
Hay un asunto que no deja de crear cierta inquietud en el interlocutor que traba conversación con un cura, un fraile o una monja, en general con cualquier “consagrado a Dios”.
Se refiere a la autenticidad de los sentimientos que determinados miembros seculares o regulares manifiestan en su relación con las personas normales, especialmente aquellos sentimientos que tienen que ver con el afecto y la demostración del mismo.
Dan la sensación de lejanía, de separación, como si se alzara un muro entre ambos interlocutores buscando a la par mostrarse cercanos pero también preservar la intimidad.
¿No habrá algo más? ¿No se puede interpretar esto como defensa? ¿No podría calificarse quizá como carencia?
Dado que ellos, porque su función así lo norma, no pueden odiar, vituperar, maldecir, mostrar enojo… --tampoco amar “more humano”--la generalización de la

Es enternecedor asistir al tejemaneje, las componendas, los complots y los contubernios que se producen cuando de posibles “ascensos” se trata: que si tal parroquia o sede arzobispal queda libre, que si suena tal nombre, que si tal vicario puede ser nombrado obispo, que si se huele más éste o el otro para tal sede...
Si bien todo ello lo encontramos normal en la vida diaria y en el ámbito laboral, no cuadra con el entramado idealista de que hace gala ese submundo de salvaciones y espiritualidad.
Porque en todo ello sólo se aprecia ambición, ambición y ambición bajo capa de “servicio a la Iglesia”. Responde al único aliciente humano que les queda en la vida: ascender. Donde sea, como sea, pero ascender.
Se barajan o se manejan amistades, grupos de presión, contactos, periódicos, padrinos, políticos, banqueros... Se entremezclan incluso referencias políticas. Es la batalla de las sotanas.

Últimamente he podido retomar mis afanes hortofrutícolas. Para ayudarme en tal afición, me estoy sirviendo de un libro sobre horticultura que parece --al menos parece-- estar bien. Es un grueso tomo, de cientos y cientos de páginas, sin apenas ilustraciones. Dice haber recogido la experiencia y la sabiduría de muchos especialistas y, sobre todo, el saber secular sobre el cultivo de la tierra.
Tiene una particularidad que lo hace único: su autor. Confiesa que jamás ha sido hortelano, que jamás ha ejercido en algo que tenga que ver con huertas, frutales, jardines… y que tampoco tiene perspectivas de hacerlo. Es más, durante toda su vida ha vivido con la obligación de no ejercer como tal. Se lo han prohibido y asume como propia tal prohibición.

¡Acérquense ante la clerecía con el estandarte de la crítica por delante y verán alzarse las antenas defensivas cuando no de la contraofensiva!
El rechazo primero viene del desprecio a quien les ataca:
Pobrecillos, no sabéis; vuestra crítica es de oídas, procede de una cultura de baratillo, de cuatro cosas que habéis leído; además no entendéis nada de las cosas de Dios... Desconocéis completamente este mundo...
La segunda barrera defensiva es la vieja descalificación del mensajero, el argumento “ad hominem”:
¿Te puedes mirar a ti mismo? Cómo es tu vida, ¿mejor que la nuestra?... Lo que dices es gratuito e inventado, sólo tratas de desprestigiarnos... El anticlericalismo es algo trasnochado, no nos vengas con antiguallas...

Aparte de razones más o menos superficiales y conocidas de que hablábamos hace tres días, hay otras más hondas para que una persona educada, libre, autosuficiente y convencida de su valía deje a un lado el báculo de la creencia paa navegar por el proceloso mundo de su existencia.
Inciden éstas en los medios de que se vale la organización de la creencia (1) para controlar a sus fieles. Medios que aplica especialmente a aquellos que más se sienten o viven ligados a la "organización".
Respondemos de alguna manera y enésima vez a esa pregunta omnipresente --¿qué tiene de malo creer?-- con que pretenden defenderse quienes ven bueno el creer.
Al creyente le pueden parecer modos de actuar “normales”, pero no dejan de ser elementos depresión sobre la conducta, bien conocidos por la Psicología, que producen conductas “controladas” y, por tanto, personas esclavas, por sujeción mental a otras:

Todas las religiones suprimen la risa. La meditación, la oración, los ritos, las procesiones... ¡siempre tan serios! Mucho nos tememos que tal seriedad no sea hoy otra cosa, a la vista de las asambleas dominicales, que tristeza ingénita. Un género novedoso, pero a la postre tristeza.
La cara, espejo de la mente, amortecida, las comisuras de los labios caídos, las cejas entre paréntesis, la cabeza cayéndose por su peso, los ojos entreverados cuando no soñolientos, las contestaciones de rigor apenas un bisbiseo, los cantos semitonados en tesituras cavernarias... y jamás la risa franca.
¿No es la risa algo propio de los humanos? Lo mismo que el razonar, el criticar, el volver y revolver, el hablar... la risa es el hombre.
Abundan “Virgen de los Dolores”, "Virgen de las Angustias", “Cristo de la buena muerte”… pero no "Cristo del chascarrillo", "Virgen de la Carcajada"... Como mucho se atreven a decir "Causa de nuestra alegría". [¿Qué alegría?] ¿Por qué son tan circunspectas las religiones, tan envaradas, tan estiradas?

No es nuestra intención amargar el turrón a los crédulos diciendo que todo lo que la credulidad dice que sucedió en Navidad es pura falsedad, cuento, mito, leyenda o pura fantasía sin fundamento real alguno (aunque muchos afirmemos que, en verdad, así es).
No hay sesgo doctrinal en lo que viene a continuación sino fenomenología costumbrista del pasado y alguna leve consideración.
En primer lugar porque a un crédulo le da lo mismo: él seguirá cantando a pleno pulmón que los peces beben y beben en el río, que la Virgen lava pañales o algo de tanto trasfondo antropológico como que “la Nochebuena se viene, la Nochebuena se va y nosotros nos iremos y no volveremos más”.
Aún así bueno será recordar algunas detalles sin importancia que los mismos estudiosos de la Biblia o conocedores de la historia necesariamente admiten:
1. JC no nació el 25 de diciembre. Cuestión de calendarios mal hechos. [¿Ah, no? ¿Entonces por qué esa fecha?]

Dicen como espetando al interlocutor fastidioso: ¿Qué tiene de malo creer?
¿Qué hay de malo en adscribirse a un grupo de oración, comprometerse con una causa religiosa, entregar tiempo y energías, incluso dinero, a extender la doctrina, tratar de ampliar los círculos de influencia, etc.?
Por principio hemos de admitir que no hay nada malo en ello. Es más, también por principio, dichos grupos ayudan y animan a ser mejores.
Sin embargo advertimos un pequeño "pero": se supone que la adscripción del individuo al grupo presupone una gratificación, un goce, una mejora personal, una ayuda al desarrollo... y no es éste el caso. O, en otro orden de cosas, integrarse en una sociedad creyente constituída (una congregación, una ONG religiosa, etc) NO es la manera más adecuada para encarar, solucionar o encauzar determinados problemas, personales o sociales.
Los hechos tal como aparecen en Internet: un profesor del Instituto “Menéndez Tolosa” (*) de La Línea de la Concepción, explica el despiece del cerdo para la elaboración de los distintos productos derivados y el proceso de curación del jamón en un lugar de España, Trevélez.
Un alumno de 1º de Secundaria –no es tan niño como dicen, trece años, sino adolescente que sabe lo que hace— pide que no se hable de ello en clase, parece ser porque ofende sus convicciones religiosas. Lógicamente hablaba "por boca de ganso", es decir, de sus padres.
El asunto deriva en denuncia de la familia por falta de respeto a las creencias islámicas (posiblemente añadirían xenofobia y algo más) y la policía tomando declaración al profesor –en un estado de derecho, la policía no puede hacer otra cosa que seguir el cauce legal--, para quedar todo pendiente de la decisión del juez. Esperemos que el juez proceda a la desestimación de la denuncia.

En un contexto de creencias no existe libertad de criterio ni, en consecuencia, libertad de juicio. El reo ya está condenado o el acusado es inocente, dependiendo de su pertenencia, simpatía u hostilidad hacia el grupo.
Y es esa libertad –capacidad-- para pensar, lo que define a la persona como ente autónomo en un entorno donde las más variadas y enmarañadas determinaciones están atenazando su capacidad crítica.
Un grupo social creyente puede ser objeto de ludibrio social y ser tildado de "secta" si el entorno en que se mueve es hostil. Por su parte esa misma secta, conseguida la aceptación del entorno, proyecta sobre las otras los motivos de escarnio que a ella le aquejaban.
Piénsese en cómo a la secta cristiana la colgaban el sambenito de ateísmo contra el estado, infanticidio seguido de canibalismo e incesto. Lo dice incluso uno de los suyos, M. Minucio Félix (1).

Hacer lo que siempre se ha hecho, hacerlo porque siempre se ha hecho así; pensar, juzgar, hablar y razonar como a uno le han enseñado de pequeño... Ese trasfondo es el que aflora en las asambleas de creyentes. Hay un elemento inercial en la fe, por otra parte natural, que es el que la mantiene. Pero hay algo que trasluce en determinadas actitudes, creer sin pensar en lo que se cree. Porque es más costoso pensar y más fácil creer.
Cuando se vive inmerso en una sociedad donde priman determinados valores, donde la creencia ha conformado actos sociales, festejos y celebraciones, creer no supone esfuerzo; sin embargo dejar de creer puede generar un trauma no sólo personal sino también familiar o “relacional”.
Pueden darse situaciones “inocuas” para tal creencia colectiva: el que deja de creer puede comportarse “como si la religión eso no existiera”. En nuestros días y en nuestro entorno, es lo que sucede con la mayor parte de los que se alejan de la religión.
En este caso resulta inofensivo para la creencia.

476. Las ideologías sin sustento real, no tienen otro que su propio fanatismo. Dígase lo mismo de las religiones.
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477. Cuando vislumbran que pueden carecer de sustrato y realidad, los fanáticos o se tornan más agresivos o se convierten en amorosas palomas.
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478. El fanatismo envenena el cerebro. Y los más infectados son los fanáticos blandengues.

La psicología y la psiquiatría siempre han dado importancia capital al periodo que va del primero al duodécimo año de vida del niño,que es cuando se forma y desarrolla la personalidad. No sólo la psicología científica lo dice, también la propia experiencia de cada uno lo muestra.
En esta etapa que comprende más o menos una docena de años, queda definida y marcada la persona; son los años en que la estructura de la personalidad va quedando conformada. Y afinando más, de ese periodo que discurre entre el primer año y la adolescencia, se otorga especial importancia a los tres primeros años.
La persona, a lo largo de su vida adulta, no hará otra cosa que, o bien seguir las pautas generadas en la niñez y adolescencia, o bien tratar de enderezar el sino que tales pautas prefijaban.

La tesis que se desprende y tratamos de transmitir con esta reata de consideraciones blogueras es la de la inutilidad de la creencia ante los conflictos de la vida; que no sirven de nada las propuestas religiosas para hacer frente, con eficacia, a un verdadero problema, sea de orden natural, psicológico o conductual; que la creencia no sólo es inútil, sino, además, perniciosa, maléfica y dañina para el desarrollo y dignidad de la persona.
El hombre, desde que nace hasta que muere, es un compendio y un receptáculo de problemas, los propios y los ajenos.Sólo afrontando los mismos de modo “científico” el hombre logrará su "salvación", su perfección y su felicidad.
Al decir de modo "científico" no pretendemos extrapolar ni magnificar el solucionario: científico a ras de suelo quiere decir "sentido común" más "formación" (estudio, consulta del problema, etc).

Lleva ese artículo "colgado" unos cuantos días en Libertad Digital. Verdad es que en espacio tan breve no se puede sustanciar algo de tanto calado, pero el posible interés inicial decae conforme uno se adentra en el contenido: es pura descripción fenomenológica de hechos de todos sabidos quedándose en mera constatación de los mismos sin aportar juicios de valor sustanciosos.
Y no es por discrepar de sus enunciados, que también, sino por quedarse en la superficialidad de los motivos. Creo que tanto el enfoque sobre los móviles que tuvieron los perseguidores para actuar así como el análisis laudatorio de los perseguidos, es erróneo.
Hace ya tiempo leí con interés y a la vez con profunda desazón “La Persecución Religiosa en España 1936-1939”, de Antonio Montero, publicado en 1961 por la BAC. No conozco otro más completo y mejor documentado. Entre las consideraciones que me embargaban, y todavía siento, la de la barbarie popular azuzada y propiciada por los dirigentes políticos. Dejando aparte elementos apologéticos y aspectos panegiristas, así como relatos anecdóticos, el elenco de víctimas es estremecedor.
La religión pasada.

En la consideración de este anecdotario uno se pregunta si eran mejores aquellos tiempos que los presentes. O bien, dado que el cambio se ha producido, si dicho cambio social respecto a las prácticas sociales religiosas ha sido "para mejor" o no. Opiniones puede haber para todos los gustos, pero dado que la sociedad ha dado de lado todo eso, es de suponer que por algo habrá sido: toda aquella tramoya era algo artificial, impuesto por una casta y practicado a regañadientes.
Continuamos con el anecdotario de vivencias no tan lejanas en el tiempo pero sí enormemente alejadas del sentir actual.
h) Como reliquia del pasado que remonta hasta el “bendito” San Pablo, era “hermoso” ver cómo las mujeres cubrían su cabeza con un velo para acceder a la iglesia: el muestrario era de lo más variopinto, dado que hasta las niñas pequeñas "se cubrían". El porqué es un misterio. Es la misma historia de los monos que sin saber la razón atacaban al que osaba intentar coger el plátano. Los hombres debían quitarse la boina al entrar en la iglesia, pero las mujeres debían cubrírsela con un velo (no con un sombrero o una toquilla, con un velo). Mujeres veladas o en vela o quizá a dos velas.
La religión pasada.

A la par que en Europa se ha ido consolidando una situación de paz y estabilidad social, de tolerancia, bienestar, educación y progreso la religión y las prácticas religiosas han ido retrocediendo. No son hechos desligados el uno del otro ni es por coincidencia que tal haya sucedido.
Puestos a "pensar bien" del hecho religioso, quizá en el pasado la religión cumpliera una función de aglutinamiento social, consuelo y asistencia individual, refugio y asistencia del desvalido... que ahora ha dejado de tener. Incluso en su relación con el entramado social la misma Iglesia ha dirigido sus afanes y actividades hacia otros menesteres. Piénsese, por ejemplo, en el buen hacer de las congregaciones femeninas en residencias de ancianos o asistencia benéfica.
Si bien se mantienen ciertas actividades profesionales del pasado --educación y hospitales sobre todo-- éstas van siendo absorbidas por los estados. Tampoco hoy parece necesario el báculo de la religión para desarrollar la autoestima, para lograr la armonía y el equilibrio psicológicos o como sustento moral.Si todavía ejerce su "poderío" es por otras consideraciones que tienen mucho que ver con el estado anímico, psicológico, de los individuos. Desde luego no con la sociedad.

Sociología mundial de la creencia.Cifras en millones (para nuestro propósito da igual el año, con la salvedad de que lo único que ha crecido en los últimos, mermando tales cifras, es la defección respecto a la credulidad). Datos, millón arriba, millón abajo, para que cada uno interprete y saque sus propias conclusiones.
• cristianos,1650 M (+- 1/4 población mundial): católicos c.1000; resto, protestantes y ortodoxos;
• musulmanes: 1.100 M (otros hacen subir la cifra hasta 1/5 de la humanidad);
• hindúes 800 M (1/7);
• budistas 350 M (1/16);
• confucianismo, 270 M
• shintoismo 98 M;
• sijs, 25 M;
• taoismo, 30 M;
• judíos, 15 M (1/42 de la población mundial. Pocos pero muy activos)

¿Qué ofrecen las grandes religiones al espíritu humano? Si tratamos de entresacar un elemento común a todas ellas, lo que ofrecen todas es consuelo y esperanza. Es lo que une a todas.
Dios es lo de menos. Ni siquiera lo necesitan. Podrían ser igualmente religiones prescindiendo de él. Todas ellas son tremendamente humanas.
En esencia vienen a decir que el hombre --"quod ad se pertinet, en lo que a él respecta"-- aspira a la felicidad, a la que llega (a)por su propio perfeccionamiento, (b)por su integración en la sociedad.
Todas las religiones tienen esta doble versión (ascesis y ágape/filia). Si consideramos el primer aspecto, vemos en síntesis lo que cada religión pretende:
Hinduismo: verse libres del mal en sus múltiples manifestaciones
para encontrarse a sí mismos, que es una forma de llegar a la inmortalidad.

En el fondo, son lo mismo. El Islam en nada se diferencia del cristianismo si no es en el aspecto temporal y en lo accesorio, los ritos o la ausencia de ellos.
Iguales como religión que “religa” a Dios e idénticas en lo fundamental: ambas religiones creen en un Dios único; ambas son religiones “de libro”; las dos tienen un profeta hijo y enviado de Dios; tienen un padre común en Abraham; disponen de un ritual como vía necesaria de acercamiento a lo divino; finalmente, ambas creen en una vida de futura felicidad.
Y decimos que pueden diferir “en lo temporal” porque el Islam actual está anclado en el siglo XV cristiano, reviviendo e implantando en sus territorios prácticas ya conocidas que sangran en el libro de la historia cristiana.
Añádase el agravante de que han hecho retroceder a las sociedades donde se incardinan a las cavernas seculares de la credulidad más inhóspita y asalvajada, sociedades que, exceptuando grupúsculos, comenzaban a ser ejemplo de convivencia y laboriosidad todavía a mediados del pasado siglo.
CREENCIA Y PODER POLÍTICO.

Poder político, sociedad libre, educación, mayor bienestar material consecuente... fuerzas que, unidas, están dando al traste con la tosquedad racional de la creencia. Recalcamos el aspecto racional, pero también con su otro sustento, el emotivo o sentimental.
El poder político, por su cuenta, ha podido decretar expulsiones, como en otros tiempos la de los jesuitas; lanzar decretos rigurosos de expropiación, como la desamortización española; e incluso decretar prohibiciones y fomentar persecuciones, como en los países comunistas de infausta memoria: si la base social se mantiene, la práctica religiosa seguirá viva de forma larvada y retoñará con más fuerza para controlar de otro modo la sociedad.
Una medida indirecta de los Estados modernos ha hecho más por la racionalidad, que cualquier medida directa en contra: la enseñanza obligatoria y el acceso del pueblo, sobre todo de las capas bajas, a la cultura con la escolarización obligatoria y generalizada.

La noticia es ésta: "Francisco Paco Vázquez esperará por última vez al Papa en la puerta de la Embajada de España ante la Santa Sede, en la próxima festividad de la Inmaculada".
Don Francisco Vázquez, flamante y casi ex embajador de un Estado, España, ante... ...¿qué? ¿ante quién? ¿ante el Vaticano? ¿ante la Santa Sede? El usufructo de la indefinición lo tienen ellos y lo sufren embajadores novatos recién salidos de una bruma (¿o de una broma diplomática?)para caer en otra.
¿Qué celebra hoy el pueblo? A decir verdad, el pueblo, el pueblo, lo que se dice el pueblo... nada. Simplemente es un día de fiesta. ¿Qué fiesta? La Inmaculada. Así, a secas. Pero continuando socráticamente el discurso, preguntamos: ¿Y qué es para ti eso de “concepción inmaculada”? (nótese que ponemos adjetivo tras sustantivo, para que quede más claro que hay un concepto a dilucidar).
Aquí terminó la mayéutica que habíamos comenzado. No hay respuesta. O la hay por la parte del fiel “enterado”: todos los hombres nacen en pecado, un pecado automático inyectado en el alma del recién fecundado óvulo, pecado heredado de nuestros primeros padres (aquí la teoría de la evolución quiebra); María, por ser destinada o pre-destinada a “madre de Dios”, “lógicamente” no pudo tener el pecado original.
Se me ocurre pensar cómo cuadra eso de pre-destinada con la libertad de María para aceptar o no ser lo que fue; o cuándo y cómo tuvo efectos retroactivos la decisión voluntaria de María para quedar libre de pecado original; o cómo Dios, al saber lo que va a suceder, actúa previamente en consecuencia obviando decisiones voluntarias...
Hay tal cantidad de incongruencias, de credulidades impuestas y de conclusiones pseudológicas al más puro estilo demagógico –sofismas dirían los presocráticos-- en todo el tinglado doctrinal montado en torno a este dogma, que produce escalofrío mental siquiera entrar a considerar los conceptos inherentes a tal festividad. Y sin embargo los fieles cuya actividad mental se limita a creer lo que les dicen, gozan con tal festividad mariana, la saborean y la cantan.
por MANUEL BARREDA.
10. DOGMATISMO Y CIENCIA

Occidente tiene su propio modelo de búsqueda de verdad a dos niveles: filosófico y científico. La ciencia no es ningún conjunto de conocimientos acabados, más bien todo lo contrario: es nuestro método (no sólo occidental, sino de alcance pretendidamente universal) de aproximación transitoria a diversas verdades que responden a preguntas verificables, esto es, bien seleccionadas como comprobables y susceptibles de refutación.
Finalizaremos esta serie abordando tres preguntas:
¿A qué llamamos ciencia?,
¿qué entendemos por “dogmatismo”?,
¿hubo alguna vez un dogmatismo científico?
por MANUEL BARREDA.

