Humanismo sin credos

ESCUELA DE ELEA: MELISO

24.11.18 | 12:00. Archivado en PROMETEO


Si creo a Parménides, nada existe, excepto lo Uno; si creo a Zenón, ni siquiera lo Uno
(Séneca)

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El último representante de la escuela eleática es Meliso, tradicionalmente considerado una figura menor dentro de la escuela.

Nació en Samos entre finales del s. VI a.e.c. y principios del V. Sabemos por Diógenes Laercio que fue un valiente militar que derrotó a la flota ateniense dirigida por Sófocles, frente a Samos.

Quedan fragmentos de un libro perdido, recogidos por el neoplatónico Simplicio. Meliso mantiene los atributos del ser de Parménides, pero modifica el ser limitado y redondo “semejante a la masa de una esfera bien redonda”.

La idea más original de este eleata es la afirmación de la infinitud espacial, además de la temporal. Esta tesis lo aproxima a la filosofía jónica. Recuérdese el “Ápeiron” de Anaximandro, que se traduce por lo indeterminado o por lo infinito.

Si el Ser fuese finito y esférico, razona Meliso, estaría limitado por el no ser, el vacío, lo cual es imposible, pues el vacío (to kenón) no existe (contra el atomista Leucipo) y de la nada nada sale, como sostenía Parménides.

Según él, el Todo-Uno no sólo es aídion (=lo que existe siempre o eterno), sino también ilimitado en magnitud (ápeiron tò mégethos), tanto en el tiempo como en el espacio. El Ser siempre ha sido y siempre será, pues si hubiera nacido, procedería de la nada (fr. 1 de Diels) y en el fr. 2 afirma: “puesto que no nació, es ahora, será siempre y no tiene principio ni fin, sino que es infinito” (ápeiron estin).

El Ser es, pues, Uno e infinito (como la futura sustancia única de Spinoza). Si hubiera dos, no podrían ser infinitos ambos: “si no fuera uno, estaría limitado por otra cosa” y “si fuesen dos no serían infinitos, sino que tendrían límites mutuos”. Pero la infinitud es también una noción aporética, como sostendrá Kant en su dialéctica trascendental: “habría que esperar más de dos milenios para que Kant estableciese el carácter antinómico de toda indagación que pretendiese dirimir la finitud o infinitud del mundo” (cfr. Montero Moliner: La Filosofía presocrática, p. 298).

Según Aristóteles (Metafísica., 986b), “Parménides parece referirse al Uno según el concepto (lógon), Meliso según la materia (hýlen)”. Pero en otro fragmento se afirma que el Uno no tiene cuerpo (sôma), que es incorpóreo al no tener figura corporal. Lo inmaterial, contrapuesto a la material, solo aparece más tarde con Platón.

Meliso, como Parménides y Zenón, niega el valor de los sentidos, porque proclaman el no ser. Solo vale la razón.

Contra el pluralismo de Anaxágoras, la única realidad es el Ser-Uno: “si los muchos existiesen, escribe, debería ser cada uno como el Uno”. Esta idea será recogida por el atomismo de Leucipo y Demócrito, pues cada átomo material será macizo y tan eterno e inmutable como el ser de Parménides.

Aristóteles desprecia a Meliso por defender la infinitud del espacio y en general reprocha a los eleáticos el exaltar la razón, hasta un estado de “embriaguez”. Platón, sin embargo, alaba el “racionalismo” de los eleatas, semejante al racionalismo pitagórico.

El complejo problema de lo finito e infinito, planteado por los eleatas en relación con la concepción del tiempo y del espacio, es uno de los más importantes de la metafísica occidental y recorre toda la historia de la filosofía (cfr. Heinz Heimsoeth: Los seis grandes temas de la metafísica occidental, cap. II). En general, entre los griegos predomina el finitismo y los defensores de lo infinito, como Anaximandro o Meliso, son más bien una excepción.

En la lista pitagórica de los opuestos el límite (péras) representa la armonía y la perfección, mientras que lo ilimitado (ápeiron) denota imperfección. En otros términos, el límite corresponde a la medida de lo apolíneo y lo ilimitado al exceso de lo dionisíaco.

El Ser de Parménides es finito como la esfera, la figura más perfecta de la geometría. Platón sigue a los pitagóricos en la dualidad de límite e ilimitado. Para Aristóteles, lo infinito es solo potencial y su imagen de un cosmos finito y espacialmente cerrado se proyectará a la posteridad.

El pensamiento cristiano, con la doctrina de la creación, supone un cambio radical, pues solo Dios es eterno e infinito (en poder, saber, etc.) con infinitud actual. En cambio, todo el mundo creado es finito, incluidas las criaturas espirituales, sean ángeles o almas humanas. Incluso el propio tiempo aparece con la creación del mundo. Para los griegos el mundo es necesariamente eterno, pues una creación ex hihilo es absurda.

Habrá que esperar a la edad moderna para que se dé un paso de la finitud a la valoración de la infinitud. Así, Giordano Bruno defiende la infinitud del universo, como extensión ad extra de la infinitud divina.

Descartes encuentra en la mente humana la idea innata de infinito, que es la huella del Dios creador. Pascal muestra su temor y asombro ante el silencio de los espacios infinitos. La sustancia única de Spinoza (Deus sive Natura) es concebida con infinitos atributos, de los que los humanos sólo perciben dos, el pensamiento y la extensión.

Leibniz, además de la infinitud divina en relación con el mundo finito, analizará el infinito matemático. Kant separa radicalmente lo finito de lo infinito, trazando los límites del conocimiento humano y de la moral. Pero retorna a las paradojas de Zenón en la primera y segunda antinomia de la razón pura. Hegel, al contrario, con su idealismo absoluto, establece en su sistema una mediación dialéctica entre lo finito y lo infinito.

Como en la teología cristiana, el Absoluto o infinito (tesis) se manifiesta en lo finito (antítesis), tanto en el mundo natural como sobre todo en el mundo del espíritu (Geist). Pero el círculo ontológico se cierra con el retorno de lo finito a lo infinito (síntesis).

Einstein, como hemos señalado, defiende un mundo finito, retomando la imagen de la esfera de Parménides. Los eleatas, pues, tienen el mérito de haber planteado de forma radical este difícil problema.


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Comentarios
  • Comentario por Manuel 26.11.18 | 19:44

    Mi felicitación por la serie, Prometeo. Altamente instructiva y muy de agradecer (opino).
    saludos

  • Comentario por Prometeo 24.11.18 | 20:47

    El filósofo italiano Emanuele SEVERINO, que propone un retorno a Parménides, pero radicalizándolo, entiende por SER la totalidad de lo existente y sosteniendo que todo ente es eterno, declara absurda tanto la idea de creación desde la nada como la aniquilación (reducción de un ente a la nada). Nada que ver, pues, ni con el Ente trascendental de los escolásticos ni con el Dios cristiano, como "ens a se", contrapuesto al "ens ab alio" de las criaturars. En cuanto a la diléctica de lo Infinito vs. lo finito, yo me inclino por la antinomia kantiana. Pero, lo que está en juego son las complejas nociónes de tiempo (subjetivo e imagen móvil de la eternidad??) y de espacio. Es mérito de los eleatas el haber planteado de forma radical estos problemas, que todavía siguen discutiendo los cosmólogos actuales. Diversos científicos han señalado la actualidad de los presocráticos, por su monismo, naturalismo y panteísmo, en oposición al dualismo y sobrenaturalismo dominante, platónico y el cristiano

  • Comentario por Prometeo 24.11.18 | 20:03

    A don Pablo, el amigo de las musas: recién llegado de viaje, veo los comentarios. El mayor problema que tenemos con los filósofos presocráticos es el carácter fragmentario de sus escritos y de ahí las muy variadas interpretaciones, sobre todo de Parménides, el principal eleata. Sería muy osado, aparte de ingenuo, presumir de poseer la interpretación correcta. Algunos dicen tenerla del cristianismo, pero eso solo es apologética, que vive de la fe, don divino. Siendo SER un término polisémico, habría que analizar las diversas concepciones en la historia de la filosofía. Con respecto al SER eleático, al Todo-Uno inmanente, yo creo que la concepción más plausible es la panteísta, que se aproxima al Deus sive Natura de Spinoza y a través de la teología mística, desde Juan Escoto Eriúgena, pasando por Eckhart y Jacob Böhme, llega hasta Hegel. Lo que sí tengo claro es que hay una diferencia substancial con el Dios judeo-cristiano, personal, trascendente, que muestra su actividad ad extra.

  • Comentario por [Blogger] 18.11.18 | 01:16

    Dejo de lado la contestación de Aristóteles a tales afirmaciones (el concepto de ‘hulé’, materia). ¿Qué es entonces ese “to èón” (lo que es Ente), ese Uno que es lo verdadero, lo aidion (eterno), lo 'apeiron to meguezos' (lo ilimitado en magnitud)? Por lo que dice de 'el Ser', parece estar definiendo al Dios cristiano. ¿Es el dios de los cristianos? ¿Es la Naturaleza, que sería el Cosmos, de Spinoza? ¿Es el término abstracto de “el ser”? Esto último roza la simplicidad, pues todo es “ser” y en ese sentido todo devendría en panteísmo filosófico o panteísmo geo-socio-político-histórico-humanístico.

  • Comentario por [Blogger] 18.11.18 | 01:07

    Estimado Prometeo: llega Ud. al final de una interesante serie con este autor, Meliso de Samos. Si me he decidido a intervenir es porque me resulta simpático e inquietante a la vez. Me pregunto, con Protágoras, cuál es la dimensión de “alezeia”, de verdad, respecto a lo que Meliso dice. Estoy de acuerdo con Protágoras para quien verdad quiere decir “las cosas como son, presencia de ‘lo presente’. Se atiene uno a lo presente por cuanto es presente pero no se pregunta uno en qué consiste, en qué estriba, qué supone la presencia misma”.
    Y aquí entramos en lo que Meliso dice. Habla de “lo verdaderamente ente” (to èón), que es ‘uno’ y no múltiple, por lo que la tierra, el agua, el aire, el fuego, el oro, lo vivo y lo muerto, que para cualquiera es lo verdadero, no lo es.
    Sintetizando, para Meliso ese “to èón” no tiene cuerpo (si lo tuviera tendría partes). Afirma además que “no hay vacío”(el Uno no puede moverse), etc. Dejo de lado la...

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