
Reflexionar sobre el sacerdote, sobre la monja, sobre el fraile… en la línea simbólica o teologal tal como se hace en seminarios o en sermones al uso, puede resultar atractivo e ilusionante. Sólo con pensar que el sacerdote es el elegido por el mismísimo Dios para santificar la existencia del hombre --más todavía, de la naturaleza entera e incluso de los instrumentos para matar, las armas-- bastaría para loar sus esfuerzos, compensar sinsabores, perdonar flaquezas o seguir sus huellas.
Pero las cosas no son así. Aunque su figura individual se mantuviera prístina y pura y entregada en cuerpo y alma a su labor --la inmensa mayoría de los curas son buenas y muy buenas personas--, la misma sociología nos está diciendo que el mundo de hoy ha cambiado en la percepción de uno de sus elementos: quienes han superado el medio siglo han sido testigos del derrumbe de los pedestales sociales en que se habían aupado los funcionarios de lo sacro. En otras palabras, el cura y el alcalde, el médico/veterinario y el maestro ya no son los personajes próceres de villas y pueblos. Y el que más ha descendido en aprecio popular, el cura.
Hoy, incluso, los obispos se las ven y se las desean para siquiera disponer de cura que atienda un número determinado de pueblos. ¿Elige al mejor, el más digno, el más fervoroso, el más adecuado? No puede, elige "lo que tiene".
Y llegado al pueblo, el sacerdote es observado con lupa por la feligresía. Al punto será tachado de esto o de lo otro, será aceptado o rechazado, más todavía cuando su verbo homilético extralimita los cauces teologales. La incardinación al pueblo depende de otros factores: ya no tiene el "prestigo" de tiempos pasados. Su palabra depende de sí mismo, cuando en otros tiempos “iba a misa” (cómo no) lo que él decía. Y se discute lo que dice e incluso se rechaza.
Podríamos hablar de que era necesiar la desmitificación de la figura del cura, fruto de la mayor o menor secularización de la sociedad, pero ello ha redundado en el desencanto con que muchos fieles están mirando al “señor cura”. No digamos ya aquellos que estaban alejados o enfrentados al estamento clerical.
Consecuencia en los creyentes y a veces causa de este descrédito social, ha sido la vivencia individual de la fe, la interiorización, el receso de las creencias hacia el recinto de lo personal y privado.
En el fondo del asunto –alejamiento de la sociedad del estamento religioso y retirada hacia el individualismo de la vivencia de la fe—anida un sentimiento letal para la Iglesia católica (también y quizá más para la protestante): es el rechazo, la aversión, el desafecto con que los fieles más convencidos viven el modo como la Iglesia transmite su mensaje. Rechazo de la autoridad que se funda en aspectos superficiales; rechazo de una autoridad que no es creíble por sí misma; rechazo de una religiosidad burocratizada, administrativa y ritualista.
Ello hace que “el señor cura” sea aceptado o no por él mismo, por su persona, por sus valores y conocimientos, por su disponibilidad, por su buen talante, por su afabilidad y cortesía, por su cercanía a la gente, por el afecto que demuestra y el conocimiento de los problemas personales de los fieles…
¡Cuántas veces oímos a los mismos fieles denigrar al estamento, a la corporación, a “la Iglesia en general”, pero salvar a la persona que tiene delante, al cura que pone sus cualidades al servicio de aquellos a quienes atiende!
Todo ello, lo quiera el sacerdote o no, produce un efecto en su personalidad. El cura asiste de manera esquizofrénica al gran teatro de lo sacro: pertenece al sistema pero el pueblo rechaza ese sistema; además él ha de ser el medio que salve a la clase a la que pertenece; él es reflejo y a la vez sostén del estamento. ¡Y cuántas veces los mismos fieles oyen a curas y teólogos renegar del grupo al que pertenecen! Inconcebible.
Pero si el gremio es rechazado, el rechazo recae sobre la persona que a él pertenece. Las consecuencias en la personalidad –la persona—d el sacerdote, monja, fraile, clérigo… no son asépticas o inocuas. Su psiquismo se va resintiendo de manera progresiva y el virus de la falta de credibilidad se va extendiendo sobre la capa social de los funcionarios del rezo. Cada vez les es más difícil separar el entramado en el que se ven encuadrados de su propio yo.
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Comentario por chis pumm 01.11.10 | 12:44
Max supongo que el virus de la falta de credibilidad a que te refieres es el de tu blog, tiene poca clientela y encima le va a la contra.
Güeno tienes contigo ar Manuè que zuerta parrafadas de 10 en 10. Aunque cualquiera lo lee. Ufff.
blogger:es buena señal que te hiera el diagnóstico que te hago.Quiere decir que te resta algo de sensiblidad hacia la deshumanización.No puedes esperar,desde la Religión,eufemismos,miradas de perfil,transacciones.La Religión es tan liminar,tan denotativa de realidad humana,que su desaparición significa desaparición de lo humano.Este miserable estado no puede dejar insensible a quien está vertebrado por la Religión.Una pulsión samaritabna le moviliza.Es grotesco y ridículo ampararse en las faldas de la ciencia.Mucho antes de la ciencia ,el hombre estaba plenamente constituido,y desaparecida,en hipótesis,seguirá incólume su dignidad.Deja de inducir la rechifla camuflando de científica lo que sabes,como yo,lo que es.
"Sólo el necio pide pruebas de la existencia de Dios".
MISCATO, harto ya de la palabra, recuerda que nadie es necio por decir lo que piensa. Porque al menos piensa.
O cambias o aquí sobras (borrado el comentario).
"es el rechazo, la aversión, el desafecto con que los fieles más convencidos viven el modo como la Iglesia transmite su mensaje" exactamente, así es.
Santa Teresa:
"(...)
Vuestra soy, pues me criastes,
Vuestra, pues me redimistes,
Vuestra, pues que me sufristes,
Vuestra, pues que me llamastes,
Vuestra, porque me esperastes,
Vuestra, pues no me perdí.
¿Qué mandáis hacer de mí?
(...)"
Ignacio de Loyola:
“el hombre es criado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios nuestro Señor y, mediante esto, salvar su ánima; y las otras cosas sobre la haz de la tierra son criadas para el hombre, y para que le ayuden en la prosecución del fin para que es criado”.
Blogger:¿serás capaz,con el auxilio de los santos, de arrancarte de las garras de la necedad y cancelar este espectáculo bochornoso para quienes están vertebrados por la fe?
BORRADO POR CONTENER EXPRESIONES MALSONANTES Y REPETITIVAS.
(...)"
"Y a fé que se dijo esto en más de un corrillo en el pueblo, en alabanza del buen sacerdote (.......) y tened para vos, como yo tengo para mì, que debía ser demasiadamente bueno el clérigo que obliga a sus feligreses a que digan bien dél, especialmente en las aldeas" (Qj. I, XII)
Miércoles, 30 de mayo
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