Humanismo sin credos

La semilla del odio.

13.12.17 | 12:00. Archivado en Cristianismo pervertido


El odio es en primer término un discurso racional verbalizado, un enunciado de descalificación hacia quien se opone a determinadas ideas. En quien no tiene pensamiento propio digno de llamarse tal, dicho pensamiento que llamamos odio, se traduce en acción, en hechos concretos. Éste no tiene otra forma de manifestar su odio que con la agresión física.

Primero son las ideas y luego la acción. La acción no surge porque sí, ha de tener un sustento previo para sentirse legitimada. Generalmente no son los que profieren pensamientos de odio quienes los traducen en actos agresivos. Son las mesnadas de descerebrados quienes se encargan de ello.

De ahí la malignidad de determinadas ideas. Y de ahí lo que aquí decimos con frecuencia: no todas las ideas son defendibles. De hecho el Código Penal las persigue. En nuestros días, aplicamos este criterio al nacionalismo, que siempre es excluyente y discriminador, fuente permanente de segregación.

No vamos a seguir con esta idea que hemos visto traducida en infinidad de hechos que la historia recoge y de los que, hoy, los diarios y telediarios hacen portada. El último la muerte de un ciudadano, Víctor Láinez, en Zaragoza. El alimento de su asesino, el odio hacia cualquier signo identificador de lo español, o de lo que sea, nutrido con ideas excluyentes.

Otros foros hay que ya diseccionan estos hechos. Nuestro ámbito es el de la religión y, en concreto, el cristianismo, hoy sustentado con mensajes de paz y amor y en otros tiempos con odio al disidente, fuera hereje o pagano. No digan que el Evangelio y las Cartas de San Pablo excluyen todo sentimiento de odio, discriminación, exclusión o xenofobia. En dichos textos hay de todo y argumentos para todo. En la mente de cualquiera que haya leído dichos escritos están las referencias. No digamos si el discente se ha sumergido en el Antiguo Testamento y ha tomado como guía el Dios de Abraham.

Dígase lo mismo del Corán y las interpretaciones que de determinados suras hacen los ulemas de turno que alimentan las mentes descerebradas de quienes quieren pasar a la posteridad por haber reventado una discoteca, asolado una plaza o saltado por los aires en trozos acompañados de desprevenidos viandantes.

Hablábamos en días pasados de los inicios amorosos del cristianismo. Si el mensaje de paz y amor hubiera sido unívoco, no recordaríamos hoy tanta muerte y tanta destrucción como propició el cristianismo. Ni tendríamos que pensar de otro modo sobre Ambrosio, Teófilo, Juan Crisóstomo o Cirilo de Alejandría. Ni descubrir la cantidad de bandas de monjes asesinos como generó ese cristianismo de bienaventuranzas evangélicas.

Los fieles que los cristianos llamaron paganos, vivían y se nutrían tanto del mensaje que los sacerdotes de las religiones existentes les transmitían como de los símbolos que por doquier veían. Gozaban con las reuniones en sus templos; los que luego los cristianos llamaron ídolos les servían a ellos de espejo para la virtud; las historias religiosas, para los cristianos “mitos”, les servían como esclarecimiento del sentido de las cosas... No existía en sus creencias ni malignidad ni discriminación. Pero llegaron los cristianos.

Vlassis Rassias nos ofrece suficiente información (¡Demoledlos!). Primero vino la burla y el desprecio por los ídolos: ideas. Y de éstas, la destrucción por ejemplo del templo de Serapis y un mitraeo en Alejandría (año 389). Lógicamente los fieles se sublevaron y se dejaron llevar por la cólera. Consecuencia final, cantidad de muertos por ambas partes.

La historia (comienzos del siglo V) también nos refiere cómo en Sufetula (norte de África) las bandas de monjes cristianos fanáticos destrozaron la estatua de Hércules, que era el dios titular de la ciudad, un agravio que supuso la muerte de más de sesenta personas.

Hablábamos antes de Juan Crisóstomo. Él fue, con los maravillosos discursos que su “boca de oro” profería, quien indujo a esas bandas de monjes fanáticos a profanar y destruir gran cantidad de santuarios de las montañas de Fenicia, territorio costero en zonas hoy de Israel, Siria y Líbano.

Ése era el mensaje de paz y amor que se propagó por medio de la espada, hoy bombas adosadas a la cintura y al pecho o barras de hierro con que solventar asuntos regionales. ¿Por qué el cristianismo primero se comportó así y sin embargo no se sabe que las otras religiones recurrieran a los mismos métodos? No hay otra razón que el odio inoculado por “grandes” pensadores, ésos que hoy la Iglesia presenta a la devoción de los fieles como santos o como Padres de la Iglesia.

Quien no aborrece ese pasado de terror, se hace reo de él. A la Iglesia primitiva no le hacía falta acudir a esos medios coactivos para crecer. Lo grave del asunto es que para muchos, sin distinguir tiempos y en nuestros días, es esa Iglesia primitiva la que deviene en modelo de espiritualidad, de pensamiento y de conducta. Quizá añoren los nidos de antaño.


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Comentarios
  • Comentario por observador 15.12.17 | 20:51

    Y cuando el calumniador quiera, lo dejamos. Ya le dije que era muy fácil, que él dejaba de calumniar y yo dejaba de desmentir sus absurdas calumnias. Pero hoy Manuel 15.12.17 | 11:12 sigue, pues como quiera, seguiremos. Ahora que más vale prevenir, así que dejo claro que no me endose lo que no es mío.
    Cuando quiera, lo deja y despedida cordial, o lo que sea.

  • Comentario por observador 15.12.17 | 20:47

    Ah, y tampoco he leído ni comentado sobre este post. A ver si va a decir también que mi silencio me hace cómplice de lo que diga el blogger o que soy demasiado educada no leyéndolo. Pues no, no tengo hoy ni tiempo ni ganas y es mi real derecho, sin que el calumniador me tenga que decir lo que debo leer y comentar y se invente lo que piensa que pienso pero no digo endosándome un doble rasero a favor del blogger.

  • Comentario por Observador 15.12.17 | 18:31

    No vayan a confundirse creyendo q el calumniador es alguno de los comentaristas que han intervenido en este post. El calumniador Manuel está calumniando en la actualidad en fanatismo 7. Por lo visto no bastará con desmentirlo, sino q habrá q prevenirlo, hasta que rectifique, o al menos deje de insistir en la misma absurda calumnia consistente en colgarme a mí lo que dice otro.

  • Comentario por Observador 15.12.17 | 18:25

    Al calumniador: hoy tampoco soy responsable de lo que haya dicho nadie. Cuando lea algo, si es que leo, seguiré sin ser responsable de nada y si es que opino, seré responsable de lo que diga. Jamás de lo que el calumniador se invente, por mucho q al día de hoy siga insistiendo en otros posts en sus calumnias, por lo cual habrá que adelantarse aquí para que no te acuse falsamente de que respaldas a no sé quién. Respaldo solo y siempre la verdad.

  • Comentario por procato 14.12.17 | 10:37

    , que los hombres habían de igualarse a los ángeles de Dios, saliendo de esta mortalidad, corrupción, bajeza, debilidad, polvo y ceniza-, no sólo entregó la escritura a los hombres para que creyesen, sino que también puso un mediador de su fidelidad. Y no a cualquier príncipe, o a un ángel o arcángel, sino a su Hijo único. Por medio de éste había de mostrarnos y ofrecernos el camino por donde nos llevaría al fin prometido”.

  • Comentario por procato 14.12.17 | 10:35

    -cada necio quiere dar consejo de sabio
    -el necio abomina apartarse del mal

    antídotos contra las necedades del necio autosugestionado de científico.San Agustín:”Prometió la salud eterna, la vida bienaventurada en la compañía eterna de los ángeles, la herencia inmarcesible, la gloria eterna, la dulzura de su rostro, la casa de su santidad en los cielos y la liberación del miedo a la muerte, gracias a la resurrección de los muertos. Esta última es como su promesa final, a la cual se enderezan todos nuestros esfuerzos y que, una vez alcanzada, hará que no deseemos ni busquemos ya cosa alguna. Pero tampoco silenció en qué orden va a suceder todo lo relativo al final, sino que lo ha anunciado y prometido.
    Prometió a los hombres la divinidad, a los mortales la inmortalidad, a los pecadores la justificación, a los miserables la glorificación.
    Sin embargo, hermanos, como a los hombres les parecía increíble lo prometido por Dios -a saber, que los hombres había...

  • Comentario por procato 14.12.17 | 10:25

    -A su costa aprende el necio, y a costa del necio el cuerdo.
    -Un necio encuentra siempre otro necio aún mayor que le admira.
    -El que no reconoce al necio nada más verlo, o leerlo, es un necio también

  • Comentario por procato 14.12.17 | 10:24

    Pablo: le cuadra como guante a la mano el papel del lobo en la fábula del lobo y el cordero. El lobo acusa al cordero de enturbiarle el agua que está bebiendo, siendo así que el cordero bebe veinte metros abajo. Luego le consta al lobo que el cordero le había calumniado hace un año. Replica éste que todavía no había nacido. Entonces,dice el lobo, ha sido tu hermano. No tengo hermanos,replica el cordero....al final,el lobo se lo zampa como final digno del lobo. Así es el necio,malhechor de la inteligencia,odre de odio. Haced favor a un necio, e.d.,ablacionado religiosamente, y tendréis el mismo final que el cordero. Ya septuagenario,y delincuente contra la razón como adolescente antisistema.

    -Profe,¿qué deberes para mañana?
    -Pablito copia y comenta estos refranes:

    -Pájaro mal nacido es el que ensucia en su nido.
    -Para necio no se estudia, basta querer
    -Más necio es que necio el necio que quiere pasar por sabio.
    -Cada necio quiere d...

  • Comentario por Elifaz 13.12.17 | 23:00

    ...a los dos: a las abejas y a las ovejas..

  • Comentario por Elifaz 13.12.17 | 19:31

    " En la mente de cualquiera que haya leído dichos escritos están las referencias. No digamos si el discente se ha sumergido en el Antiguo Testamento y ha tomado como guía el Dios de Abraham "

    Verdaderamente cuando el blogger se pone a decir tonterías se queda solo. ¿Por qué una religión que nace del odio habría de tener como máxima y resumen de todos sus mandatos el amor a Dios y al prójimo, incluso al enemigo ? En el caso hipotético de que todos los creyentes practicáramos lo contrario estaríamos condenados, no justificados, por nuestra propia religión.

    Cualquiera que lea éste panfleto, sea creyente o no, se da cuenta de que el blogger habla de si mismo, del odio que siente contra la religión católica. Lo verdaderamente lamentable es que el verter su odio en un blog ni siquiera le sirve como desahogo que le consuele, sobre todo desde que ya nadie aplaude sus disparates. Porque aburre vd hasta a las obejas, señor ilustrado.


  • Comentario por Moisés 13.12.17 | 15:35

    Y, sin pretender meterme en honduras personales que desconozco absolutamente, se me ocurre que, en algunos casos, quizá ocurra lo que escribió Bartrina (me acordé porque lo mencioné ayer) al final de su "De omni re scibili":

    "¡Todo lo sé! Del mundo los arcanos
    ya no son para mí
    lo que llama misterios sobrehumanos
    el vulgo baladí...

    Mas...¡ay! que cuando exclamo satisfecho:
    ¡todo, todo lo sé!...
    siento aquí, en mi interior, dentro del pecho
    un algo... ¡un no sé qué!",


    que le dedico afectuosamente... sin ánimo profético ni afán de molestar. ¡Sólo faltaba!


  • Comentario por Moisés 13.12.17 | 15:27

    Si alguien accediera hoy por primera vez a este blog se quedaría de piedra (intelectual) al observar el giro que da el post a partir de la primera frase de la línea 32. Para los habituales desde hace años (por lo menos para mí) la preocupada extrañeza nos agobiaba porque aún no había aparecido el odio permanente y furibundo a la Iglesia Católica y sus "crédulos" (en su cariñoso y despreciativo argot). Pero llegó. Afortunadamente compruebo que mis expectativas se cumplían para mi satisfacción prevista. Aleluya. Ya está el Blogger donde siempre: en lo que él, tan justamente, llama su "monotema". "El odio inoculado" que ahora parece que sufre (o goza) y antes gozaba (o sufría) por aquellas fervorosas lecturas de las doctrinas de los que la Iglesia presenta "como santos o como Padres de la Iglesia". Más los posteriores.

    "Quizá añore los nidos de antaño...". ¡Vete a saber! Por lo menos yo, lo ignoro.

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