Humanismo sin credos

Pena, inmensa pena.

02.10.17 | 12:00. Archivado en Actualidad

Pasé dos años en Barcelona como profesor. Tanta fue mi nostalgia al tener que asentarme en Madrid que durante año y medio compraba a diario La Vanguardia para "volver" a Barcelona. Era la capital cultural de España; era la que, por elevación de miras, se situaba al margen del cada vez más pueblerino régimen franquista, superándolo.

Y he regresado muchas veces a Barcelona, comprobando cómo el incipiente y luego asentado nacionalismo pujolero fue asfixiando a la sociedad, sometiéndola a las "altas" miras familiares que el clan Pujol tenía en mente. Barcelona dejó de ser la capital económica y cultural de España.

Lo de ayer me produce una inmensa tristeza. Medio pueblo gritón engullido por una idea. Un pueblo que, intoxicado, no aprendió por sí mismo del veneno letal que los nacionalismos encierran. Un pueblo que entusiasmado por una idea ha terminado en fanatizado, obnubilado por "su" idea e incapaz de pensar que puede haber otras ideas.

Leí a propósito del aniversario de la I Guerra Mundial un magnífico libro, "Sonámbulos". Ayer lo vi reflejado en nuestra realidad. Políticamente, todos los nacionalismos han terminado en guerras. ¿Será capaz la sociedad catalana de parar esta deriva?

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