Humanismo sin credos

Adiós a todo aquello (1/2).

14.12.10 | 22:00. Archivado en Celebraciones y ritos, Delenda est credúlitas
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La religión pasada.

A la par que en Europa se ha ido consolidando una situación de paz y estabilidad social, de tolerancia, bienestar, educación y progreso la religión y las prácticas religiosas han ido retrocediendo. No son hechos desligados el uno del otro ni es por coincidencia que tal haya sucedido.

Puestos a "pensar bien" del hecho religioso, quizá en el pasado la religión cumpliera una función de aglutinamiento social, consuelo y asistencia individual, refugio y asistencia del desvalido... que ahora ha dejado de tener. Incluso en su relación con el entramado social la misma Iglesia ha dirigido sus afanes y actividades hacia otros menesteres. Piénsese, por ejemplo, en el buen hacer de las congregaciones femeninas en residencias de ancianos o asistencia benéfica.

Si bien se mantienen ciertas actividades profesionales del pasado --educación y hospitales sobre todo-- éstas van siendo absorbidas por los estados. Tampoco hoy parece necesario el báculo de la religión para desarrollar la autoestima, para lograr la armonía y el equilibrio psicológicos o como sustento moral.Si todavía ejerce su "poderío" es por otras consideraciones que tienen mucho que ver con el estado anímico, psicológico, de los individuos. Desde luego no con la sociedad.

Todavía tengo mis dudas de si lo que está feneciendo de la religión es su referencia social o la religión misma. Se acepta, al menos como fenómeno universal, que el sentimiento religioso sea algo cuasi inherente a la naturaleza humana (no voy a afirmar que sea consustancial a la misma, porque no lo es, pero…).

Pero es sintomático no sólo el hecho de creer sino tanto o más el modo y el porqué del “descreer”. Cuando la persona se va sintiendo más segura de sí misma, más independiente de los ciclos naturales, más autónoma porque dispone del sustento necesario, más festiva porque puede gozar del ocio… la religión va quedando arrinconada tanto en el espacio mental más reducido –no hay compulsión o imperativo mental para las celebraciones religiosas-- como en el tiempo destinado a ella –primero de semana en semana, luego lapsos de tiempo más largos y finalmente en ocasiones contadas y por imperativo familiar o social (funerales, bodas, I Comunión…).

Hace un siglo sería impensable que un fervoroso católico dejara de asistir a “los oficios” porque le había surgido la oportunidad de pasar tales fechas –Navidad, Semana Santa-- en la estación de esquí tal o cual. Buscaría como fuera un lugar para su celebración –gran facilidad para ello en cualquier concejo, pues por mínimo que fuera el hábitat allí había un párroco oficiante-- o declinaría la invitación. Hoy el turista ni siquiera se plantea posponer el viaje a Egipto, Turquía o Tailandia a sabiendas de que no puede en esos lugares cumplir el preceptivo “acudir a misa todos los domingos y fiestas de guardar” o "vivir los tiempos fuertes del Calendario Litúrgico"..

¿Era el conglomerado de prácticas, hábitos, costumbres, celebraciones y rituales sociales relacionados con la religión soporte de la misma por imposición clerical o por convencimiento?

Ha sido tal la cantidad de hojarasca crédula que el vendaval democrático ha esparcido por los caminos de la vida, que con ella se ha ido gran parte de la carnaza con que la misma se sustentaba.

Los que ya superan el medio siglo de existencia bien saben de todo esto. Bueno es recordar. Por lo general los aspectos de la vida y de la convivencia más controlados eran los relacionados con la moral, especialmente la moral sexual.

Traemos a colación hechos y situaciones que hoy o producen una sonrisa conmiserativa o pueden provocar verdadera estupefacción en quien esto desconozca: "¿Pero esto era así entonces?"

a) Impensable en aquellos tiempos playas nudistas. Era la policía municipal la encargada de velar por la decencia en las playas. Pero ¿de dónde procedía la compulsión a ello? Evidentemente de la autoridad moral, de la clerecía local, regional o estatal. ¿Asustan hoy a alguien? Si bien la sociedad todavía no lo acepta con buenos ojos, lo más que provocan es curiosidad.

b) Las mismas relaciones sexuales entre jóvenes, y no jóvenes, tiempo ha que dieron de lado los criterios que emanaban del confesonario. Y de acusarse de ello, algo impensable. No existe ni el más leve atisbo de conciencia de pecado, aunque sí el temor a otros aspectos ligados a tal relación: embarazos no deseados, contraer enfermedades…

c) Por los años sesenta del siglo pasado, el debate sobre métodos anticonceptivos se vivió con especial virulencia por parte de las autoridades eclesiásticas. Hoy nadie habla de ello. Ni siquiera los mismos fieles. ¿Eran válidas las consideraciones morales de la Iglesia? El tiempo ha puesto a cada uno en su lugar y el silencio impera por doquier. Ha quedado el asunto del preservativo como reliquia de aquella refriega.

d) La masturbación ha sido algo condenado desde siempre. A la altura de nuestros días produce hilaridad leer los males de toda índole asociados a tal práctica “profiláctica”: ceguera, idiocia, tristeza vital… ¿Cómo la juzga hoy la misma Iglesia? Me da la sensación de que ni siquiera se paran a pensar en ello. Un “allá cada cual con su conciencia” es a lo más que llegan.

e) ¿Y el aborto? Hasta “ayer” ha sido penado social, política y jurídicamente. Todavía la Iglesia lo condena y ven en él la plaga de nuestro siglo. ¿Y la sociedad? ¿Se ha resquebrajado?

f) Entre los papeles encontrados el verano pasado en casa de “los abuelos” descubrí uno curiosísimo: un vecino había denunciado a mi abuelo porque había enganchado la mula --“supuestamente” para trabajar en domingo-- (en el pliego de descargos se hacía referencia a ir a la estación a recoger a unos familiares). La multa correspondiente era cuantiosa: 25 pts. No sé en qué paró la cosa, pero el hecho es significativo. Y sé a ciencia cierta que incluso en el periodo estival cuando no había más remedio que trabajar en domingo, daba asueto por la mañana a los obreros para que asistieran a misa. Ocasiones hubo en que el cura del pueblo denunció ante la Guardia Civil a algún vecino que laboraba en día de precepto.

g) Un domingo de verano, allá por los años 50, los muchachos del pueblo decidieron ir al bar a ver en la recién estrenada televisión un partido de fútbol, en vez de acudir a la iglesia al preceptivo rosario: el airado cura, vestido con roquete, bajó de la iglesia al bar y, a alguno de la oreja, se los trajo a todos al templo. Luego los castigó encerrándolos durante unas horas en el recinto del mismo. Hoy lo cuentan riéndose de la anécdota, pero en su momento sufrieron las consecuencias de tamaña desconsideración.

3 comentarios


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Comentarios
  • Comentario por miscato 15.12.10 | 15:02

    blogger:si me borras,los demás pensarán que te disgusta verte en el espejo.Buena señal.Te queda algo depundonor.Sabes,como yo,que la disyunción es Religión o necedad.Y tus ataques a la Religión vienen motivados porque ella deja patente la necedad.Bien está que no lo soporte.Pero,"arrojar la cara importa,que el espejo no hay por qué"."Compete a la necedad causar hastío de Dios y de sus dones"(Santo Tomás)."Sólo el necio pide pruebas de la existencia de Dios".(San Agustín)

  • Comentario por [Blogger] 15.12.10 | 11:49

    Sobran las alusiones personales, MISCATO. Ud no me conoce de nada, pero ambos conocemos los hechos. Yo no soy "necio", que es la única palabra que le debe quedar a Ud de la niñez, por CONSTATAR LOS HECHOS.

    Comentario borrado por contener insultos.

  • Comentario por miscelanea 14.12.10 | 12:32

    En los pueblos lo que queda es:
    la costumbre -si no salgo a misa, no me arreglo nunca, si no salgo a misa, no salgo a ningún sitio, si no salgo a misa no voy al vermut, si no salgo a misa no veo a nadie-

    el folclore - la fiesta mayor está dedicada en honor a un santo católico, se procesiona una imagen de dicho santo, la vecindad se viste de gala ese día, los ayuntamientos "siguen" en el siglo XXI estos rituales católicos

    el negocio - quien arregla la iglesia, quien la conseva, el mobiliario de sus inmuebles, adornos, viajes... es un buen negocio del que vive mucha gente de dentro y de fuera y como saben que se está diciendo adios a todo aquello, dicen ¡HOLA! a lo que les da beneficio

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