
[Continuamos escogiendo fragmentos de la obra de Dawkins "El espejismo de Dios" que nos sirven de elementos para hacer comentario].
Dios no pasa de ser una mera hipótesis. Dios y lo que "se sabe" de él es admisible sólo para puro objeto de demostración. No tiene otra consistencia para cualquier mente que piense. Una entidad formulada, pero necesitada de confirmación.
Como hipótesis nadie puede ser "a-teo" respecto a Dios, motivo y argumento para desterrar del lenguaje connotativo(la mala baba que destilan los creyentes al llamar a las personas normales así, como ofensa añadida)la nefanda palabra "ateo":
--¿Tú crees en Dios?
--Sí, desde luego: creo en un Dios hipótesis. ¿Qué características tenemos que demostrar?
Quizá sea un nuevo concepto de la fe: creo en un Dios creíble mientras dure dado que nadie puede negar una hipótesis.
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La crispación que suscitaron las opiniones de Einstein en la puritana y "superreligiosizada" sociedad americana condujo a exabruptos antológicos.
Einstein, por su categoría científica, ha sido paradigma para muchas cosas, una de ellas su posición ante la creencia en Dios. No es casual que los más furibundos ataques que recibió provinieran de la misma sociedad que lo había acogido, de la sociedad que él en un principio admiraba, pensando que el ideal democrático era allí una realidad, cuando lo imperante era la más exacerbada credulidad. Algunos, mezclando todo, profieren desatinos como éste, el de un afamado abogado católico usamericano:
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La contemplación de los fenómenos naturales es fuente inagotable para un complejo de sensaciones que van desde lo más sensiblero a lo más espiritual. Muchos de los que admiran la naturaleza podrían ser considerados “religiosos naturalistas” por la sugestión que ésta provoca.
Ahora bien, el término naturalista es excesivamente ambiguo. Como expresión con sentido definido, en los siglos XVII y XVIII naturalistas eran aquellos que se dedicaban a estudio de la naturaleza desligando dicho estudio de cualquier consideración espiritual. Muchos de ellos, paradójicamente, era clérigos, labor facilitada primero por la "asepsia" que ello implicaba --como no era el caso de los alquimistas-- y, sobre todo, por tener las necesidades vitales resueltas.
Entre los filósofos sin embargo se entiende naturalista como el opuesto a sobrenaturalista:
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Trae a colación Richard Dawkins, en el libro del que estamos haciendo referencia (El Espejismo de Dios), un experimento sumamente curioso que considero oportuno relatar aquí.
Y es oportuno traerlo a colación para contrarrestar un tanto la tesis del libro de F.J. Ayala donde afirma que religión y ciencia siguen caminos distintos y su objeto no tiene interconexiones.
Negábamos tal afirmación y hoy insistimos en lo mismo: la oración es un modo de hacer que Dios "intervenga" en los asuntos terrenales... Es más, si no lo hiciera, si los fervientes crédulos no esperaran que Dios interviniera, si positivamente supieran que Dios no interviene en el mundo, la inmensa mayoría abdicaría de las filas eclesiales.
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Hoy día confesarse católico y practicante, admitirlo, defenderlo en un ambiente ya no hostil, indiferente, cuesta. El católico confeso no se siente a gusto si el ambiente en el que se mueve no respira esos aires. Y en reuniones donde surge la controversia, calla y procura cambiar de tema.
De ahí que la Jerarquía, que percibe el posible repudio social al encontrarse desasistida de base, apele a soflamas continuas para insuflar ánimo. “No tengáis miedo” gritó en su día el prócer JP2. Su eco sigue resonando por pasillos vaticanos y sacristías del mundo entenro. No tengáis miedos vosotros, que, de hecho, lo tenéis.
El mismo sentimiento embargaba antaño a quienes decían “pasar” de ser católicos, a quienes confesabanno creer en nada de eso,
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Pero añadimos: a las personas, todo el respeto y honor; a sus creencias, tomadas como un corpus independiente del hombre, ninguno. Ninguno si por respeto se entiende no someterlas al juicio de la razón. Nada, de tejas abajo, puede o debe estar libre del poder escrutador de la razón. Que es, por otra parte, someterlas al máximo de los respetos.
Los creyentes se sienten excesivamente quisquillosos y susceptibles cuando alguien “se mete” con sus creencias. Piden respeto, piden tolerancia, cortesía... No es por un principio etéreo que rija sobre todos, creyentes o no, sino porque tal fe religiosa es más vulnerable de lo que pueda parecer a las críticas. Por lo mismo exige más respeto todavía que el que pueda tener un humano respecto a otro. Lo religioso no es opinable.
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(1)del libro de R.Dawkins "El espejismo de Dios".
“¿No es suficiente ver que un jardín es hermoso sin tener que creer que también existen hadas en el fondo del mismo?”
Los niños callan muchas cosas desagradables y no se las cuentan a sus padres porque piensan que no las pueden decir o les han dicho que no las digan. Y a veces eso es fuente de sufrimiento para ellos.
Eso les pasa a numerosos creyentes con su fe religiosa. Hay muchos que, por reflexión propia, se ven incómodos con sus creencias, ritos y prácticas; que sienten la necesidad de cortar con la religión de sus padres. Desearían hacerlo, pero simplemente no saben, porque temen, que tal opción no sólo no les producirá trauma alguno sino que será el inicio de una mayor satisfacción vital.
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