Humanismo sin credos

Sobre el Universo: origen y devenir. Cosmogonías y aromas de Oriente y Occidente (9/10)

06.12.10 | 12:00. Archivado en MANUEL BARREDA
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por MANUEL BARREDA.

9. SOBRE LA SABIDURÍA: ¿UN MÁS ALLÁ DE LA RELIGIÓN Y LA DEVOCIÓN? RELIGIOSIDAD

El sentimiento religioso es uno de los más hondos que el hombre puede experimentar. Lo acompañan otros, por supuesto: el amor, la experiencia mística y ciertos hallazgos vivenciales (o “estados nacientes”, especialmente disfrutadores y expansivos) propios de poetas, buscadores y meditadores experimentados que logran liberarse de constricciones.

La religión puede, al menos, vivirse de modo que otorgue un gratificante consuelo final al desposeído; o, como apreciara Marx, sea "el corazón de un mundo sin corazón". Quien experimenta más a fondo la impregnación mística (1), se halla consigo, libre de todo lo demás. Se relaciona y goza sus percepciones sin ataduras. Deja que el mundo fluya con sus diversos objetos. Si es esto religioso, entonces lo religioso no tiene por qué incluir necesariamente ningún dios ni más allá.

¿Un cambio de atmósfera social afectaría hasta tal punto a nuestro modo colectivo de mirar, gusto esteto-artístico y entender? ¿Pueden clasificarse todas las culturas en esas cuatro categorías?

Nuestro aprendizaje no requiere que nos apropiemos de las fuentes de nuestra experiencia en el sentido de ligarnos a ellas hasta hacernos dependientes de su presencia. El hombre libre siente la intensa libertad de verse en un mundo y existencias prescindibles, plenas en su vacuidad (ausencia de sentido externo, desapego).

Su vivencia vital -y relación con el mundo- ha dejado de requerir conceptos y enfoques previos. Todo adquiere un sentido nuevo, admite una intelección propia que coexiste con una paz interior (música, aroma, colorido) y confiere cierto plus fructífero en el empleo de la razón y el tiempo existencial. El resultado puede ser un renacimiento interior y al mundo.

La experiencia mística nos es ocasionalmente accesible y no tengo nada contra con ella, si la libramos de la parte dogmática que podría cegarla (y que algunos entienden ligada, de algún modo a la experiencia misma).

El dogma lastra, caricaturiza, encasilla y a menudo deviene anti-humano. Se opone a la atmósfera poética que podemos respirar: si es factible un auto-encuentro liberador de aromas, una luz que nos inunde y libere, ésta va contra la docilidad acrítica y sectaria que el dogma exige.

El tema es que la liberación posible no emerge desde fuera hacia ti, sino que tú mismo puedes convertirte en tu propia fuente de luz y de amor. Pero, al serlo, te vuelves comprensivo y tolerante, libre y volátil, pasas a entender muchos matices y desaparecen de tu registro las verdades absolutas o abstractas: tu luz te anula los focos ajenos, de modo que se te esfuman (han de hacerlo) los dogmas y los mitos. Han perdido cualquier sentido, tornándose accesorios y falibles.

A tu alrededor pululan a pleno día gente con linternas, convencidas de que la única realidad la marcan sus haces de luz, que acaban en puntos de escasa área circular, incapaces de mostrar el paisaje que tú disfrutas y, sin embargo, te gritan empeñadas en señalarte el paso para "salvarte" de un supuestamente peligroso abandono de un sendero que ha pasado a serte superfluo, innecesario, huero.

El liberado nota una pérdida de su yo previo junto a una ganancia del cosmos, un renacimiento que lo libera de culpas, dogmas y usos sociales. No incurre en el juicio fácil, ni quiere servir a la verdad. Ni siquiera sabe cómo podría serle útil a quien le pida ayuda desde un anhelo utilitarista, que antepone las metas rápidamente fructíferas a los caminos gratificantes.

El sendero liberador no entiende de rutas, distancia ni tiempo. No exige rapidez ni lentitud. Sigue mil cursos y no requiere amoldamiento doctrinal. Su efecto gratificante reside en la experiencia íntima (incomunicable). Somos nosotros los que al transitarlo en actitud crecientemente abierta nos inmunizamos frente a la vanidad, la culpa, la necesidad de reconocimiento ajeno y el dogma.

Por eso el místico es visto con recelo por el poder religioso: el hombre liberado no precisa de anclajes dogmáticos, y parece indiferente a cualquier Verdad(2). No asume cualquier directriz en lo tocante a fe y moral, ni se esfuerza en imponer sus propias convicciones.

El mismo ideal místico parece peligroso: se opta por la superación de todos los dogmas y servidumbres, incluidos los dioses y los hombres; las ideas y el mundo. De manera que todo lo perceptible gana chispa y deja de precisar sentido o anclaje suficiente. El mundo previo se deshace al percibirse fugaz como una flor. Pero se basta así. Son las ideas las que pierden vigencia, incluyendo al dogma y a aquella moral incongruente*** y rígida. Una transformación que llega a implicarle: su propio yo estaba lleno de mundos, ideas y emociones que han dejado de ser percibidas como propias. Sus reacciones se han vuelto más ingrávidas, menos precisadas de (continuas) justificaciones racionales o de fundamentarse en principios morales: más suyas e imprevisibles para quien obedezca un modelo cerrado (como un código moral). Aunque, también, más sensibles y ponderadas: más profundamente éticas y morales.

La libertad gratifica y conlleva felicidad y fortaleza. Porque el camino sin meta del poeta nos torna perceptores de la música del mundo. Sin exigirnos más que vivir por nosotros mismos, dejándonos ser y estar sin conciencia de esfuerzo, expresándonos a nuestro aire y ritmo. Más fuertes, no obstante sensibles; sin enajenación: siendo en el mundo; más resistentes al escándalo y a los discursos intimidatorio-interesados tan caros al rebaño y sus pastores.
La sabiduría conlleva, además de libertad interior, una coherencia que aúna ideal y moral, conocimiento, actitud y conducta. ¿No era esta la meta(4) que prometían la religión y la filosofía?

Tal vez sólo la sabiduría perseguida por la última aboque a un ideal de hombre armónico en el que concuerdan moral y metafísica, razón y verdad (en el sentido de convicción adaptable, que no de certeza última e inmutable).
__________________

(1) Para Víctor Cousin (1792-1867), discípulo de Royer Collard, el misticismo es uno de los cuatro sistemas recurrentes en la historia de la humanidad (¿los otros tres?: sensualismo, idealismo y escepticismo).
(2)Si bien no tiene por qué cambiar el contenido de su fe: existe un misticismo ateo y otro teísta, y aun dentro de éste se contacta con Dios personal (occidental) o impersonal (cósmico, oriental).
(3)Llena de suposiciones y automatismos infundados: escrúpulos, contradicciones, falta de fundamento y abuso de arbitrariedades, dobleces interpretativas y consideraciones "ad hoc", salen a la luz.
(4)Más exactamente, el camino es la meta. Aprovecho para aconsejar: el apartado “el camino“, del blog: http://www.sofiaoriginals.com/

3 comentarios


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Comentarios
  • Comentario por miscato 07.12.10 | 20:31

    manue:vas llegando al final de tus sueños orientales,pero de apearte de la necedad,no quieres saber nada.Sigues apretado a lo que te deja convicto:"Dice el necio para sí:no hay Dios".La interpretación del blogger te quita margen para cualquier mejoría."Sólo el necio necesita pruebas de la existencia de Dios".

  • Comentario por Moisés 07.12.10 | 11:54

    "Y no hay más", dice el BLOGGER. Verdaderamente contundente y definitivo. Los dijo Blas..., digo el BLOGGER.

    "Necesidad de CREAR lo que se cree"; es decir, se cree, sin saber qué y, luego se CREA lo que hay que creer que ya se creìa previamente, sin saber en qué; más tarde, se siente la necesidad de CREAR en lo que creemos que no estaba previamente CREADO, con lo cual cual vamos CREANDO a medida que necesitamos CREAR lo que creemos, para tener algo en que creer, si bien previamente creemos, etc.

    No sé qué dirá MANUE a la interpelación del BLOGGER.

    Esperemos, aunque no sabemos qué tenemos que esperar, esperando sentir la necesidad de crear la esperanza en que esperamos sin que sepamos, etc.

    Y luego la caridad. Amen.

  • Comentario por [Blogger] 06.12.10 | 13:50

    El sentimiento religioso es uno de los más hondos que el hombre puede experimentar, dice el artículo. ¿Pero qué es el sentimiento religioso sino denominar así una combinación de sentimientos HUMANOS?
    Es una mezcla de inseguridad, miedo, angustias mil que necesitan consuelo y refugio; a la vez, también, satisfacción que se quiere compartir, alegría, agradecimiento...
    Y no hay más, por más que quieran llamarlo así.
    Y de ese "sentimiento religioso" es de donde nace la necesidad de CREAR lo que se cree. Así ha sido desde la noche de los tiempos, amén.

Miércoles, 30 de mayo

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