
Por MANUEL BARREDA.
En estos dos últimos capítulos voy a tratar de responder a tres preguntas (que con sus matizaciones dan en otras derivadas de ellas).
1) ¿Debe temerse no tener la fe “verdadera”? (esto es: ¿debemos temer no creer del modo adecuado; no creer en Dios o no encontrar al Dios verdadero?).
2) ¿Hay alguien con fe a toda prueba? ¿Es modélico semejante hombre (resulta conveniente semejante cosa)?
3) ¿Qué debe hacer un cristiano consecuente hasta el límite?
1)¿TEMOR A NO TENER FE? En realidad, quien le diga esto está apelando a su miedo. Mal recurso.
Quien arguye de tal manera, le asegura que Dios ha hablado y lo dicho ha quedado registrado en un libro.
Cada cultura viene a tener su tradición y la India cuenta con textos más antiguos y numerosos que otros lugares; los textos judíos incluyen tradiciones propias que se funden a menudo con otras persas y aun egipcias.
Y el caso es que toda esta obra resulta ser humana: puede Vd. creer que alguna de ellas tuvo el asesoramiento de un dios; más difícilmente que lo tuvieron varias de ellas. En realidad, es imposible acertar y su mejor apuesta es por ninguna de ellas. Nos dicen que el hombre fue creado por Dios, pero hoy conocemos mucho de nuestra evolución y de otros muchos seres, y resulta evidente que son los diferentes dioses los que fueron creados por el (o los) hombre.
No sólo no tiene Vd. mejor modo de acertar. Las tradiciones se copian o compiten con mitos antagónicos entre sí (como nos enseña Lévi-Strauss). Y generan fusiones en épocas de supraestatalidad (unión de reinos judíos, helenismo, Imperio Romano, etc.).
Pero no se preocupe: no es culpable de lo que no puede resolver por sí mismo y ningún dios inteligente y justo sortearía su salvación ni la dejaría sujeta al azar o al factor “suerte”. En realidad, no daría mérito alguno a la fe, pues no se trata de un don meritorio.
No sólo no existen pruebas de la existencia de un dios personal y creador, es que crecen las razones para no creer en él (o así lo deducen los científicos que en porcentaje mayor del 93% han dejado de creer en tal ente).
Sí, existen “razones para creer”, pero no son objetivas. Vienen a ser inconscientes, a menudo carenciales, a veces dominadas por una necesidad psicológica o circunstancial.
“Necesito creer para que mi vida (o la muerte de mi hijo) tenga sentido”. ¿Qué Dios le daría más mérito a quien dotara de circunstancias, miedos, lógica, credulidad, genes, neurotransmisores o autoinsuficiencia generadora de creencias o credulidades orientadas? Súmele a ello que Dios conoce el final de su vida antes de decidir crearlo: lo dota de armas desigualmente suficientes o insuficientes para el contexto, equivalentemente desigual, en que habrá de responder según su ánimo y dotación interna, eligiendo, con desigual seguridad y percepción de riesgo, una respuesta aleatoria cuya eficacia desconoce…
Y Dios sabe de antemano si al crearlo ya lo ha condenado… Tranquilo, amigo, Dios no podría ser de esa guisa. Y si lo fuera, nadie podría hacer nada. Ante un Dios muy exigente, puede que nadie se salve de una hipotética quema, o que sólo los pigmeos lo logren, por ser su religión “la verdadera”. Imagino que nadie pretenderá tal cosa. Pero se ha pretendido, con sesgo interesado en la propia prédica.
2) ¿HAY ALGUIEN CON FE A TODA PRUEBA? ¿Es modélico semejante hombre (resulta conveniente semejante cosa)?
Son dos preguntas relacionadas. Un escaso porcentaje de personas defienden no ya creer en Dios sino estar completamente convencido, más allá de cualquier duda razonable, de su existencia. Son personas que no creen, que “saben” que Dios existe; con igual o mayor certeza que conocen la forma de la Tierra y que orbita alrededor del Sol.
