
Habla la religión de "vida espiritual", vida del espíritu, sostenida por la fe y alimentada por la gracia; hablan de los efectos benéficos que producen determinadas plegarias, oraciones y ritos vividos "en profundidad", como gustan decir. Y desdeñan cualquier otra consideración que intente elevar, recuperar o encumbrar a la persona.
De ahí la humilde pretensión de estas páginas. Recomendaciones que por más cercanas a la personalidad rebajan, sí, los humos espiritualistas de los credos pero están más pegadas al proceso vital de las personas.
Habla la religión de "desapego" respecto a las cosas de este mundo. El sentido de tales prédicas ha trascendido la realidad en que tal consejo, válido de por sí, se asienta. No diremos tanto nosotros, pero sí es cierto que un alejamiento mental tanto de las cosas como de los acontecimientos, es bueno.
Alejarse de las cosas es estar “despegado” de ellas, como “no tener necesidad”, porque ciertamente no se necesitan tantas cosas para vivir bien... o que la sociedad non induce a pensar que necesitamos.
Habla asimismo la religión de buscar los bienes de arriba... El refrán responde con rigor: "Lo mejor es enemigo de lo bueno". Se nos ocurre al hilo de lo dicho algo que con frecuencia perturba la acción: "De tanto considerar los pros y contras, la inseguridad o la búsqueda de “lo mejor” trunca las decisiones a tomar".
Puede la persona equivocarse, pero es necesario sobreponerse a la inacción. Después de un análisis prudente, después de consultar y ver pros y contrar, hay que tomar una decisión, hay que “resolver”, hay que determinarse en un sentido u otro.
Eso sí, es preciso también ser diligente en la realización de lo que previamente se ha considerado. Sin apresuramientos, pero con arrestos.
Una de las cosas aprovechables que las religiones propugnan, todas, es la introspección. La sociedad occidental, a decir verdad, hace todo lo posible por que esto no sea así. El fárrago del trabajo, relaciones sociales, actos, espectáculos... en que nos vemos envueltos no propicia la introspección y, sin embargo, es vital encontrar momentos, segundos, para recapacitar, para analizar hechos y situaciones, para no dejar pasar acontecimientos, a veces nimios, a veces importantes, que pueden suponer cambios trascendentales en la vida. Es la simpleza de poder decir "¿qué he hecho" y, sobre todo, preguntarse "por qué". ¡Cuántas acciones inadecuadas quedan flotando ahí, sin explicación alguna!
Los asuntos de la vida pueden ir bien o pueden ir mal. De ambas situaciones se debe desprender una actitud de “humildad”, que no ve en uno mismo poderío ni prepotencia. Sentirse “uno más” que puede hacer tales cosas y tales otras pero necesita de los demás para casi todas, es buena base de partida para discurrir por el mundo.
Es cierto que el psiquismo de cada uno condiciona las actitudes y los actos, pero dentro del margen más o menos amplio que la capacidad de cada uno brinda, se pueden generar o al menos estimular cualidades y modos distintos. En el referido a la acción, el de ser intrépidos, valerosos y enfrentados a las dificultades de la vida. No está permitido el refugio inactivo, sea en los padres, sea en la religión, sea en los demás: a la postre todo eso conduce a la neurosis.
Si bien es cierto que dependemos de los demás, y es bueno que así lo sintamos para contrastar criterios y recibir apoyo y ayuda, no por eso el individuo ha de dimitir de sí mismo. Opiniones y presiones no deben condicionar la libertad interior de tal modo que genere inacción.
Cada uno tiene que ver la manera de conservarla, que no puede ser sino por la capacidad de razonar, meditar a fin de cuentas, todo lo que sucede y todo lo que a uno le sucede.
La consecuencia benéfica de una actitud razonante que supone y mantiene la libertad interior, es la claridad de conciencia, la lucidez de espíritu para juzgar y decidir, algo de lo que ya hemos hablado en artículos anteriores.
El ejercicio continuado de la razón deriva en sutileza para ver los distintos aspectos que configuran la realidad, en penetración y en definitiva en inteligencia.
La vida es una lucha continua contra la dejación. Toda persona tiene “cosas que hacer”, tiene mucho que aportar a los demás... Muchas veces depende de encontrar los verdaderos motivos para trabajar, luchar y vivir. Lo otro es renuncia a ser uno mismo, delegación, seguidismo, exaltación del otro. También la búsqueda de motivos es un ejercicio racional.
Las cosas duraderas suelen ser fruto de la paciencia. El que espera dicen que desespera, pero el que “sabe esperar” jamás se descorazona. Si no consigue lo que anhelaba, la paciencia en sí misma ya es un fruto.
En definitiva, la actitud de encarar la realidad o la determinación para actuar, provienen y producen seguridad. Seguridad en uno mismo no nace porque se quiera. Siempre es producto: producto del uso de la razón, de enfrentarse a las situaciones con criterios firmes, de generar alrededor sentimientos de confianza, de conseguir las ayudas necesarias.
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¿Podriamos cambiar dos letras? También humanismo "sin cerdos". ¿Qué más le dará a semejante prole -entragada al insulto gratuito y fácil desde el anonimato, a la cerrazón mental y ánimo represor y persecutorio- la creencia del prójimo y la fe del padre y la madre de quien hable, razone, exprese o argumente? Lo suyo es la acción deleznable, a ser posible agresiva, putrefacta (en sentido lorquiano), repulsiva y anti-humana...
La intolerancia es un ejercicio que desacredita al intolerante y justifica -sólo- su represión. Lo cataloga en otro lugar que ya creíamos superado. Sólo en tanto estés dispuesto a respetar a otras personas y permitir la expresión de las ideas que nosean las tuyas, apruebas tu propio ejercicio equivalente. Si eres intolerante o insultante y hallas que se te insulta y no se te permite expresarte, o incluso que se prohíbe tu religión, no te quejes: están enseñándote el mundo que te gusta y por el que estás luchando.
Comentario por chinpun 07.06.10 | 23:36
Comentario por chinpun 07.06.10 | 18:44
Comentario por David 07.06.10 | 13:19
Bloger, te quejas cuando se te atiza un poco y en días como hoy no reprimes una de las plumas más infectas, de las más podridas de las que lamentablemente el propio lisiado mental que escribe es víctima.
Si es que se lee el contenido, yo paso, en cuanto clavas la daga retorcida lo dejo, es decir te leo 4 rayas.
Por eso te digo:
El apóstata es un enfermo mental, más digno de lástima que de desprecio; su crédito personal es cero. ZPtero.
La realidad no la soportas. Bórralo otra vez.
http://blogs.publico.es/ciencias/el-juego-de-la-ciencia/941/orden-y-sorpresa/
Carlo Frabeti (Público, 06-06-2010): Es casi innecesario señalar que el asombro reverente ante la armonía del universo halló su primera expresión en los mitos cosmogónicos de las diversas culturas, que con el tiempo evolucionarían hasta dar lugar a las religiones actuales. Y hasta hace bien poco esta tendencia a atribuir el orden a una divinidad ordenadora coexistió con la ciencia. El propio Newton veía en su gran descubrimiento, la gravedad, el continuo milagro con el que Dios mantenía unidas todas las cosas que había creado. Hoy día, sin embargo, ni siquiera los teólogos más conservadores se toman en serio el argumento del “designio”, pues el salto conceptual del orden al supuesto “ordenador” carece de fundamento. El orden es un hecho objetivo que, por sí mismo, no conduce a ninguna conclusión ulterior. Pero que no deja de maravillarnos.
Lea otra reflexión sobre el corpus en 2/5, 05.06.10|20:40 ...
Antídotos contra la necedad.Crónica de la procesión del Corpus de Toledo
http://www.religionenlibertad.com/articulo.asp?idarticulo=9104
Blogger:¿No estará el jumento expresando su repugnancia a las necedades camufladas de científicas tantas veces oídas de tus labios?Piénsalo.Hoy nos hablas de autoayuda.Como estamos de antecedentes,desde un cimiento de necedad("Dijo el necio para sí:no hay Dios")lejos de ayuda,recibimos mal trato,como el jumento.Y nos resistimos.
Ohh, que bosssnita la foto der mostrenco, ¿e tuya bloger?
Te lo digo poke az zalio mu favorezio, mu güasssspo y mu naturà filisidadesss
Miércoles, 30 de mayo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Carlos F. Barberá
Josemari Lorenzo Amelibia
Universidad Pontificia Comillas
Ediciones Khaf
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo
Antonio Aradillas