Humanismo sin credos

"Quid est véritas" frente a "Véritas est"

26.05.10 | 22:00. Archivado en Razón, sentido común y cerebro
  • enviar a un amigo
  • Imprimir contenido


Por más que la gente se confunda y se equivoque en la exposición o proposición de “sus” verdades, esto no lleva a afirmar que “la” verdad es relativa y que no existe “la” verdad.

La verdad es lo que es; la interpretación de la verdad –la teoría sobre la verdad-- es lo que puede ser.

¿Pero quién está capacitado para asegurar que “ésa” es la verdad? ¿Quién está por encima de todos para asegurarlo? ¡Los creyentes dirán que Dios y sus enviados!

Y precisamente ésa es la mayor mentira, una "mentira original", porque ni siquiera se dan cuenta de que hablan según interpretaciones las más de las veces literarias, de sentimientos, vivencias históricas, elucidaciones personales... Es su yo el que habla y creen que es Dios.

A algunos recipiendarios y propaladores de la "palabra de Dios" les llaman, en altisonante vocablo, profetas o apóstoles; sin embargo ni Jeremías ni Amós ni Pablo de Tarso dejaron de ser individuos como yo, que necesitaban evacuar a diario en reservado.
Otro asunto bien distinto es que los individuos y las sociedades se muevan por “nociones” de verdad, --¡cuántas veces son simples carencias de verdad--, verdades parciales o irisaciones de la verdad: en asuntos que tienen que ver con la organización de la sociedad es donde más se percibe esa verdad poliédrica en uno de cuyos lados quieren los gerifaltes del credo colocar al grueso de la sociedad mientras ellos se erigen en patrón y vara de medir.

En estas búsqueda o sustentamiento de verdad es donde se puede y de hecho se da el paso para despeñarse por ella.

¡Cuánta tinta ha derrochado el intento de conjugar “palabra” y “ser”, “lengua” y “pensamiento”, “concepto” y “traducción del concepto”!

La caída en el precipicio se puede producir por un único paso. El que desciende suavemente por la rampa sabe previamente hacia dónde se encamina. El que da el paso puede no ser consciente del desatino. La transición entre “cosa”, “concepto” y “expresión”, en este orden inalienable, puede ser puente, rampa o precipicio.

Tomemos el asunto que nos ocupa: Dios. He aquí uno de los casos más notorios –van a propósito las seis expresiones-- de disgregación, disonancia, descomposición, “eterismo”, perversión y confusión mentales.

Caso craso en que ¡la palabra es la que pretende dar entidad al concepto en ausencia de una realidad sustentadora!.

Sólo con quien está dispuesto a sentarse enfrente hay posibilidad de conjugar el desorden expositivo de concepto, palabra, cosa. Con quien todo lo presupone ni siquiera se puede contender.

La irracionalidad –que tanto puede ser entendida como creencia, religiosidad, simplicidad o idiocia— calla pero divide. No da la razón “a torcer”, las más de las veces porque no tiene, ya que se hace eco de las multifacéticas razones de otros.

Hace que atiende, pero no entiende. Se opone a cualquier argumento porque no tiene ninguno: sólo “ayúdame, Dios mío, que peligra mi fe y sólo deseo creer en ti”.

¿Es que la pretensión de hacer razonar a las personas choca con la irracionalidad del animal que encierran? ¿Es que ven demonios en cualquier intento de presentarse a ellos como personas? ¿Por qué su razón no les sirve para sostener la fe? ¿Es que, en la discusión, desaparece su dios y se encuentran desprotegidos?

9 comentarios


Los comentarios para este post están cerrados.

Comentarios
  • Comentario por miscato 27.05.10 | 10:29

    Antídotos contra la necedad:San Gregorio Magno (hacia 540-604), papa y doctor de la Iglesia

    "(...)Así pues, cualquiera que desconoce la claridad de la luz
    eterna es un ciego. Si ya cree en el Redentor, está sentado
    al borde del camino. Si ya cree pero descuida pedir que le sea dada la luz
    eterna y descuida orar, este ciego puede estar sentado al borde del camino,
    pero no pide limosna. Pero si cree, si conoce la ceguera de su corazón y
    ora pidiendo recibir la luz de la verdad, entonces se puede decir que él es
    ese ciego sentado al borde del camino y que pide limosna.
    Aquel, pues, que reconoce las tinieblas de su ceguera y sufre por estar
    privado de la luz eterna, que clame desde el fondo de su corazón, que grite
    con toda su alma: «¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí!»

  • Comentario por miscato 27.05.10 | 09:25

    Blogger:la respuesta a "quid es veritas" está dada en esta recombinación de las mismas letras:"vir qui adest".Como tu oficio es disputar con la plomada a encontrar la vertical,es disputar con el sol sobre luz y calor,en disputar con la Iglesia,madre y maestra,en señalar el bien y la verdad ,...es camuflar la necedad de ciencia,te condenas a hundirte en lo grotesco y la rechifla.Ni por asomo adviertes lo perturbado ,luego de amanecer,encararte con el sol para enseñarle;encararte con la Iglesia,luego de entrar Ella en el tercer milenio,para que te pague peaje por continuar su marcha,su enseñanza,su siembra de luz.Prole y retoña de maestro Ciruela.Suerte vivir en España,donde cuentas con el espejo de tamaña charlotada,para ti ciencia e ilustración."Ama al necio;aborrece la necedad".

  • Comentario por chispun2 26.05.10 | 23:48

    Comentario por chinpun 26.05.10 | 19:57

    Pal --borraor d'asienda--

    ◦ Pues si lo escrito y conservado en la Bíblia según tu y tus acólitos no vale...

    

Pos rezurta k me troncho kon lo vuestro, o sea lo bíblico ná, es desir, hay k'seros kazo a vusotros ja, ja que güeno lo vueztro oú

vuzotrosss zi k zabeis, ja, ja

  • Comentario por Manue 26.05.10 | 20:12

    Desde hace unos días (hoy incluido) el debate moral y teológico amigable y más o menos serio lo estamos teniendo en Y tú... ¿en qué crees? (2/2)
    Claro está que el tono de las intervenciones no es el de pitorrearse de nadie, sino bastante libre, agradable, sincero, etc. De modo que cabe debatir, expresar convicciones y tratar de que brillen como más verdaderas que sus contrarias. De hecho, aprendemos todos o eso intentamos

  • Comentario por Manue 26.05.10 | 19:02

    Muy grato el aclarado, amigo Moisés, mas no me hallo tan fuera de tiesto sobre la leve, jocosa, lúdica o amigablemente pinchante intervención. Claro que no aludía al término "felicidad", que tampoco uso como absoluto o máximo idealizado que figure fuera del diccionario.
    Verá. Si hay un primer párrafo exacto y algún otro trozo de otro que también lo es, se están separando del resto por su carácter de verdaderos y apropiados.
    Tales párrafos verdaderos comprenden consecuencias desagradables -caída por el precipio, en concreto- que -se afirma claramente- atañen al autor de los mismos y, en especial, del resto, que han de ser desatinados para lograr el autodaño.
    En cuanto a la alusión obvia de que un no creyente haya de aplicarse a sí mismo una frase referida al deseo del creyente de mantener su propia fe (o creencia), costaría entender su respuesta si no la relacionáramos con algo bueno -felicitari, estimé- que esperara a dicho no creyente, de procurarse el cambio.

  • Comentario por Moisés 26.05.10 | 18:01

    Estimado amigo MANUE: ha tenido que haber una desconexiòn. Yo no he hablado de lo que Vd. dice en el comentario anterior y niego que yo quisiera decir algo como lo que Vd. expresa en los puntos 1), 2) y en el resto de la nota, ni que un no creyente no pueda ser feliz (en realidad, yo no creo que haya nadie, en esta vida, que sea feliz -como yo lo entiendo-: la felicidad sòlo se encuentra siempre, en el diccionario, que dicen los ingleses), ni que el ser creyente dé la felicidad por sì, ni que no haya creyentes o no creyentes felices, desgraciados, etc. Yo no hablaba de èso. Sòlo querìa "pinchar" un poco el globo de la suficiencia (a mi corto entender) y pasar un rato agradable; y luego, lo de la décimotercera palabra del antepenùltimo pàrrafo...
    Y al final dice Vd. "pero... ¿qué le ocurre al creyente? ¡Anda, y yo qué sè!, amigo MANUE. Que yo soy muy simple y no estudio tanta "tologìa", que decìa Cervantes que decìa Sancho.
    Saludos (lejos del precipicio)

  • Comentario por Manue 26.05.10 | 16:32

    No distinguiría yo tanto, amigo Moisés, entre acierto o desacierto "objetivo" en la medida desigual en que pudieran coincidir con mis convicciones. Que éstas puedan estar dominadas por prejuicios (en lugar de juicios) parece desprenderse de su propio lenguaje que, preferencias aparte, opta por juzgar: 1) el "otro" da el paso -no cree- y cae, en consecuencia, por el precipicio (¿del error de no compartir su credo? ¿O es que se pierde, "objetivamente", de Dios?); 2) El "otro" -que no el que opina- tiene "en casa" donde aplicar mejor un "Dios mío, que peligra mi fe y sólo deseo creer en ti”. Ahora bien, ¿tanta seguridad acompaña al creyente que considera más inseguro al no-creyente? ¿Tan mal está el denunciar un riesgo contrario? Parece que uno teme menos reconocer alguna confusión eventual y convertirse en creyente que el creyente en dar el paso opuesto: ergo la frase no está tan mal puesta. Tampoco decrece un ápice mi felicidad por no ser creyente. Pero... ¿qué le ocurre al creyente?

  • Comentario por Moisès 26.05.10 | 16:01

    Mejor que frase, digamos párrafo, llamando asì a lo escrito entre dos punto y aparte (lo digo por si hay algùn "contable")

  • Comentario por Moisés 26.05.10 | 15:58

    ¡Qué primer párrafo tan exacto -en mi modestìsima opiniòn- incluso la primera frase (hasta el punto y coma del segundo!
    Luego hay una frase, tambièn muy exacta: "La caìda en el precipicio se puede producir por un ùnico paso". (Acoto: para lo que hay que estar, previamente, a un paso del precipicio, que es la situaciòn que, al parecer, tiene el escritor ¡porque, efectivamente, da el paso!)
    Después del precipicio, caìda al vacìo y...
    Anotemos como muy descriptiva la decimotercera palabra de la antepenùltima frase y no la aplique en vano a gentes extrañas; buena gana ¡teniendo en casa donde aplicarla con mayor seguridad y certeza!

Miércoles, 30 de mayo

BUSCAR

Editado por

Los mejores videos

Síguenos

Hemeroteca

Sindicación