Deberían ser personas santas, completamente desinteresadas, felices, sonrientes, sabias, razonables, tolerantes, buenas y modélicas. Y sin embargo no es así: abundan los intolerantes, los fanáticos que quisieran destruir otros credos y personas, los puritanos que no dudan en reprimir selectivamente las relaciones sexuales en tanto no tienen problema en promover guerras y asesinatos y fomentar una legislación represiva, mientras militan en organizaciones que acumulan riquezas y poder sin rubor, aunque suponga la aniquilación de otras ciudades.
Dios nos libre de esta gente tan creyente y nos devuelva a los poetas taoístas, sufíes, y a nuestros místicos cristianos (sector ajeno a las cruzadas).
Una persona con fe a toda prueba no sólo estaría alegre (por su seguridad) y sería comprensiva, tolerante y didáctica en la transmisión de su saber: se alegraría de ver morir a sus seres amados, esperaría la muerte como una bendición liberadora. Piense a fondo que esta vida no vale nada; que va hacia otra sin dolor, feliz, encontradiza, paradisíaca. Una suerte de alegría permanente, algo mucho mejor que mil orgasmos.
No dude que habría de ser así, si no nos mintieran quienes nos aseguran creer en ello y luego no obran en consecuencia.
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En efecto, amigo Moisés: en eso consiste el respeto, aunque sólo fuera de la "dignidad humana".
Un saludo afectuoso, que ha llegado la hora de irse yendo.
Amigo MANUE: un siglo de estos tenemos que hablar largo y tendido de todas estas cosas, porque es muy difìcil mantener un diálogo a distancia y por escrito. Creo, como Vd., que cada uno tenemos unos pensamientos, ideas, creencias... que sin despreciar a ninguna persona, creemos que son mejores que otras que también conocemos pero que no seguimos. Por no pensar en ésto "algunos" critican que los católicos creamos que nuestra religión es la verdadera: ¡pues claro! si yo, por ejemplo, pensara que otra religión o ninguna es mejor que la que profeso, dejaría inmediatamente la mìa y cambiarìa mi modo de pensar (y de actuar). Ahora bien: tenemos que diferenciar bien entre lo que "sabemos" (ciencias, por ejemplo, en lo que se pueda "comprobar") y lo que "creemos" (religión, por ejemplo, que no podemos "comprobar" físicamente).
Pero yo no entiendo (y menos en un cristiano que cree que TODOS somos hijos de Dios) que se desprecie a nadie como persona.
Saludos
Amigo Moisés: la frase va a continuación de otras y quiere abundar en su mismo sentido. Cuando hablamos, expresamos nuestra convicción. Sólo para evitar engreímientos improcendentes (sea un exceso de arrogancia que distamos de sentir, sea una moderación sana que obliga a eludir publicitar la propia certidumbre como indiscutiblemente más fundamentada que la opuesta) o excesos de confianza pródigos en metalenguaje (en erigirse en juez, sentenciador de valor, verdad o razón, además de en "parte") hablamos de desconocer por igual cualquier verdad (o el "noúmeno"). La desconocemos, pero nuestra convicción incluye, en nuestro fuero interno, considerar que no en igual medida, ya que el fundamento de cada uno debe entenderse como "mejor" que el del otro, a no ser que nos mantengamos en un curioso equilibro desequilibrante que distamos de expresar. En suma, Vd me pide (si le entendí bien) que no presuma verdad alguna, pero al tiempo, si se lo aplicara del todo, descreería de su firme credo
Estimado MANUE: estoy muy de acuerdo con lo que dice, en general. Yo también creo que lo principal es ser honrado con uno mismo (con los demás también, claro) y ser consecuente con sus principios. Naturalmente, uno busca, encuentra... condicionado (tanto a favor como en contra) por la educación, el ambiente, las ganas de "enterarse"... Pero yo, desde siempre (perdone la inmodestia) y en todo procuro, tan eficazmente como puedo, desligarme del "ambiente" (en secreto: además me encanta), y distinguir muy claramente entre la "doctrina" y los "adoctrinados"; no mezclo nunca la conducta de las personas con la "teorìa" que sostienen. Y yo voy (procuro ir) en estos casos a la doctrina. Y si dicen... que "dizan".
