Humanismo sin credos

Moral (XVII). A propósito de la moral política de Occidente (I)

14.06.18 | 12:00. Archivado en JOSÉ MANUEL BARREDA

No, no voy a hablar de corrupción. Tampoco de las mentiras usuales que encumbran al orador que logra persuadir a los votantes de su eficiencia y desinterés personal. Ni siquiera de la desigualdad interna, o de las injusticias que admitimos cada día en nuestros respectivos países.

Tampoco de la insensibilidad con que contemplamos las matanzas bélicas de cada día; la indiferencia frente al hambre, la explotación inmisericorde de menores de edad, niños de guerra, niñas casadas, compradas, engañadas, drogadas y prostituidas…

Seguimos tolerando la esclavitud y nos hemos acostumbrado a ver cómo podemos indignarnos y llenar muchas páginas por la enorme injusticia ligada a un penalti mal pitado; nos manifestamos para ganar treinta euros mensuales más.

Pero, ¿somos tan solidarios y caritativos como para manifestarnos, decididos a exigir fehacientemente, con el esfuerzo que haga falta, por la paz en Siria, por la justicia social, por la igualdad de derechos a nivel mundial? ¿Quizá es algo que nos importa, aunque no se nos note el mismo apasionamiento, pero tal vez nos parezca fuera de nuestras posibilidades de influencia? ¿Sólo retóricamente pensamos que esos mismos presidentes a los que exigimos que no nos mientan ni se queden con lo que es nuestro, no tienen responsabilidad alguna de lo que suceda en resto del mundo?

Lo que sigue espero nos ayude a distinguir con nitidez una sensibilidad moral genuina –incluso a nivel de análisis pasivo- de un juicio moral retórico (o formalista).

David Graeber explica en el prólogo de su ensayo En deuda (1): Una historia alternativa de la economía que se decidió a escribir dicha obra tras conversar, en una fiesta, con una joven abogada que era activista pro-derechos humanos. Durante la misma le explicó que “el Fondo Monetario Internacional actúa básicamente como el ejecutor de la deuda mundial: «Se puede decir que es el equivalente, en las altas finanzas, a los tipos que vienen a romperte las dos piernas».”

Graeber resumió el contexto histórico del siguiente modo.

“Durante la crisis del petróleo de los 70, los países de la OPEP colocaron parte de sus enormes ganancias en bancos occidentales –Citibank y Chase entre ellos-. Éstos pasaron a tener tanto dinero a invertir que decidieron enviar agentes por todo el mundo para ofrecer, en particular a dictadores y políticos del Tercer Mundo, préstamos (“go-go banking”) a tipos de interés extraordinariamente bajos. Pero durante los años 80 y 90 el tipo de interés se disparó a más del 20%, debido a las estrictas políticas de EEUU, lo que multiplicó la deuda de los países pobres. Entonces el FMI les propuso su refinanciación a cambio de que aceptaran la imposición de políticas austeras que exigían que los gobiernos abandonaran sus subvenciones a los alimentos básicos e incluso renunciaran a mantener reservas de alimentos; también a la sanidad y la educación gratuitas. Todo ello suponía el colapso de sus países, y el abandono de parte de la población más desfavorecida y vulnerable del planeta…”

“Le hablé de pobreza, del saqueo de los recursos públicos, del colapso de las sociedades, de violencia y desnutrición endémica, de falta de esperanza y vidas rotas.”

«Pero ¿cuál era tu posición?» -preguntó la abogada.
«¿Acerca del FMI? Queríamos abolirlo».
«No, acerca de la deuda del Tercer Mundo».

«También la queríamos abolir. La exigencia inmediata era que el FMI dejara de imponer políticas de ajuste estructural, que eran las que causaban el daño inmediato. Pero el objetivo a largo plazo era la condonación. (…) Treinta años fluyendo dinero de los países más pobres a los ricos eran más que suficientes.»

«Pero -objetó ella, como si fuera lo más evidente del mundo- ¡habían pedido prestado el dinero! Uno debe pagar sus deudas».
“Podría haber comenzado explicando que estos préstamos los habían tomado dictadores no elegidos que habían puesto la mayor parte de aquel dinero en sus cuentas suizas, y pedirle que contemplara la injusticia que suponía insistir en que los préstamos no los pagaran el dictador ni sus compinches sino que se sacaba directamente la comida de las bocas de niños hambrientos. O que mirara cuántos de esos países ya habían devuelto dos o tres veces la cantidad que se les había prestado, pero que por ese milagro de los intereses compuestos no habían conseguido ni reducir significativamente su deuda. Podría también decirle que había una diferencia entre refinanciar préstamos y exigir, para su refinanciación, que los países tuvieran que seguir unas reglas de mercado diseñadas en Zúrich o en Washington por personas que los ciudadanos afectados no habían escogido ni lo harán nunca; y que era deshonesto pedir que los países adopten un sistema democrático para luego impedir que quien salga elegido tenga control sobre la política económica de su país. O que las políticas impuestas por el FMI no funcionaban. Pero había un problema aún más básico: la asunción de que las deudas se han de pagar.”

