
La ciencia lleva y produce vida; la creencia sustentada hasta sus más altos límites, conduce a la muerte o al martirio.
Dejarse matar por un principio filosófico sería una contradicción mental. Y seguro que nadie mataría al que, por no fiarse de que algo tan grande pueda volar, no quisiera viajar en avión de Madrid a Zanzíbar. Sólo la fe es capaz de llevar a la hoguera a quien afirme que la tierra gira en torno al sol.
En cambio, dejarse matar por algo que en el fondo no es más que una idea sin sustento, “creo en Jesús”, lo presentan como el testimonio más alto de ¡amor! ¿Alguien lo puede entender?
Aspectos de ciencia versus creencia, tan burdamente expuestos, deberían hacer pensar al crédulo en el sustento de sus “seguridades” personales.
Por más que traten de convencer de lo contrario, la virtualidad que puedan querer extraer de una muerte por la fe, el martirio, no puede compararse con la felicidad, confianza y virtualidad de una niñez alegre; la satisfacción del padre que sabe que trabaja por algo digno; las alegrías y penas de la adolescencia; la preparación para la vida de la juventud; las horas, días, meses y años pasados en educarse y en prepararse; el esfuerzo por ser “alguien”; el puesto de trabajo conseguido, la familia constituida, la alegría de tener una casa, las reuniones familiares y de amigos...
Esto es la vida. Vivirlo con plenitud y gozo no es comparable con las interminables horas del beato que canta "de rodillas Señor ante el sagrario - que guarda cuanto queda - de amor y de humildad". ¡Esto sí es fuente de tristeza vital! (Estoy viendo en este momento a ese coadjutor amargado, triste, que ha pasado la tarde metido en la caseta de los pecados y luego postrado con infinita devoción ante el Santísimo).
¿Y nos dicen que todo lo anterior no vale nada? ¿Y nos dicen que morir por un ideal tiene más valor? ¿Y le crees al que dice eso?
¡Si a mí un adolescente, fanático crédulo, patán, inculto, ignorante, delirante, dominado por dos ideas, cuyo único saber se reduce a montar y desmontar su “kalashnikov”, que no ha hecho otra cosa en la vida más que repetir soflamas y fórmulas... me dice que grite Alah es Dios y Mahoma su Profeta, ahí me tiene con un altavoz en los labios gritando convencido lo que él quiera!
No podrá percibir, claro está, porque su magro intelecto no da para más, que es una forma como otra cualquiera de sacar el teatro a las calles y de tirar por tierra sus credos de pacotilla, siniestra pacotilla.
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Chinpun...
¿no te das cuenta que escribiendo así denigras a los que creen?
¿Crees que esa forma de escribir favorece a la Iglesia a la que todavía no sé si defiendes? ¿Es que simplemente tratas de defenestrar a los que no piensan como tú?
¡Pues menuda manera de defender tu causa!
Anda, cambia un poco y muéstrate con algo más de cordura.
blogger:necedad y miseria moral son afines.Os quedáis solos estimulándoos mutuamente a degradaros por debajo del nivel humano.Ante el martirio,reaccionáis como los cerdos si le echan perlas.¡Grotesco y vergonzoso! No se puede disimular ser colonias de la necedad.
MANUE, eso es lo que dicen de todos los "mártires" de la guerra civil española. Todos, al ser capturados, proferían jaculatorias y alabanzas a Dios y sus santos. Pero, como es "natural", todos previamente habían huído y se habían escondido. Lo otro es "a la fuerza ahorcan", "hacer de la necesidad virtud" y, más tarde, venir los santificadores a decir lo que quizá no habían dicho.
Sobre lo de morir por un ideal, fue una práctica frecuente: de esenios, por ejemplo. Me gustaría conocer un primer caso histórico de un cristiano martirizado o sacrificado por decir que cree en Jesús. Lo contrario abunda desde Teodosio: decir que no se cree en él ha sido motivo de tortura o muerte (tan injusta como el caso teorizado como contrario y por demostrarse: no se dude, sería, es, si se da, sin importar si se da en una medida 1.000 veces menor, igualmente condenable).
Convencido, no, blogger: fingiendo convencimiento, que es otra cosa.
No creemos en lo que nos dé la gana; ni, menos, en lo que se nos pida o exija.
No somos mejores cuando fingimos ni cuando creemos algo.
El intolerante es bastante peor, en razón de su creencia (da igual la que sea: su mal, su inmoralidad, su pecado, vicio y locura es la intransigencia).
El dibujo no estaba nada mal.
La disyunción es, claramente, otra.
Cuando el fanático toma el poder se quisiera salvo de dudas e impositor de creencias, obligaciones, costumbres y usos por mandato. En el fondo, arrogancia, narcisismo, necesidad de imponerse: ejercicio de sadismo (el placer del poder, que adquiere su máxima expresión -se ejerce al máximo- cuando se hace sufrir o anula al otro, que se torna siervo obediente, u hombre mezquino).
Lo malo no es el gusto de creer lo que se crea, por imaginativo o improbable que fuera.
Es peor tratar de imponérselo a otros, actuar como hooligan; ...
Los dibujos que publicaste ayer solo muestran la infamia de tus mentiras alevosas, dejan al descubierto la falsedad de tu maldad. Además ya los habías puesto con anterioridad.
Hoy tu texto tan solo nos muestra el pataleo impotente de tu fracaso. De pacotilla.
La disyuntiva es: religión o necedad.
Miércoles, 30 de mayo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Carlos F. Barberá
Josemari Lorenzo Amelibia
Universidad Pontificia Comillas
Ediciones Khaf
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo
Antonio Aradillas