gratuito e inventado, sólo tratas de desprestigiarnos... El anticlericalismo es algo trasnochado, no nos vengas con antiguallas...

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