Decíamos ayer que el prestigio de la profesión clerical proviene hoy más del individuo que de ella misma. Es hoy la persona la que engradece el estamento: con su valía, con sus aportaciones sociales, literarias, benéficas, con su desprendimiento... No es "el hecho de ser lo que es" lo que aporta el plus de credibilidad; es al revés.
Tal quiebra profesional, el desprestigio social que hoy soporta, ha sucedido en los últimos lustros. Antes todos vivían nimbados de gloria, celestial primero pero sobre todo social. Hoy... En la mayor parte de los casos, cuando el hijo o la hija decide comunicar la decisión de "hacerse cura o monja", la familia lo vive como una tragedia. Antes no era así.
El prestigio de tal función lo aportaba el hecho de ser el sacerdote el dispensador de los ritos, el administrador de los sacramentos y el intermediario que ponía, pone, a la persona en comunión y comunicación con Dios. Todo muy hermoso "de puertas afuera"... y antes.
Y decíamos que esta función, prescindiendo de otros elementos sociales de prestigio o desprestigio, tiene sus consecuencias psíquicas para el individuo. Consecuencias que derivan de la formación recibida, de la designación para determinado puesto, del ejercicio profesional continuado, del enfrentamiento ad extra y ad intra...
Cuando el profeta Moisés sintió que su función en la tierra terminaba, no tuvo más remedio que delegar las funciones no en otros profetas sino en un sacerdote, Aarón, y en una "casta", los levitas. El tinglado montado --todo un pueblo "en marcha"-- sólo lo podía sostener un aparato, una organización. Algo similar ha sucedido en la Iglesia. Una Iglesia de profetas derivaría en millones de sectas. ¡Tal es la fuera del Espíritu Santo!
Ahora coexisten a la vez los funcionarios del rito, la casta, y los visionarios de Dios, los místicos. Pero es tal la separación que difícilmente se reconocerían mutuamente. Éstos últimos forman como un estamento aparte. Marta y María trabajando en la misma casa y dedicadas a distintas tareas. Tareas enfrentadas, lógicamente.
No deja de ser curioso que los funcionarios encuentren sustento y justificación de su función en aquellos que "todavía" mantienen la llama de la magia, en aquellos que han devenido en místicos o en aquellos que lo han dejado todo para entregarse directamente a los más pobres. Y más que nadie los que se encuentran en el escalafón superior, obispos y demás: éstos parecen definitivamente marginados de la espiritualidad, porque su función pastoral es la entrega definitiva a la función burocrática, a la jefatura del tinglado, a las relaciones con las fuerzas vivas, a la elección de los subordinados. Viven de las vivencias de "los otros". Quizá en la intimidad todavía sienten algo.
Lo tremendo del asunto es que esa separación, esa disyunción de funciones --bien visible en sujetos individualizados, distintos--, se da necesariamente en la misma persona. El consagrado, el ungido, vive dentro de sí esa pugna y ese "drama".
Se ha formado, lo han conformado, para algo, ha generado unas estructuras mentales en su etapa de formación y necesariamente tiene que desarollarlas. ¿Cómo?
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Y yo esperando...
El BLOGGER no contesta.
"Aún el insensato, si se calla, pasa por sabio; por inteligente, si tiene los labios cerrados"
Yo soy tan insensato que sigo escribiendo, a pesar de todo, ya que "el necio no encuentra placer en la reflexión, sino en propalar sus pensamientos".
Así que, para este caso, pongo en la punta de mis dedos lo que Tristán dice: "Viviendo con el conde, que no matase al hombre me daba mi madre por consejo" (Acto 13º de La Celestina)
Y la Iglesia dando de comer... al hambriento.
Esto está como una balsa de aceite y yo estoy urgido con lo de los ungidos, ya que habiendo el BLOGGER hurgado en la mente de los "aceitados" con sustancias, "pingües" o no, no quisiera que alguien fuera untado y se diera por aludido el no adulado si recibiera (con o sin recibo) estipendios estipulados o no.
Cuando escribía don Eugenio D'Ors solìa preguntar (es fe: yo no lo he visto) a su secretaria: ¿está claro? y cuando ella le respondía afirmativamente, don Eugenio la indicaba: pues oscurezcámoslo.
¿Está claro?
ungido... con aceite u otras materias "pingües", untado...
Estoy asombrado de la penetración psicològica del BLOGGER (creo que no estará "ungido", etc.) para conocer tan profundamente el interior de los ungidos.
Salgo de un susto y me meto en otro. ¡Ay, Señor, ten misericordia! No creo que pueda resistir tanto...
blogger:entre las funciones que asignas a los sacerdotes -"...el dispensador de los ritos, el administrador de los sacramentos y el intermediario ..."-omites una importante:recordar la disyunción Religión-necedad y ofrecer a los colonizados por la necedad,disfrazada de ciencia, el servicio samaritano de un diagnóstic correcto,y corespondientes antídotos:
Santo Tomás:"Compete a la necedad producir hastío de Dios y de sus dones".
San Agustín:"Sólo el necio pide pruebas de la exstencia de Dios".
Newman. “Nadie ofende a Dios sin justificarse a sí mismo con algún pretexto. Todo hombre se siente impulsado a hacerlo porque no es como los animales. Tiene dentro de sí un don divino llamado razón que le obliga a explicar sus acciones como en presencia de un tribunal”.
Miércoles, 30 de mayo
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Asoc. Humanismo sin Credos
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