Humanismo sin credos

Adiós a todo aquello (2/2).

15.12.10 | 12:00. Archivado en 1. Sobre este blog
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La religión pasada.

En la consideración de este anecdotario uno se pregunta si eran mejores aquellos tiempos que los presentes. O bien, dado que el cambio se ha producido, si dicho cambio social respecto a las prácticas sociales religiosas ha sido "para mejor" o no. Opiniones puede haber para todos los gustos, pero dado que la sociedad ha dado de lado todo eso, es de suponer que por algo habrá sido: toda aquella tramoya era algo artificial, impuesto por una casta y practicado a regañadientes.

Continuamos con el anecdotario de vivencias no tan lejanas en el tiempo pero sí enormemente alejadas del sentir actual.

h) Como reliquia del pasado que remonta hasta el “bendito” San Pablo, era “hermoso” ver cómo las mujeres cubrían su cabeza con un velo para acceder a la iglesia: el muestrario era de lo más variopinto, dado que hasta las niñas pequeñas "se cubrían". El porqué es un misterio. Es la misma historia de los monos que sin saber la razón atacaban al que osaba intentar coger el plátano. Los hombres debían quitarse la boina al entrar en la iglesia, pero las mujeres debían cubrírsela con un velo (no con un sombrero o una toquilla, con un velo). Mujeres veladas o en vela o quizá a dos velas.

i) ¿Y la distribución de los fieles en la iglesia? Todavía en el pueblo los niños ocupan el primer banco -–apenas si hay niños--, las mujeres se colocan en el centro o en un lado y los hombres detrás o a otro lado (dado que el 80% son mujeres, hoy ocupan casi toda la iglesia). En esos años de mediados de siglo y en determinadas ocasiones festivas, el Consistorio ocupaba los puestos delanteros y los nobles o ricos un lugar preferente, con reclinatorios especiales a la vista de la plebe. En la "ciudad de Dios" también contaban los estratos sociales.

j) En esos tiempos, “lógicamente” no existían los homosexuales. Eran “personas raras”, “los pobrecillos”. Enfermos. Impensable que pudieran cometer delitos nefandos como los que hoy presuponen que cometen pero que nunca se citan. ¿Tenían derechos? ¡Si no existían! La proliferación homosexual dentro del círculo sacro –seminarios, conventos—tampoco existía, aunque se reconocían ciertas cosas raras. En referencia a ello, a lo más que aludían era a las “amistades particulares”. El precepto era: Nunquam duo, semper tres, nec semper iidem (Nunca 2, siempre 3 y no siempre los mismos).

k) El elemento femenino seguía siendo considerado como el perversor de la humanidad. Eva fue para la humanidad lo que los judíos para el cristianismo. Se controlaban hasta los detalles más nimios, como la vestimenta femenina. Su regulación también venía impuesta “desde arriba”. En esos años de mediados de siglo, el precepto era “por debajo de la rodilla”. La parte superior también cubierta. Algo ha ganado el estamento femenino con el cambio. Sirva como síntoma de liberación.

l) ¿Y qué decir de la censura? ¿Quién no recuerda la forma de calificar las películas? El proverbial “3r” era indicación en contrario de que la película, prohibida, “merecía la pena”. Pero es que la censura invadía todo: teatro, cine, televisión, radio, edición de libros… Y no sólo por imperativo político, la Dictadura: ésta no hizo sino actualizar y dejar que actuara otro imperativo, el control secular de la sociedad por parte de la Iglesia. Y no son historias “muy pasadas”: hay un amplio espectro social que ha “gozado” con tal tutela.

m) Las "Semanas Santas" eran el no va más del cumplimiento ritual, especialmente el Viernes y Sábado Santos: ni cines, ni teatros, ni bailes ni espectáculos varios. Todos a "los oficios" o a recorrer "monumentos".

n) Para acceder a numerosos puestos de trabajo era preceptivo el informe favorable de las autoridades. Si bien y por lo general eran las autoridades civiles las encargadas de recabarlo y extenderlo, si el cura no extendía su “nihil obstat”, nada había que hacer. Recordemos los famosos “certificados de buena conducta”. ¿A quién preguntaban en el pueblo respectivo? Al cura y al alcalde.

ñ) La práctica de los sacramentos se llevaba a rajatabla y se vivía en sociedad. Hoy día, de los sacramentos no ligados a celebraciones sociales –actos familiares, festejos, folklore-- no queda nada (nos referimos a su impacto en la sociedad). Todo ha quedado encerrado entre las paredes del templo. Un detalle nimio: desde la noche anterior no se podía comer nada si se iba a comulgar al día siguiente. Y gran parte de la feligresía no iba a comulgar porque “tenía algún pecado escondido”. La práctica al menos anual de la confesión, por ejemplo, se llevaba a efecto acudiendo confesores de otras latitudes; previamente y al toque de campanas, había reuniones y charlas cuaresmales para prepararse a ella; el pueblo acudía al templo para realizar "en condiciones" el preceptivo examen de conciencia y ser guiado en el “dolor de corazón”… ¿Qué son hoy día para familias y niños las I Comuniones?

o) ¿Y qué decir del matrimonio en su doble consideración de acto y estado? Como acto ya son más los que se celebran civilmente; como estado, si bien todavía pervive en ciertas molleras aquel bíblico precepto de “la mujer estará sometida al marido”, la nivelación de “status” ha cambiado radicalmente la concepción del matrimonio; como estado, además, conlleva la gracia sacramental para poder sobrellevar las etapas de crisis… y todos saben de sobra cómo ayuda tal sacramento en dichos momentos; y como convivencia reglada por la normativa y consejos clericales… es algo periclitado. El matrimonio tradicional está, sencillamente, agotado. Sin que por ello la sociedad haya adquirido conciencia de una estructura nueva. Las crisis de convivencia no pasan por los consejos clericales, como mucho se acogen a recetas de consulta psicológica o terminan en la separación. Queda mucho camino todavía para que la misma no sea traumática.

Todo ello ha sido barrido de esta nueva sociedad. En la comparación, decididamente no fue mejor el tiempo pasado. ¿Con ello se ha esfumado gran parte de la religión? Sí. Lo quieran reconocer o no, estos aditamentos adheridos a la religión servían de lazo, de dogal más bien, para tener cautiva a la sociedad. Al soltarse, han arrastrado consigo otros elementos no tan folklóricos, el prescindir del sustento de todo ello, la doctrina, las ideas y los ideales religiosos.

¿Era esto la religión? Podrán argüir que no y que con ello la Iglesia se ha renovado. Se engañan: lo era. La iglesia era socialmente “eso”. Y hoy la Iglesia lo que está es más avejentada, biológica y espiritualmente.

Y se engañan viendo la situación con los anteojos de grupos carismáticos, grupos de espiritualidad, grupos de oración, grupos bíblicos, festejos ante el líder que “viene a visitarte”… Todo eso también existía antes. Quizá sean estos grupúsculos escogidos “el resto de Israel”, el que se va a hacer cargo de cerrar el aeropuerto. La masa ha huido “en masa”. Hay otra masa que o se va quedando anquilosada o ya no puede acudir a la iglesia por artrosis vital.

3 comentarios


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Comentarios
  • Comentario por Carmelo 15.12.10 | 21:45

    y este miscato con qué derecho llama a los demás necios?
    nadie hay más necio que el que llama a los demás necios
    desde luego yo no me considero necio porque no vaya a misa ni siga las tonterías qeu leo en relgión digital qeu dicen los curas que hay qeu hacer o no hacer

  • Comentario por Silvestre 15.12.10 | 21:38

    Definición de Ratzinger según Manuel Vicent:

    "Ratzinger, un virtuoso en pastelear la razón con la nada realizando encajes de bolillos en el vacío."

  • Comentario por miscato 15.12.10 | 15:12

    blogger:¿No te preguntas si lo que llamas "progreso" se corresponde con la tabla de "valores" de la necedad? Das por supuesto que estás capacitado para separar el bien del mal.En todos los cambios a que aludes,sigue constatante y permanente la verdad:"Dice el necio:no hay Dios";"Sólo el necio pide pruebas de la existencia de Dios";"Aunque majes a un necio...no se apartará de él la necedad"

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