Todavía tengo mis dudas de si lo que está feneciendo de la religión es su aspecto sociológico o la religión misma. Se acepta, al menos como fenómeno universal, que el sentimiento religioso sea algo cuasi inherente a la naturaleza humana (no voy a afirmar que sea consustancial a la misma, porque no lo es, pero…).
Sintomáticos de una época y de un modo de vida son tanto el hecho de creer y sus prácticas anejas como el modo y el porqué del “descreer”.
A la par que la persona se va sintiendo más segura de sí misma, más independiente de los ciclos naturales, más autónoma porque dispone del sustento necesario, más festiva porque puede gozar del ocio… la religión va quedando arrinconada tanto en el espacio mental más reducido –no hay compulsión o imperativo para acudir a celebraciones religiosas- como en el tiempo destinado a ella –primero de semana en semana, luego lapsos de tiempo más largos y finalmente en ocasiones contadas y por imperativo familiar o social (funerales, bodas, I Comunión…).
Jueves, 31 de mayo
Pedro Tarquis
Antonio Aradillas
Juan Fernandez Krohn
Universidad Pontificia Comillas
Asoc. Humanismo sin Credos
Carlos F. Barberá
Josemari Lorenzo Amelibia
Ediciones Khaf
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo