Nada puede añadir la sabiduría religiosa a la sabiduría humana cuando de acopio de bienes se trata.
¿Suena a novedoso hoy día lo que pensadores de la antigüedad decían? La Iglesia no ha descubierto el Mediterráneo; simplemente ha bogado en el mismo barco:
Las ganancias infames pierden a muchos más de los que salvan (Sófocles).
Hambre sagrada del oro, ¡qué cosas induces a hacer a los mortales (Virgilio).
Lo primero es buscar el dinero; luego ya vendrá eso de ser bueno (Horacio).
La raíz de todos los males es el amor al dinero (Pablo de Tarso).
El que es muy rico o es un ladrón o es hijo de ladrones (Juan Crisóstomo).
No está el problema en el dinero, cuando éste es, a fin de cuentas, fruto del trabajo o sustituto de bienes. Vano sería, por otra parte, entrar en disquisiciones que no conducen a nada sobre el ahorro, para unos acopio de riquezas, sobre el fin social de la riqueza, sobre salario justo o injusto...
Hoy nos resulta patético ver cómo los 100 años de honradez de un partido político terminaron cuando vieron correr ríos de dinero a su vera. Pusieron la mano, no pasaba nada y comenzaron a llevárselo a espuertas. Quien tuvo sed de pequeño, se sació en la madurez.
El mal está en el hombre, jamás satisfecho cuando percibe el brillo del oro, del que nunca encuentra hartazgo.
Lo que sí importa ver es la actitud que muchas veces anima a quienes no debieran preocuparles la posesión de los bienes de este mundo: jerarquía y magisterio eclesiásticos.
No hay proporción entre la doctrina emitida contra otros “males” --por ejemplo los relacionados con el erotismo, con el apartamiento de la sociedad de su doctrina, sobre secularización que nos invade-- y la que difunden en relación al dinero.
¿Cuándo han condenado fortunas cuando éstas tienen nombres y apellidos?
¿Cuántas veces llegan a las últimas consecuencias las frases no se puede servir a Dios y al dinero o es casi imposible que un rico se salve?
¿Condenaron a la hoguera alguna vez a algún rico? Nada de eso: la Iglesia también corre tras el dinero, al decir de los labriegos, como puta por rastrojo.
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El cartucho que gastas hoy está tan requemado que aburre sobremanera, me hace pensar que el tipo que lo emplea está más quemado que el propio cartucho.
De todas maneras para algún encefalograma plano minoritario es efectivo, salta como el resorte de un muelle. Bah.
Rascallú ¿Cuando mueras k harás tu?
ZP, un cadaver nada más.
Voy a vaticinar el futuro:
SEGUIRÁS REQUEMANDO ESTE CARTUCHO AGOTADO
Seguro, la, la...
"El dinero no hace la felicidad". Pero la iglesia bien que lo reclama en la campaña de Xtontos, cobrar por visitar ciertas catedales, por bodas, bautizos, misas, funerales...
Hay que ver lo poderoso caballero que es don dinero. ¡¡Fortifica hasta la fe!!.
Blogger:en este enlace
http://revistaecclesia.com:80/index.php?option=com_content&task=view&id=18551&Itemid=66
encuentras una cabal información sobre LOS DINEROS DE LA IGLESIA
Antídotos contra la necedad:Anson:"(...)He recorrido en trabajo profesional más de cien países. En las leproserías de todo el mundo, en los asilos de ancianos terminales, en los hospitales para enfermos infecciosos, sólo se encuentra uno con misioneras y misioneros católicos. Esa es la escueta verdad. Nunca me he tropezado en esos lugares con un comunista militante, con uno de esos manifestantes que vociferan contra la Iglesia. Los misioneros y misioneras permanecen al margen de las pancartas y los sermones políticos. Derraman su amor sobre los leprosos, los sidosos, los enfermos terminales, los ancianos sin techo, los desfavorecidos y desamparados. Aún más, todos los profesionales del periodismo sabemos que cuando estalla una tragedia del tipo que sea en el tercer mundo, encontraremos información certera en la misionera o el misionero españoles, que ejercen su ministerio en los lugares más miserables. Nunca fallan, esa es la realidad..."
Miércoles, 30 de mayo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Carlos F. Barberá
Josemari Lorenzo Amelibia
Universidad Pontificia Comillas
Ediciones Khaf
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo
Antonio Aradillas