9. SOBRE LA SABIDURÍA: ¿UN MÁS ALLÁ DE LA RELIGIÓN Y LA DEVOCIÓN? RELIGIOSIDAD
El sentimiento religioso es uno de los más hondos que el hombre puede experimentar. Lo acompañan otros, por supuesto: el amor, la experiencia mística y ciertos hallazgos vivenciales (o “estados nacientes”, especialmente disfrutadores y expansivos) propios de poetas, buscadores y meditadores experimentados que logran liberarse de constricciones.
La religión puede, al menos, vivirse de modo que otorgue un gratificante consuelo final al desposeído; o, como apreciara Marx, sea "el corazón de un mundo sin corazón". Quien experimenta más a fondo la impregnación mística (1), se halla consigo, libre de todo lo demás. Se relaciona y goza sus percepciones sin ataduras. Deja que el mundo fluya con sus diversos objetos. Si es esto religioso, entonces lo religioso no tiene por qué incluir necesariamente ningún dios ni más allá.
por MANUEL BARREDA.

8. SOBRE LA SABIDURÍA: ¿UN MÁS ALLÁ DE LA RELIGIÓN Y LA DEVOCIÓN? TONY DE MELLO.
Sabiduría. Algunos hombres, sean santos, místicos, poetas, pedagogos, filósofos o psicólogos, transmiten una rara paz natural.
Oír o aun leer sus palabras resulta especialmente refrescante: nos sumerge en un ambiente cuyo aroma -o lógica- no exige previa toma de partido. Uno los siente partícipes de un disfrute vital básico que nunca debimos perder a lo largo de nuestro desarrollo personal y sociocultural.
Es como si hubieran conectado con los secretos de la vida, en lugar de dormitar o vivir de un modo automatizado, siguiendo normas más o menos rígidas y ajenas, superficialmente asumidas, personalmente restrictivas.
La vocación de los sistemas morales es en esencia gregaria: se dirige a las personas a las que seduce con un resultado esperanzador que a menudo se queda en promesa frustrada.
por MANUEL BARREDA.

7. SOBRE LA SABIDURÍA: ¿UN MÁS ALLÁ DE LA RELIGIÓN Y LA DEVOCIÓN?
El 25 de septiembre de este año el blogger titulaba su postal del siguiente modo: “¿Ha sido la religión beneficiosa para la humanidad?” Entre las 19:35 y las 19:39, un comentarista que opinaba bajo el Nick “Conrado” intervino en los siguientes y esclarecedores términos:
“Existen datos de la religiosidad humana hace 100.000 años mientras que las religiones apenas tienen 4500 años. Cuando se vea liberada la espiritualidad humana de religiones, aunque las comparta todas, será más humana y plural que la experiencia tenida hasta el momento.
La religión es humana, es una organización con reglas.La espiritualidad es divina, sin reglas.
Por MANUEL BARREDA.

1.APORTES DE LA INDIA. DEL SENTIDO DE LA VIDA: LOS SIETE PRINCIPIOS
En la cosmogonía hindú el devenir evolutivo, tanto natural como personal y vital, ocurre en 7 niveles o escalones (cuatro inferiores y tres superiores).
Como seres inteligentes y al tiempo animales (provistos de entendimiento, pero sujetos al deseo, los instintos y las pasiones que los definen, y a nuestra apetencia de colmarlos)los hombres nos hallaríamos en el 4º nivel.
Seis tránsitos entre siete estados o escalones:
Por MANUEL BARREDA.

5. APORTES FILOSÓFICOS DE ORIENTE Y OCCIDENTE. UNA DIVAGACIÓN MORAL
Una vez visto el cómo pudo ser, aunque acaso no del todo el porqué comenzó a ser, no está de más asomarse a un para qué.
Pero la ciencia no entiende de “para qués” naturales (ese tipo de pregunta que presupone una respuesta orientada según pre-juicios) por lo que distaremos de asumir un tipo de planteamiento que cualquier persona pragmática entendería absurdo.
El hecho es que todos podríamos coincidir en un interrogante mejor expresado; estamos aquí, en un “a posteriori” fáctico y reflexionando sobre el qué hacer: somos, y de algún modo hemos de aprovechar nuestro tiempo vital, debiendo haber, dentro de los posibles, unos mejores que otros (desde una evaluación necesariamente subjetiva).
No es que así evitemos del todo los frecuentes planteamientos mezquinos que incluyen respuestas a la altura de un para qué, tan comprensiblemente humano como irracional (¿por qué se cayó el palo que mató al miembro de la tribu en ese preciso momento? Búsquese una causa explicativa acorde a lo que quisiéramos explicar en términos no fortuitos).

El fracaso relativo que la oposición a la credulidad ha cosechado a lo largo de los siglos bien merece un análisis, siquiera sea somero.
¿Por qué los ataques a las Iglesias, a las creencias organizadas, a las Organizaciones del Rezo, a las Fábricas de Consuelo Vacío... ha tenido tan poco éxito, por no decir que han cosechado el más estrepitoso fracaso? ¿Por qué tan excesivo esfuerzo para tan magros resultados?
Veamos algunos porqués:
• Consideremos, en primer lugar, que esta lucha titánica la han llevado a cabo, por más que muchos de ellos tuvieran un prestigio social reconocido, individuos aislados contra sociedades; las sociedades, por esencia, son eternas y esas "esencias" nada tienen que ver con los problemas diarios de los individuos, que sólo disponen de un tiempo corto, más corto todavía cuando desisten por agotamiento.
4. TEORÍAS CIENTÍFICAS SOBRE EL ORIGEN DEL COSMOS Y MITOS HINDÚES.
A la pregunta en qué sentido hemos de modificar nuestra concepción, de confirmarse la teoría que nos expone Paul Steinhardt en “Endless Universe” diremos con él:

1) El universo es cíclico.
2) Lo que hemos denominado “el Big Bang” no fue realmente “el principio”, sino uno de esos momentos drásticos que dan lugar a mucha materia, incluida la que nos conforma a nosotros y a las galaxias que vemos y son como la nuestra.
Por MANUEL BARREDA.
3. TEORÍAS CIENTÍFICAS SOBRE EL ORIGEN DEL COSMOS.

Hace décadas que Occidente considera desvelada la historia del drama del Universo. Este se originó hace unos 13.700 millones de años (tres veces la edad del sistema solar, Tierra incluida) mediante una Gran Explosión (el Big Bang*), pero su final no está tan claro, siendo posibles la eterna expansión (Big Rip) con una lenta muerte térmica asociada (Big Freeze), como creen a partir de ciertos datos una mayoría de los científicos de la NASA, o una Gran Implosión o Gran Colapso (Big Crunch), como hasta hace menos de dos décadas creían posible bastantes científicos y ahora muy pocos defienden, una vez parece haberse constatado que la expansión del Universo se acelera con el transcurso del tiempo.
(Son los datos y su interpretación los que rigen y hacen bascular las mayorías en este mundo de expertos, al tiempo inteligentes, bien informados, y más refractarios que otros a asumir prejuicios o dejarse influir por preferencias personales).
No hay mucha duda sobre nuestra procedencia de un Big Bang. Disponemos de al menos tres evidencias empíricas que apoyan dicha teoría cosmológica:
Por MANUEL BARREDA.

2.PARADOJAS ACERCA DE LA HIPÓTESIS "DIOS". HIMNO DE LA CREACIÓN.
Nos topamos con una doble dificultad:
1) nuestra limitación mental, inadaptada para la “ausencia de un comienzo” en mayor medida que para las magnitudes extremas;
2) la intuición de que nos hacemos “trampa” cuando generamos un concepto trucado para lograr la elusión -rápida y engañosamente simple- del problema planteado.
Tal sospecha (o convicción) no puede ser conjurada con nuevas trampas que traten al tiempo de salvar la excepción de un primer ente y nuestra incomprensión de todo el proceso pre-generador y eterno, pues la misma no afecta menos a dicho “ente” que al resto del Universo, por más que la repetición machacona de una idea –aun ininteligible o absurda- desde la infancia pueda llegar a hacérnosla familiar.
Escribe MANUEL BARREDA

1. ¿UN INICIO CON O SIN DIOS?
Entendemos desde Aristóteles (que expresa una convicción presocrática) y Averroes (que la desarrolla) que "de la nada no puede salir nada".
- Ni Dios –precisamos algunos sin dejar de considerarnos consecuentes.
-Dios ya estaba en cualquier principio concebible; siempre estuvo -nos responden quienes lo consideran una solución al enigma del origen--; un conjuro al vértigo de un Universo con pasado eterno.
¿Pero resuelve Dios la eternidad sin comienzo que se atribuye a su existencia? ¿Soluciona algo la trasferencia del vértigo a un Ser conjeturado?

¡Ser persona! Ése puede ser el reto de la nueva sociedad: ayudar a ser y hacer sentir que uno es persona. Difícil tarea.
Las definiciones de persona han sido suficientemente aclaradas por filosofías seculares. Quizá tan difícil como definir a la persona sea la tarea de llegar a percibir la propia “sensación de ser persona”, que es donde estriba la auténtica dignificación del ser humano. Libertad (si realmente existe), realización personal, cumplimiento de deberes y desarrollo de los derechos, educación, proyectos deseados, cumplidos o frustrados...
Pero...

El pasar de los años hace a la persona más equilibrada, más relativista y más abierta a los problemas que son comunes a todos. Las “novedades vitales negativas” que sobrevienen en las etapas jóvenes –dolencias coyunturuales, sentimientos degenerados, etc.-- las vive el joven como únicas, exclusivas de uno y personales.
Pero todos hemos comprobado cómo al acudir a un hospital o comentar una dolencia, para nosotros única e individual, surgen de debajo de las piedras personas con los mismos achaques y sus traumas subsiguientes. La charla distendida en una sala de urgencias es con frecuencia píldora analgésiva efectiva.
Este “compartir el sufrimiento” tiene sus aspectos benéficos: se relativiza la enfermedad y consuela compartir los mismos males. Porque, además, males previos es de suponer que habrán tenido remedio oportuno.
¿Sucede lo mismo entre los elegidos del Señor? Por supuesto.

Los mismos factores que han contribuido a sostener las Multinacionales del Rezo, son los que explican el declive de las mismas.
Una religión funda sus cimientos en el apoyo político y cuando éste cae, muere su religión (leyes, gobiernos, personas con poder); en la prestación de servicios paralelos; en el consuelo frente a calamidades y angustias varias; en la esperanza y la ilusión; en la compleción de los tiempos y etapas de la vida; en el miedo a lo desconocido...
El individuo, indefenso frente a la sociedad que lo aplasta, busca el amparo donde le aseguran consuelo. Y quizá lo encuentre en determinados momentos dento de la religión. De hecho así ha sido en momentos pretéritos de la historia. No sólo consuelo "espiritual", también refugio y sustento material.
Pero lo mismo que el individuo crece y, cuando le exigen conductas adultas, deja los afanes de la niñez a un lado, de igual modo va superando la tutela de las "sociedades del consuelo"
No deja de ser un dato que en España y más aún en países más septentrionales, la religión "oficial" va perdiendo adeptos. Si hace 60 años el 70% del 99% que se definía como católico acudía a los cultos dominicales, hoy apenas si llega al 15%, más o menos.
Por poner sobre la mesa otro dato, las bodas "por lo civil" superan casi en diez puntos a las bodas religiosas. Y eso considerando que el rito religioso tiene más pompa ("y circunstancia") que el civil y, de añadido, es mucho menos costoso.
¿No es éste un cataclismo en la historia de la religión "oficial"? ¿No es indicativo de algo? La religión "oficial" se mantiene más por inercia que por vitalidad propia. Y el desánimo puede hacer mella hasta en las más altas esferas de la organización, ésas que apenas si tiene contacto con las capas más bajas de los fieles.

Hay un pasaje en Marcos que llena de coraje a los elegidos de Dios, a los discípulos de Jesús, más todavía a aquellos que lo han dejado todo por seguirle [si por "seguirle" se puede entender "meterse en un convento"].
Habla de coger víboras y beber venenos sin que eso dañe al discípulo de Jesús que confía en Dios. Evidentemente que tal frase es metafórica y así hay que entenderla.
Una víbora, como animal que produce daño gratuito, viene a ser el enemigo oculto o desconocido que lo mismo se esconde en un terreno ajeno al que pisa el ungido de Dios que en el terreno propio. Víboras las hay también en el estamento eclesial, como es normal. Y hasta en el reducto interior de cada uno.

Sólo después de haber salido del túnel que ha sido el siglo XX podemos echar la vista atrás no para recordar, que algo así ni siquiera lo admite el olvido, sino para imaginar lo que ha sido, porque ni antes ni después alguien podría haber sospechado hasta dónde podía llegar el frenesí humano.
El mundo del siglo XXI debe vivir con la conciencia de pasar la página a tanto horror para construir un mundo nuevo:

Todas las grandes catástrofes en nombre de una idea –Dios, patria, raza, economía, clase, pueblo-- han conducido a la misma negación de la idea. Ninguna que haya tomado como pretexto al pueblo ha producido otra cosa de pobreza, atraso y esquilmación de recursos.
Todas pretendían la regeneración del pueblo, todas ofrecían esperanza al pueblo... pero siempre fue siniestra la esperanza de regeneración.
Europa ha sufrido por todas y de todas se está lavando la mugre. De todas está harta. La más persistente, la que ha usado el nombre de Dios... pero no en vano (ahí está el producto de tal esquilmación de recursos en vaticanos, templos a miles, palacios episcopales, noches de San Bartolomé, tribunales de lo más variopinto...)
Lo terrible es que hay otros que imitan lo que de más siniestro ha producido Europa. Tras las paredes que nos separan, el vecino sigue haciendo ostentación sanguinaria de su fe.

Creyente y persona muy conocida y estimada. Escritora de éxito.
Reproduce con fidelidad absoluta la simbiosis entre Psicología y Credulidad, haciendo un “unum” y un “totum revolutum” de las vivencias lacerantes y angustiosas de su propia vida y del proceso seguido por su propia credulidad.
Es tan fuerte el légamo crédulo que es imposible desprenderlo, ni siquiera ante la evidencia de la irracionalidad de un consuelo que sólo consuela, pero no sana.
Su “enfado con Dios” derivado del exceso de sufrimiento[cáncer la madre, cáncer la hija] :

Dice Feuerbach que la inclinación hacia lo divino tiene su fundamento en el psiquismo humano. Para él la religión es una representación proyectiva de la naturaleza humana. Por obra y gracia de la misma, el hombre enajena su pesonalidad, la aliena, y la proyecta en vivencias alienantes.
Ésta es la base argumental de su crítica a la religión. Para quien ha puesto tales vivencias en el lugar que las corresponde, no tiene mayor virtualidad tal afirmación
Sin embargo, la tiene desde el momento que en el ámbito clerical se le da carta de naturaleza y fundamenta toda una vida "futura" --la acción pastoral por parte de los consagrados-- en tal supuesto. Es el ansia de Dios de que hablaba San Agustín, algo que está muy bien para escribir bellas palabras pero que casa muy mal con cualquier teoría actual del psiquismo.
Respondiendo a ese ansia, el hombre aliena su psiquismo en Dios. Un Dios que, lo quiera el hombre o no, se muestra ambivalente: el Dios amoroso también "aparece" como justiciero si el hombre olvida sus mandatos.

