Como es normal y por propia convicción, humana y fideísta, ningún crédulo admitirá ser un mentiroso --cuando manifiesta su fe-- o estar esparciendo mentiras --cuando la propaga--. Él está convencido de su verdad. Es normal que así sea.
Pero si es honrado, y la honradez se presupone, es de suponer que admitirá que haya quienes digan de él que vive sustentando mentiras y admitirá que quienes lo dicen aportan sus razones. Insistimos en el hecho dual de que "digan de él" y que "esgrimen determinados argumentos". Más que nada porque nadie es dueño de la opinión ajena.
Damos entonces por supuesto que hay quienes dicen de él que es un mentiroso” (otras veces lo pueden tildar de mojigato o santurrón, beato o engañado).
Del conocimiento a su concreción en conducta hay todo un proceso secuencial diferente en lo que podríamos llamar "vida normal" y lo que sucede con la "credulidad".
Decimos que es un proceso "secuencial", es decir, que unos conocimientos son previos a otros y los unos siguen necesariamente a lOs otros.
Percepciones primeras: sentidos, percepción (del tipo que sea) de la situación, actos realizados propio y ajenos...;
Proceso racional de conexión de la información:

La religión "mágica" desapareció cuando, en etapas neolíticas, el hombre comenzó a dominar la naturaleza y a elucubrar con las primeras explicaciones racionales del Universo.
El cristianismo "mítico" inicial, en los primeros albores de la Edad Media, consumó los mitos, se apropió de ellos, por no decir que los aniquiló, asimilándolos a la figura de Cristo, la Virgen y los Santos
La religión que ha perdurado hasta nuestros días es la "escolástica", la que hace o pretende hacer compatibles creencia y filosofía, la que inunda de ritos la práctica religiosa, la ha llevado a la creencia al summum expresivo con obras maestras de arte, literatura, orfebrería, música...

489. Como hecho cultural, ¿qué espacio le queda a la religión en una sociedad avanzada? Ninguno: democracia frente a gerontocracia; estado de bienestar frente a denuncias vacías; cultura frente a creencias irracionales.
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490. Un pensamiento hecho tradición no puede convertirse en traición al pensamiento. Es lo que sucede con los dogmas emanados de la Tradición (1)
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Copio del libro "El Palestino", del autor-pseudónimo "Antonio Salas" uno datos que me han impresionado. No puedo constatar si son ciertos o no, aunque doy por supuesto que el autor los ha contrastado.
La realidad del Islam en Europa es ésta, según datos. La prospectiva no es tan clara como pueda parecer. Lo que suceda en los próximos 20 años depende de muchas variables, especialmente del factor "trabajo", dado que los motivos de los musulmanes que acceden a Europa se basan únicamente en el deseo de mejorar sus condiciones de vida. Pero llevan a la vez con ello lo poco que tenían en su "vida pasada": la religión. Y con ella la necesidad de jefes, imanes, que continúen nutriéndola y locales para seguir sintiéndose parte de la "umma". La evolución de los vástagos puede o bien enquistarse en la fe o seguir la misma línea de desafección que la de sus congéneres europeos.
Permítasenos un retruécano vulgar. El trascendental “negocio de la salvación”, expresión tan cara a los místicos y ascetas de siglos pretéritos, se ha trocado en “salvación del negocio” por obra y gracia de aquellos que en la Iglesia Católica se han erigido en dueños de la empresa.
La Multinacional Católica del Rezo es una empresa, como otra cualquiera, que busca cuenta de resultados. También y por supuesto, resultados monetarios para sustentar a sus pastores.
Es tal la envergadura del sistema burocrático que sustenta el negocio, que la única solución posible que tienen en estos momentos de declive es huir hacia delante, haciendo lo mismo para pretendidamente conseguir lo mismo.
La diferencia con el resto de las empresas “humanas” es que se nutre a sí misma del engaño:
Guerras de religión (1), de una forma u otra, lo han sido todas, porque en todas estaba presente Dios: el rostro del soldado que mira al suelo encomendándose a cualquier cosa que le ayude a tragar la angustia; la Biblia o el Corán en los momentos de reflexión; cuando el muerto “ceremoniado” parece servir para algo; la arenga encendida con Alah como aliado incitando al compromiso...
Si les diesen tregua para pensar, llegarían al asco de Dios. Al menos no podremos “interpretar” en las décadas futuras que en estas últimas guerras haya habido nadie dispuesto a morir por sus convicciones religiosas: la “guerra del minuto visual” lo desmiente. Los ideales esgrimidos ya no contienen ideas, sólo buscan idiotas.
Los sentimientos mueven al mundo quizá tanto o más que la razón. Tarea inconmensurable la de controlar sus mecanismo.
La Psicología tiene mucho terreno adelantado por donde podemos caminar.
Resulta curioso cómo la "ciencia crédula" acepta el mundo de los sentimientos como algo "fisiológico", como perteneciente a la "animalidad", y sin embargo les asignan parte igualmente en lo que "ellos" llaman "alma", para utilizarlos en lo que tiene que ver el mundo del "pecado".
Deseo de permanecer: éste es el gran sentido que tiene la "vida eterna" que predican.
Lo tendríamos que repetir una y mil veces para que los crédulos se enteraran: una permanencia o vida eterna es engaño para la razón, duda para el sentido común y, he aquí la paradoja, para los creyentes sustancialmente distinta a la actual. Predican la vida eterna pero no saben cómo será, no tienen constancia de ella, la deducen de sólo deseos...
La ciencia, a lo largo de los siglos y especialmente en estos últimos doscientos años, ha ido desvelando, explicando y confirmando cualquier aspecto humano que al hombre le afecte, cualquier duda existencial o culinaria, interés, hecho que importe a la felicidad y bienestar del hombre: en los ¿seis mil? años de vida de las religiones, y en lo que MÁS puede interesar a la humanidad, su porvenir eterno, todavía no han conseguido saber nada "directamente" de ese mundo glorioso que nos espera. ¿No les da que pensar a los crédulos? Cada religión "aporta" sus conjeturas: el gozo de Dios, las 70 vírgenes, una reencarnación más sublime, "lo que ni ojo vio...", "la ausencia de todo dolor..."

Todo lo que se deduce de las "grandes verdades dogmáticas" se aceptan como corolarios. Éstas son las cuestiones menores de andar por casa. Pero no por ser "cuestiones menores" dejan de ser "cuestiones".
Si se hace una afirmación –y los dogmas son afirmaciones en grado excelso-- las “cuestiones menores derivadas” tienen que remitirse lógicamente de la verdad principal. Pero tales cuestiones, por deducidas, no deberían constituir un absurdo en sí. Cuando lo es, el dogma del que derivan se tambalea. Porque estaríamos hablando de afirmaciones gratuitas. En realidad, todos los dogmas lo son y todos los dogmas llevan aparejadas sus "implicaciones menores" que son las que más "palos" reciben en su confrontación con la razón.
El asunto del pecado original del que nos hemos ocupado con frecuencia aquí es ejemplo esclarecedor. No es momento de citar la enorme cantidad de majaderías que todavía pueden leerse: a unos les puede producir ira de que alguien pueda escribir lo que escribe; a los más, risa. Hoy se fija nuestra mente en el "post mortem"...
La teoría escatológica, teológica o humanista dice que todo coopera a la búsqueda de la felicidad: religión, ciencia, trabajo, convivencia, búsqueda del sustento, leyes, relaciones humanas, profesiones, estudios...
Unos indagan afanosamente un o el sentido de la existencia para fundar su felicidad, otros la buscan en la entrega confiada “a lo que sea”, siempre para trascender lo que la inteligencia obliga a trascender, el propio yo.
Deliberadamente he puesto religión y ciencia al principio, porque encontramos con demasiada frecuencia científicos nimbados de cierta “stupíditas mentis” que les lleva a confundir campos y esferas. Y así alguno habrá que diga que la fe es esencial para un científico, que siempre debe estar comprometido íntimamente con la creencia en que hay orden el universo y en que la mente humana puede entenderlo (1): esa entrega confiada, la fe, no es la misma en unos, los científicos, que en otros, los creyentes.
Esgrimían un argumento a favor del cristianismo basado en que la oración de tantos y tantos santos durante tantos y tantos siglos ha tenido que producir un efecto benéfico en la sociedad (en el supuesto de que Dios haya escuchado sus súplicas).
¿Es necesario aplicar la lógica a su misma doctrina teológica? Adelantemos la conclusión: la oración no ha cambiado nada el devenir de la historia; la oración es una actividad perfectamente inútil, si se exceptúa el hecho de “verbalizar” creencias o deseos. O mecanismo mental para descongestionar angustias. O recreo de la mente en confianzas baldías(1).
Escribiendo en el rincón apartado de este mirar temprano a la mañana que se despereza, campo mullido por la lluvia al fondo, cardos secos junto a la ventana que da a la antigua tenada, dos mochuelos que revolotean por los destartalados maderos del que fue techo de un cobertizo... me invade una sensación de desesperanza.
Lo que fue airado manotazo a mi propio pasado de credulidad, ha dejado lugar a un resoplido de desconfianza: su grandiosa historia sigue presente como mazo que una y otra vez golpea y aturde, nuestra historia de otros siglos que empapan el nuestro, tan presente como los santones, vírgenes, cristos, tañido de campanas, festividades de Santiago, bodas, altos y altozanos colonizados por "la causa de Cristo", cuya presencia y recuerdo inunda pueblos, ciudades, calles, plazas, estatuas, fuentes, paisajes....
A fuer de pecar de optimistas y pensar que guerras, hambrunas y desolación son los últimos sarpullidos de la historia, la mentalidad que se abre paso es la que apela al sentido de unidad global, la que propugna la fraternidad entre las gentes, la que esgrime el sentido de armonía entre pueblos y entre el hombre y la naturaleza; la que supera pensamientos de oposición y de ocupación; la que deja atrás el concepto de izquierdas y derechas para asimilar el de personas de buena voluntad; la que supera el concepto de región excluyente para adoptar como patria el mundo sin fronteras.
Si hay discrepancias, se negocia; si hay necesidad de ayuda, se apela al sentimiento de complementariedad; si hay necesidades que subvenir, se entrega todo lo posible pronto y con continuidad...
Los cambios que el mundo ha experimentado en un siglo han supuesto un cambio tal en las estructuras sociales que podemos decir sin temor a equivocarnos que "ha comenzado" una nueva Edad. Otros vendrán a denominarla. Lo de Contemporánea aplicado a la anterior no cuadra bien. Es puro pasado, en gran parte, siniestro pasado, o quizá una simple transición, como el paso de la adolescencia-juventud a la edad adulta. Podría ser el sarpullido que acompaña a todo cambio. Todos los avances tienen que ver más con la inteligencia y la tecnología que con el área emotiva o moral.
Quizá la "civilización del objeto tecnocrático", etapa en la que parece nos hallamos en esta nueva Edad de la Comunicación, termine en un callejón sin salida, el de la saturación: la mente no puede asimilar más; no hay estanterías para más libros; estamos atiborrados de noticias; no hay tiempo material para contrastar opiniones; los descubrimientos e inventos nos desbordan; cada nuevo artilugio doméstico lleva aparejado el saber cómo funciona, el cuidado, la dependencia que conlleva y el servicio técnico oportuno...
Nos llenamos de "cosas" que mejoran nuestra calidad de vida pero que a la vez llevan consigo preocupaciones en el mismo grado. Añádase el control económico con que el Estado grava tales artilugios.
Puestos a pensar en algunos aspectos de la religión, por necesidad llegamos al simplismo o a la perplejidad.
Una chispa para la discordia, el problema que tiene el homosexual creyente para continuar practicando los ritos.
Oficialmente el homosexual está excluido de la religión. Quizá ahora no tanto porque la misma sociedad los ha introducido a trozos en el templo... y tampoco es cuestión, visto el panorama, de prescindir de algunos bultos. Decimos a trozos por los distingos oportunos con que se considera la situación vital del homosexual: si está "casado" o no, si es activo o no, etc.
Podemos tomar ésta, la religiosidad, como práctica o como convicción. A ello contestaría el homosexual con el primer dilema: ¿De qué religiosidad estamos hablando, de la suya o la mía?. Porque las dos conviven y la mía es más real porque es mía.
Pasó su momento, pero allá por la década de los 70 la Iglesia de base era un clamor unámine declarando a su Dios Fundador más o menos "figura revolucionaria". El que vino a cambiar el mundo y sigue cambiándolo, el que vino a rescatar a los pobres de su postración y hoy nos toca a nosotros... Algún que otro "ungido" hasta se involucró en acciones guerrilleras.
¡Cristianismo revolucionario! ¡Jesús revolucionario!. Otra estupidez mayúscula. En primer lugar porque en ningún escrito aparece con nitidez que el tal Jesús propugnara revoluciones sociales, aunque eso importa poco, porque de su doctrina hicieron sus seguidores lo que les dio la gana y cualquier frase puede servir teniendo al lado otras que dicen lo contrario.
Lo que dicen que dijo Jesús, tras su defunción, ya no fue “texto” sino “pretexto”. Repugna ver lo que dicen que hay que ver cuando aparece con nitidez lo que se ve.
Para lo que importa, en el presente de las sociedades, el mayor sistema conservador, retrógrado y opuesto a cualquier cambio, es la religión constituida. Pero ni más ni menos que cualquier “sociedad del bienestar”. En la religión siempre el pasado fue mejor. Lo que procede es conservarlo y "volver siempre a las raíces".
¿Sirve la religión para apaciguar dificultades?
¿Es Dios fuente de seguridad ante el futuro incierto?
¿Alivia confiar los asuntos de la vida a Dios?.
Desde luego que sí, pero entendiendo a Dios --a Cristo, a María, a los Santos-- de otra manera.
Ese Dios al que se habla, al que se confía todo, en quien se dejan los asuntos para que él, con su infinita providencia los solucione, sólo es una forma de huir, de encontrar refugio, de aletargar la razón, de soslayar las dificultades... ¡hablando uno consigo mismo!
Toda actividad mental es actividad cerebral. Podrá parecer que es la máxima expresión del "materialismo" que tanto horror producía a los dogmáticos católicos del siglo XIX. ¡Y sin embargo...!
Ni pensamientos, juicios, convicciones, emociones, añoranzas, odios, miedo a la muerte, vivencia del propio yo, correlaciones inductivas o deductivas... tienen existencia independiente, existencia mental. Todo sucede en el cerebro.
Ver el cómo y el por qué es la tarea ingente y emocionante de los científicos del cerebro. Esto no es ni reduccionismo ni materialismo al uso: es evidencia de lo que se ha descubierto y confianza en lo que se descubrirá.
Dirán que estados de gracia, vivencias místicas, hechos de conversión, experiencias de Dios y similares son, sí, detectados por el cerebro y pueden tener su referente neuronal, pero también dirán que tales hechos son ajenos al mismo porque son inducidos en la mente por la gracia de Dios que gobierna todo.
Este segundo párrafo inicial podría servir de corolario al artículo de hoy, pero es menester que dejemos descansar en paz a quien se fue de este mundo con la pesadumbre de no haber recibido respuesta a tiempo.
Entre las verdades teológicas, a fuer de deber su existencia a "ser creídas", no hay diferencia cualitativa, sólo hay diferencia acreditativa, por llamar de alguna manera al hecho de creer dichas verdades "porque sí", sin comprobación científica alguna. Y, por descontado, del mismo modo que se tratan y ventilan determinados asuntos religiosos controvertidos, se podrían tratar todos.
En el caso que hoy traemos aquí, se trata de cómo una Comisión Teológica ha echado a la "papelera de reciclaje" algo tan enjundioso como EL LIMBO, sitio, lugar, situación que ha tenido una vigencia de miles de años y que de un plumazo ha ventilado el actual Gran Sacerdote, tras las oportunas y sesudas deliberaciones de tal Comisión nombrada "ad hoc". Pero de idéntica manera se podrían despachar las demás "verdades".
El asunto tiene dos vertientes, la una teológica; la otra el porqué del interés de determinado papa por la situación de los niños fenecidos sin haber sido bautizados. En concreto, cómo los acontecimientos traumáticos de la infancia siempre condicionan decisiones posteriores o están en el origen de ellas.
Más que nada por su relación con el contenido de determinados sermones y por la incidencia que tiene en la confesión o en el "consejo espiritual", traigo a colación un descubrimiento científico que se divulgó hace unos años:la depresión tiene relación de causa-efecto con el gen 5-HTT, gen transportador de la serotonina, sustancia inhibidora de las funciones cerebrales.
Aunque la composición y los efectos de la serotonina ya eran de sobra conocidos anteriormente, su relación con el gen de referencia no estaba probada (1).
Sólo los científicos podrán decir si los datos son significativos o no, pero es un avance médico que nos sirve como muestra para poner en evidencia las intromisiones crédulas en el campo de la neurología y la psicología. Añádase por descontado que el descubrimiento de la causa, lleva consigo la consecución del oportuno remedio.
La depresión es un estado que se da con mucha frecuencia entre personas devotas y entre fieles “convencidos”. Y a ellas se dirigen estas consideraciones. Las personas "normales", no "crédulas" solucionan sus problemas acudiendo al matasanos.
En su día me ofrecieron la posibilidad de mantener un Blog en Religión Digital. Cuando comenzó su andadura, y el mes que viene cumple cinco años, éramos pocos. Como ahora, éste es el único blog “que dicen” enfrentado a la credulidad aunque su propósito sea buscar y ofrecer otra perspectiva de la vida, de la creencia, de los conflictos humanos... poniendo de paso en evidencia aspectos de la credulidad que no tienen base ninguna.
Demasiadas veces me he preguntado si sirve de algo. ¿Sirve de algo? Sigo pensando que sí, aunque nunca llegaremos a decir todo lo que se podría decir sobre las credulidades con siglos a sus espaldas. Sí, porque debemos alzarnos en defensa de una regeneración del espíritu, de la implantación definitiva de los criterios humanos, del sentir racional de la vida. Y mantengo el optimismo de que alguien habrá que re-piense lo que aquí se dice, que no se encierre en su castillo de credulidades y, tal vez vez, trate de buscarles justificación o explicación.
Es el pueblo el que hace la historia, aunque la Historia se cuente como “fechos” de los gobernantes. Es el pueblo el que la construye y la sufre, por más que luego vengan los historiadores a contar las grandezas de los nabucodonosores, ciros, jenofontes, alejandros, napoleones o maos que en el mundo han sido, estadistas que, la mayor parte de ellos, sólo han traído muerte y destrucción. Los relatos épicos posteriores no deben justificar la ruina que propiciaron.
Queremos ser optimistas y pensar que los sucesos de los que somos testigos no son un paso atrás en la historia sino un avance que redundará en mejores condiciones de vida para el pueblo. Queremos ver los acontecimientos de Túnez y Egipto como un nuevo signo de los tiempos, donde será el pueblo el protagonista, donde se asegurará la paz y su fruto el bienestar, donde los avances sociales lo serán en pro de las capas de población más desfavorecidas.
A nuestro entender fue “signo de los tiempos” la manifestación mundial por la paz, el “no a la guerra”, la oposición a guerras preventivas que, como al fin se ha demostrado, lo fueron por el control de los recursos energéticos.

LA RELIGIÓN DENTRO DE LA PSICOLOGÍA.
Complejo es el estudio de la relación entre infancia y religión, mas para los rectores las Multinacionales de la Credulidad poco alentador puede ser lo que la Psicología afirma.
Los tratados serios de Psicología apenas dedican espacio específico a tal relación, dado que la misma se integra en la socialización del niño y la adquisición de criterios morales. Otra cosa es que divulgadores relacionados con las creencias publiciten tratados haciendo compatibles científicamente psicología y religión. Es el caso, por ejemplo, de las últimas noticias referidas al "gen de la religiosidad". Mientras no se demuestre con seriedad, tal afirmación no deja de ser una "little stupidity" dentro de las investigaciones psicológicas.
Las verdades religiosas en cuanto asentimiento a unos dogmas revelados que presuponen un Dios creador, sustentador y redentor, no tienen cabida en la inteligencia del niño quizá hasta pasada la adolescencia. Y las prácticas rituales, por su parte, no son sentidas sino como imposiciones de los mayores, algo más que “hay que hacer”.
A determinados asuntos, sobre todo religión y política, accedemos siempre a través de estructuras cognoscitivas mentales contaminadas por prejuicios y consideracioens emocionales.
De ahí su consistencia, su persistencia y su compulsión. Son estructuras reacias al cambio. Y más todavía en personas con baja formación intelectual que han caído en las redes del adoctrinamiento.
Ambos son "mundos" que implican visceralmente a la persona, donde lo que menos cuentan son los aspectos científicos y racionales y más los emocionales ("Inteligencia emocional". Daniel Coleman).
Si alguien, enfrentado o no a las creencias, aséptico o no ligado a ellas, escribe sobre aspectos religiosos, los resortes precautorios saltan al instante y se expresan más o menos así:
Mis creencias... ¡que no me las toquen!; mi amor a la Iglesia está por encima de todo; Dios mío, digan lo que digan, yo siempre estaré contigo; Jesús, presente en el sagrario, ayúdame a superar mis dudas...
La Psicología --y en lo que roza la enfermedad la Psiquiatría-- son ciencias racionales que por la experimentación y la estadística ofrecen una más profunda explicación denominativa de los procesos emocionales, conductuales y cognoscitivos.
Geografía, Lengua, Matemáticas, Fisiología... son ciencias con enunciados indiscutidos por indiscutibles. En cambio aquéllas que tratan de explicar científicamente los procesos más pretendidamente “humanos” siguen cuestionadas. No será porque no hayan formulado verdades suficientemente comprobadas y estadísticamente confirmadas, desde luego. Sucede que estas Ciencias no han calado en las masas, menos desde luego en las crédulas.
Tiempo ha que en el foro adecuado --Dirección General de Educación de la que luego sería Comunidad de Madrid-- formulamos la necesidad de incluir en el Currículo Escolar una asignatura que compendiara los elementos más esenciales de la Psicología de la Conducta, de la Psicología Evolutiva o de la Psicología de la Personalidad. Con ello las personas aprenderían a entender de otra manera por qué determinadas reacciones, por qué conductas acomplejadas, por qué reacciones incomprensibles, por qué tales miedos, tales sueños, etc.
Pretende la creencia cristiana redescubrir o reencarnar de nuevo a su mítico personaje como histórico siendo, como es, un mito realizado en un tiempo determinado, del cual ha vivido durante veinte siglos, y divinidad que “se ocupa” de lo humano, con el cual pretenden vivir otros veinte.
Consideremos sólo dos afirmaciones emanadas de altas instancias jerárquicas católicas:
En la Iglesia se da hoy un nuevo redescubrimiento de que el Dios cristiano ama profundamente este mundo y se le encuentra en las realidades seculares.
Tres respuestas entre muchas posibles:
Jueves, 31 de mayo
Pedro Tarquis
Antonio Aradillas
Juan Fernandez Krohn
Universidad Pontificia Comillas
Asoc. Humanismo sin Credos
Carlos F. Barberá
Josemari Lorenzo Amelibia
Ediciones Khaf
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo