Humanismo sin credos

Las buenas obras de unos y otros, y su porqué.

29.09.18 | 12:00. Archivado en Manifiesto pro mundo sin religiones.


O quizá, la contradicción que se esconde dentro de cualquier obra buena según la realice un creyente "convicto" o una persona normal.

Este asunto tiene que ver mucho con algo innato en la especie: el instinto de conservación, que deriva en anhelo de perpetuidad, en deseo de ser recordado y, cómo no, en creación de mundos post mortem como secuela necesaria de tal instinto.

¿Es tan fuerte el deseo de permanecer que condicione las acciones del presente? Sí. El deseo de que su memoria se perpetúe es también un estímulo poderoso en el ser humano. Y erigen monumentos y crean empresas y hacen acopio de ingentes cantidades de dinero para sus descendientes y crean fundaciones y dan nombre a hospitales y levantan valles de los caídos...

Porque así lo creen y quizá para creérselo, los creyentes afirman que todos sus actos están encaminados a ese permanecer “post mortem”, pero, ah, ellos en un mundo distinto.

¿Qué mundo es ése? ¿El de las almas inmateriales cuya presencia en éste no está del todo clara ni tampoco percibimos?

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