Humanismo sin credos

La religión tiene poca cabida en la mente del niño.

19.10.16 | 12:00. Archivado en Educación

Largo podría ser, que no lo es, el estudio de la relación entre infancia y religión. Y largo es, éste sí, el estudio de la génesis de la moralidad en la infancia.

Los tratados serios de Psicología --me limito a los manuales universitarios que uno puede manejar-- apenas dedican espacio a tal relación. La religión es un hecho cultural o “relacional” más, que incide en los aprendizajes o hábitos del niño. La religión como creencia y prácticas se integra en la socialización del niño y la adquisición de criterios morales.

No podemos referirnos a la religión como ligada a ese sentimiento inconcreto de lo numinoso –en expresión de Rudolph Otto— que también existe en la segunda infancia, ni religión ligada a los miedos irracionales que comienza a sufrir el niño en los primeros años o a las imaginaciones que dan cuerpo a sentimientos inconcretos o a figuraciones diversas…

Se trata de algo más esencial. Queremos decir que la religión en cuanto asentimiento a unas verdades reveladas que presuponen un Dios creador, sustentador y redentor, no tiene cabida en la inteligencia del niño quizá hasta pasada la adolescencia, si no más.

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Sábado, 22 de septiembre

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