
Ponerse de acuerdo en el mismo concepto de Dios debería ser el paso previo para su aceptación, rechazo o siquiera discusión. Y no sólo por un prurito conceptual, sino porque el indiscutible "creo en Dios" es el origen de las Multinacionales del Rezo, de las Industrias del Misal, del Alfanje Sagrado y de los Talleres de Reparación de los Espíritus.
El Dios que el judaísmo lega --que es, en esencia, el de otras grandes culturas del Medio Oriente y Egipto--, simplemente no es admisible hoy, por ser un centón mitológico y un Dios excesivamente contradictorio consigo mismo.
El Dios que sustenta a Cristo, por más lavados que le den, no deja de ser un ente a la altura del hombre, al que se puede tratar de tú y que desaparece del horizonte del creyente por la parafernalia interpuesta del Cristo paulino-eclesial.
El Dios filosófico, el demostrado por Anselmo o Tomás de Aquino, cayó por la misma vía que fue creado, por la razón.
El Dios místico, el Dios sufí, el Dios que el corazón ansía y por el que el alma suspira, conduce a un Dios todavía más a la medida del hombre y, lo que es más grave si se le deja crecer, al derrumbe de la Iglesia o de la Creencia Organizada.
Otro Dios, “el tiene que haber algo”, es un Dios consensuado, producto del presentimiento vulgar: éste es, quizá, el más difícil de arrancar del pensamiento, porque viene a ser una necesidad del hombre sin la necesidad de ser demostrado... ¡Pero “esto” no es Dios!, sino un sustrato de creencias o conglomerado cuasi panteísta de necesidades, engendros espiritosos y sentimientos que a su vez generan formas extravagantes de religiosidad donde la magia es uno de sus componentes sustanciales.
El Dios católico se nos ofrece como “realidad” y como “histórico”, un Dios encarnado --como tantos otros de donde procede--, vivo en la Iglesia --lo dice ella misma--, sustento del corazón y del sentimiento... Un Dios compendio de todos, por eso es un Dios personal, real, amoroso, presente, aliento espiritual, fuente de alegría, motor del vivir, refugio de los oprimidos... Pero es un Dios que, de facto, ha desaparecido, eclipsado por una pléyale multisantera de intermediarios. Además, ¡si no fuera tan humano!
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Pues el artículo de hoy me parece impecable: te animo en ese esfuerzo de exponer tu punto de vista de un modo personal y al tiempo centrado en lo que defiendes.
Cuesta entender que alguien pueda sentirse insultado y pedir para sí (concre y selectivamente para su secta) libertad de expresión. No es acorde con la restricción de otras libertades, lo que quisiera defenderse como "pero la mía es la verdadera", dando a entender que somos juez y parte y que es lícito tratar de reprimir y limitar sólo otros enfoques (creencias, argumentaciones, conclusiones) y no el propio (más sectario e intolerante): un gran pecado, no sólo propio de religiosos, sino de fanáticos que tienden a la intolerancia, la agresividad y el totalitarismo "interesado" (y aquí ya no hay "perdón".
Quien se sienta insultado debiera esperar una inundación similar de sus blogs favoritos.
Hay nuevos blogs científicos y filosóficos. Animo a asomarse a alguno de ellos en mi último comentario del post de ayer
Po zi Max, no zapo ecribirrr...
Pero no cometo la torpeza de cavilar sobre la existencia o no de Dios, en realidad nadie lo hace... excepto los manipuladores que encubren con ello perversas intenciones... y no se lo digo a nadie en especial, solo sonrio ja, ja
Y le doy toda la razón al gran Miscato, el necio está dopado, no se quitará nunca de encima el oficio de la necedad, consume su vejez y su poco tiempo en ella. Pocos clientes tiene.
blogger:entrenas en el oficio de la necedad como si estuvieras dopado.Se te ve febril, con aspiraciones a batir records en la necedad.Hay que aplaudir el empeño que pones en camuflarte de científico.Y no logras disimular la nostalgia por homologarte con los cuadrúpedos.La oveja come ,bebe,respira,camina sin ninguna inquietud trascendente.¿No tienes quien te recoja? Has perdido el sentido de la rechifla.
Miércoles, 30 de mayo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Carlos F. Barberá
Josemari Lorenzo Amelibia
Universidad Pontificia Comillas
Ediciones Khaf
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo
Antonio Aradillas