Humanismo sin credos

El silencio no es solución (6).

25.11.10 | 12:00. Archivado en EL MALESTAR DE LOS UNGIDOS
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El pasar de los años hace a la persona más equilibrada, más relativista y más abierta a los problemas que son comunes a todos. Las “novedades vitales negativas” que sobrevienen en las etapas jóvenes –dolencias coyunturuales, sentimientos degenerados, etc.-- las vive el joven como únicas, exclusivas de uno y personales.

Pero todos hemos comprobado cómo al acudir a un hospital o comentar una dolencia, para nosotros única e individual, surgen de debajo de las piedras personas con los mismos achaques y sus traumas subsiguientes. La charla distendida en una sala de urgencias es con frecuencia píldora analgésiva efectiva.

Este “compartir el sufrimiento” tiene sus aspectos benéficos: se relativiza la enfermedad y consuela compartir los mismos males. Porque, además, males previos es de suponer que habrán tenido remedio oportuno.

¿Sucede lo mismo entre los elegidos del Señor? Por supuesto. Éstos sufren, como cualquier otro, las lógicas goteras de la vida. Esto, por normal, no procede comentarlo. Lo que sí es preocupante es la forma de encarar las dificultades y tensiones generadas por la misma “profesión” elegida. Y "subvencionada" por el mismo Dios.

Lo que sucede con los jóvenes, que no entiendan "que esto me pase a mí" o que sus males no son privativos de ellos sino comunes a todos, lo mismo sucede intramuros eclesiales: parece que el compartir con los demás tales problemas surgidos dentro de la opción vital elegida, sea un tabú, algo a superar por uno mismo “con la ayuda de Dios”, algo que podría producir más mal que bien en los otros si se supiera, algo que podría crearles inquietud o abrirles los ojos, algo que resquebrajaría los fundamentos teóricos de una "vida para Dios"...

Hablamos, para que se nos entienda, de las dudas sobre la vocación, del hastío de ciertos actos religiosos, de la "sequedad de espíritu", del despertar de la sexualidad y la atracción que despierta el otro sexo, de la masturbación, de las rencillas entre compañeros, de los cambios bruscos de humor y la agresividad en determinados momentos, de las crisis de melancolía o de misantropía, del enamoramiento del amigo...

Quien “siente” todo eso llega en algún momento e inconscientemente a considerarse una oveja negra, indigno siervo del Señor que no tiene capacidad para encarar y cumplir la misión a la que ha sido llamado.

Y sin embargo el silencio y el ocultamiento y el revolver las dificultades “ante el Señor, ante el sagrario” es el peor remedio, porque los problemas se enquistan y generan nuevos conflictos internos.

De ese silencio surgen sentimientos varios: sentimiento de incapacidad para enfrentar la propia vida; sentimiento de indignidad para vivir una vida privilegiada (ser elegido de Dios); sentimiento de fracaso; vivencia de su situación como auténtica hipocresía; incluso llegar a considerarse mentirosos por profesión, máscaras ante los demás que ocultan la propia personalidad o en frase bien conocida y vivida por ellos, sepulcros blanqueados. Sin darse cuenta de que ¡tal cúmulo de "males" es normal y vivencia común!

Todo esto puede llegar a generar un carácter internamente inestable y vacío, con desequilibrios generados por la frustración. Lógicamente la defensa ante tales vivencias es la de rechazo. Pero rechazo que siempre es asumido con un fuerte sentimiento de culpabilidad.

Pero lo grave del asunto, lo quieran reconocer o no, estriba en que la “profesión” de elegido de Dios produce conflictos individuales que no deben achacarse al individuo. La vivencia negativa de tal profesión por parte del individuo “sacralizado” no es fruto del propio fracaso: hay algo en las estructuras de la Iglesia católica que lo provoca.

En la Iglesia hay tal amalgama de conceptos institucionalizados que es ya un revoltijo y confusión de ideas sobre la educación que se debe impartir, roles individuales y sociales a asumir y desarrollar, funciones laborales que mezclan lo teórico con lo práctico, encuadramientos jerárquicos o laborales, gracias y favores que dicen otorgados por Dios... que confunden al personaje afectado. Porque lo divino ha secuestrado a lo humano de jure, pero no de facto. Como gustan decir, lo humano ha sido asumido por lo divino... pero no demasiado.

Sin embargo, la gracia divina será lo que sea, pero no cura la angustia ni la depresión ni las fobias; la ayuda de Dios no es suficiente para que la convivencia (sobre todo) entre hermanas sea todo lo aceptable que debiera ser. El “carácter imprimido en la ordenación” no es suficiente para superar la sensación interior de frustración que produce una designación no querida. Et sic, cétera.

La Iglesia introduce enfoques moralistas en los problemas individuales –este sentimiento es bueno o es malo, has fracasado o has logrado los propósitos que la Iglesia esperaba de ti, eres digno o indigno siervo de Dios— cuando tales enfoques lo que hacen es desenfocar la situación vital del individuo.

El lenguaje extra natural o sobrenatural de “gracia”, “vocación”, “ayuda de Dios”, “misterio encarnado en un hombre elegido”… no puede aceptarse para la resolución de conflictos. Y menos culpabilizar a un individuo concreto por sentir lo que siente o asimilar sentimientos internos a criterios morales de culpa o fracaso.

5 comentarios


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Comentarios
  • Comentario por Bule-rías 25.11.10 | 21:39

    Ja, ja Max, leo de lo tuyo esto:

    El pasar de los años hace a la persona más equilibrada... y ya no puedo leer más, casi me dá un atáque de risa agudo y eso que llevo una jartá días que no entro a tus comidas de olla baratas de comecuras de 3ª, supongo que no hablarás de ti, tu caso es punto y aparte.

    Güeno, Max, supongo que tabrás puesto mu contento con la pancarta que exhibian los bolches rojos en el Valle que decía:

    A POR ELLOS COMO EN PARACUELLOS

    La verdad es que yo me puse también mu contento cuando les pusieron a ellos otra delante que decía:

    BUENAS NOCHES ROJOS DE MIERDA.

    Y es que si no se os frena un poco, al final tendremos que zurraros otra vez, para que 70 años después vuestros nietos vuelvan a ser zurrados cuando intenten volver a las andadas envenados por vosotros.
    Así es la vida. Guéno volveré de ve en Kuando. Ala.

  • Comentario por miscato 25.11.10 | 17:37

    blogger:si me borras,los demás pensarán que logré mi objetivo de hacerte amargo el oficio de...
    Pensarán,también,que tienes unas palabras tabú,que te horripilan y no soportas leer. ¿Dónde queda tus protestas de im-pávido?
    "Sólo el - pide pruebas de la existencia de Dios".

  • Comentario por Moisés 25.11.10 | 17:23

    BLOGGER:
    -Me asusta su preocupación por asuntos en los que no cree ni le influyen (Vd. ya está libre, según dice, y feliz -que es más raro-)
    -Los polìticos influyen en nuestra vida (a nuestro pesar, casi siempre)
    -La sanidad me importa si caigo enfermo (si siempre estuviera sano ¿para qué la quiero?)
    -Los abogados me interesan cuando tenga lìos y los jueces si contravengo las leyes (hasta la fecha, jamás he tenido que acudir a ninguno)

    Y los curas le importarán a los que sean sus feligreses pero al que ni es cristiano ¿qué le importan?

    Gracias por llamarme insensato ¡No sabe cuánta razón tiene!

  • Comentario por [Blogger] 25.11.10 | 17:02

    MOISÉS, ¿verdaderamente te asusta?

    Yo tampoco me dedico a la política... pero me intereso por ella porque los políticos deciden muchas cosas de nuestra vida (para nuestro mal las más de las veces);
    yo tampoco me dedico a la sanidad, pero me importa que ésta funcione bien... por mi propio bien;
    yo tampoco soy profesional de la abogacía, pero me interesa que haya jueces honrados y equilibrados...

    MOISÉS, opina pero con sensatez: el carácter, la formación y el equilibrio psíquico de los curas influye mucho en sus feligreses.

  • Comentario por Moisés 25.11.10 | 14:28

    Como nunca he estado ungido ni untado, no tengo opinión.

    Me asusta la preocupación del BLOGGER sobre algo que a él no debería importarle, porque no está, al parecer, en el caso ¿o sí?

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