Humanismo sin credos

Reflexión agradecida sobre hospitales.

14.02.18 | 12:00. Archivado en 1. PABLO HERAS ALONSO

FUNDACIÓN JIMÉNEZ DÍAZ.

No caeré en el mismo vicio. Dicen que la definición del pesado es la de aquel al que le preguntas qué tal está... ¡y va y te lo cuenta! Fatigoso es escuchar los pormenores de una intervención quirúrgica, con el añadido de que hay quienes quieren mostrar las huellas físicas de la refriega. Llega un momento en que los detalles echan tierra sobre el conjunto y los árboles no dejan ver el bosque.

Pudiera ser que para tal persona ése hubiera sido el momento más trascendental en su vida. O quizá que aquél fue su momento de gloria cuando varios cirujanos se ocuparon de él y consiguieron su “salvación” (¿cuántas veces hemos hablado en este Blog sobre “salvación”?). Concedámoslo, la necesidad de contar cómo ha llegado dicha salvación a su vida en peligro, es como contar el viaje de bodas que hizo la pareja a Madrid desde, digamos, Capileira en La Alpujarra: un viaje no contado, con las experiencias anejas, no ha existido.

No caeré en esa tentación, pero sí en la de satisfacer la necesidad que todos debemos cultivar, la de ser agradecidos a cuantas personas revolotean alrededor de la maltrecha fisiología de uno, haciendo una reflexión sobre una profesión que tiene más de vocación que de ocupación laboral.

El Hospital “La Concepción”- Fundación Jiménez Díaz es una institución de larga prosapia clínica (1955), innovador de técnicas de diagnóstico y quirúrgicas que luego trascendieron a la sanidad pública y, hoy, según publican distintos periódicos, el mejor hospital de España en el ranking de excelencia basado en 2.000 encuestas a profesionales de medicina.

En un rincón perdido del mismo, habitación 5615, he gozado de una semana larga de vacaciones. No tiene esta frase ningún sentido irónico: responde a la realidad. Una verdadera satisfacción. Aparte de la labor profesional de los médicos, la atención minuto a minuto, como es normal, corre a cargo de enfermeras. Y aquí radica mi admiración y hasta mi sorpresa.

Siempre he creído que la profesión sanitaria tiene un porcentaje tan alto de vocación como de preparación técnica. Y sin la vocación, la atención al paciente a la postre resulta enojosa y un trabajo a regañadientes. Todas las profesionales que he conocido en estos días, sean limpiadoras, asistentes sanitarias, en prácticas, con contrato eventual o titulares... han demostrado algo más que profesionalidad: una humanidad que difícilmente se verá en otras profesiones.

Dejamos de lado lo que de profesionalidad supone, que también es de resaltar en este hospital: cuidado de los tiempos, control de la medicación, atención higiénica, etc. Me quiero referir aquí a esos otros elementos de humanidad, sensibilidad, amabilidad, afecto y cualidades similares que no aparecen en el currículo y que sólo la expresa confesión del paciente puede hacer llegar a quien corresponda. En este caso, preciso es confesar no sólo la satisfacción sino la admiración por tales personas.

Pudiera ser que determinados enfermos se hacen querer, pero creo que no es lo común. El enfermo se renueva, pocos son los días que uno pasa entre sus manos, algunos son una queja continua, otros maldicen su suerte, otros son hoscos y retraídos a los que difícilmente se les podrá arrancar una sonrisa... Y en algunos casos con enfermedades que a cualquiera pudieran resultar desagradables.

Podrían las enfermeras responder de la misma guisa. Pues no: la amabilidad, el cuidado, la preocupación por si el enfermo sufre, remediarlo si está en sus manos, volver para constatarlo, la empatía por la vida de cada uno... relucían en todo momento. Y siempre la sonrisa en los labios, el despertar alegre y el repartir ánimo a lo largo del día. La estancia monótona y el paso aburrido de las horas lo amortiguaba la presencia sonriente y alegre de las enfermeras. ¿Su juventud? No lo creo: más bien su vocación unida a su preparación.

Desde aquí y para no dilatar loas que pudieran resultar untuosas, mis más efusivas GRACIAS a cuantas enfermeras y personal auxiliar componen el elenco de la sexta planta del Hospital – Fundación Jiménez Díaz. Espero les lleguen estas palabras.


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Comentarios
  • Comentario por True 15.02.18 | 22:58

    Me alegro de q la encuentre adecuada. Saludos cordiales, también extensibles a JP.

  • Comentario por Manuel 15.02.18 | 20:24

    Enhorabuena, Pablo. Me alegra leerte de nuevo por aquí, y que la cosa se resuelva favorablemente. Es lo bueno de estos tiempos, que muchos males que antes no tenían remedio, ahora lo tienen en pocos días (cuando hay suerte). Mis felicitaciones.

  • Comentario por Moisés 15.02.18 | 15:09

    La cita que nos ofrece TRUE (14.02.18/21:23) parece muy adecuada en estos casos que requieren cuidados sanitarios.

    Saludos alegres y cordiales para TRUE y J.P.

  • Comentario por procato 14.02.18 | 22:11

    Pablo: bien que con la salud haya recobrado la gratitud, tantos años soterrada por toneladas de avieso rencor contra lo mejor de sí mismo. Su agradecimiento evoca a San Agustín:"¿Qué cosa mejor podemos traer en el corazón, pronunciar con la boca, escribir con la pluma, que estas palabras, “Gracias (a Dios)”? No hay cosa que se pueda decir con mayor brevedad, ni oír con mayor alegría, ni sentirse con mayor elevación, ni hacer con mayor utilidad (San Agustín, Epist., 72). También a Don Quijote:"Escribe (Sancho) a tus señores y muéstrateles agradecido; que la ingratitud es hija de la soberbia y uno de los mayores pecados que se sabe, y la persona que es agradecida a los que bien le han hecho, da indicio(¡¿¡¿) que también lo será a Dios, que tantos bienes le hizo y de continuo le hace”.
    Tal vez ignoraba el servicio de atención religiosa las 24 horas,con dos misas diarias. Ese servicio procura la curación en dimensiones más radicales. El servicio sigue.

  • Comentario por true 14.02.18 | 21:23

    Comparto los sentimientos de Moisés y JP y para no ser menos, le mando otra cita:
    La gratitud es una vacuna, antitoxina y un antiséptico. -John Henry Jowett
    De modo que su gratitud le va a terminar de poner en forma en un pispás.
    Y yo en agradecimiento por su reflexión agradecida no le contaré mi viaje a Capileira - como si no hubiera estado allí.

  • Comentario por J.P. 14.02.18 | 21:06

    ¡Caramba, siento que la cosa haya tenido que pasar por u a semana en el hospital!

    Celebro, como Moisés, que ya esté mejor y tan recuperado y con suficientes fuerzas como para asomarse por su blog.

    Y completando las citas que aporta Moisés, "Me atrevería a defender que el agradecimiento es la forma más elevada de pensamiento y que la gratitud es la felicidad amplificada por la sorpresa" (G.K. Chesterton, en Breve historia de Inglaterra)

    Un abrazo.

  • Comentario por Moisés 14.02.18 | 14:51

    Ante todo quiero expresar mi alegría porque don PABLO vuelva y porque haya pasado el trance que obligó a su ausencia y esté en forma.

    Por otra parte, es de notar que destaque su agradecimiento a quienes le atendieron, lo que muestra su bonhomía. Y para que no digan que exagero, copio unas frasecitas de personas notables y distintas:

    "Entre los pecados mayores que los hombres cometen, aunque algunos dicen que es la soberbia, yo digo que es el desagradecimiento", que según Cervantes, "con gran reposo alzó la voz y dijo" don Quijote.

    "El defecto más grave del hombre es la ingratitud" (J. Ortega y Gasset)

    "Bien veo que no es perfección en mí, esto que tengo de ser agradecida; debe ser natural que con una sardina que me den, me sobornarán". (Santa Teresa de Jesús).

    Cordialmente,

Domingo, 27 de mayo

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