“En realidad, lo más notorio de la frase «uno ha de pagar sus deudas» es que, incluso de acuerdo a la teoría económica estándar, es mentira. Se supone que quien presta acepta cierto grado de riesgo. Si todos los préstamos, incluso los más estúpidos, se tuvieran que cobrar (por ejemplo, si no hubiera leyes de bancarrota) los resultados serían desastrosos. ¿Por qué razón deberían abstenerse los prestamistas de hacer un préstamo estúpido?”

«Bueno, sé que eso parece de sentido común, pero lo curioso es que, en términos económicos, no es así como se supone que funcionan los préstamos. Se supone que las instituciones financieras son maneras de redirigir recursos hacia inversiones provechosas. Si un banco siempre tuviera garantizada la devolución de su dinero más intereses, sin importar lo que hiciera, el sistema no funcionaría. Imagina que yo entrara en la sucursal más próxima del Banco Real de Escocia y les dijera:
“¿Sabéis?, me han dado un buen soplo para las carreras. ¿Creéis que me podríais prestar un par de millones de libras?”. Evidentemente se reirían de mí. Pero eso es porque saben que si mi caballo no gana no tendrían manera de recuperar su dinero. Pero imagina que hubiera alguna ley que les garantizara recuperar su dinero sin importar qué pasara, incluso si ello significara, no sé, vender a mi hija como esclava o mis órganos para trasplantes. Bueno, en tal caso, ¿por qué no? ¿Para qué molestarse en esperar que aparezca alguien con un plan viable para fundar una lavandería o algo similar? Básicamente ésa es la situación que creó el FMI a escala mundial, y es la razón de que todos esos bancos estuvieran deseosos de prestar miles de millones de dólares a esos criminales, en primer lugar».

«Uno debe pagar sus deudas». La razón por la que [esa afirmación] es tan poderosa es que no se trata de una declaración económica: es una declaración moral. Al fin y al cabo, ¿no trata la moral, esencialmente, de pagar las propias deudas? Dar a la gente lo que le toca. Aceptar las propias responsabilidades.

Cumplir con las obligaciones con respecto a los demás como esperaríamos que los demás las cumplieran hacia nosotros. ¿Qué mejor ejemplo de eludir las propias responsabilidades que renegar de una promesa, o rehusar pagar una deuda? Me di cuenta de que era esa aparente evidencia la que la hacía tan insidiosa. Era el tipo de frase que hacía parecer blandas y poco importantes cosas terribles.
____________

(1)David Graeber: En deuda: Una historia alternativa de la economía. Ariel, 2014. Hay disponible un interesante resumen de mi amigo Antonio García Olivares. Accesible en: https://goo.gl/VY5og9.


Opine sobre la noticia con Facebook
Opine sobre la noticia
Normas de etiqueta en los comentarios
Desde PERIODISTA DIGITAL les animamos a cumplir las siguientes normas de comportamiento en sus comentarios:
  • Evite los insultos, palabras soeces, alusiones sexuales, vulgaridades o groseras simplificaciones
  • No sea gratuitamente ofensivo y menos aún injurioso.
  • Los comentarios deben ser pertinentes. Respete el tema planteado en el artículo o aquellos otros que surjan de forma natural en el curso del debate.
  • En Internet es habitual utilizar apodos o 'nicks' en lugar del propio nombre, pero usurpar el de otro lector es una práctica inaceptable.
  • No escriba en MAYÚSCULAS. En el lenguaje de Internet se interpretan como gritos y dificultan la lectura.
Cualquier comentario que no se atenga a estas normas podrá ser borrado y cualquier comentarista que las rompa habitualmente podrá ver cortado su acceso a los comentarios de PERIODISTA DIGITAL.

caracteres
Comentarios
  • Comentario por Moisés 14.06.18 | 15:37

    Leído el post.

  • Comentario por Elifaz 14.06.18 | 12:35

    Es verdad. Las politicas son inmorales porque lo son los políticos que elegimos. Pensar que con solo dedicar una pequeña parte de lo que gastamos en cosas superfluas se podría acabar con el hambre en el mundo. Pero eso no interesa, no da beneficios. Hemos hecho de los banqueros los dueños del mundo, quizá tambien por nuestro interes desmedido en conseguir beneficios.

    Y qué propone el humanismo que debemos hacer NOSOTROS para revertir esta situación, aparte de lamentarnos y culpar a los de siempre ?

  • Comentario por procato 14.06.18 | 12:29

    manuel, hoy alabo su texto, que encuentro muy sensible a la severa pobreza soportada por la mayoría de la humanidad. Me chirría , a la vista de su trayectoria, cuando nos dice que quiere ayudarnos a "distinguir con nitidez una sensibilidad moral genuina –incluso a nivel de análisis pasivo- de un juicio moral retórico (o formalista). Tendría mucho más valor si se pone a cero, como Morente.

Sábado, 18 de agosto

BUSCAR

Editado por

Síguenos

Hemeroteca

Agosto 2018
LMXJVSD
<<  <   >  >>
  12345
6789101112
13141516171819
20212223242526
2728293031