Alguna vez he escrito aquí que la creencia es como la cebolla, capas y capas que hacen llorar para llegar a un centro que no contiene nada. Ésta metáfora puede decir algo al que se enfrenta a los credos, pero nada a quien los sigue como panacea salvadora de su vida: la religión es el ascenso hacia la visión de Dios, imposible en este mundo, pero posible su preparación. Cuestión de puntos de vista que no vamos a discutir.
En lo que todos coinciden es que la religión busca, básicamente, que el hombre se una con Dios. Y en el proceso que lleva a tal unión encontramos distintos "niveles". Por aquello de que la disección proporciona claridad, "nos atrevemos a decir"...
En los niveles superiores encontramos al hombre en toda su plenitud racional o "vivencial": metafísica o mística; en los inferiores, la magia, tácticas burdas de controlar los poderes divinos o métodos para ver lo que quiere Dios.
Decíamos ayer que el prestigio de la profesión clerical proviene hoy más del individuo que de ella misma. Es hoy la persona la que engradece el estamento: con su valía, con sus aportaciones sociales, literarias, benéficas, con su desprendimiento... No es "el hecho de ser lo que es" lo que aporta el plus de credibilidad; es al revés.
Tal quiebra profesional, el desprestigio social que hoy soporta, ha sucedido en los últimos lustros. Antes todos vivían nimbados de gloria, celestial primero pero sobre todo social. Hoy... En la mayor parte de los casos, cuando el hijo o la hija decide comunicar la decisión de "hacerse cura o monja", la familia lo vive como una tragedia. Antes no era así.
El prestigio de tal función lo aportaba el hecho de ser el sacerdote el dispensador de los ritos, el administrador de los sacramentos y el intermediario que ponía, pone, a la persona en comunión y comunicación con Dios. Todo muy hermoso "de puertas afuera"... y antes.
Copio de "tal" sitio para delimitar conceptos y que no se nos tache de parciales en un asunto, que dicho sea de paso, ni siquiera "los de dentro" consideran que tenga la menor validez. O importancia. ¡Pues claro que el Papa, la Iglesia, es infalible en las cosas que a ella le afectan!
En la teología de la Iglesia Católica Romana la infalibilidad pontificia constituye un dogma, según el cual, el Papa está preservado de cometer un error cuando él promulga o declara, para la Iglesia, una enseñanza dogmática en temas de fe y moral bajo el rango de solemne definición pontificia o declaración ex cathedra; como toda verdad de fe, no se presta a discusión de ninguna índole dentro de la Iglesia Católica.
...definición dogmática establecida en el Concilio Vaticano I (1870). La infalibilidad pontificia no quiere decir que el Papa esté a salvo del pecado, ni que esté libre de cometer errores. Respecto a la guía doctrinal de la iglesia, la enseñanza del Papa es infalible cuando es promulgada como solemne definición pontificia, asegurado siempre por la asistencia personal del Espíritu Santo. Esto sucede cada vez que el Papa canoniza solemnemente un santo. Otro ejemplo notorio, citado a veces erróneamente como el único, es la promulgación del dogma de la Asunción de la Virgen María por Pío XII, el 1º de noviembre de 1950.
10. UNA APUESTA SEGURA. En el fondo, aunque los fieles creyentes afirmen una y otra vez que Dios no tiene nada que ver con la razón, que la religión es cuestión del corazón, que la vivencia debe escapar de los moldes de la inteligencia humana, no por ello desdeñan cuantos argumentos “racionales” han aportado filósofos hoy trasnochados.
Es el caso de Pascal, fiel cristiano y mejor científico. Hay quien percibe la fuerza argumental que tiene su famosa “apuesta” y la reeditan. Son más o menos los mismos que re-citan sin el menor rubor los argumentos de Tomás de Aquino o Anselmo de Canterbury, aunque los encierren en otros moldes.
¿Qué decía Pascal? Partiendo de que la postura ante Dios puede ser doble, doble puede ser la consecuencia:
7. LA CREACIÓN NECESARIA. Hay un asunto que en el siglo XIX descolocó a los crédulos, porque echaba por tierra muchos de los supuestos bíblicos sobre el origen del hombre, sobre la creación del mundo, sobre la Providencia divina, los primeros padres, el pecado original, etc. Fue la teoría de la evolución.
Pensar que todavía en EE.UU. el debate está abierto para seguir enseñando en las escuelas la teoría creacionista, resulta esclarecedor de la mentalidad crédula que les domina. No parece que en España suceda otro tanto.
La negación de la evolución parte del supuesto primero del argumentario general, del argumento bíblico de que hablábamos en el punto 1º. ¿Y qué dicen hoy día? Como no pueden negar lo evidente (los millones de años de la Tierra, los fósiles, los métodos de datación…), inciden en que “eso” no es óbice para sostener la veracidad bíblica y la inspiración divina de la misma. Ni contradice el mensaje esencial de la Biblia. O que Dios se servía del hombre de ese tiempo, que hoy habría revelado de otra manera… y simplezas por el estilo.
3. LA BIBLIA. Si el ámbito común es cristiano, la Biblia pasa a ser el argumento supremo por ser "palabra de Dios". Y por ser "de Dios" ni engaña ni puede engañar. A decir verdad se usa más como fuente de frases aprendidas tópicas que como argumento… Se sirven de frases de la Biblia, libro de cabecera o de ruta, para sostenerse y pretender fundamentar su posición.
Aunque la más importante sería “ponerse en el lugar del otro” o detenerse en “qué puede pensar ese otro del argumento que yo aporto”, en este caso la Biblia, no parecen caer en la cuenta de varias premisas que cualquier estudioso sabe porque así lo han dicho los entendidos (científicos):
a. Hoy hasta el más romo sabe que la Biblia no es otra cosa que un conjunto de libros (tal significa “biblia” en griego) arracimados entre otros por Esdras, fruto del cacumen humano, muchos de gran belleza literaria… pero nada más.
Sabe también que son fruto de un modo de pensar arcaico, histórico y localista, centón de mitos refundidos una y mil veces en odres culturales distintos, deseos colectivos o individuales, sabiduría de la que participaban todos los "intelectuales" del momento... Ese “otro-opuesto-a” nunca va a admitir que sean “revelación” de Dios. Fundar la argumentación en algo que no es base común, no sirve.
Muchas veces me vienen a la mente y las revuelvo y me martillean la sesera… las razones que esgrimen quienes por este solar pasean su ocio lector y deciden poner por escrito sus razones para creer. O, si es el caso, hacer callar a quien rechaza sus creencias. Y para polemizar. Y para contra argumentar.
Hozando en la panoplia de motivos que los comentaristas aventan, encuentro en este blog varias clases de contertulios. [Extrapolando datos, estoy por decir que reflejan de manera suficiente el pensamiento de los creyentes cuando se topan con quienes dicen “no creer”. Con los mal llamados y denostados “ateos”].
Por cierto, hay otros que no polemizan, desprecian. Son aquellos que desde su alto pedestal de “convictos de su fe” desprecian al opositor, los que por principio afirman no leer nada que vaya en contra de su fe y, por supuesto, lo que aquí se dice: tienen tan alta su autoestima de creyentes, creen tanto, que son conmiserativos con el “pobre ateo” cuya inteligencia se ve incapacitada para acceder a Dios. Hasta rezan por él. No discuten, simplemente le tienen lástima.
Este párrafo anterior sintetiza la postura de al menos dos convecinos de blog, femenina una y masculino el otro. Porque alguna vez lo han citado con el despectivo tono de quien se halla "por encima de las circunstancias". Son “fuertes en la fe”, de veras. Y como son leídos por muchos, todavía se crecen –y se creen—más.
Por MANUEL BARREDA.

Faltaba responder a la tercera pregunta:
3) ¿QUÉ DEBE HACER UN CRISTIANO CONSECUENTE HASTA EL LÍMITE? Se supone que ser altamente moral. Tratará de amar a todo el mundo, aunque esto no es factible sino a través de un tipo de comprensión que se abre y te reencuentra como parte de un todo vivo, humano, cósmico.
Hay quien dice haberlo logrado y desde luego –contra la obsesión del falso convencido del nº 2- ha pasado olímpicamente de otra cosa que una vida alegre y compartida. No ha devenido más intolerante, sino más compasivo. No más insultante, sino más amable. Más sabio.

Por MANUEL BARREDA.
En estos dos últimos capítulos voy a tratar de responder a tres preguntas (que con sus matizaciones dan en otras derivadas de ellas).
1) ¿Debe temerse no tener la fe “verdadera”? (esto es: ¿debemos temer no creer del modo adecuado; no creer en Dios o no encontrar al Dios verdadero?).
2) ¿Hay alguien con fe a toda prueba? ¿Es modélico semejante hombre (resulta conveniente semejante cosa)?
3) ¿Qué debe hacer un cristiano consecuente hasta el límite?
1)¿TEMOR A NO TENER FE? En realidad, quien le diga esto está apelando a su miedo. Mal recurso.
Escribe MANUEL BARREDA
Nos hallábamos tratando de distinguir calidades y de dar un paso en la superación de prejuicios, de modo que si de (la religión supersticiosa “medieval” propia de mi) abuela a (la de mi, más culto) padre se dio un progreso inteligible, de padre a hijo podría darse o no (ser o hacerse similarmente entendible) un proceso similar, o bien producirse otro de índole inversa.
¿Podríamos analizarlo?
En cuanto al tipo de juicios implicados, hemos de ser honestos y aceptar que no existe una ruta privilegiada, de modo que no pretendo que cualquier ser humano siga una lógica que lo lleve a una conclusión inequívoca y acorde con mis propias deducciones.
Escribe MANUEL BARREDA.

En realidad, no hay una fe más “inteligente” que su correspondiente ausencia de credo, aunque pueda haber una fe más inteligente que otra.
Así, la fe de mi abuela (que creía en “el mal de ojo”, o la mala suerte que –decía “la gente”- conllevaba romper un espejo, toparse con un gato negro, o pasar bajo una escalera) es inferior a la de mi padre (que tenía la virtud de creer a pies juntillas lo que se le dijera que debía creerse, demostrando que la fe “puede ser” voluntaria
Similar es el caso de cierto columnista de ABC que, admirador de Tertuliano, se confesó creyente en la reencarnación, situación que estimaba compatible con su catolicismo de “pro”, hasta que alguien lo avisó de que era una herejía y se desdijo en un solo día: “si un católico no puede creer en la reencarnación, entonces no creo”, llamando mi atención su capacidad de creer a voluntad lo que se le diga que debe ser creído).
Escribe MANUEL BARREDA.

La ciencia desapareció virtualmente del mundo occidental y cristiano entre los siglos V y XIV.
Precisemos que no hablamos de aseveraciones que lleven un apellido, sino de un método de indagación en pro de un conocimiento crecientemente objetivo que responde a preguntas cuya respuesta sea falsable, pudiendo verse mejorada, comprobada o refutada. Al menos hasta cierto punto, la ciencia que nos libera de mitos, dogmas y prejuicios, constituye un fenómeno relativamente reciente.
Quien se detenga a leer la obra de científicos relevantes de pocos siglos atrás, concluirá que eran en su gran mayoría creyentes. No debe extrañarnos. Por un lado, era obligado serlo; por otro, muchos asuntos requerían una respuesta satisfactoria.
Escribe MANUEL BARREDA
Se apela a la fe como un “don”. ¿Acaso es la fe sólo un don aleatoriamente repartido? No parece muy justo, pero es una de las más exitosas explicaciones teológicas.
Dios nos habría insertado cierta capacidad de creer, bien por lógica humana (que tendría ciertas variaciones según una extraña distribución histórica, territorial o nacional y etnocultural, transmitidas por vía familiar) que hoy se postula incluso ligada a algún que otro gen y a una serie de neurotransmisores… (Todo hay que decirlo, sea cual fuere el mecanismo garante de la fe, parece devenir cada vez más falible.)
El “don” de la fe resulta involuntario y variable, lo que nos lleva a imaginar que debe existir un componente de suerte en nacer en lugar apropiado en el que se propague la fe “verdadera”, si es que alguna tiene tal privilegio...
Escribe MANUEL BARREDA
Centrémonos en la fe como asunto personal y moderno, desconectado de guerras, miedos, poder impositor y perseguidor de no creyentes. Desliguémosla de la moral “en beneficio propio”. Imaginemos, estratégicamente, que el hombre sin fe es tan moral como el creyente.
Hay quien sostiene que –moral aparte- la fe es un “bien”. ¿En qué consiste ese bien? Nos diría que en la esperanza de una vida más allá, en un reencuentro con familiares fallecidos, en sobrevivir a la muerte biológica que nos es inevitable. Acaso el único apoyo cuando somos muy viejos o padecemos una enfermedad incurable.
Escribe MANUEL BARREDA.

Suele darse importancia a la fe, tal vez porque se considere algo que nos hermana o humaniza, y porque se la imagina conectada de algún modo a nuestra actitud moral. Esto es, a nuestra tendencia a comportarnos de un modo más responsable, amable o bondadoso: más atento a otros seres humanos (o incluso seres vivos en general).
Entiendo que esta relación podría darse especialmente en las religiones impersonales, que propugnan rutas de perfección de un modo positivo y no culpabilizador, pero una y otra vez los estudios desdicen que algo semejante ocurra en las monoteístas (y entre éstas, la más estudiada es la cristiana que carece de resultados favorables, y habría que explicar por qué resultan incluso desfavorables).
Éstas salen peor paradas, además, en un tema moral tan esencial como la evitación (elusión, prevención, arreglo a tiempo) de un enfrentamiento internacional, intercultural o/e interétnico. Son religiones de conquista, de expansión guerrera, prestas a una lucha rápida, de índole aleccionadora e incluso “preventiva”: internacionalmente agresivas, además de autoritarias (internamente agresivo-represivas).
I PARTE.- Un día al año.
Fieles Difuntos, 2 de noviembre, visita obligada al cementerio. Después, a dejar que el difunto descanse otro año más en su retirado y terrenal olvido. Éste es el hecho consuetudinario del que se hacen eco hasta los noticieros televisivos.
Al ver tanta procesión, una duda me asalta: ¿Alguno de ellos piensa que resucitarán algún día o que se reencarnarán? Y una cuasi certeza se me impone: ¿No será que se trata de una visita rutinaria, afectiva sí, sin caer en la cuenta de que existe una esperanza de supervivencia tras la muerte? Lo más probable es que se limiten a renovar recuerdos.
Nuestra sociedad adopta posturas encontradas: frente a muertes violentas o muertes de famosos, que la TV convierte en espectáculo, está la cotidiana ocultación de la muerte natural en hospitales, la relegación del duelo al ámbito escapista del tanatorio y la evasión mental ante el hecho mismo de la muerte...

Reflexionar sobre el sacerdote, sobre la monja, sobre el fraile… en la línea simbólica o teologal tal como se hace en seminarios o en sermones al uso, puede resultar atractivo e ilusionante. Sólo con pensar que el sacerdote es el elegido por el mismísimo Dios para santificar la existencia del hombre --más todavía, de la naturaleza entera e incluso de los instrumentos para matar, las armas-- bastaría para loar sus esfuerzos, compensar sinsabores, perdonar flaquezas o seguir sus huellas.
Pero las cosas no son así. Aunque su figura individual se mantuviera prístina y pura y entregada en cuerpo y alma a su labor --la inmensa mayoría de los curas son buenas y muy buenas personas--, la misma sociología nos está diciendo que el mundo de hoy ha cambiado en la percepción de uno de sus elementos: quienes han superado el medio siglo han sido testigos del derrumbe de los pedestales sociales en que se habían aupado los funcionarios de lo sacro. En otras palabras, el cura y el alcalde, el médico/veterinario y el maestro ya no son los personajes próceres de villas y pueblos. Y el que más ha descendido en aprecio popular, el cura.
Hoy, incluso, los obispos se las ven y se las desean para siquiera disponer de cura que atienda un número determinado de pueblos. ¿Elige al mejor, el más digno, el más fervoroso, el más adecuado? No puede, elige "lo que tiene".

Para redactar lo que sigue he repasado "in extenso" el Evangelio de Marcos y algunos pasajes de los otros evangelios. Para opinar y más para rebatir, lógicamente hay que estar informado.
Es un pensamiento que hace tiempo martillea mi cabeza. Ponen, erigen los cristianos como ejemplo de perfección a Jesucristo. Ejemplo a imitar, se entiende. Hablando con un mínimo de seriedad, ¿de dónde procede ese creer en la bondad imitable de su Maestro? Si hay testimonios de tal bondad, la imitación podría ser hasta natural y lógica. Yo mismo lo tomaría como modelo. Pero no es así.
El testimonio procede, dicen, de los Evangelios. Yo no leo en ellos nada que me lleve a hacer el bien SÓLO tomando como modelo a quien más bien aparece como iracundo e iluminado predicador. Sí, se podría tomar modelo de lo que predica, pero, primero, no es ésta la cuestión porque "el modelo es la persona", y, segundo, esa moralidad predicada también la aconsejo y trato de practicar yo, porque es “natural” que así sea.

Vuelvo de nuevo sobre el tema, porque es algo que una y otra vez se repite en la vida de los sermones, los comentarios y las puyas. La palabra usada como dardo, el verbo que aniquila y destruye. Y, de paso, por qué en este Blog sigo usando la palabra "crédulo" para referirme a los fieles... creyentes.
¡El misterio de las cosas! Tenemos las palabras para romper el misterio encerrado en la naturaleza. Pero las palabras tienen otro componente añadido, el de provocación, defensa o sugestión.
Un detalle: al que cree en Dios se le llama “creyente” y al que no, “in-crédulo”. Un leve cambio en los términos --al que cree, “crédulo” y al que no cree “no creyente”--, ya deja ver una la “leve” diferencia.

De nombre Ignacio Fernando Ramírez de Haro y Pérez de Guzmán, conde de Bornos. Hoy me he enterado de su fallecimiento. Tenía 92 años.
Quizá no les diga nada. Pero dicho de otra manera... Era el suegro de Esperanza Aguirre. Pero sobre todo era "él", toda una (callada) institución.
Si traigo aquí su recuerdo y su figura es porque he tenido la suerte, sí, la suerte, de haberlo conocido y haber tratado numerosas veces con él. Lo he conocido y tratado, de manera intermitente, durante casi 14 años. La última vez, el 7 de octubre.
No sé si me creerán que apenas si sabía de tanto título y tanto aparato como le rodeaba, porque nunca me he sentido atraído por "todo eso". Rehuyo a quien quiere aparecer así. Don Ignacio, dicen, era Grande de España, General de División, emparentado con la Casa de Alba... ¿Sería preciso enumerar sus títulos, distinciones, posesiones en la provincia de Guadalajara...? Eso es ajeno a la persona y lo que yo de destaco de él es ¡su personalidad!

Desisto de buscar la autoría del argumento, aunque lo presupongo de Pascal: "Nada pierdes creyendo en una vida futura y obrando en consecuencia. Y si esa vida futura existe, ganas mucho con ello".
Argumento ya antiguo para creer: ¿Y si fuese cierto que hay un más allá? ¿Y si fuese cierto que hay un lugar donde se purgan las malas acciones cometidas? ¿Y si fuese cierto que puedo perder una felicidad eterna, ésa que ni siquiera parcialmente aquí tengo?
Primera contestación:

Me está sucediendo en la vida civil –que no civilizada-- lo que me ha pasado con la fiebre santificadora de la Iglesia elevando a los altares a tantos individuos que deberían haber pasado el tamiz del tiempo para cribar virtudes.
Digo lo de los santos porque con sólo haber visto el proceso de santificación del marqués de Peralta...
Pero el asunto de hoy es bien distinto y se sale un tanto del marco referencial de este blog, Religión Digital.
Bien mirado, todo puede ser religión. En los últimos tiempos, hasta la mayor parte de los sacramentos han recobrado su carácter civil. Y viceversa, que se han elevado a la categoría de religión el culto al jefe, los actos de partido, el jefe indiscutible de la tropa adquiriendo caracteres de “dios”, etc. ¿No le llamaban así sus huestes al "missed" Felipe González?
El sacerdote. La vocación. La gracia de Dios. Sacerdos in aeternum. Muchos son los llamados y pocos los elegidos. Id y enseñad a todas las gentes. Quien vuelva la vista atrás... Dichosos más bien los que oyen la palabra de Dios... Cibum turbae duodenae...
¡Qué tiempos tan idílicos aquellos! Seminario mayor, Filosofía, Teología, tiempo de espera y de gozosa preparación para acceder al grupo de los electos. Sentimiento "presencial" de que la gracia de Dios se esparcía a raudales, se notaba su aliento entre los muros del seminario, como semilla que cae en tierra buena. Ni una sola nube en el horizonte de la entrega a Cristo y a los demás: observata lege plene.
--Mi horizonte será el mundo, un mundo como un inmenso sacramento, donde yo, ungido del Señor, seré quien distribuya la gracia; quien haga presente el misterio. A través de mí lo invisible será vida en los fieles. Mi palabra hará presente a Cristo entre los hombre.
--Aportaré armonía al mundo desquiciado que nos toca vivir. Mi trabajo será hacerme todo en todos para salvarlos a todos.
Escribe: Concepción Fuentes.
Domingo, día del Señor. Tópico ampliamente repetido en círculos practicantes. “Obligación de oír misa entera”, según continúan recordando algunos vicerrectores a los retardados de turno.
Al hilo de tal celebración dominical, se suscita una tertulia con relación al público asistente a las misas dominicales y por extensión también al asistente a las misas de diario.
La pregunta: ¿Por qué el porcentaje mayor de devotos y participantes en el acto central del catolicismo se da entre el elemento femenino?
[En la misa de 11 de ayer había 34 féminas y 11 varones, es decir, un 75% de mujeres. A diario el porcentaje puede subir más.]
La razón “trabajo profesional”para la ausencia de hombres no es tal, dado que la edad absoluta de tales asistentes supera ampliamente la edad de jubilación. Dato éste que podría dar pie a interpretaciones varias.
Recojo respuestas que son de lo más variado. Enumero y comento partiendo del hecho científicamente innegable de la diferencia psicológica entre hombre y mujer. Hay toda una sección de Psicología dedicada a lo que se llama “psicología diferencial”. No es el caso profundizar en ello, porque no viene a cuento.:
Siguiendo la argumentación del filósofo –Si un ángel viene a mí, ¿qué es lo que prueba que es un ángel?--, hay que denunciar, como fraude a la inteligencia, la curación milagrosa del creyente desahuciado por la ciencia médica.
Si en la busca desesperada de remedios, acude a la intercesión de un "semisanto" y, posteriormente, se cura, ellos deducen que se debe a dicha intercesión. Pero la sarta de preguntas acude a la mente de quien quiera ver de modo imparcial el asunto:

La ciencia no conduce al misterio ni tiene por qué quedarse boquiabierta porque algo sea ininteligible. Tampoco cuando el descubrimiento de hechos naturales tenga el signo de lo maravilloso.
Solamente los tontos se quedan perplejos y alaban al Creador cuando logran atisbar las leyes de Newton. Es una forma de hablar.
Decir que todo lo inexplicable tiene a Dios detrás, es de mentes simples, aunque sean científicos probados y reconocidos.
Decir que los hallazgos científicos sobre el universo encajan a la perfección en una idea de Dios creador, inteligencia superior, es no decir nada.
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La ciencia y la vida encaran un compendio de problemas con una sarta de teorías, de las cuales alguna acierta y aporta soluciones.
Soluciones, que, curiosamente, generan nuevos problemas. La civilización progresa, se recicla y se autoalimenta. Pero genera más y más complicaciones y conflictos.
Sería ésta una nueva formulación del principio de indeterminación o de incertidumbre aplicado a la vida: el mismo observador ejerce una acción determinante en el objeto observado, con lo cual derivaríamos en aquello que afirmaban algunos filósofos del pasado, que "no es posible conocer la realidad".
La religión en cambio no tiene problemas, podríamos decir que ni siquiera teorías.

Según el análisis catastrofista de las religiones, este mundo está perdido. Asistimos a la "debacle" del mismo sin esperanza posible si las cosas siguen así, fundamentalmente porque el hombre ha olvidado el camino trazado por Dios.
Quizá fuera más acertado decir "por los dioses". Así se expresan y arguyen, siguiendo en parte los "certeros análisis" que provienen de las altas jerarquías.
La mayor parte de esas ¿perversiones? en que está sumido el mundo, cualquier persona "razonante" reprueba, aunque no concuerden las causas. Es más, los Jerarcas no hacen sino poner otro altavoz al clamor mundial contra estas lacras. Lo vemos domingo sí y domingo también cómo hacen refrito del condumio social:
Aspectos irónicos del creer: sorprenden las legiones de que dispone la creencia enfrentadas con el raquíticio enemigo que tiene delante.
Sorprende esa legión de seres celestes dando gloria en torno al que está sentado en el trono descrita en un libro “apocalíptico” –Dios en sus tres modalidades de Padre, Espíritu y Cristo, ejército de ángeles distribuido en nueve batallones, vírgenes sin cuento aunque siempre la misma, mesnadas de santos, muchos de ellos buenos argumentadores o soldados en su etapa mortal— .
Y sorprende todavía más cómo ese reino deletéreo que puebla los cielos queda conformado en la tierra por esa otra legión de hombres –Papa, cardenales, obispos, clérigos subdivididos en categorías según escalafón; monaguillos, sacristanes, lectores hoy elctoras, cantores— dispuesta, predispuesta, a veces indispuesta, buscando respuesta condigna al malévolo ratoncillo que se cuela por los recovecos del creer.
Y sorprende la necesidad que el reino etéreo del cielo tiene de esta pandilla de afanados trabajadores del bien.
Una y otra vez esgrimen el derecho a la libre elección cuando de "respetar" creencias se trata. Y nadie les niega el derecho a elegir lo que les dé la gana. Expuestos quedan, desde luego, a otra libertad, la de aquellos que también son libres para decir lo que quieran y de lanzar argumentos al viento contra credulidades varias y variopintas.
En otro orden de cosas ponen en parangón verdades científicas "abstrusas", ésas que son difíciles de entender por una persona "normal", frente a verdades de fe "inofensivas" que son aceptables para todos.
¿Por qué --dicen los creyentes-- se creen verdades científicas inverosímiles u otras que jamás podrá la persona corriente llegar a comprender y sin embargo algo tan gratificante e inocuo, como es admitir la existencia de Dios, no?
¿Qué mal puede traer, dicen, creer en Dios, en Cristo, en la Virgen? Y, por otra parte, ¿no puedo tener libertad para creer lo que me dé la gana? ¿No son dignas de todo respeto mis creencias?
El pobre grita de hambre ante el opulento, ahíto de abundancia. El sacerdote le dice al famélico pobre que no se preocupe, porque hay un Dios que tiene destinado para él un mundo de abundancia, mientras el rico sufrirá el fuego eterno.
El pobre se lo cree --¡es tan pobre!-- y corre a decirle al rico, desde las bancadas del templo, que no quiere sus riquezas porque éstas son perecederas.
El rico se queda más sosegado porque así no teme ni los gritos desgarrados ni las patadas en la puerta ni, menos, que salten la valla. Y el rico y el sacerdote continúan tranquilos degustando el yantar.
La religión mantiene contenta a la gente, y por lo tanto, calmada. La religión evita que los pobres asesinen a los ricos, dijo el emperador, tarea de por sí digna para su mantenimiento estatal.

1.- LOS DIOSES DE LA ANTIGÜEDAD TRASPASADOS A NUESTRO TIEMPO.
Creer hoy en Serapis, en Osiris, en Apolo, en Venus, en Deméter... se vería como algo aberrante y produciría segura e inmediata hilaridad. Sin embargo creer en Cristo o en María no es aberrante sino bueno y necesario para la salud espiritua (y mental).
Para quienes nos sentimos con orgullo hijos de nuestro tiempo y consecuentemente pagados de nosotros mismos, aquellas creencias eran infantiles, mitológicas, pueriles, fruto de una forma de pensar primitiva, propia de los albores de la civilización... [Conste que también a los griegos más conspicuos también se lo parecían]

Cuando alguien dijo que “la distancia entre un hombre que ha dedicado toda su vida al pensamiento y otro que jamás se ha cuestionado nada, es mayor que la que hay entre éste y un chimpancé”, no andaba excesivamente descaminado.
En el diario acontecer, cada dos por tres lo confirmamos: gente que ha desistido de pensar, gente a la que molestan las opiniones, gente cuyas conversaciones se mueven entre el cardias (orificio de entrada al estómago) y la ingle, gente que no comprende lo que le dicen, gente que no responde a tus preguntas sino a las que cree que le has hecho, gente cuya lectura es el 3-0 semanal, gente que todo lo relaciona con lo que a ella le parece bien y no se bajará del burro, gente admiradora de la última retahila sarnosa de las "belenes" que en el TV han sido...
Excursus en la Psicología de la Conducta.
El análisis científico de la conducta pasa por el estudio de los reflejos como respuesta “primera” a los estímulos; de los reflejos condicionados que el “roce” diario crea; estudia también las curvas de aprendizaje; también el condicionamiento, así llamado, “operante”; presta atención al estudio de los refuerzos; estudia asimismo los diferentes controles ambientales, las emociones, la aversión, el castigo y, especialmente, los mecanismos de defensa; tiene en cuenta los rasgos --que no las causas-- de la personalidad, es decir, las características específicas de la conducta individual.
También estudia el control que ejercen sobre el individuo instancias como la educación, la que se da y la que se recibe; la fuerza de la cultura sobre el individuo; el poderoso influjo del grupo; el estado como emisor de leyes; la religión también; el control que la economía, es decir, el dinero, ejercen sobre el sujeto....

Los principios morales y jurídicos que hincan sus raíces en la suprema dignidad del hombre están por encima de los que provienen de las creencias, que se diluyen y entreveran con en prácticas rituales.
Los principios morales basados en creencias, a falta de sentido claro, sólo tienen el derivado de someter la voluntad del fiel. Valen en cuanto son ordenados, pues lo mismo podría ordenarse "eso" que lo contrario.
Cuando tales prácticas emigran, tienen la consecuencia funesta de introducir un elemento extraño en el cuerpo social, que a la larga quedará infectado.
Dirán que por qué insistimos tanto.
Insistimos e insistiremos en lo que es el fundamento de todo el "tinglado", Dios y la Salvación del Hombre. Insistimos porque, cuanto más revolvemos en estas ideas más profundiza y arraiga la convicción de asistir a un atentado contra el sentido común, con sus sinónimos pertinentes: irracional, absurdo, disparatado, incoherente...
Insistimos porque el concepto de Dios-católico es el fundamento, el tronco, la base y cimiento de donde surge todo aquello en lo que los fieles, olvidando o presuponiendo lo esencial, "se divierten" (divértere latino) y donde los funcionarios del rezo encuentran su razón de existir. Es el supuesto que nunca se discute, que se da por supuesto, siendo como es, discutible y erradicable.
Después de admirar artesonados, orfebrería, estatuas, cuadros, sillones... al acceder al "sancta sanctorum" vieron que allí ¡no había nada! Con razón tal lugar es inaccesible al vulgo. Sólo puede entrar el Gran Sacerdote.
Ante ello, un viaje papal más o menos, importa poco... aunque sea esto lo que les ocupa. Lo otro no ocupa, pero les debiera ¡preocupar!

El proceso de asentamiento de leyendas es tan persistente, machacón y contumaz que, con el pasar de los años y los sigolos aquello que se relataba, sin saber ni el origen ni el fundamento, termina por tener carta de naturaleza y de realidad. Es decir, pretenden tener carta de naturaleza de historicidad: "Sucedió en otros tiempos" (in illo tempore).
Tal es el caso de la fiesta de hoy. Afirman y predican que la Fiesta del Pilar tiene su fundamento en hechos históricos. Eso es rotundamente falso. Será fiesta, habrá ofrendas florales, se cantarán jotas, desfilará la tropa, se besará el pedestal, habrá cien mil misas... pero el sustento histórico/dogmático es de contenido legendario. Más claro: no sucedió nada de lo que dicen.
Un creyente típico o tópico se podrá sentir ofuscado y hasta ofendido por esta afirmación. Un creyente al que tales fuegos artificiales no le afectan, pone las cosas en su sitio: Esto no es esencial para mi fe.

La Iglesia católica, ya desde sus andares iniciales, tuvo que hacer un esfuerzo ímprobo para encontrarse a sí misma, para saber en qué tenía que creer, para definirse, para marcar los hitos del camino a seguir...
La "oficialidad" señaló con el dedo, denostó y persiguió a muerte muchas "herejías", supuestas "mentiras doctrinales", pero da la sensación de que ella misma, la Iglesia oficial, se impuso verdades a creer que, paradoja de la exégesis, pasarían como mentiras a la luz de su libro de ruta, la Biblia. De ponerlo en evidencia se han encargado la retahila de teólogos que a lo largo de los tiempos han sido. Hoy, cuando la debilidad doctrinal campa por sus respetos, más que nunca.

Dicen como autodefensa que la religión NO es una "ciencia". Algo tan elemental, también nosotros lo decimos: es "creencia".La religión no es ciencia, pero, dicen, hacer cienica de la religión sí es posible: la Teología.
Por afirmar lo primero –dicen— no se le pueden aplicar los criterios de validez de una ciencia. También de acuerdo, si no pasasen "a mayores", es decir, a elaborar monumentales tratados con la apariencia de científicos.
Karl Popper aportó doctrina clara y suficiente respecto a la validez de los métodos científicos. La ciencia se atiene a unos criterios de verdad a los que no quiere someterse la Teología, más que nada porque no puede.
Cuando los supuestos hipotéticos de que parte --Dios, Revelación, Historia de la Salvación-- no se sostienen, todo el entramado posterior --Iglesia, sacramentos, ritos-- carece de validez. Por no atenerse estrictamente a esos criterios de veracidad, dan el rodeo pertinente para predicar como verdad supuestos meramente soñados... que luego son creídos.
TIEMPO
El calendario repite todas las fases cosmogónicas: el Año Litúrgico cristiano repite toda la historia de la salvación.
La historia no existe o siempre termina en muerte, por lo que sólo es una continua repetición de actos primitivos.
La historia es el tiempo del mito: por la mitificación de los héroes que lucharon con dragones, serpientes, etc. y vencieron
A la memoria popular no le interesa la historia, se pierde en ella: para pervivir sus personajes han de convertirse en mitos. Hoy se manifiesta en la necesidad de aclamar al líder, al famoso, al "personaje", al papa...

[NOTAS tomadas de distintos libros de Mircea Eliade]
Casi todo está dicho ya en las diversas "historias de las religiones" y "tratados sobre las religiones", pero bueno será repetirlo una y otra vez para dejar al descubierto las interioridades de la creencia y hacer la vida y la práctica diaria más "razonable".
La somera relación de elementos comunes a todas las religiones, elementos culturales que, no lo perdamos de vista, tienen su origen en la mente humana, en la necesidad humana, psicológica, de ordenar el mundo y en la propia personalidad indigente vienen a decirnos que la religión católica es UNA MÁS, una religión más a la medida del hombre con sus elementos característicos.
Religión que queda unida a todas por este conglomerado cultural desarrollado por el hombre que hace ver donde no hay y busca solución a los problemas en los mismos deseos de que se solucionen.

Si hay un rito, práctica, uso, rutina, costumbre… alabado y denostado a partes iguales dentro de la credulidad católica es la del “santo rosario”.
No sé si habrá muchos entre los seminaristas, curas jóvenes o fieles “modernos” que sigan tal práctica. Los hay entre aquellos que se encaminan perezosamente hacia el ocaso de sus vidas, entre aquellos habituales del recinto sacro que acuden a la hora acostumbrada al rezo acostumbrado y, lógicamente, entre aquellos integrantes de grupos que ven en el más riguroso pasado la fuente de su seguridad crédula.
Las formas habituales de practicarlo causarían no sabría decir si estupor, letargo, hilaridad o rechazo en quienes lo contemplen desde fuera. En general es una combinación de mínimo esfuerzo vocalizador y máxima velocidad recitadora, con el resultado auditivo de un ronroneo difícilmente inteligible.
En la letanía final no existe hiato ni solución de continuidad entre lo que dice el que preside y la respuesta del pueblo pío: cada uno a lo suyo, encabalgándose invocaciones con respuestas.
La religión "mágica" desapareció cuando, en estadios neolíticas, el hombre comenzó a dominar la naturaleza y a elucubrar con las primeras explicaciones racionales del Universo.
El cristianismo "mítico" inicial, pudo extenderse hasta los primeros albores de la Edad Media. En tal periodo consumó los mitos precedentes, por no decir que los aniquiló, asimilándolos a la figura de Cristo, la Virgen y los Santos.
La religión "escolástica", por llamarla de alguna manera (podría denominarse también "trentina"), es la que ha perdurado hasta nuestros días, por más que otras corrientes más vitalistas hayan tratado de abrirse paso, la que pretende hacer compatibles creencia y filosofía, la que inunda de ritos la práctica religiosa, la que ha cosificado la vida, la que --preciso es decirlo-- enaltece la creencia con obras maestras de arte, literatura, música... Es una religión prácticamente cosificada y encorsetada en el rito.

Anatematizan los “apóstoles de la moralidad” a aquellos que –dicen—, dejando a Dios de lado, se fabrican ídolos a su medida, ídolos de poder, de dinero, de sexo, de glorias de este mundo.
El mensaje es tan antiguo como su libro de ruta, del Éxodo al Apocalipsis.
Dado que es tema tan recurrente en sus predicaciones, es necesario ponerles ante sus propias contradicciones, con la remota posibilidad de que cambien el discurso:

La ciencia lleva y produce vida; la creencia sustentada hasta sus más altos límites, conduce a la muerte o al martirio.
Dejarse matar por un principio filosófico sería una contradicción mental. Y seguro que nadie mataría al que, por no fiarse de que algo tan grande pueda volar, no quisiera viajar en avión de Madrid a Zanzíbar. Sólo la fe es capaz de llevar a la hoguera a quien afirme que la tierra gira en torno al sol.
En cambio, dejarse matar por algo que en el fondo no es más que una idea sin sustento, “creo en Jesús”, lo presentan como el testimonio más alto de ¡amor! ¿Alguien lo puede entender?
Aspectos de ciencia versus creencia, tan burdamente expuestos, deberían hacer pensar al crédulo en el sustento de sus “seguridades” personales.
El crédulo o creyente también dice de sí que es tolerante... ¿Tolerante? Sí, pero con condiciones.
Primero que le dejen a él creer lo que quiera, formar su mundo aparte, sin entremetimientos ni injerencias. Que no traten de cambiar “mi” status --dicen--.Ése tan manido “que no se metan en mis asuntos mientras yo no me meto en los suyos”... para añadir la exigencia de que queden preservados los privilegios seculares de la organización a la que pertenecen.
Esa supuesta tolerancia exigida para ellos, se torna conmiseración hacia aquéllos que, ah, no encuentran sentido a su existencia.
Que, dentro de su mundo cerrado y sin réplicas, es desprecio por “los pobres que no creen”. Es la injerencia de hay que convertir Europa de nuevo en tierra de misión (si Europa "se ha vuelto pagana", ¿no será porque ya es "mayorcita"? ¿no estará de vuelta de tanto credo malsano fuente de tantos conflictos, tanta muerte y tanta ruina?). Es denuncia de la inmoralidad que invade nuestras vidas (¿qué criterio rigen para tal afirmación?).

Las muestras de pasteleo teológico pueden ser numerosas, pero sirva como tal el pretexto que sustenta cualquier religión, la predicación de una moral superior.
La del cristianismo tuvo y tiene el éxito social conocido por asumir o incidir en los sentimientos más primarios, elevados, constructivos y sublimados de la persona: su “moral del amor”.
Pero donde parece haber una predicación sublime y sublimada, subyace una argucia, una engañifa que ya tantos escritores se han encargado de desvelar: tal "moral superior" tiene la doble "cualidad", primero, de haber sido predicada en un entorno de exclusión, destrucción y odio y, segundo, sin referencia alguna a lo que es el primigenio sentido del amor, el conyugal.

Ponerse de acuerdo en el mismo concepto de Dios debería ser el paso previo para su aceptación, rechazo o siquiera discusión. Y no sólo por un prurito conceptual, sino porque el indiscutible "creo en Dios" es el origen de las Multinacionales del Rezo, de las Industrias del Misal, del Alfanje Sagrado y de los Talleres de Reparación de los Espíritus.
El Dios que el judaísmo lega --que es, en esencia, el de otras grandes culturas del Medio Oriente y Egipto--, simplemente no es admisible hoy, por ser un centón mitológico y un Dios excesivamente contradictorio consigo mismo.

La entienden los pensadores crédulos como algo “contra”... como un proceso de vuelta... como un desgajamiento de las ramas del tronco común de la creencia que les dio vida...
¿Signos de tal proceso y estado?
Para los crédulos tal secularización no contiene nada positivo, porque remite al hombre a un estado “pre-salvífico”, como si la redención de Cristo o no hubiera tenido el efecto esperado o debiera realizarse de nuevo (ese "recristianizar Europa" de JP-2).
El análisis que hacen del proceso secularizador tiene el sesgo del pelo de la dehesa: sólo se ve según los criterios propios, unilaterales e irreductibles. Dicen:

Podríamos comenzar preguntando por el término, para dilucidar qué pueda ser eso de "liberación"... pero es asunto que ya produce verdadero cansancio. Se da por supuesto eso que tanto gustan de "hay que liberar al hombre de...".
Todas las religiones tratan de “desligar” al hombre de las miserias de este mundo, de las ligaduras de sí mismo, de las cadenas que coartan su ímpetu vital... para que, libre de esos lazos que lo atenazan y ahogan, pueda volar al reino del espíritu donde se encuentra la suprema felicidad. Morir para resucitar; desvincularse de todo para poder unirse al Supremo...
Impulso espiritual que, sin embargo, en todas se queda a medio camino, haciendo prisionera a la persona de todo aquello que se supone es “medio de liberación”: siempre hay una persona, una comunidad, una teoría, un sistema, una normativa, una serie de disposiciones, unos ritos...
El pesimismo invade los cuévanos de la credulidad. Un sopor conformista se expande como mancha de aceite por los ámbitos de la práctica dominical. Son ellos mismos quienes perciben que este mundo toca a su fin: la vejez de la religión cristiana es un hecho más que nada biológico.
Sacando conclusiones de lo que son meras anécdotas respecto al devenir interno, algunos fieles cumplidores pueden pensar que la Iglesia, en un estado tan “cristiano” como España, se derrumba.
No hacemos alusión al "enfrentamiento" con la sociedad civil. Hablamos desde dentro, escuchamos los lamentos de aquellos que observan el deterioro del estamento, como si el único mundo real existente fuera el conformado por los rectores de la credulidad y la tropilla que les sigue.
"¿A dónde vamos a llegar?", dicen. "Esto no puede seguir así", se quejan.

467. Roles de la Iglesia en la Historia: de infante a pretendiente; de novia primera a consorte forzosa; de protagonista a antagonista; hoy, vulgar cortesana que se vende al político “prometeo”.
* * ***
468. La verdad de las religiones depende de su fuerza política y social.
* * ***
469. Los mayores mentirosos se dan entre los políticos y los funcionarios del rezo: prometen una felicidad que no existe o que está fuera de sitio.

