Una de las tragedias intelectuales en la que se ven inmersas las religiones en los albores del siglo XXI es su carencia de símbolos. No porque las religiones no los tengan, sino por su difícil o imposible ilación con un mundo que corre por autopistas mientras que aquéllas lo hacen en carretas de bueyes.
Ningún diccionario de símbolos otorga repuesto a la conjunción de modernidad y vida diaria con ritos y dogma. Necesariamente los símbolos de que echan mano derivan del pasado aunque converjan en lo único que puede sustentarlos: el psiquismo humano.
La madre, el “eterno femenino”, el andrógino, el centro, el dragón, los números, las figuras geométricas, el árbol, el círculo, la montaña (pirámide, torre, ziggurat, etc), el jardín, el pastor, la cárcel, la nave, la espada, el sol, la luna...
Jueves, 31 de mayo
Pedro Tarquis
Antonio Aradillas
Juan Fernandez Krohn
Universidad Pontificia Comillas
Asoc. Humanismo sin Credos
Carlos F. Barberá
Josemari Lorenzo Amelibia
Ediciones Khaf
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo