Humanismo sin credos

Sobre creencias (V). El ateísmo de Comte-Sponville (II)

20.07.18 | 12:00. Archivado en JOSÉ MANUEL BARREDA

El segundo argumento negativo de Comte-Sponville se refiere a la debilidad de las experiencias. Si las pruebas eran débiles, las experiencias no prueban nada.

En primer lugar, la más evidente y universal es que Dios se esconde: no se manifiesta, no es perceptible… y ya Comte Sponville no se ve con edad para jugar al escondite.

Entre las razones que se aducen para explicar la posibilidad de que exista ese Dios que gusta esconderse, está la de mantenernos libres. En primer lugar, libres de creer o no en él; en segundo, ser supuestamente libres de incumplir sus mandamientos por falta de fe…

Pero esto tiene menos efecto a favor de nuestra libertad que en contra de nuestro conocimiento (se nos oculta, no permitiéndonos conocer la verdad sobre su existencia), y éste, más que limitar nuestra libertad, la facilita.

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Sobre creencias (IV). El ateísmo de Compte-Sponville (I)

18.07.18 | 12:00. Archivado en JOSÉ MANUEL BARREDA

Compté Sponville expone sus SEIS ARGUMENTOS para no creer en Dios. Los tres primeros serían de índole negativa, esto es, que llevan a no ser creyente; los otros tres serían de índole positiva, esto es, lo llevan a ser ateo.

El primer argumento se relaciona con las pruebas aducidas en favor de la existencia de Dios, supuestas pruebas racionales que, a su juicio, resultan muy débiles. Un análisis de las llamadas pruebas ontológica, cosmológica y físico-teológica, las pone en evidencia. Aunque, en rigor, alguien podría aducir que su invalidez no prueba inexistencia, el peso de la prueba recae en quien afirma, lo que convierte en más lógica la increencia que la creencia sin base.

1. La llamada prueba ontológica asume que podemos imaginar un ser perfecto, pero advierte que éste no sería perfecto si no existiera. Un supuesto Dios imaginado conllevaría esencia y existencia… Como se ve, no prueba nada. Dejar a “Dios” como posibilidad es volver al punto de partida, a intentar demostrar su existencia. Y nótese que se trata de un ser personal, no basta con proponer la idea de que exista un ser infinito, éste podría ser la Naturaleza de Spinoza, la cual no remite al concepto “Dios”, ya que carece de inteligencia, conciencia, voluntad, finalidad, providencia, amor...

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Sobre creencias (III). Las creencias de los españoles (II)

16.07.18 | 12:00. Archivado en JOSÉ MANUEL BARREDA

“Nuestro país –continúa D. Antonio Cantó (1) - aún se halla en la zona media-alta de la religiosidad europea, con Francia y varios países nórdicos y bálticos en la parte inferior, mientras que Italia, Polonia, Portugal, Grecia, Chipre y Malta (y Turquía, si entrara en la Unión) son los más creyentes.

España, pues, sigue inmersa en la tendencia general de secularización, sincretismo y pérdida de religiosidad organizada que viene caracterizando a las sociedades europeas. (…) Esta tendencia se ha plasmado claramente en la última década. Más allá de la denominación que se dé, los españoles están abandonando los templos a millones. Cabe reseñar que 2004 fue el primer año en que el número de ateos y no creyentes superó al número de católicos que participan en los oficios todos o casi todos los domingos y fiestas de guardar o más a menudo”.

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Sobre creencias (II). Las creencias de los españoles (I)

14.07.18 | 12:00. Archivado en JOSÉ MANUEL BARREDA

¿Cuántos creyentes hay actualmente en España y en qué creen?

Es difícil precisarlo más allá de lo que nos muestren las estadísticas del CIS. Durante el último año la cifra ronda los 2,7 creyentes por cada no creyente.

La gente se define así:
---un 68,8% católicos,
---un 2,3% creyentes de otra religión,
---un 15,7% no creyente y un 10,2% ateo (el encuestador sabrá, quizá mejor que el encuestado, cuál es la diferencia),
---un 3% no sabe o no contesta.

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Sobre creencias (I). Conceptos y temas aquí surgidos que merecen esclarecimiento

12.07.18 | 12:00. Archivado en JOSÉ MANUEL BARREDA


Los ateos (no creyentes o agnósticos escépticos) no tenemos ningún credo. Simplemente, no creemos que exista un Creador personal del universo, ni que una consciencia rija el cosmos o la evolución de los seres vivos. Y vivimos en la práctica sin pensar en Dios (el dios de la mayoría de la gente que nos rodea), ni en ninguna deidad (ninguna otra modalidad de inteligencia rectora, ningún dios personal).

Tampoco creemos, salvo muy raras excepciones, que tengamos un alma espiritual, inmortal o que sobreviva a nuestro cuerpo; ni que exista más vida que ésta que compartimos con los demás seres dotados de ella. No somos, pues, “creyentes” en Dios ni en las cosas que se le suelen asociar.

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Moral XXVI. El libre albedrío II

10.07.18 | 12:00. Archivado en JOSÉ MANUEL BARREDA

Existen motivaciones inconscientes demostradas por la moderna neurología. También tenemos (en el hemisferio izquierdo) una suerte de “yo” consciente: un “intérprete” que se encarga de buscar razones justificativas de cualquier conducta que adoptemos, aunque no la tenga.

Buscará el sentido de una relación de imágenes o de números que no lo tenga, ni guarde relación alguna entre sí. Incluso cuando, ante un paciente con cerebro dividido, el investigador conozca el estímulo que motiva determinada elección o conducta en un paciente (que no llega a ser consciente del estímulo presentado a su ojo no comunicado con conciencia, pero sí que es objeto de un experimento en el que su respuesta debería ser precavida, al estar mediada por el elemento no consciente), el intérprete dará una respuesta lógica y se autoconvencerá de que es la verdadera motivación de su decisión. Somos así. Estamos configurados de este modo.

¿Qué consideraciones filosóficas clásicas cabe añadir?

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Moral XXV. El libre albedrío I

08.07.18 | 12:00. Archivado en JOSÉ MANUEL BARREDA

Decir que un gato tiene “libre albedrío” no es del todo incorrecto. Se puede entender esta afirmación, como tantas otras –a menudo con algún esfuerzo-, en el sentido de que todo es relativo. Incluida nuestra libertad: siempre cabe otra mayor, y otra menor.

Aunque cuantitativamente nuestro libre albedrío supere al del gato, no deja de ser relativo. Cada persona tiene su propio grado de libertad, ya nos refiramos a la externa o, en este caso quizá más apropiadamente, a la interna.

Unos y otros tenemos distinta información, diferentes capacidad decisoria, control de nuestros impulsos, elementos motivadores y sensibilidad.

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Moral (XXIV). El nuevo código de circulación

28.06.18 | 12:00. Archivado en JOSÉ MANUEL BARREDA

Cuentan que hace tiempo, un hombre genial diseñó –en un país no muy lejano- un código de circulación que los analistas estimaron perfecto. Las autoridades, al principio reacias a sustituir el antiguo, hubieron de rendirse a la evidencia: suponía una clara mejora.

¿Por qué? Incluía elementos ético-pedagógicos que promovían una conducción más atenta y humanizada en los aprendices de conductores. Contenía señales, normas y razones, explicadas con claridad, en un lenguaje directo y eficaz. Las complementaban una serie de amenazas concretas y una explicitación de duras sanciones para los infractores, pues pretendía servir de guía jurídico-penal para asuntos de tráfico.

Y además promovía un código ético, animaba a considerar a los demás conductores como iguales o “hermanos”; y una filosofía constructiva hacia los vehículos ajenos, a los que había que dar “el mismo valor” que al propio vehículo. La inmensa mayoría de los ciudadanos consideraba que el código había mejorado la seguridad para todos.

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Moral (XXIII). ¿Tiene sentido hablar de “moral prehumana” en las sociedades de chimpancés? (III)

26.06.18 | 12:00. Archivado en JOSÉ MANUEL BARREDA

Como nosotros, los animales responden a estímulos sintiendo emociones, entre ellas la de aprobación, que lleva a aproximarse, y la de desaprobación o rechazo, que lleva a retirarse. El estado emocional resultante de cualquier interacción conduce a una conducta, pero ésta siempre viene precedida por una intuición de tipo moral.

También son, como nosotros, territoriales, y tienen estrategias de dominación y coalición para conseguir comida, espacio y sexo. Y, concretamente los animales superiores de índole social, se organizan según un sistema de relaciones grupales y jerárquicas que incluye una moral intuitiva semejante a la descubierta en nuestra especie e interviene en la génesis de lazos de unión o rechazo.

En estos animales no son extraños los sentimientos de vergüenza, turbación, culpabilidad, repugnancia, desprecio, empatía o compasión. De hecho, los sentimientos de vergüenza y turbación se asocian a conductas de sumisión.

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Moral (XXII). ¿Tiene sentido hablar de “moral prehumana” en las sociedades de chimpancés? (II)

24.06.18 | 12:00. Archivado en JOSÉ MANUEL BARREDA

Continuamos abordando el tema que da título a esta serie, iniciada en el post anterior, que aborda el ensayo de Michael S. Gazzaniga: ¿Qué nos hace humanos? (Paidós, 2010).

Aunque nuestra especie se distingue plenamente por el uso de un lenguaje único (y varias investigaciones han concluido que pasamos en compañía un 80% de nuestro tiempo, el 80-90% del cual lo dedicamos a hablar de otras personas, en lo que solemos llamar “chismorreo”), una parte relevante de nuestra conducta la dedicamos al intercambio de información y a la manipulación y el engaño. Éste es también el caso de los chimpancés.

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Moral (XXI). ¿Tiene sentido hablar de “moral prehumana” en las sociedades de chimpancés? (I)

22.06.18 | 12:00. Archivado en JOSÉ MANUEL BARREDA

Aunque hoy parece bastante compartida la idea de que sólo los seres humanos somos moral y jurídicamente responsables de nuestros actos, hace algunos siglos la cosa no estaba clara.

De hecho, era normal llevar a los tribunales a animales que hubieran cometido algún “delito”, entendiéndolos responsables de sus actos.

“Entre los años 824 y 1845, en Europa, los animales no salían bien librados cuando violaban las leyes de los hombres o cuando, simplemente, los incomodaban. Al igual que los criminales comunes, podían ser detenidos y encarcelados (en las mismas prisiones que los delincuentes humanos), acusados de cometer las fechorías que motivaban su juicio. La justicia les procuraba un abogado, que les representaba y defendía. Algunos abogados se hicieron famosos” por su excelencia en la defensa de animales imputados. Si el animal era declarado culpable, se le castigaba. “El castigo solía ser de tipo retributivo, de modo que se le hacía al animal lo mismo que él había hecho.”(1)

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Moral (XX). La moral propia de las escuelas epicúrea y estoica

20.06.18 | 12:00. Archivado en JOSÉ MANUEL BARREDA


Entre las filosofías griegas cabe destacar las corrientes desarrolladas por Pitágoras, Platón, Aristóteles, Epicuro, Zenón de Citio, Diógenes de Sinope, Pirrón de Elis… Sólo referiremos dos de ellas (1).

Epicuro de Samos (341-270 AEC) fundó en Atenas (en 306 AEC) una célebre escuela. Aceptando el atomismo de Demócrito y Leucipo, desarrolló una filosofía cuasi atea y centrada en la felicidad del hombre.

Éste ha de adoptar aquellas conductas que traigan el máximo placer (entendido como satisfacción) y reduzcan en lo posible el dolor. Es preciso conocer de qué modo podemos obtener el máximo de satisfacción hasta lograr la plenitud (o ataraxia).

El camino a seguir no es tan evidente: no basta seguir las apariencias ni centrarse en la satisfacción de los instintos. Si morir de hambre por falta de alimento es doloroso, también lo es comer hasta indigestarse o, en general, incurrir en vicios o adicciones.

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Sábado, 21 de julio

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