Humanismo sin credos

Life starts when the Church ends

28.10.16 | 12:00. Archivado en Delenda est credúlitas

En religión, y también en la vida, parece que estamos abocados a un permanente reinicio del sistema, cual si de un PC ("personal computer") se tratara, como me está ocurriendo estos días. Preciso es buscar y justificar los porqués para descubrir y aplicar los remedios.

O en otras palabras, los que rechazan la idea de ese Dios personal que agitan los cristianos –la esencia, la existencia y la subsistencia, sus cualidades— parece como si tuvieran la obligación de aportar razones para ese rechazo. Razones que, por otra parte caso de haberlas , ningún creyente estaría dispuesto a admitir.

En este blog hemos incidido una y otra vez en tales razones… Pero la razón se da de bruces contra el muro de aquellos que afirman que la fe es su vida o al menos parte de su vida. Quizá sí puedan servir alguna vez a quien está en disposición de creer o a punto de no creer, pero duda.

Su defensa es el ataque, inquiriendo por nuestra negativa. Pero no reparan ni se preguntan a sí mismos, con honradez, por qué y también para qué creen. ¿El creyente se ha preguntado alguna vez por qué cree en Dios? La mayoría, no.

Lo que están y estamos acostumbrados a ver es que a Dios se le da por supuesto. Es un “suppositum”, un presupuesto, un “por descontado”. Dios es algo que no se discute, se parte de él, se considera una hipótesis demostrada. Y a partir de ahí viene todo lo que viene.

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Martes, 25 de septiembre

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