Hay en su escrito de las 18:58 una frase que no sé a qué se refiere: "aunque no creo que ello lo diga pensando en que ya cree bastante menos en la realidad de su entidad divina y paterna".
Respecto del e-mail que me mandò lo tengo guardado.
Cordialmente
que ser ateo exige tener una explicación suficiente de todo, y un conocimiento más vasto y acabado que el necesario para ser creyente. Pero esto es lo que he oído decenas de veces. Y el número, además de la relevancia o autoridad de las personas que fueron creyentes, era tenido por un argumento de peso. Ahora la cosa ha cambiado y parece que ya no vale ese argumento; de acuerdo, pero permítame al menos que se lo recuerde al que halla al ateísmo o a la duda filosófica cosa de necios (como más del 90% de los mayores científicos y premios Nobel de Ciencias) y "de rechifla".
Sobre el último capítulo, amigo, le adelanto que incluye algo (una confesión biográfica) que escribí por primera vez en un correo que le envié a Vd (y hasta ahora ha sido el único en leer), porque me pareció interesante para refrendar lo que estimo vivir con coherencia hasta el final, cosa que creo he seguido haciendo toda mi vida (más o menos, tampoco vaya a creer que sigo un plan recto con aire veterogermánico)...
Moisés, creo que Vd y yo hemos hablado de fe, y bajando a la arena, en el último post. Dando razones, que -es lógico-cada cual entenderá "de mayor peso" en su favor, salvo en el caso de que -visto el peso de la evidencia en contra-alguno de los dos pase a creer otra cosa como más probable.
Claro que la verdad no depende del número, claro que es posible que no esté de su parte ni de la mía, aunque no creo que ello lo diga pensando en que ya cree bastante menos en la realidad de su entidad divina y paterna. Si dice otra cosa, no le entendí bien el reproche. Si se refiere a la inoperancia de cualquier alusión al porcentaje de entendidos en ciencia, biología, física, filosofía, historia, etc., sobre la verdad posible o probable (e incierta para ambos), haría mejor en decírselo a alguien que quisiera expresar que una enorme masa de creyentes que une a todos los españoles y refleja el "ser" de lo español, nos mira divertida y risueña. Ya sé que no es experiencia suya la afirmación de q...
Hay grandeza en un modo de vivir capaz de disfrutar de todo tipo de placeres: mentales y corporales, espirituales y biológicos, sociales e individuales, relativos al pensamiento, al amor, al alimento, a una conversación, la música, una buena comida, la contemplación de un paisaje, tomar el sol, dar un paseo, mirar a un hijo o sobrino, o un cuadro, o un atardecer.
¿Es necesario clasificarlos como materiales o espirituales? ¿Darles su porcentaje respectivo? Sería malograrlo, confundir el arte con alguna suerte de intención, trabajo arduo, ilusión, opiáceo o desvarío que pudiera darle origen. No, la Mezquita Azul no me convirtió en musulmán, ni el Vaticano en católico.
Para Lin Yutang, fumar era un acto espiritual y confesa sabía qué parte de su disfrute de una buena comida o de una taza de té tenía que ver con el paladar y cuál otra con la conversación, la distensión o la expansión de un sentimiento profundo que brota del interior cuando todo está como y donde debe estar.
blogger:¿Pero no captas necedad en esto que dices de preservar las catedrales,polifonía,literatura...y desengancharlas de la fe que las levanta? ¿No es necedad el adanismo de hablar de aire moderno,agua moderna,persona moderna,verdades modernas...en el sentido que tú alcanzas? ¿No es necedad hablar de un futuro basado en la esterilidad de bobadas,camufladas de científicas? Es normal que te sepa amargo el desoertar de las ensoñaciones.Es amargo al principio.Después,naturalizarás la sensatez y puede ser de más quilates al reconquistarla por ti mismo.
"Sólo el necio pide pruebas de la existencia de Dios".
Estimado BLOGGER:
no me ha contestado; o, mejor, sí: Vd. dice que mis "razones" no lo son; las suyas, sí.
Le agradezco el esfuerzo.
Y lo de que no pasa nada... ¿cómo lo sabe? Me recuerda al chistecito del que se cae al vacío desde el piso 40 de un edificio y cuando va a la altura del piso 10º dice: hasta ahora voy muy bien. ¡Pues eso!
MOISES (2º):
¿No he contestado? Lo hago, aunque deberíamos discernir el significado de "respetar". ¿Qué es RESPETAR?:
--¿dejar que los demás crean lo que quieran? ¡Por supuesto! Yo no voy a incendiar una iglesia con los fieles dentro ni voy a reírme de tal-persona-en-concreto. Me sentiría muy mal si alguien se sintiera mal por ironizar o ridiculizar. Pero, cuidado, me refiero a la persona, no a la idea. ¡Porque mira que hay situaciones ridículas en la práctica de la fe! (no hace falta ser "ateo" para ridiculizar eso, también lo hacen los mismos teólogos)
--¿no despreciar al que cree y practica su religión? ¡Por supuesto! Es más, lo alabo. Es más, le diría que si está convencido de lo que cree, que lo lleve hasta sus últimas consecuencias, que sea consecuente con lo que cree. Y si a él le sirve para ser mejor persona, pues estupendo.
--¿no discutir lo que él cree? Mira, en eso ya no. Lo que él cree son ideas y como tales, discutibles. Más si es meridianamente claro que cree en fábulas, en cuentos, en mitos... ¡que sostiene como realidades!
La cuestión es que a veces lo que aquí se escribe parece todo lo contrario. Créame, Don Moisés, que no es mi intención herir: lo que pretendo a veces es resaltar aquellos aspectos que hacen parecer ridícula a la persona.
MOISÉS: Su pregunta (¿está dispuesto a aceptar que nuestra razones tengan igual peso que las suyas?) ya la ha contestado la historia y el enorme poder de que dispone todavía la credulidad. Tenemos mucho que andar hasta que "nuestras razones" calen tan hondo como "las razones de los creyentes" (no utilizo aquí crédulos, porque un crédulo con razones puede decirse que es creyente: quaestio de verbis).
Cuando estamos convencidos de que nuestras ideas responden a realidades, lo que pretendemos es sólo "convencer" a los demás de nuestra verdad. Y nuestra verdad es que, como personas, podemos prescindir de esos asideros sacros y regirnos por nosotros mismos, por nuestras propias convicciones, por las normas sociales. Eso primero.
Pero además CONVENCER a los demás de que creer todo lo relacionado con el misterio de la salvación es un descomunal cuento, alimentado, sí, por hechos y realidades (Cáritas, Museos catedralicios, arte, literatura...)que se deben preservar y son loables.
Y por último, decirles que NO PASA NADA si dejan todo eso: otros muchos hemos recorrido ese camino y nos sentimos mejor. De veras.
MISCATO (con su mismo lenguaje y utilizando sus mismas frases):
Como no tienes tu media naranja, te casas contigo mismo y sólo te oyes a ti mismo. El entusiasmo que pones en decir todos los días lo mismo es tu celebración diaria de acudir al muladar (este blog) donde te gusta saborear la m... que aquí aparece. Y el Mtro. Ciruela en ti se convierte en "Yo soy el Maestro Higo: - reviento si no lo digo".
Tu doctrina es copiar y recopiarte, sin ninguna idea que pueda llamarse original (ya no perteneces ni siquiera a los que tienen una sola idea, o sea, los "idiotés"). Eres la necedad en grado sumo, la que hace honor absoluto a su etimología (ne-sciens): como no sabes nada porque lo hayas pensado tú, recurres todos los días a lo que en su día te dictaron.
Renuncio a esa hermandad que pretendes con nosotros: no podemos reconocer dentro de nuestro género al que jamás hace uso de las aptitudes que como racionales poseemos. Necedad supina=MISCATO.
Esto no tiene nada que ver con MANUE, pero me acojo a su hospitalidad en este lugar.
Entre otras muchas cosas de las que estoy pendiente que me responda el BLOGGER (si quiere, por supuesto), hay una que en estos momentos de discusión de algunos asuntos es muy importante, decisiva dirìa yo.
El BLOGGER el dìa 02.11.10 en LAS MUERTES INTERESANTES... PORQUE INTERESAN, escribìa:
"La magnanimidad del creyente (....) estará dispuesta a aceptar que nuestras razones tengan igual peso específico que las suyas".
Prescindiendo de algunos dimes y diretes, la clave de mi pregunta era (y es):
El BLOGGER ¿está dispuesto a aceptar que nuestra razones tengan igual peso que las suyas?
Anímese y responda, para saber con quién discutimos.
Tenemos que conocer la actitud de cada cual.
Estimado amigo MANUE:
Me alegra (que sí, que me alegro, para poder discutir ¡con lo que me gusta!) decirle que estoy en total desacuerdo con Vd. tanto en lo que dice (en general, no en todo, claro es) como en la forma de decirlo con relación a la conducta de las personas (especialmente las sedicentemente creyentes). Una cosa es la conducta de quien sea (de todos, incluso) y otra la teorìa, la doctrina. Pienso que deberìamos hablar de la "fe", no de quién ni cómo crea. Aunque todos creyeran, si es mentira, seguirìa siéndolo y si es verdad, aunque no lo crea nadie, no por eso dejará de ser verdad.
Como nos dice que piensa terminar esta serie de artículos en el próximo, voy a esperar para contradecirle (en lo que no esté de acuerdo y dentro de lo que pueda, dada mi limitación) amablemente, por supuesto.
Los temas son de sumo interés.
Saludos cordiales y un tanto picajosos
cuando el corazón le di
puso en él este letrero,
que muero porque no muero.
Esta divina prisión,
del amor en que yo vivo,
ha hecho a Dios mi cautivo,
y libre mi corazón;
y causa en mí tal pasión
ver a Dios mi prisionero,
que muero porque no muero.
¡Ay, qué larga es esta vida!
¡Qué duros estos destierros,
esta cárcel, estos hierros
en que el alma está metida!
Sólo esperar la salida
me causa dolor tan fiero,
que muero porque no muero.
¡Ay, qué vida tan amarga
do no se goza el Señor!
Porque si es dulce el amor,
no lo es la esperanza larga:
quíteme Dios esta carga,
más pesada que el acero,
que muero porque no muero.
(...)"
manue:en lo de hoy,encuentro unos rasgos que en varias ocasiones encontré en el blogger(tal para cual,en camuflaje de científicos):entusiasmo,como si estuvieras celebrando un aniversario de conversión a la necedad.Y la pomposidad de Ciruela,adoctrinando al sol a dar luz,a la plomada, a señalar la vertical.Desde tu autosugestión de ser "papa"científico,dices ¡fuera miedo! Ya lo sabéis , potenciales víctimas de terremotos,tsunamis,huracanes:acudid a manue y blogger.Estos hermanos nuestros,convertidos a la necedad,son capaces de dormir tranquilamente en un nido de víboras,cabalgar tigres de Bengala,tirarse al suelo desde un avión en llamas...¡Qué grotesca es la necedad!
En cuanto a la alegría ante la muerte,te adoctrina la Dra.Teresa de Ávila:
"Vivo sin vivir en mí,
y tan alta vida espero,
que muero porque no muero.
Vivo ya fuera de mí,
después que muero de amor;
porque vivo en el Señor,
que me quiso para sí:
cuan...
Miércoles, 30 de mayo
Pedro Tarquis
Antonio Aradillas
Juan Fernandez Krohn
Universidad Pontificia Comillas
Asoc. Humanismo sin Credos
Carlos F. Barberá
Josemari Lorenzo Amelibia
Ediciones Khaf
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo