Humanismo sin credos

Lo que diferencia un crédulo de una persona normal.

21.11.16 | 12:00. Archivado en Propuestas vitales desde el humanismo

Podríamos sintetizar todo lo que sigue en una frase: para "realizarse" no es menester "enajenarse". Podría ser una petición de principio, pero así de rotundamente se ha de enfrentar el hombre normal a las pregonadas y presupuestas bondades del creyente, sus valores, su seguridad, su confianza...

Para decirles, asimismo, que en el discurrir diario no existen esos "otros", señalados por los crédulos como los desafectos a la fe, los que viven embargados por lo terreno, sin metas ni aspiraciones espirituales, sin poder dar sentido a su vida...

Para comprobar esa "pagaduría de sí mismos", no hay más que pasearse por los blogs aledaños. Hay tantos que desisto, al segundo día de no poder escribir por esta gripe que me tiene postrado sin fuerzas para levantar cabeza ni energía para mover los dedos.

¡Cuán engañados están! No quieren ver la vitalidad que emana de lo humano. La verdadera pretensión de una persona que piensa, que siente, que ama... recorre los caminos auténticamente humanos, los caminos de la vida. Y su andadura por el vergel de la existencia se concreta en pasos que lo hacen más persona:

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Lunes, 23 de abril

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