Humanismo sin credos

¿Es la Iglesia verdaderamente santa? (y 5)

09.10.16 | 12:00. Archivado en Iglesia, Organización y Jerarquía

¿Es verdaderamente santa? (y 5)

Cuando un asesino, un ladrón, un estafador, un conductor ebrio, un timador, un político corrupto… son acusados, juzgados y condenados, lo que aparece ante el pueblo no es el cariño que tiene a sus hijos, sus aficiones cinegéticas, sus ediciones y escritos, sus limosnas a los pobres o su contribución a “Cáritas”; lo que impresiona es que haya transgredido la ley, que haya sobrepasado las expectativas en él depositadas. Es el hecho delictivo el que queda como baldón destacable.

Lo normal y lo que se espera de cualquier persona es su conducta honrada y su aplicación al trabajo encomendado. Lo normal es el respeto a la ley que a todos obliga. Lo normal es ser fiel a aquello en lo que cree. Lo normal es el trabajo por mejorar el legado que le han transmitido.

Si esto podemos decir de las personas, otro tanto se puede aplicar a las sociedades, bien que una sociedad al fin y a la postre deviene lo que sus componentes son y hacen.

¿Podemos decir, entonces, que la Iglesia cristiana y sobre todo la católica es santa? ¿Se puede separar la institución de sus componentes y de sus rectores? En modo alguno. La defensa de la Iglesia por sus aportaciones a la humanidad, por el legado cultural, por su asistencia a los pobres, por su doctrina… queda oscurecida por aquellos hechos delictivos que ha cometido.
Lo que más relumbra ante los hombres es el legado de perversión que le acompaña.

La Iglesia no es santa a no ser que, primero, no sepamos lo que es santidad y, segundo, consideremos a la Iglesia como una entidad aséptica, un elemento místico o misterioso que nada tiene que ver con los hombres, un ente sin cuerpo, algo independiente de sus miembros.

No es dado negar que el término “santidad” sea un concepto ambiguo, imposible de delimitar y reacio a ser definido. Desde el momento en que la Iglesia ha considerado santos a felones, mentirosos, lujuriosos, asesinos convictos y que califica de “santo” cualquier objeto, fecha o institución que nada tienen que ver con lo religioso --¡santa Inquisición!--, uno no sabría muy bien a qué carta quedarse. Por eso calificar de santa a la Iglesia es no decir nada.

La esquizofrenia consentida, admitida y usufructuada por el estamento rector distingue entre Iglesia como cuerpo de Cristo e Iglesia como sociedad. Ésta es humana y dada a perseguir lo humano, rea de crímenes y atrocidades cometidos por simples fieles y, sobre todo, por obispos y papas. ¿Y qué era aquello de “Dios lo quiere” o “en el nombre de Cristo” cuando se entregaban a degollinas y saqueos? Pero el pueblo no cae en el engaño.

Definir el cuerpo de Cristo como santo es como aplicar este epíteto a los condritos carbonáceos. Ese “cuerpo de Cristo” no tiene definición ninguna, no tiene entidad reconocible, es una entelequia más. ¿Son entonces dos Iglesias, la que todo el mundo reconoce y la que recubre a la humanidad con su maternal manto protector? ¿Ni siquiera en su esencia la Iglesia es una?

Este doble juego es práctica secular en la Iglesia. Lo positivo es obra de Dios. Lo negativo, obra de los hombres. Pues como sucede con los hombres, la Iglesia no es santa por la cantidad de atrocidades cometidas en nombre de Cristo. Y si la Iglesia pudiera llamarse santa, también lo sería por las personas buenas viviendo en ella, no sólo por influjo divino. O quizá por eso.

Lo de “Iglesia santa” como prueba de su autenticidad no deja de ser una afirmación gratuita, sin posible comprobación. Lo que los hombres no ven no puede ser afirmación de nada.

¿Podríamos llamar santa a una institución civil que sustentara en sus hombros un pasado tan lleno de perversión y pecados como el cristianismo tiene sobre los suyos? En modo alguno. Las intenciones y las interpretaciones no son argumento para adjudicar méritos.

La existencia en su seno de personas buenas no exime de pasados criminales y presentes deleznables (piénsese en las batallas internas entre obispos y cardenales por un puesto más o menos, en los negocios turbios del Vaticano, en el trasiego de influencias, en la venalidad de las canonizaciones, su alianza con regímenes corruptos, su forma de perseguir la disidencia…).

Como decíamos al principio, aquello que predomina en la apreciación del comportamiento de una persona son los crímenes y actos nefandos cometidos. Para que uno pueda ser llamado santo –es decir, bueno, justo, virtuoso, ejemplar, modelo, digno de veneración, etc.— no sólo es obligado que haga cosas buenas, como era lo esperado: también es necesario que no las haga malas.


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Comentarios
  • Comentario por promiscato 09.10.16 | 21:18


    -blogger,dígale a una persona herida una palabra con amor
    -amortiguador

    Un caníbal en un avión.
    – ¿Le traigo el menú?
    – blogger, no, mejor tráigame la lista de los pasajeros.

  • Comentario por promiscato 09.10.16 | 21:09

    ....Y si uno quiere conocer lo que es la Iglesia, que entre en ella. La Iglesia no existe principalmente donde está organizada, donde se reforma o se gobierna, sino en los que creen sencillamente y reciben en ella el don de la fe que para ellos es vida. Sólo sabe quién es la Iglesia de antes y de ahora quien ha experimentado cómo la Iglesia eleva al hombre por encima del cambio de servicio y de formas, y cómo es para él patria, y esperanza, patria que es esperanza, camino que conduce a la vida eterna"

    « Spe Salvi », 45-46 “Puede haber personas que han destruido totalmente en ellas el deseo de la verdad y la disponibilidad para el amor, personas en las cuales todo se ha hecho mentira, personas que han vivido para el odio y que en ellas mismas han pisoteado el amor. Es una terrible perspectiva pero ciertos personajes de nuestra historia dejan entrever, de manera espantosa, la existencia de perfiles de esta clase. En semejantes individuos ya no habría posible remedio para nad...

  • Comentario por promiscato 09.10.16 | 21:05

    ante una santidad inmaculada, judicial y abrasadora? ¿Y quién se atrevería a afirmar que él no tiene necesidad de otros que lo sobrelleven, es más, que lo sostengan? Quien vive porque otros lo sobrellevan, ¿cómo podrá negarse a sobrellevar a otros? El único don que puede ofrecer, el único consuelo que le queda ¿no es sobrellevar a otros como él mismo es sobrellevado? La santidad de la Iglesia comienza con el sobrellevar y termina con el sostenerse. Pero donde ya no se da el sobrellevar, cae el sostenerse, y una existencia inconsistente cae necesariamente en el vacío. El cristiano reconoce la imposibilidad de la autarquía y la debilidad de lo propio. Cuando la crítica en contra de la Iglesia es biliosamente amarga y comienza a convertirse en jerigonza, late ahí un orgullo operante. Por desgracia a eso se junta a menudo un gran vacío espiritual en el que ya no se considera lo propio de la Iglesia, sino una institución con miras políticas; se considera su organización como lamentable y br

  • Comentario por promiscato 09.10.16 | 21:03

    blogger: ¿Por qué me banea? ¿No se soporta en el espejo? Ayer venía a decir que Ud. rompió con la Iglesia para convertirse a la necedad, y sacaba la conclusión de que la Iglesia sin los necios,dejaba de ser UNA. Para su coeficiente,bien está.

    ¿Le molestan los chistes como el de ayer?

    -Paco,¡por qué no riegas?
    -pero blogger,está lloviendo a cántaros
    -no sea vago,toma este paraguas

    en cuanto a lo de hoy, es otro chiste. Que el necio calibre la santidad, es como si el albañal fuera referente de higiene,el delincuente referente de legalidad, el maestro Ciruela,de sabio,el mutilado de las extremidades,referente de cuerpo íntegro,el converso a la necedad,de referente de científico , el autosugestionado, de hombre despierto.

    antídotos contra las necedades del necio autosugestionado de científico.Joseph Ratzinger:"Confieso que para mí la santidad pecadora de la Iglesia tiene en sí algo consolador. ¿No nos desalentaríamos ante ...

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