No es lo mismo una religión “de prestigio” (el prestigio que puede dar el número de prosélitos, la cantidad de edificios que tengan por el mundo, tec.) que un movimiento religioso o que una secta (escisión o rama desgajada de una religión), pero a los efectos y cualitativamente todas son iguales. Nacen del engaño, engordan con el engaño y mueren por engaño.
Grandes religiones fueron la egipcia, el mitraismo, la religión azteca, la grecorromana... ¿Dónde están ahora? No quedan más que restos materiales, referencias literarias, mitos asimilables a historietas que, lógicamente y por boca de las religiones oficiales, son falsas.

Capciosa pregunta sin posible respuesta. Capciosa porque la religión es un “producto” humano más y no algo que viene de las esferas celestiales impregnando a los hombres de divinidad.
Advirtamos que al hablar de “beneficio” no prejuzgamos su veracidad o su autenticidad, conceptos éstos independientes del provecho que hayan producido. Es una cuestión sin posible respuesta, porque la humanidad no ha conocido etapa ni civilización sin religiones, pero que ahí está: ¿ha traído la religión más bien o más mal a la humanidad?
Evidentemente sus prosélitos dirán que la religión ha traído al mundo más felicidad, más orden, más respeto, más sentido de la vida, más consuelo... que cualquier otro sistema posible.

Dicen los apologistas cristianos que ya sabios hubo en la antigüedad que, con sus escritos, “prefiguraron” a Cristo y anticiparon su venida.
Bien es verdad, asimismo, que por idénticas razones --la "regla de tres" de creer lo que se crea-- podríamos decir que la mayor parte de ellos lo negaron con su silencio profético.
Más segura y cierta es la otra verdad relacionada con los escritos antiguos, a saber, que debido a la intolerancia religiosa no podremos llegar a conocer lo que muchísimos de estos “sabios” dijeron, ni cuáles fueron sus convicciones íntimas ni casi enterarnos de lo que escribieron. El filtro de los fundamentalistas cristianos de los primeros siglos legales fue tupido y riguroso. Falta mucho por investigar con relación a la "destrucción del mundo antiguo a manos del cristianismo" (ver la SERIE DE ARTÍCULOS que aquí se publicaron)

Conservo un artículo de octubre de 2009 de un tal D. Jesús Domingo, de Gerona, que se permitía emitir opiniones "preocupantes" a partir de un “análisis de los datos sobre los universitarios”. Dichos datos no han perdido actualidad. Más todavía, quizá se hayan agudizado.
Podríamos comenzar diciendo que si se refería a “datos”, éstos no debieran preocupar: son lo que son. Buenos o malos, dependen del punto de vista. Son hechos, es decir, realidad. Los datos “son”, acéptense. Y quizá revísense criterios asaz obsoletos.
Me dejó perplejo que hablara de “visión ficticia y hedonista de la vida” de los universitarios y la constatación de la “escasa aceptación de valores políticos, sociales y religiosos”.
Respecto a la primera afirmación me bullen los argumentos, pero baste con la siempre repetida sentencia de “quod gratis afirmatur, gratis negatur”. Y con relación a la segunda, tal "escasa aceptación" para muchos como yo es un valor, podríamos decir "EL-VALOR-QUE-RECHAZA-LOS-VALORES-QUE-PROMUEVEN CIERTOS líderes socio-político-religiosos (¿cómo denominaríamos a este “valor”: asco, repugnancia, aversión, rebote, decepción, clarividencia, sentido crítico?). Por ejemplo, el rechazo de todo lo que representa la caterva de ¿líderes? que hoy nos gobierna.

La “escolástica” ha sido el summum al que ha podido llegar la así llamada "filosofía cristiana", hoy rota en mil pedazos. Dentro de tal filosofía, el silogismo parece ser la quintaesencia de su "Lógica".
Ensayemos con silogismos pasando por ese tamiz aspectos de lo que dicen ser Dios y deduciendo según tal modelo filosófico (1):
a) Lo que no se comprende es evidente que no puede ser conocido ni por lo tanto admitido por la inteligencia; Dios por esencia es incomprensible, por lo tanto no se puede creer en Dios.
b) Otro silogismo que raya en sofisma: Entre fe, es decir, creencia, y conocimiento debe existir un nexo necesario, para poder asimilar lo que se cree; pero Dios es inasequible para el conocimiento; luego no podemos tener fe.
c) Y otro: No se puede entender lo que no se puede definir; la fe en un Dios indefinible no se puede expresar ni definir, ya que, dicen, la fe es una vivencia; luego no se puede tener ningún concepto ni tener fe racional en Dios.

Hace años circuló por los ámbitos lectores un libro que cobró justa fama, El Código da Vinci, escrito con artificio, que se lee con interés y que engancha, aunque no deje de ser una novela típica de una tópica cultura americana.
Una cosa me sorprendió en él, la cita de la famosa secuencia numérica de Fibonacci, uno de cuyos topes es el número 21.
Hace ya tiempo y sin conocer tal secuencia, al describir lo que es o ha sido el Cristianismo, curiosamente también me paré en el mismo número, el 21. Decía yo entonces: la verdadera Trinidad de Dios es séptuple y planea sobre los corazones de sus fieles por tríadas:
1) Cristos, vírgenes y santos;
2) almas, demonios y ángeles;
3) curas, obispos y papa;
4) sacramentos, misas y novenas;
5) iglesias, palacios, casas;
6) estipendios, donaciones y herencias;
7) medallas, escapularios, reliquias.
Se me pasó. Fue el domingo 12 de septiembre cuando debería haber aparecido esta reflexión.Pero como "nunca es tarde", vaya lo otro por lo uno, el recuerdo con la oportunidad.

Hay un relato en los Evangelios, el de La oveja descarriada, que, aparte de la perplejidad que ha provocado, ha llevado a los rectores de la fe a contradicciones sin cuento y de hecho ha sumido al cristianismo en una esquizofrenia vivencial que, contradiciendo el espíritu de la parábola, la Iglesia ha resuelto a favor del “tinglado”.
Son noventa y nueve las ovejas buenas y “cumplidoras”; una, en cambio, ha seguido caminos torcidos, léase, pervertidos. Las noventa y nueve dan de comer al “estamento”. Por ello se merecen un trato exquisito. ¿Y esa “una”?
¡Horror! En palabras del propio fundador es la que más “alegría” procura en el cielo si es recuperada.
Nunca valoraremos suficientemente lo que supuso el Humanismo renacentista para el mundo occidental.
Aunque de forma no tan explosiva y cautelosa, pero sí más extendida y usufructuada, el mundo nuevo que surge ahora, adquiere rasgos similares, con fuertes concomitancias con aquella época.
Fue una estocada al mundo de las creencias, de cuya herida ha estado curándose la "organización cristiana" durante cinco siglos, herida no curada y que, de forma larvada y lenta, le está conduciendo a la gangrena vital, es decir, a su disolución.
La imparable secuela de "inventos" del Renacimiento, de tanta trascendencia como los generados en el Siglo XX, fue paralela a un modo nuevo de pensar y de organizar la sociedad.

Después de una larga práctica y convivencia con todo tipo de crédulos católicos, vemos que la tipología de la credulidad es tan variopinta que resulta difícil siquiera una aproximación sociológica a la misma.
Añádase la dificultad de que el crédulo es disfuncional: cuando entra en el templo, cuando se ve en dificultades o cuando hay que parecerlo, no es ya la persona normal que todos ven en él. Se recubre con el pellejo de santidad predicada que ha ido creciendo con él desde la niñez y se torna otro.
Encontramos creyentes de todo tipo, con aspectos diferenciales sutiles. Veamos algunos:

Ya que NO los Jerarcas de la Credulidad, que han dimitido de la apologética hasta por interés vital, al menos SI algún crédulo, aplicando un mínimo de lógica filosófica, podría caer en la cuenta de que toda la defensa de “su” fe, de “su” religión y de “su” credo se hace desde "sus" propios presupuestos.
En principio a nadie podría parecerle mal: cada uno puede creer lo que le venga en gana. El dogma, si se cree por fe, no necesita demostración ni apelativos racionales, se cree.
Pero hay todo un acendrado empeño en demostrar la racionalidad de la fe, que los dogmas no repugnan a la razón, que la fe ayuda a la razón, que fe y razón se complementan...
Para “hacer sitio” a la fe, debe salir del entendimiento la capacidad de razonar. Ya hemos insistido bastante en esto y hasta yo mismo siento el hartazgo.

Hay, empero, otra hendidura en lo humano por donde se cuela el agua putrefacta de la creencia: la salvación. Salvarse de la angustia, salvarse de la infelicidad, salvarse del pecado, salvarse, en definitiva, de este mundo ¡que es malo!
Crean un ambiente "vacío": para conseguir la salvación que prometen, evidentemente debe haber un vacío total de felicidad previo. Y si no lo hay, se convence al semiconvicto de que necesita salvarse. A veces de lo que sea, "in génere".

Dar la vida por algo o por alguien parece ser el signo más grande de amor, pero también --es a lo que vamos en este artículo-- la mayor prueba sustentadora de la verdad de lo que se cree.
Bien es cierto que de "dar la vida" hablan quienes les sobreviven, pues, por más que digan lo contrario, mucho me temo que quien más quien menos, si puede huir de la quema, huye --y hace bien--. Lo constatamos en el éxodo de los conventos escondiéndose en tal o cual casa de toda la clerecía y frailes y monjas durante la Guerra Civil. ¡Y era lo normal!
Consideraciones al caso o verdades esgrimidas por unos y otros:

Cuando se habla de fe, de creer, hasta el más romo de los creyentes percibe que no se trata sólo de un sentimiento, sino también de dar asentimiento a algo, unas verdades, que constituyen el elemento racional de la creencia. Muchos parecen olvidarlo, sobre todo cuando de articular razonamientos sobre creencias se refiere.
Dado que la creencia ha de someter la razón, es aquí donde el conflicto adquiere tintes hasta burlescos, porque algunos admiten lo que admiten, creen lo que les viene en gana, prescinden de lo que no les conviene y lo pasan todo por el pasapuré de su propia razón:

“La experiencia enseña que el mundo sin Dios se convierte en un infierno, donde prevalece el egoísmo, las divisiones en las familias, el odio entre las personas y los pueblos, la falta de amor, alegría y esperanza” (Benedicto XVI. Mensaje con motivo de la XXVI Jornada Mundial de la Juventud que se celebrará en Madrid en agosto de 2011).
“El mundo sin Dios es un infierno”. Fuerte, ¿no? Tanta rotundidad remueve el pensamiento e incluso el sentimiento.
Habría que decir a SuSa (por aquello de abreviar Su Santidad), que modere sus palabras o que las contraste con la realidad. Porque lo que ahí dice es, simple y llanamente, MENTIRA.
En el fragmento que yo manejo, SuSa enumera la retahíla de males que acarrea vivir sin Dios: egoísmo, división, odio, desamor, tristeza y desesperanza.
Y se atreve a decir que es la EXPERIENCIA quien enseña tal verdad histórica. ¿Experiencia? ¿Qué experiencia? ¿De quién? En buena lógica habría que deducir que es “su” experiencia. Extrapolar experiencias de este tipo resulta cuando menos peligroso, porque la contestación se da por servida.
por MANUEL BARREDA.

7. Nuestra naturaleza humana…
1. Lin Yutang: “La importancia de vivir”
“Imaginemos a un compositor famoso, orgulloso, a quien nadie puede inducir a que componga una ópera para cierta mujer hermosa, pero que, al saber que un odiado compositor rival piensa hacerlo, emprende inmediatamente la tarea; o a un hombre de ciencia que durante su vida se ha negado siempre a publicar sus escritos en periódicos pero que, al ver que un hombre de ciencia rival se equivoca en una sola letra, se olvida de la regla y corre a aparecer en letras de imprenta. Ahí hemos puesto el dedo en la cualidad singularmente humana de la mente.”
“La mente humana es encantadora en su irrazonabilidad, sus prejuicios inveterados, y su vacilación e impredictibilidad. Si no hemos aprendido esta verdad, nada hemos aprendido de un siglo de estudio de la psicología humana.” (Lin Yutang: “La importancia de vivir”, Ed. Apóstrofe, S.L., 1994. ©Ed. Sudamericana, S.A. Buenos Aires, 1960, 6ª ed. 2005)
por MANUEL BARREDA.

6. Ética y moral. Aportes de Marvin Harris, Gregory S. Paul, C. M. Cipolla e I. Asimov
1. Ética y moral.
A diferencia de la moral, la ética no prescribe ninguna norma o conducta; no se ocupa directamente de qué debemos hacer. Su cometido consiste en aclarar qué es lo moral, cómo se fundamenta racionalmente una moral y cómo se ha de aplicar ésta a los distintos ámbitos de la vida social.
En la vida cotidiana constituye una reflexión sobre el hecho moral; busca las razones que justifican la utilización de un sistema moral u otro.
Casi todos los filósofos se han ocupado de la moral, bien como guía de felicidad personal, bien como fuente de concordia social. Incluso como modelo de conducta pro-salvación.
por MANUEL BARREDA

5. Experimentos: Jane Elliot y Milgram.
5.1. Una clase dividida (Jane Elliot).
La experiencia es antigua y ha sido retomada en un documental por Williams Peters (1985), 55 minutos. Revelador sobre la intolerancia.
Resumen. Tras la muerte de Martin Luther King, la profesora Jane Elliott idea un ejercicio para poner en práctica con sus alumnos de primaria, para concienciarlos sobre el efecto que tiene la discriminación, tanto en los que la padecen, como en los que la ponen en práctica. Para ello divide a los chavales de la clase en dos grupos, dependiendo de si tienen los ojos azules o los ojos marrones.
por MANUEL BARREDA

4. ¿Es tan rara la conducta psicópata (o sociópata)? A propósito de la empatía.
4.1. ¿Es tan rara la conducta psicópata (o sociópata)? Se dice que autistas y psicópatas (que responden sin dudar en plan “racional” o amoral los dilemas de Hauser) carecen de empatía.
Pero hay una clara diferencia:
El autista se pierde en el mundo de lo textual: sólo capta partes y objetos, no contextos verbales ni emociones.
Por el contrario, el psicópata posee un tipo superficial de empatía, que utiliza para aprovecharse de las debilidades de otros a los que somete o manipula.
Y lo hace sin empatía profunda: conoce el dolor que causa pero es insensible a cualquier dolor causado a otras personas. Carece de cualquier sentimiento “moral”.
POR MANUEL BARREDA

3. Las raíces de la moralidad. Los “dilemas morales” de Hauser (II).
v. Dilema de Óscar. Óscar se encuentra en una situación idéntica a la de Ned, aunque esta vez en el desvío lateral existe un gran peso de hierro, suficientemente grande para parar el carrito. Óscar puede cambiar las agujas y desviar el carrito, sólo que resulta que hay un excursionista caminando frente al peso de hierro, que morirá si Óscar mueve las agujas, tan seguro como el hombre gordo de Ned.
El veredicto común es que, no obstante, a Óscar le está permitido mover las agujas pero a Ned no.
La diferencia es que el excursionista de Óscar no está “siendo utilizado para” parar el carrito: se trata de un daño colateral, como en el dilema de Denise.
por MANUEL BARREDA.

2. Las raíces de la moralidad. Los “dilemas morales” de Hauser.
En su ensayo “Mentes morales: cómo la naturaleza diseñó nuestro sentido universal de lo correcto y lo incorrecto”, Marc Hauser, psicólogo y biólogo de Harvard, realiza una serie de tests en los que se plantea un dilema moral hipotético (en realidad una serie de ellos) y se valora: a) la dificultad que experimentamos para responderlo; b) el grado de concordancia o discordancia en nuestras respuestas.
En suma, Hauser, a diferencia de los filósofos morales, realiza encuestas estadísticas y experimentos psicológicos para investigar el sentido moral de personas reales.

Dos largos meses de convivencia rural en un pueblo amalgamado por no más de 20 vecinos, que en estadística normalizada no da para un centenar de habitantes, dan mucho de si en cuanto a pulsar el sustrato religioso que queda en las capas del proletariado rural tras secular impregnación fideísta.
De este pueblo cada año se desligan 3 ó 4 individuos, unos en peregrinaje a la ciudad para dormitar con hijos, sobrinos o nietos, otros para eludir "compromisos contractuales" enterrando su pasado en “hóspita” tierra. Todos los años asistimos al proceso de desvinculacion del porvenir rural. Quiero decir, como Cervantes, "que se mueren".
Podría ser cualquier pueblo perdido de La Mancha, El Ampurdán, Tierra de Campos o el Valle de Cerrato.
Dos sensaciones extraigo que no llegan ni a reflexión:
Por MANUEL BARREDA

0. Presentación.
A lo largo de esta serie de artículos, nos proponemos responder a una interesante cuestión que, en diferentes momentos, ha sido esgrimida desde diversas posturas y orientaciones filosóficas, religiosas, políticas y ahora científica:
¿Existe un sustrato moral que compartimos los seres humanos en general? ¿Una “guía interior” de origen genético que se liga a la empatía y al entendimiento para generar una especie de moral “casi” universal?
Durante esta serie de artículos vamos a asomarnos a interesantes experiencias pedagógicas, experimentos científicos y explicaciones teóricas de diverso signo.
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La demostración de fuerza, el afán de poder, el sadismo, las frustraciones de la etapa que Freud llama anal, el ansia de ser alguien, la compensación de fracasos, el estímulo del grupo, el ser digno de alguien, sentimiento inexplicable de compartir el crimen...
¿Más explicaciones? ¿Puede haber algún resquicio psicológico que aclare la violencia de que han hecho gala, hoy, los extremistas y fanáticos islámicos y en otro tiempo los cristianos? Inimaginable.

La fe es un complejo de ideas-fuerza, las más difíciles de erradicar.
La fe brinda seguridad, porque presupone un padre bondadoso en el cielo, cree en que la justicia se impondrá, cree en valores inmutables.
La fe presupone también compañía, la fe es un hecho social compartido, es la casa común donde todos pueden hablar de lo mismo sin posibilidad de réplica.
La fe es también cultura, conformadora de pueblos.

Se olvida con demasiada frecuencia que la vida religiosa es, en esencia, fe, creer.
Se olvida, asimismo, que la fe es “un don” –lo dicen ellos mismos--, no es fruto de un convencimiento ni de un quiero creer ni de un arrastrar lo que “nuestros padres legaron”.
Sin embargo el sustento de la creencia está en esos elementos tomados a la inversa: se cree porque siempre ha sido así en mi casa.

Los crédulos siempre deducen la existencia de Dios a partir de lo que no se puede explicar.
Según este novísimo acicate, deberíamos deducir una nueva definición de Dios: Dios es el conjunto de todo lo inexplicado y la justificación de lo inexplicable.
En palabras de un gran "sabio", JP-2:
La ciencia no puede por sí misma resolver dicha cuestión [origen del Universo]; hace falta ese saber del hombre que se eleva por encima de la física y de la astrofísica y que recibe el nombre de metafísica; hace falta, sobre todo, el saber que viene de la revelación de Dios.
Otras veces apelan a una Fuente Trascendente, lo cual "ahorra gran número de dificultades".

Las explicaciones que la "ciencia religiosa" da de las cosas siempre son las primeras; luego, por grados, terminan en nada.
La creencia, como el agua del mar que se cuela mansamente por entre las rocas en la pleamar, ocupa todos los espacios de lo desconocido.
El reflujo de la marea que es el conocimiento, pone término a esos oscuros agujeros que se adivinaban a través del agua.
• Si es el origen y evolución del mundo, Dios como rector del mismo recula ante las teorías evolucionistas y descubrimientos astronómicos;

Aunque luego afirmen que no se puede definir a Dios, lo que de Dios se dice es siempre un "supuesto". Y elucubran y elucubran, indigestos tomos teologales, sobre su esencia.
Disparatada paradoja la de afirmar que algo se supone que es así por esencia. Pero nueva paradoja añadida la de creer que ese algo pensado existe. Y novedos y nueva paradoja la de que, caso de existir, no puede ser así porque somos incapaces de conocer su esencia.
¿Podrían ponerse de acuerdo en lo que entendemos por Dios para ver si estamos de acuerdo en que no pensamos lo mismo de un Dios que, si existiera, sería distinto a lo que piensan de él?
¡Si piensan!

Navegan por lagunas y naufragan en el mar; aceptan el salvavidas de las credulidades menores y se van a pique con los plomos del credo; se someten a preceptos parciales, las conveniencias, y desobedecen al principio esencial rector del creer, su razón.
Incluso teólogos de renombre, sostienen la fe con puntales de paja y no son capaces de reforzar los contrafuertes.
Dado que ven peligrar el substrato, divierten al pueblo con los festejos de la imaginación. Esa es la religión de nuestros días.
Un ejemplo --"hecho" aceptado y nunca discutible-- lo tenemos en el concepto de "Revelación", fundamento de cualquier sistema de creencias que se precie.
El catolicismo mantiene Biblia y Tradición como garantía de la Revelación; el protestantismo hace hincapié en la Biblia; el Islam se funda en revelaciones de Dios al Profeta; y hoy, todo queda en Historia de la Salvación como barca en que navega el creyente con las velas y el viento de la Biblia y la Tradición.
Y, expurgando mucho, libros todos similares a otros libros contemporáneos con éxito secular en propaganda y edición.

Incluso las mentes más irresolutamente contrarias a la creencia sienten un algo especial cuando ven aparecer el sol, de madrugada, asomando su cabeza de brasas por el horizonte.
Nadie se sustrae al poder magnético del momento en que del fondo del mar surge rutilante la enorme esfera, precedida por el arrebol de nubes contrastando con el todavía somnoliento azul oscuro de las aguas.

El viento no me empuja, porque él está ahí; soy yo el que camina en su contra. ¿Será mejor dejarse llevar por el viento? Es más cómodo. Si el viento quiere llegar hasta allí, ¿por qué le pongo obstáculos?
No quiero que se retrase; que llegue cuando quiera. No quiero ser otro viento. ¿Y si yo fuera una pluma en el viento? Pero, ¿por qué se ha de salir con la suya? ¡Allí no hay nada!, le digo. Sí, como no hay nada el viento quiere y consigue llenar el vacío: tiene prisa por henchir el vacío. Si no va él, alguien llenará ese vacío. ¿Me voy con el viento? Creo

Como no saben qué decir ni cómo justificar el mal, se lanzan por derroteros metafóricos: El dolor es el megáfono de Dios para despertar a un mundo adormecido.
Frases ingeniosas todos sabemos decirlas a poco que nos quedemos un poco “traspuestos”.
Entorno los ojos y digo:

Dicen: la religión es la poesía en la cual se cree.
Dicen: la teología tiene que ser un silencio adornado de parábolas.
Dicen: la teología toca realidades que no se pueden describir con conceptos a nuestra estrecha medida y tiene que expresarse con intuiciones y metáforas en un lenguaje “mítico” que, tras la exposición de relatos, esconde un profundo sentido trascendente enraizado en el corazón de todo ser humano.
En la rebusca de expresiones “convincentes”, hacen metáfora de la metáfora, tornan más arcano lo ya de por sí oculto y tiran por la borda la credulidad del 90% de los que todavía creen, los fieles más fieles a los ritos.

¿Quien “ha fabricado” las nociones que los hombres tienen sobre Dios?
No, no han sido los sacerdotes de la credulidad que luego derivaron en jerarcas, eclesiásticos o prelados de una organización cualquiera: han sido los poetas, los pensadores y los filósofos.
El conocimiento de los conceptos relativos a Dios, que superan lo inmediato y sensible, no proviene ni de la razón ni siquiera de la ley, proviene del mito.
El mito surgido de las cavernas de la historia ya fue alguna vez sometido a la razón, en una época muy concreta, en la Grecia clásica.
La vida ha de hacerse poesía de sí misma; el poema del diario vivir.
Quien siente el gozo de crear poéticamente, llena su vida de otra manera.
En otros tiempos eran los dioses quienes movían los hilos mentales de los poetas; ahora es otro dios el que se maneja a sí mismo, el pensamiento hecho gozo en sus propias palabras: el hombre que a sí mismo se induce a coordinar mensajes en su pensamiento uniendo contrarios, contrariados y contrariedades.
El hombre necesita expresarse poéticamente para poder sobrellevar el peso de su existencia. La poesía es recreadora del mundo y creadora de otros imposibles si no es por el juego de las palabras que primero chocan y luego se compenetran en el amor de unas hacia otras.

En la credulidad importa más quién dice la cosa que qué se dice. Es la tesis de autoridad en grado absoluto.
Si el que la dice ha sido ascendido a la categoria de representante de Dios, es verdad. Si la dice el fiel, será verdad cuando el representante de Dios, fidelis episcopus por ejemplo, la certifique.
El ciudadano y el rústico necesitan sellos que avalen lo que dicen, notarios que den fe del otro, testigos que garanticen que eso es así, compulsas con el original...
Subyace la presunci'on de que el hombre, por principio, es mentiroso. El hombre civil siempre necesita “otro” que dé cuenta de su verdad, en cambio el representante de Dios se basta a sí mismo. Si se escucha al representante de Dios, hay que creerle por necesidad.

Se maravillan los científicos --en el fondo ahitos de credulidad-- de que las cosas sean como son, de que algunas cantidades tomen precisamente los valores necesarios para que surja lo que surge, por ejemplo la vida.
Que si la intensidad de la primera explosión cósmica o de las reacciones nucleares en el sol, que si la constante de la gravitación G, es decir la intensidad con que se atraen las masas, que si la carga electromagnética E del electrón, que si la constante h Planck, que si la velocidad c de la luz... como si existiese una “determinación previa” en lo que sucede, es decir, un designio, es decir una “necesidad de Dios” (1).

Lo escondido; lo admirable; lo inaccesible; lo que provoca “stupor et tremor”; lo que provoca asombro y pasmo...
La sociología y antropología cultural proporcionan suficientes datos para ver dónde se encuentra el origen de todo lo religioso, que no es otro que el hombre con sus carencias, limitaciones y desconocimientos.
Posteriormente la religión, las religiones más bien, se ocuparán de recrear, apropiarse o más propiamente racionalizar esos sentimientos difusos generados en torno a lo misterioso.
A fuerza de querer encerrar tantas realidades en un concepto, la palabra “misterio” ha perdido para nosotros, gentes de doscientos años de edad, todo el significado que en otros tiempos tenía.
Porque en la mentalidad moderna entendemos al fin que el descubrimiento de lo conocido unido al deseo de conocer, priva de cualquier connotación crédula a lo desconocido, que queda “ahí”, en la confianza de que algún día perderá el halo de incógnito que tenía: en ese sentido el hombre de ahora se funde con el pasado y se torna a la vez futuro.
Pero, ah, no para todos. Hay quienes, por el contrario, acrecen su aturdimiento mistérico cada vez que los descubrimientos generan nuevos interrogantes: ¿Por qué la luz se ajusta a las ecuaciones de Maxwel (1) y no a otras o a ninguna? y similares lindezas.
Habría que definir con propiedad lo que se entiende por “misterio”, porque es una palabra recurrente en la defensa de la divinidad.
Difícilmente podrá admitir el misterio el hombre global. Decir que es algo desconocido, algo que escapa a nuestro conocimiento, es privarle del componente mágico que tiene.
Además ese misterio no sería común, pues lo misterioso para unos, otros lo explican.
Siempre deducen a Dios del “misterio del sentimiento”, pero dicho sentimiento puede tener muchas explicaciones.

Palabra recurrente en determinados ´´ambitos del pensamiento que condensa su excelsa preeminencia en el credo. Lugar común de crédulos, creyentes, sintientes, presintientes, artistas, espiritistas, místicos... e incluso científicos y filósofos. ¡Todos apelan al misterio!
En su significación profunda y extensa, el misterio implica un componente intelectual. Aquello que no se entiende, se califica como “misterio”.
Pero hay algo más que “misterio para el pensamiento”. El misterio es algo que se presiente, que se barrunta y que ejerce una atracción sobre quien lo intuye.

1.- "Nel mezzo dil camin di nostra vita...", "a la mitad de la vida estamos en la muerte..."
Nos pasamos media vida “creyendo” y la otra media “desmontando las creencias”, cuando no sucumbiendo a ellas.
Quizá sea eso la vida, crear fantasmas para luego luchar contra ellos. Pero, ¿por qué construirla con materiales de desecho si ahora, al fin, tenemos otros?
2.- DEL FUNDADOR HASTA... Al frente de un credo siempre hemos encontrado una persona honrada, haya estado equivocada o no. Peor fue lo que vino detrás, la caterva de los que alzaron imperios al amparo de su memoria: poder político, influjo social, dinero, bienes, tiranía de las conciencias, congregaciones, cofradías...

¿Capacidad para cambiar el signo de la globalización? No tiene la religión, con la tropa “humana” de que dispone y la ideología que la mueve, aptitud para hacerlo.
Y son muchos los motivos. Si nos referimos a la iglesia cristiana, precisamente la más implantada en los países pioneros de la globalización, tenemos muchos motivos para dudar de su capacidad, por no decir de su interés:
ha perdido “convicción” en su doctrina social “salvadora”;
se mueve según principios del pasado aplicando las fórmulas de siempre a realidades sociales que han cambiado de forma radical;
1.- AFIRMACIONES INADMISIBLES. Recojo citas de escritores creyentes y hasta olvido, premeditadamente, el nombre. Una de ellas cuyo primer pronto le deja a uno pensativo: El hombre es historia y la religión “está” en el hombre.
No deja de ser una afirmación gratuita, capciosa y hasta engañosa. La historia es el pasado del hombre y la religión no es que “esté” en el hombre, simplemente “ha estado”, pero no es connatural al hombre.
Lo humano, lo natural y lo santo corren paralelos; ciertas partes de la historia son historia de “lo santo” influyendo en la naturaleza.
No hay tal paralelismo “esencial”, aunque sí fenomenológico y como tal la creencia hace también historia. La aparición simultánea de algo no indica ni co-esencia ni causalidad.
Poner en parangón cosas tan distintas es muestra de cerrilismo mental. ...porque lo natural se incardina a lo santo en conocimiento, sentimiento y voluntad.
por MANUEL BARREDA.
Afirmaciones sorprendentes del literalismo bíblico.

1.- Noé.
Algunos “investigadores” han afirmado que con que hubiese en el arca tan solo 43 “géneros” de mamíferos, 74 “géneros” de aves y 10 “géneros” de reptiles, se podrían haber producido la variedad de especies conocidas en la actualidad. Otros estiman que tan solo se precisaban 72 “géneros” de cuadrúpedos y menos de 200 “géneros” de aves.”
– Quien esto afirma trata de preservar la palabra “género” (utilizada en la Biblia como sinónimo de “especie”, pero confundiéndola con el actual concepto de “género”) como garante de estabilidad. Pero, paradójicamente, se suma a una teoría superevolutiva: nadie defiende una evolución tan acelerada y descomunal en menos de 5.000 años…
Continúa diciendo el creacionista de turno:
Lo tengo que decir sinceramente y con la suficiente claridad: a estas alturas de la vida y ya bien entrado un siglo prometedor, manifiesto mi discrepancia no sólo y por descontado de los creyentes bienintencionados, sino también de todos los que han tratado de salvar algo que no tiene salvación, cuando han tratado de hacerlo, llámense Unamuno, Ortega, Malraux, Díez Alegría, Aranguren, Miret Magdalena, Sánchez Dragó, Julián Marías...
Han sido críticos, sí, de doctrinas y organización pero también se han movido en el temor del hundimiento de un mundo que otros tratamos de ver desaparecido.
El hombre necesita seguridades, pero, cuando las consigue, rebusca de nuevo en la inseguridad. Dar sentido a la propia existencia es también búsqueda.
Todos le ayudan pero quienes más solícitos lo hacen son los "sistemas de creencias", las religiones.
Lo que encuentra en ellas, sin embargo, es una duda más grande, cuando no una incertidumbre mayor. Ficciones en el origen del miedo y angustia añadida a la propia búsqueda.
Y proponen modelos de vida, como lo pueda ser Pablo de Tarso. Si fuésemos a desbarrar, modelo sería él, modelo sería yo: se erigió en modelo de sus conmilitones tras el cambio operado camino de Damasco. No me siento menor a él.
por MANUEL BARREDA.

1. Calendario de la vida en la Tierra.
• Origen de la Tierra: -4.600 millones de años (ponemos en marcha nuestro calendario: 1 de enero). [4.600 millones de años = 365 días. (1 día = 12,6 millones de años)].
• Primeras rocas: -3.900 millones de años (24-II).
• Primeras Moneras (bacterias y cianobacterias): – 3.800? millones de años (2-III)
– -3.500 millones de años (27 de marzo, fecha probada, en tanto la anterior se basa en pruebas indirectas que algunos consideran sólo probables)
– – 2.700 MA (31-V) Fotosíntesis oxigénica (máx O2: 2.300-1.700 MA)
No puede el hombre enfrentarse al enemigo cuando está más armado y fuerte, porque sería improbable la victoria y casi segura la derrota.
Eso sucedió con la creencia: ante ella perecieron “herejías”, pereció el pensamiento humanista, sucumbieron, por cansancio y falta de apoyo popular, la Ilustración y el Racionalismo, pereció el Modernismo...
Ahora, en cambio, el rival, aunque no débil, está debilitado; le falta convicción y se siente abandonado por tantos que antes, quizá forzados, poblaban sus mesnadas. Es el momento.
Por MANUEL BARREDA

El tiempo transcurrido, un problema para el creacionista literalista.
1. Medios de datación.
• El C-14 resulta fiable hasta unos 70.000 antes del presente.
– Se utiliza, desde luego, para datar documentos históricos, construcciones humanas y fósiles recientes (Neanderthal, Homo erectus tardío…).
– Cada 5.730 años se reduce a la mitad la relación (cociente entre cantidades) entre isótopo de C-14 e isótopo de C-12.
– Hay métodos mejores, por supuesto, como vamos a ver. Lo relevante es que unos y otros se refrendan mutuamente (con ligeras variaciones), dentro de un rango admisible).
– Es importante datar un estrato reconocible en diversos lugares, mejor cuanto más distantes (como ocurrió con el límite K-T, correspondiente al período de extinción de los dinosaurios, hace 65 MA), para conocer su correlación temporal con los hallazgos que en él aparezcan.
Una ventaja tienen las religiones sobre el resto de conocimientos, actos y comportamientos sociales: la concreción de la creencia según los modos de conocer.
Esa supuesta "forma de conocer" empareja ideas y acción de un modo más efectivo que la ciencia.
El encauzamiento, la unión entre acción y palabra con la sucesión necesaria de reflexión y compromiso.
Hasta seis niveles de conocimiento / vivencia se pueden encontrar en las creencias, con su correspondiente nivel de rito, sea acción, oración o meditación. Descendiendo de nivel encontramos:
a) Nivel metafísico, que considera y revuelve en la esencia de Dios, el alma, la libertad, el mal, la trascendencia de las acciones.
Por MANUEL BARREDA.

1. Árbol hominoideo.
• Desde Ardipithecus (primer antecesor directamente humano –separado de la línea del chimpancé) todo se ha ido esclareciendo cada vez mejor:
– De un australopitecino surge el género Paranthropus (ambos extinguidos en su totalidad), en tanto otro, probablemente Australopithecus afarensis (o una variedades muy similar, pues están apareciendo varias) da lugar al primer Homo (próximo a Homo habilis) hace unos 2,5 MA.
• Son muchos los australopitecinos, de diversas especies, que se suceden o coexisten durante 3 MA (desde hace 4 hasta hace 1)
por MANUEL BARREDA.

1. El período Cámbrico (-543-535 MA) ha sido considerado por los creacionistas como el momento de la creación.
¿En qué falla este razonamiento o propuesta?
- Es cierto que la vida sufre una enorme expansión desde entonces y no ha dejado de evolucionar desde tipos básicos que ya estaban presentes en aquél momento.
- Se producen episodios de diezmación masiva que se siguen de nuevos momentos privilegiados de expansión y ocupación de nichos vacíos.
- Aunque los diseños básicos están presentes y los animales son complejos y bien adaptados a sus funciones, no dejan de diversificarse. Aún tienen que aparecer todos los géneros y especies modernas: la totalidad de los peces, los anfibios, los reptiles, los mamíferos, las aves, los insectos, los arácnidos…
- Los últimos cientos de millones de años son decisivos para la vida que nos interesa.
por MANUEL BARREDA.

1. ¿Es científico el darwinismo? Ha sido criticado de blindaje anti-falsabilidad.
i) Falsabilidad a prueba.
– Claro que la evolución es falsable: podrían… aparecer fósiles incongruentes con sus antecesores.
• Pues bien, no ocurre esto, sino todo lo contrario: la confirmación continua de las predicciones evolutivas (y la refutación creacionista).
– Aparición de una primera célula eucariota tras varios miles de millones de años de dominio procariota.
• La teoría explicativa es la endosimbiótica, propuesta por Lynn Margulis (endosimbiosis serial, 1967, 1971).
por MANUEL BARREDA.

1. El pensamiento religioso.
Dos ejemplos que descubren la mentalidad mágica que persiste en la actualidad:
1) El desconocimiento se rellena con fantasía. ¿Cómo se desplazaban los menhires a lo largo de varias decenas o centenares de Km? Una de las propuestas es que son la prueba de una altísima tecnología que incluiría magia, grúas o camiones, cuando no participación alienígena. Sería una mala respuesta, toda vez que la hipótesis no cuenta ningún dato objetivo en su favor. Pero la “hipótesis Dios” va más allá.
Circula un chiste que denuncia esa ocasional deducción “en vacío”: un equipo andaluz que, al no descubrir en su comunidad unos alambres extraños que en otra comunidad se habían atribuido a supuestos antepasados paleolíticos que habrían dispuesto de telefonía, deduce que los de su región usaban móviles.
En tres pilares se asienta la creencia: intuición vaga; razón que no razona; costumbre que impone.
Con cualquiera de ellos, haciendo malabarismos funambulistas, se puede sostener.
El primer impulso para creer vendría de la “inspiración” o la "premonición", un sentimiento confuso de “algo” –ese pensamiento inconcreto de “tiene que haber algo más en esta vida” de todos los que barruntan que no todo se reduce a trabajar, comer, dormir y fornicar--, un vago sentimiento de infelicidad, un deseo de asentar la inestabilidad del paso del tiempo...
Por MANUEL BARREDA

El Génesis:
1) Nos cuenta dos creaciones incompatibles (fuentes E y J)
2) Una de ellas relata una Creación en seis días.
Supone que las especies (animales de carga, aves del cielo, peces, etc.) nacen definitivas y de una sola vez (en un mismo día las aves y los seres acuáticos; al siguiente, los reptiles y mamíferos).
Sé que se quisieran alargar, pero ya sería demasiado conceder que pudieran ser mil años los que Dios requirió para su creación… En realidad, cada “día” debería durar más de dos mil millones de años. Aun así, la creación que nos interesa, habría tenido lugar en los dos últimos días. Pero hemos de incluir conceptos que ni imaginan los redactores bíblicos.

La muerte anega a todo ser humano de tristeza, sea creyente o no. ¿También al cristiano? También. ¡Pero si en la esencia del cristianismo está la resurrección y el paso a una vida más feliz...! ¿? No hay contestación.
Nadie recibe la muerte de un familiar querido con alegría. Sólo los pretendidamente "santos" dicen –dicen que dijo, después, al cabo de los años, cuando todo pasó, cuando el tiempo curó todo, cuando vislumbran altares— que ofrecieron con alegría la muerte de su hijo porque esa era la voluntad de Dios...
¿Lo cree alguien? Como leyenda del siglo XI, quizá; como hecho actual, nadie.
¡Qué poco consuelo procura la religión en momentos trascendentes, en momentos en que lo humano se pone a prueba, en momentos en que la vida es una bofetada en el camino!
por MANUEL BARREDA.

20. ¿Acierta el Génesis al menos el orden de aparición de los grupos esenciales?
Esta es la gran baza del creacionista bíblico… Los actos de creación que el Génesis relata parecen coincidir, en general y a primera vista, con los datos reales (y se llega a alegar que acertar 10 de 10 por azar es un imposible práctico)
Vea por Vd. mismo si lo hace, leyendo en detalle lo que dice la Biblia y no lo que podríamos tener en mente desde nuestra propia cosmogonía.
No, no acierta. Incluso considera que los mamíferos tardíos (bestias terrestres y animales de carga) son anteriores a las aves del cielo.
Orden de aparición.
por MANUEL BARREDA

1. ¿Quién escribió el Génesis?
i) Se decía que Moisés, al dictado de Dios (Yahvé).
Hoy no se piensa esto ni en el seno de la Iglesia católica. Véase la “sinopsis cronológica” (págs. 1839-1843) de “La Santa Biblia, 6ª edición. Trad. bajo dirección de Evaristo Martín Nieto. Ediciones Paulinas. Madrid, 1989.”
ii) Fuentes reales:
– Yahvista (J), siglo X a.C. (bajo el reinado de Salomón).
Teología y praxis cristianas se mueven en una triple dialéctica que, en su afán de abarcar y salvar cuanto de humano hay en la vida, encubre una praxis torticera:
Es un permanente huir del mundo, darle de lado, no saber de sus penalidades, no caer en su dialéctica, tacharlo de “lo malvado”, hacerle “enemigo del alma”.
Pero a la vez es un buscar desesperadamente incardinarse en él, constituirse en levadura, fermento, grano de sal que le dé el sabor de lo divino.
En tercer lugar, presupone la necesidad de vivir “del” mundo, acaparando bienes mundanos con el pretexto de, con ellos, servir a Dios.
por MANUEL BARREDA.

1. Cosmogonía bíblica.
Los autores bíblicos pensaban en una Tierra plana que reposaba sobre columnas, bajo la bóveda celeste.
No podían conocer los seres microscópicos ni el vértigo del espacio y el tiempo implicados.
A diferencia de los estudiosos griegos de unos siglos más tarde, desconocían que la Tierra pudiera ser esférica.
– La Biblia (aun su NT) desconoce que los trastornos epilépticos o psicóticos sean enfermedades (fue Hipócrates quien “se la robó a los dioses”) en lugar de posesión por espíritus malignos o demonios
Algunos dogmáticos defienden una lectura literal: una creación hace sólo 6.000 años, al menos en lo relativo al hombre. Pero…
Esgrimen como argumento los creyentes que la bondad que existe en el mundo, lleva, por la vía racional, a Dios.
Deberían deducir, entonces, que por esa misma vía el mal llevaría a su negación.
Pero no, retuercen la razón y afirman que el mal tiene otra consideración, otra intelección, pertenece a otra esfera distinta a la humana, es algo que sobreviene por determinadas causas no achacables a Dios. La realidad o el discurso humano, sometidos a un principio: Dios es bueno y "vale ya".
El mal tampoco puede entenderse con la "sabiduría humana" sin referencia religiosa. Quizá las pistas estén en frases como Dios ha confundido a los sabios de este mundo, o bien ésta más consoladora: En Cristo todos hemos sido salvados.
por MANUEL BARREDA.

1. Tiempo de creación.
Pongamos una metáfora de distancia (longitudinal) y un símil temporal (calendario anual)
Si utilizamos un símil de espacio, en lugar del usual referido al tiempo, si viniéramos a Madrid desde Moscú, el género “Homo” habría aparecido demasiado cerca para tener noción de tan largo viaje. No tiene Dios un día descanso; ni nos crea el 6º día.
Incluso si nos remontamos a los mamíferos, de los 3442 Km de distancia sólo quedarían 18 Km cuando comienza la gran irradiación mamífera (hace esos 70 MA); y falta mucho para que surja el hombre (un exiguo 3% de ese tiempo). Y ni siquiera se trata de un Adán sapiens, que ocupa menos del 10% del tiempo humano (aun así, millones de veces superior al bíblico)…
Según la gramática la función de la preposición “de” puede ser “objetiva” o “subjetiva”: en este caso dejamos en el aire la inconcreción de suponer que sea “la puñalada que Dios da al mundo” o la “puñalada que Dios recibe del mundo”.

El mal zahiere a la humanidad de numerosas formas, las más de las veces provocadas por el hombre.
De la existencia del mal como hecho, la inteligencia fantasea conceptos, más ineficaces como remedio cuanto más alejados de la razón, por lo que, de ser el mal un hecho, se convierte en un problema.
El problema todavía se encona más cuando los crédulos tienen que conjugar Dios/bondad con hombre/maldad, llegando a la salomónica solución de "un hombre necesariamente bueno" que sufre por los malos para que los malos accedan al reino de los buenos; reino, por otra parte, preparado para ellos por toda la eternidad.
por MANUEL BARREDA

1. La Creación, según el Génesis.
• En el primer capítulo se cita la tradicional creación en seis días. El relato muestra su propia cosmovisión y contradicciones internas:
• La luz se crea el primer día, y hay mañana y noche, pero el Sol no se crea (junto a la Luna y demás “lumbreras”) hasta el 4º día (después que las plantas).
• El firmamento se crea el día 2º. Para formarlo, Dios debe separar las aguas que hay debajo de las “de arriba”.
• En el día 3º Dios hace emerger la tierra de entre las aguas inferiores: ésta es la “tierra” bíblica, no el planeta. El suelo que está bajo la bóveda celeste, que está bajo el Cosmos. Se supone que llueve desde arriba del firmamento.

Ayer 16 de julio, a las 8:30 de la mañana, murió en el hospital tras una gravísima y relativamente corta enfermedad --día más día menos, un año-- el párroco Don Aquilino Ruiz Martín. Vivía con su hermana en la C/ Mayor. Ejercía su oficio pastoral en la parroquia del Cristo de la Salud, C/ Ayala, 12, parroquia vecina del hoy y antaño famoso "Embassy".
Ya hice referencia a él en septiembre pasado, al saber del cáncer de páncreas que padecía.
Era, salvando las distancias de edad, mi amigo. Y compañero de fatigas. No importa decir por qué. Son razones estrictamente personales que poco interés pueden tener en este blog sincredista.
Lo que importa es su figura, grande en el mundo restringido que le tocó vivir. Un profesional de su fe y un hombre en el más amplio sentido de la palabra. Hoy su familia directa, hermana, sobrinos y "nietos", nos han dejado testimonio de la felicidad que reinaba en su casa. Y lo creemos, por la vitalidad que respiraba en el entorno "profesional" en que se movía.
por MANUEL BARREDA

1.- ¿Por qué han de tergiversar los autores creacionistas a los divulgadores científicos?
Por un lado, presentan los debates científicos (siempre evolucionistas) como si discutieran sobre la realidad del hecho evolutivo, en lugar de detalles explicativos del mismo según modelos teóricos alternativos (aunque todos ellos evolucionistas: sólo debaten sobre aspectos teóricos de índole secundaria, no sobre la realidad o falsedad del propio hecho). 1ª mentira religiosa…
Por otro, acotan frases interesadamente y las descontextualizan convenientemente a fin de que parezcan claramente creacionistas. 2ª mentira…
Religión y política, ideologías humanas hermanadas pero que sólo conviven pacíficamente cuando a ambas les reporta beneficios. A pesar de que se hable mucho de la connivencia entre religión y política y de cómo la religión se sirve de la política, quizá sea más el provecho que saca la política de la religión que al revés.
La política establecida tiene un fiel servidor ideológico, muchas veces lacayo y portavoz, en la religión:
por el sentido de eternidad de que se siente imbuida, a la religión repugnan los cambios y ¿qué más quiere un político que la permanencia?
Por MANUEL BARREDA.

1. El problema de Dios como explicación última.
El problema de Dios es su improbabilidad.
Dios constituye una hipótesis innecesaria, pues aumenta el problema de la improbabilidad: no lo resuelve.
Fue Ockham, un filósofo franciscano tardomedieval quien propuso no incluir elementos innecesarios
• Cualquier Creador tiene un origen no menos misterioso que el Universo. Y sin embargo el creacionista lo nombra como si aportara alguna solución mágica al enigma…
– Pero, cuando se le pregunta por su origen, da una rápida evasiva (“Dios existió siempre” o “no sé desde cuándo ni cómo apareció, pero es imprescindible una Inteligencia”) y se excusa, antes de marcharse…
Una excusa mil veces repetida para defensa propia es que la religión hace al hombre mejor. La única respuesta a tal verdad es tautológica: Sí, hace al hombre mejor... hace al hombre mejor creyente.
Y también más ciego y, como tal, cómplice de los actos realizados en su nombre.
¿Por qué son incapaces de ver las razones de los demás? Cuando al creyente se le han puesto delante razones de todo tipo –doctrina, paradojas, absurdos, contradicciones, mentiras incluso, tergiversaciones, historia, testimonios existenciales-- ¿cuál es la fuente de tal ceguera crítica? ¿Por qué esa cerrazón mental? ¿Por qué tratan de excusar la evidencia? Y, sobre todo, ¿por qué ni siquiera son capaces de ponerse a pensar en ello?
escribe MANUEL BARREDA.

1. ¿Es el creacionismo una teoría científica?
i) ¿Qué es una teoría científica? Aquella que:
-Se basa en (parte de) observaciones sistemáticas
-Las analiza, a fin de inferir un principio general
-Las resume en una teoría explicativa que debe:
Casar con los hechos a explicar (en este caso, la Hª de la vida)
Incluir las mínimas suposiciones posibles (ß Occam)
Ser predictiva (anticiparse a futuros hallazgos o experimentos)
Ser falsable (ßPopper), asumir posibles fallos y proponer casos en que sería refutada (debiendo ser sustituida por otra teoría mejor).
O la "jrüsis" frente a la "praxis". Hay voces que claman por otro tipo de religiosidad, por una nueva espiritualidad, por un cristianismo vivido, por un Jesús profeta, por un Cristo de la salvación por la fe interna, un Dios que vive en el corazón...
Yo lo que veo a diario son viejos bisbiseando oraciones, familiares avejentados que a determinada hora se ponen a rezar el rosario, gentes que con el corazón caído y el espíritu renqueante se postran de rodillas cuando toca, ancianos de la vida para los que el domingo es un día especialísimo porque hay misa...
Ésa es la gran masa ¡practicante! ¡Menudo porvenir!
Por MANUEL BARREDA.

1. Afirmaciones creacionistas sobre el registro fósil.
Un famoso y muy utilizado (en especial por los Testigos de Jehová) texto creacionista afirma que en el registro fósil vemos, una y otra vez:
i) Intransicionalidad.
Lo que se observa y reconoce a partir del registro fósil es la constante falta de eslabones intermedios que conecten supuestas especies precursoras con sus supuestos o actuales descendientes modificados.
ii) Mutaciones limitadas.

Pero sucede que "no hay otra forma de conocer".
Seguro que hay tantas personas que “han sentido” a Dios dentro de sí, como personas que “no han sentido” a Dios, incluso habiéndolo buscado. El "sentimiento de Dios" supongo que ningún creyente que piense lo admitirá como argumento de su existencia.
Si el argumento de la existencia de Dios se funda en “otra forma de conocer” que no es la racional, también esta otra forma de conocer la tienen aquellos que no ven a Dios.
1. ¿Cómo surgió la vida?

i. Improbabilidad del azar. Algunos autores como Fred Hoyle, Michael Behe y Harold Morowitz extienden las cifras de alta improbabilidad (práctica imposibilidad) al origen azaroso de la vida.
– “Antes que aceptar la probabilidad fantásticamente pequeña de que las fuerzas ciegas de la naturaleza hubieran producido la vida, parece mejor suponer que su origen se deba a un acto intelectual deliberado” (Hoyle)
– Harold Morowitz, un físico de la Universidad Yale que junto a Behe presiden la propuesta DI (diseño inteligente), base del creacionismo moderno, calcula que las probabilidades de obtener por azar la bacteria más sencilla en 1 partido por un 1 seguido por 100.000.000.000 de ceros.
• Un número tan grande que para escribirlo en forma convencional necesitaríamos varios centenares de miles de libros en blanco (explica R. Shapiro)
La postura humana y racional se basa en evidencias como las que siguen:
• lo que se conoce de la materia es su evolución.
• el conocimiento de la materia es un conocimiento evolutivo, como todo conocimiento científico.
• Otras evidencias como que el hombre tiene una existencia terrena limitada en el tiempo, por lo que ha de asegurar cuanto antes sus certezas;
por MANUEL BARREDA.

Veamos qué nos dicen obras más recientes y críticas sobre el principio antrópico.
Las afirmaciones de Barrow, Tipler y Carter fueron discutidas por A. Feoli y S. Rampone en 1999 en un artículo titulado "¿Es el principio antrópico fuerte demasiado débil?"
– El argumento es que el tamaño estimado de nuestro universo y el número de planetas que se calcula permite mayores grados de libertad a la evolución, y permite concluir que no existen evidencias de un diseño inteligente en el mecanismo de la evolución.
A finales de los 90 resurgió el interés por la cosmología experimental y los trabajos sobre la gravedad cuántica. Se intentaba una teoría unitaria que unificara la gravedad con las restantes fuerzas físicas.
por MANUEL BARREDA

5. ¿Qué dice el principio antrópico?
A) Dejemos que nos lo explique un creacionista: Trinh Xuan Thuan.
El universo parece estar regulado con una precisión extraordinaria. Nuestro universo está determinado por cuatro fuerzas fundamentales y unos quince valores numéricos llamados constantes físicas. Las cuatro fuerzas fundamentales son:
– La fuerza de la gravedad, que retiene a los planetas alrededor del Sol y nos impide flotar en el aire
– La fuerza electromagnética, que permite a las moléculas combinarse y formar compuestos inorgánicos y orgánicos (incluidos proteínas y ADN)
– La fuerza nuclear fuerte, que reúne a los protones y los neutrones para formar los núcleos de los átomos
– La fuerza nuclear débil, que es responsable de la radioactividad

El año pasado coincidí con los flecos de la “cabalgada”. Me dieron pena. Parecían despojos sociales ofreciendo públicamente escenas que hasta en la intimidad repugnan. Gente que parecía haber perdido el respeto por las formas, cuando no la dignidad. Y ocupando las vías principales de la ciudad.
No se trata tanto de dar opiniones personales, cuanto de recoger aquéllas que se oyen en el entorno social en que cada cual se mueve.
Ayer mi contertulio de viaje a La Mancha me dice:
--“¿Orgullo gay? Esos lo que son, son unos m… Dan asco”.
Risas de asentimiento, porque el sentir general es ése. Un poco en plan de sorna le digo:
Cuando el hombre percibe incongruencia de hechos o dichos, esgrime como látigo fustigador el calificativo para los mismos de “irracionales”.
El hombre usa la razón para tener razón. Es la suprema razón de la persona para sentirse persona. Aunque tenga otros, su inteligencia, su sentido común son el mejor instrumento de que dispone para manejarse con personas, cosas y situaciones.
1.- ¿QUÉ ENTENDEMOS POR EVOLUCIÓN?
El término “evolución” se refiere a tres temas relacionados pero diferentes en relación con la historia de la vida:
a) El hecho de la evolución
• Las especies vivientes cambian a través del tiempo y están emparentadas entre sí, debido a que descienden de antepasados comunes.
• El registro fósil es consecuente con esta variación gradual a través del tiempo, y hoy disponemos de pruebas confirmativas a partir de otras fuentes de datos (cladística, anatomía comparada, métodos de datación, bioquímica, genética –estudio de ADN mitocondrial, autosómico y del cromosoma Y)
b) La historia de la evolución

Julio en el cénit del esplendor solar. Julio, comienzo de vacaciones obligadas o de huída del agobio ciudadano. O de reencuentro. Por nuestra parte también huimos, aunque dejaremos "pegados" los artículos correspondientes a cada día... no vaya a ser que la desafección haga estragos. O que alguien pueda sentirse vacío del rejón diario con que sentir fustigado su credo. Que Uds lo crean bien
__________________________
Nadie que haya paseado sus ocios por la historia puede negar las "valiosas" aportaciones que la "sociedad" crédula, la Iglesia, ha procurado al mundo, sobre todo el occidental. Lo reconocemos: arte, literatura, música...
Pero nadie, tampoco, que se haya topado con el valladar de la creencia-asistida-de-poder, podrá soportar el inmenso vacío de ciencia y humanismo provocado que ella misma se ha encargado de rellenar con falsedades, miedos, presiones y muertes.
Iniciamos con éste la publicación de una serie de artículos que aparecerán en días alternos relacionados con el tema general "creacionismo-evolucionismo" que, suponemos, aportarán más claridad conceptual a quien tenga abierta la mente a la verdad. Don Manuel Barreda, como profesional de la medicina, lleva años estudiando, publicando y dando conferencias relacionadas con este asunto. El carácter esquemático de su exposición no es óbice para entender con claridad los puntos neurálgicos del tema.
Por MANUEL BARREDA

¿Qué es el creacionismo?
- El creacionismo CLÁSICO era:
(a) un asunto de fe, una creencia religiosa sustentada en relatos míticos como el del Génesis; también
(b )una convicción racional, hasta hace pocos siglos compatible con los datos (entonces) disponibles.
- El creacionismo CONTEMPORÁNEO, al que le es básicamente aplicable lo anterior, se ha revestido de un lenguaje y contenido científicos, permitiéndonos someter a prueba sus afirmaciones.
Concretamente el CREACIONISMO ACTUAL , se argumenta mediante:
1) La (supuesta) falta de argumentos evolucionistas (que adolecería de apoyo casuístico y empírico).
2) La (supuesta) inconstancia o falta de gradualidad del registro fósil: (a)La ausencia de eslabones intermedios entre especies y entre taxones mayores; (b) La falta de pruebas a favor de la evolución como hecho.
No me hago responsable de la información que me llega por E-mail, pero sí me hago eco del trasfondo que trasluce: la incultura incipiente de nuestra sociedad y la consecuente manipulación posible de jóvenes y no tan jóvenes.
Y si traigo a colación el contenido de este E-mail es por la información relacionada con el Padre Pedro Poveda (1874-1936), al que, por razones que no hacen al caso, me siento "bastante" ligado, mucho antes de que JP-2 lo elevase a la categoría de semidiós, y al que siempre he admirado por su robusta personalidad y por su labor educativa.
Corrigiendo algunos errores de redacción, éste es el contenido de la misiva:

Lleva la iglesia católica más de cuarenta años intentando acomodarse a los tiempos “modernos” entre bandazos que van de posturas progresistas de pretendida incardinación en "este" mundo, como las emanadas del Concilio Vaticano II, hasta repliegues tácticos hacia el integrismo, como el que ha supuesto el reinado de JP-2 seguido del no menos burocratizado B-16, con sus cardenales acólitos y sectas (congregaciones) fundamentalistas.
Toda sociedad se defiende de su desintegración por los medios que considera adecuados, pero los logros conseguidos han sido más bien magros.
En los países cultos y prósperos, las Iglesias católica y protestante han sufrido un progresivo y doble arrinconamiento:
El resentimiento también es caldo de cultivo para el rebrote criminal del fundamentalismo. Cualquier opresión social toma como pretexto la religión para cobrar venganza.
¿Cómo detener una espiral de violencia que se alimenta de opresión y represión, que recorre el camino del agravio y su venganza, que camina de la situación injusta al ansia revolucionaria?
Las religiones orientales se han caracterizado por su carácter no violento. Parece que en los últimos tiempos la inseguridad se ha adueñado de las mismas. Y de la inseguridad a la agresión, un paso.
¿Puede el estado indio, que gobierna el segundo país más poblado de la tierra aprender de Europa, legislar para las personas, imponer la justicia, prescindir de los credos, tratar a todos por igual y cortar de raíz cualquier brote de fundamentalismo?
Cuanto más pretende la religión invadirlo todo tanto más el hombre intenta despegarse de ella como si de algo viscoso y pegajoso se tratara, arrinconándola en parcelas de individualidad.
Cuanto más trata la religión de impregnar la vida, desde la mañana a la noche, desde el nacimiento a la sepultura –y así lo sermonean sus jerarcas— más intenta el hombre delimitarla asignándole un tiempo y un lugar determinados. Incluso sus practicantes prosélitos.
Difícil entendimiento entre religión y vida diaria, la del común de los mortales. No es la vida la que busca la religión para sobrevivir, es la religión la que pretende salir "al mundo" para impregnarlo de su "aroma". La vida no necesita "religiones" para hacerse a sí misma, lo cual no quiere decir que padezca de anomia o carezca de patrones.
Escribe MANUEL BARREDA
Estamos respondiendo a quien considere la “apuesta de Pascal” una “carta ganadora”, al tiempo que también respondemos a quien considere “necio” dudar o no creer (después de pararnos a pedir que alguien nos indique qué podría tener de “sabio” el “creer”).
Cabe postular que no exista Dios alguno o que sólo exista esa maravilla interior (no exterior) que algunos han descrito con acierto (amor, ilusión, energía, plenitud).
Por otro lado, Dios podría ser una especie de mecanismo que te ignora: el Dios de Aristóteles es una esfera perfecta que causa todo el movimiento cósmico, pero vive pleno de sí mismo, ignorando la existencia de otras esferas ajenas a él y, por supuesto, nuestra existencia.

He aquí otra fiesta-mito. Otra fiesta pagana que la Iglesia trató por todos los medios de “sacralizar”. Fundamento de ambos: la explosión del verano, de las luminarias, del calor, el tiempo oportuno de sacar lo oscuro a la luz, de quemar las ramas viejas taladas en invierno...
Nadie pretendería quitar méritos a Juan el Bautista, caso de haber existido. Quizá, e insistimos en "caso de haber existido", el más eximio representante de aquella turbamulta de predicadores que proliferó en tiempos de crisis nacional y en los secarrales palestinos, ese personaje extraño nacido de forma milagrosa –cuántos personajes bíblicos y no bíblicos engendrados “en la vejez”--, nuncio del verdadero sol, Cristo.
Escribe MANUEL BARREDA.
Asoma por este blog gente que acostumbra a o tiene la manía de calificarlo todo --inteligencia, verdad, arte, gestas históricas, conocimiento-- en función de sus creencias religiosas.
Es un disparate mayor que dividir a las personas según su sentido del humor o su sensibilidad artística, aunque éstas valen mucho si nos referimos a obras literarias o a autores o críticos de artes plásticas.
Uno no debería llamar tonto, así sin más, a alguien que simplemente no comparta su fe, o sus preferencias políticas, filosóficas o musicales. Es, de hecho, tonto hacerlo. No tiene sentido, como no lo tiene dividir a los hombres según sepan o no jugar al ajedrez.
Es más, si uno toma como punto de medida el conocimiento o la relevancia científica, moral, filosófica, cultural o intelectual de las personas más relevantes desde el siglo XVI,
Por MANUEL BARREDA.

Mi respuesta a la amiga que enviaba fue la siguiente:
No te preocupes por las profecías. No dan pie con bolo... hasta que alguien, siempre a toro pasado las reinterpreta (¿para qué sirven si no estaban claras hasta “después” del suceso de cuyo acaecimiento tratan de advertir?)...
Bien... Nueva York no es una ciudad nueva: tiene casi 3 siglos y medio con ese nombre y uno más como ciudad; se fundó en 1625 como Nueva Ámsterdam, pues antes que inglesa fue holandesa. Por entonces, Nostradamus llevaba bastantes décadas muerto.
Podríamos, a fin de mantener el interés analítico, incluir en el término “nuevas” a cualquier ciudad desconocida para Nostradamus o para su tiempo (1503-1566), lo que afecta a muchas de las ciudades actuales más importantes. Esto restaría algo de mérito adivinatorio o predictivo, pero estamos decididos a ponérselo fácil a Nostradamus. Por si fuera poco, el mensaje es muy vago: alguna vez caerán “dos hermanos” en una “ciudad nueva”...
Por MANUEL BARREDA
El misterio siempre estuvo de moda. Necesitamos “creer” que somos importantes, que el futuro está escrito, que los cielos -astros o dioses- nos gobiernan, que alguien piensa en nosotros. Que sobrevivimos a la muerte, aunque sea como fantasmas. Que hay misterio y poesía en “la realidad”.
Creo que realmente lo hay… porque hay una parte química que hace que la noche sea mágica en brazos del amor, que exista la música y el brillo de una mirada limpia o venturosa. La esperanza a veces se aúna con la emoción y el tesón, dando un encuentro azulado. Hay misterio posible y necesidad de lo misterioso, aunque haya que inventarlo antes de creer en ello. A veces nuestra razón se prefiere en ejercicio sesgado.
En otras palabras, la relación entre ontogénesis y filogénesis con la incapacidad de razonar.
Se llama “ontogénesis” al proceso de constitución del individuo, como es el proceso que conduce al feto a una edad adulta.
“Filogénesis” es el proceso de formación de la especie, realizado en el periodo de tiempo que va desde los primeros organismos al hombre, dotado de cerebro capaz de auto-generar y auto regular su propio pensamiento.
Quizá sea una afirmación atrevida, pero la ontogénesis en muchos campos de la naturaleza mimetiza, como en espejo, la filogénesis de la misma; sería decir que determinados individuos, en su “hacerse” y “ser”, manifiestan los estadios progresivos de la evolución natural, detenida en formas diferenciadas de vida. Tómese al menos como hipótesis. De hecho es así en el proceso de gestación.
O quizá debiéramos trocar el enunciado como "manifestación de lo irracional, de lo sagrado, de lo "abscóndito".
La religión comienza consigo misma, dicen. Explicado con otras palabras, podríamos decir que la religión comienza con el pre-sentimiento de “lo sacro”, no sólo históricamente sino también en nuestro propio devenir vital.
Viendo la manera como algunos explican la aparición de ese elemento inexplicable, escondido, que se presiente... podemos si no desmontar al menos rebatir su pretenciosa “entidad”. Dicen:
Cualquier maravilla del universo, también del hombre, lleva a Dios... para el que está dispuesto a creérselo. Para otros, esta tal aserción encubre estados de ignorancia, desgana investigadora, simplicitas mentis o inconfesables y superficiales deseos proselitistas.
Un leve ejemplo que, unido hasta el cansancio mental a otros y otros y otros ¡le sirve a una secta para extraer pingües negocios editoriales!:
Nada puede añadir la sabiduría religiosa a la sabiduría humana cuando de acopio de bienes se trata.
¿Suena a novedoso hoy día lo que pensadores de la antigüedad decían? La Iglesia no ha descubierto el Mediterráneo; simplemente ha bogado en el mismo barco:
Las ganancias infames pierden a muchos más de los que salvan (Sófocles).
Hambre sagrada del oro, ¡qué cosas induces a hacer a los mortales (Virgilio).
Dicen los creyentes que tienen derecho... Nadie les ha privado de ello. Tampoco se les ha privado del derecho a pensar, pensar no en lo que dicen sus ofendidos jerarcas sino en lo que puedan decir los demás. ¿Se han parado a pensar en los derechos que puedan esgrimir quienes no comulgan con sus credos?
Parece inadmisible en una sociedad con suficiente cultura, avanzada, humana, racional, la impúdica exhibición religiosa que todo lo inunda, el encontrar símbolos religiosos por doquier que no son sólo "arte" ni algo inocuo sino compulsión a creer.
A decir verdad no se sabe lo que es el Estado Vaticano. Estado tan "sui géneris" regido por leyes civiles --especialmente en sus relaciones diplomáticas-- que apela cuando lo estima conveniente a su peculiar condición de "estado teocrático". Esta ambigüedad le ha venido bien para mantener sinecuras en países que hasta ahora habían abrazado como religión oficial la católica.
España, estado aconfesional. España, por otra parte, firmante de acuerdos con otro, en este caso el Vaticano, que debe cumplir. ¿Pero son acuerdos entre iguales? ¿No deberían revisarse ya? Entre otras cosas para no asistir a la obscenidad diplomática, imcomprensible para el vulgo, de una visita zapateril al líder espiritual a la que seguirá la promulgación de una normativa claramente anti católica: eso es una falta clara de elegancia diplomática, una ofensa incluso. A fin de cuentas, ¿qué se puede esperar de quien se hizo economista en dos tardes y diplomático en una?

El progreso del mundo camina a saltos, a borbotones, unas veces suavemente, otras de manera apresurada y convulsa; unas veces por medio de reformas estructurales otras por agitación social revolucionaria que da al traste con estructuras y estamentos anquilosados.
Rara vez encontramos dirigentes políticos, personas honestas y bienintencionadas, con ansias de cambio social, cuyos pueblos guarden eterna memoria de ellos. Las más, chocamos con individuos ansiosos de medro personal, pacatos a la hora de tomar decisiones drásticas, más interesados por su yo, reos de sus propias carencias psicológicas que tratan de compensar con el "disfrute" del poder.
Si hubiera que responder de manera aséptica y desapasionada, habría que decir que no. Al menos no en un plazo previsible ni aventurable. Pero hay signos indicadores de que los cimientos de las religiones se ven socavados por el nuevo espíritu que ya hoy recorre el mundo, al menos el mundo que ha progresado.
Personas más o menos de juicio imparcial, por el contrario, afirman porque así lo aprecian, un leve resurgir de las creencias, especialmente en países del Este o en Sudamérica. No pasan de ser apreciaciones localistas y, en el fondo, sin mayor interés que el de su extensión. La lógica histórica camina en otro sentido.
Tendemos a ver las cosas tras el cristal de nuestras gafas de colores: creemos que la educación y la cultura están al alcance de todos; que los medios de comunicación llegan a todos; que la informática, la telefonía, los satélites... Pero no. Hay masas ingentes que desconocen siquiera el nombre de lo que para un niño occidental es "pan nuestro de cada día". De ellas se nutre la masa crédula de las religiones.
Se da por supuesto. ¡Tantos siglos “aleccionándonos” sobre los misterios como para no creer que existan! ¿Pero no será “el misterio” un concepto –o lo que sea— inducido?
Llevo días con esta idea rondándome la cabeza y tratando de descubrir algo misterioso con mi propio devenir vital, ver si algo se ha cruzado conmigo o me ha sucedido algún evento sin causa aparente o he tenido visión de alguna de esas rarezas en los últimos días.
A decir verdad no encuentro misterios por ninguna parte. ¡Y mira que he hecho examen de conciencia! Ni ahora ni antes.
Misterios misterios, lo que se dicen misterios, sólo encuentro en el entorno religioso; y son misterios porque dicen que lo son… Negados, dejan de serlo. Si nosotros mismos decimos que no los hay, desaparecen.

61. Las mayores satisfacciones siempre las proporcionan los demás.
62. Los turistas son los mayores depredadores de la cultura.
63. Siempre hay una última despedida pero nunca lo sabemos.
64. No se rompe ante el huracán, pero sufre su violencia.
65. Siempre queremos ser y, peor todavía, tener más que los demás: por eso es buena la soledad.
La sensibilidad es una cualidad que se adquiere y se incrementa. El cultivo de las artes –en especial la literatura, activa o pasiva, la adquisición de sentido crítico, la audición musical, la asistencia a exposiciones, la contemplación de la naturaleza, la observación – es la fuente más importante para adquirirla.
Pero no se olvide que también exige una permanente lucha contra la chabacanería, contra la tosquedad en las formas, contra la vulgaridad de lo que se ve y se oye, contra la ordinariez de los comportamientos, contra la ramplonería intelectual y también contra esa forma de comunicación que recurre permanentemente a tópicos.
Es posible que ya lo conozcan y quizá el E-mail que recibí hace tiempo esté desfasado en sus datos; podría ser también que algunos no sean tan exactos como debieran. Aún así merece la pena traerlo a colación en estos días de economía revertida que vivimos.
Extraigo los datos de la irónica respuesta que da un estadounidense a un español: "Dado el nivel de impuestos que Uds. tienen y dada la macrocefálica administración de que se han dotado, Uds. deben nadar en la abundancia".
Diferencias clamorosas entre EE.UU.y España y por qué por la vía que seguimos regresaremos al tercer mundo del que, gracias a la Unión Europea, hemos salido. Diferencias que hacen de EE.UU., un país que, mal que bien, "funciona", primera potencia económica del mundo y primera o segunda en renta per cápita.

La madurez de la persona la genera el pensamiento. Y el pensamiento madura con la educación. En Psicología Social se habla de las funciones de la educación. Funciones orientadoras, interculturales, socioafectivas, integradoras; funciones de cualificación profesional; funciones que capacitan para la formación ciudadana y la integración, entre otras.
Es un compendio complejo de tareas y actividades que cualquier Proyecto Educativo de cualquier Centro Docente entiende como "educación integral".
Sólo por la educación el hombre asciende de nivel; se libera de "lo desconocido", lo mistérico, lo arcano; se conoce a sí mismo y a los demás y puede disponer de herramientas para el control de vectores potencialmente dañinos. Por la educación, asimismo, se integra en su ámbito sociológico.

Ayer se celebró "oficialmente", quiero decir religiosamente, la festividad del Corpus Christi, trasladada a domingo por la presión secular respecto al impacto laboral que producían tantos días de asueto.
Pero tal fiesta curiosamente parece, ante los ojos civiles, de quita y pon: un comodín que sirve para justificar enojos, los que producen festividades laborales que "caen" en fin de semana.
Eso, un pretexto.
Pero lo que hoy importa considerar es la festividad del Corpus a los ojos de quienes ya no comulgan con tales ruedas. Y no de molino.
Si hay una fiesta ligada a ritos que exprimen la profundidad a que puede llegar la fe, ésta es la del Corpus.

Habla la religión de "vida espiritual", vida del espíritu, sostenida por la fe y alimentada por la gracia; hablan de los efectos benéficos que producen determinadas plegarias, oraciones y ritos vividos "en profundidad", como gustan decir. Y desdeñan cualquier otra consideración que intente elevar, recuperar o encumbrar a la persona.
De ahí la humilde pretensión de estas páginas. Recomendaciones que por más cercanas a la personalidad rebajan, sí, los humos espiritualistas de los credos pero están más pegadas al proceso vital de las personas.
Habla la religión de "desapego" respecto a las cosas de este mundo. El sentido de tales prédicas ha trascendido la realidad en que tal consejo, válido de por sí, se asienta. No diremos tanto nosotros, pero sí es cierto que un alejamiento mental tanto de las cosas como de los acontecimientos, es bueno.

El apetito hace que la comida sea una fiesta. Lo mismo sucede con la inteligencia. La avidez por conocer, por buscar, por no darse por vencido... es a la vez estímulo y alimento. Nadie que tenga cerradas las puertas de la razón podrá saborear todo lo que el manjar de la naturaleza, de la convivencia y de la experiencia propia pueden ofrecer.
Es la actitud, humilde siempre, del que está en permanente apertura mental, sin negarse a las ideas de los demás, sin desecharlas por más disparadas que parezcan y siempre al acecho de nuevas experiencias. Cosa asaz difícil, contra la que se alzan las cien mil barreras de la vulgaridad que nos circunda.
Por necesidad cultural sobrevenida, he tenido la gran "dicha" de saborear la "autobiografía" o biografía dictada a su confesor, de Emilia de Rodat, fundadora de la Congregación de la Sagrada Familia. No recomiendo, eso sí, su lectura a quien tenga la basca fácil. Una infancia castrada, para poder decir más tarde aquello de que "ya desde pequeña, etc".
Un sustrato pietista riguroso y muy marcado en la niñez suele producir dos tipos de personas sorprendentemente contrapuestos y contradictorios. Por una parte genera los más grandes detractores o denigradores de la religión, por otra los mayores revitalizadores o renovadores de la misma como puedan ser “fundadores de corrientes" religiosas, órdenes y congregaciones, que en otros lugares se dirían "sectas".

La religión --supuestamente un hecho humano y como hecho, con sustrato real--, se compone de "relatos" y genera "leyendas".
¿Qué diferencia al relato de la leyenda? No hay diferencia cualitativa respecto al contenido, porque tan "legendario" es el uno como la otra. Entre la ascensión de Cristo a los cielos y la ascensión de Santa Oria, poca diferencia puede haber: para ambos se abren los cielos, los ángeles que acompañan a Jesús son las palomas que guían a Oria, la visión del cielo no es distinta del Apocalipsis,...
Consecuentemente, tampoco el grado de credibilidad que debe asignar el individuo a uno y otra.

No le faltaban razones a Pablo de Tarso para fustigar los vicios que enganbrenaban la sociedad de su tiempo. Tampoco les faltan razones a obispos y papa al frente para poder decir lo mismo hoy día.
Quien reprueba males vecinos se sitúa en cierto modo al margen o por encima de los mismos. Podríamos pensar eso del santo Apóstol, dado que es "santo". No podemos decir lo mismo de los actuales regidores eclesiales, visto el panorama viral que aqueja sus interioridades. Ellos son parte "interesada" o "afectada" en este mundo que Cristo nos da, como canta su canto.
Argumento contra el mundo pagano que el cristianismo venía a curar, en pluma de Pablo de Tarso:

Tengo aquí en mis manos un libro curioso publicado en 1957 por Ed. Herder, "Psiquiatría y cura de almas" escrito por el alemán Hermann Dobbelstein. Nada se podría decir ahora del título, porque precisamente la Psiquiatría hace relación a la curación del "alma", por llamar de alguna manera al psiquismo y sus trastornos.
Pero el asunto no va por ahí. Hasta esas fechas la exclusiva de la "cura de almas" todavía la tenía la Iglesia. Sólo ella podía acceder, diagnosticar y curar los males del alma.
Desde mediados del S. XX mucho ha avanzado en España el campo de la psiquiatría y de la psicología. Por aportar un dato, la Psicología no entró en la Universidad hasta el año 65 ó 66. Y como no podía ser menos, el conflicto de la "curación del alma" estaba servido: Iglesia frente a Psiquiatría/Psicología.

El ataque directo y racional del "a-teo", del "a-gnóstico", del "des-creído" y de cuantos contrarios puedan arracimarse, no produce mella en la religión. Es más, la fortalece.
Es sintomático comprobar cómo la sociedad, casi de manera subconsciente y sobre todo inducida por personalidades egregias de la religión o de sus suburbios, percibe que son "los malos que acosan a los buenos", "los sin ley que atacan a quienes defienden una moralidad más alta", los filósofos rastreros que pretenden saquear lo que de más excelso hay en el ser humano, su alma, su espíritu y su dignidad. Y es bien sabido que el malo siempre pierde.
Contra este pensar subconsciente, alentado abiertamente por los predicadores de la credulidad, poco se puede hacer directamente. Sólo procede caminar por sendas paralelas, cegando al mismo tiempo sus cauces y secando sus abrevaderos argumentales.

Sí. Es posible una vida más "digna", más "plena" y más "satisfactoria" sin tener que recurrir a los subterfugios religiosos. La religión no añade nada a la vida. Solamente sustituye. Secuestra.
Y por razón idéntica, es posible y deseable la “regeneración vital” de aquellas psiquismos perturbados sin tener que acudir al consultorio profiláctico de los sanadores por la fe.
Nos movemos en la confianza de que el hombre se basta a sí mismo si sabe educarse a sí mismo, potenciando las actitudes constructivas de la mente. Siempre, en un aspecto u otro, necesitará ayuda para ello, pero no la tendrá entre aquéllos que quieren desviarle por sendas tergiversadas que a ningún sitio “humano” conduce y administran placebos pseudomedicinales.
Escribe MANUEL BARREDA.

Pablo, en pleno siglo I, realiza una síntesis religiosa. Este judío gentil grecoparlante es un ciudadano romano que se autocalifica de “fariseo” y funda iglesias con alta representación de gentiles -que se organizan y comen en condiciones de igualdad con los judíos- y logra, de algún modo, que dichas comunidades sean económicamente prósperas.
Pero Pablo representaba una deformación del mensaje mesiánico y una traición en toda regla al nacionalismo judío, además de una herejía que se castigaba con la muerte.
No sólo era pecado compartir alimentos en situación de igualdad con incircuncisos que, además, no respetaban las restricciones y rituales alimentarios de la ley mosaica. Es que Pablo está predicando que Dios tiene un Hijo celestial y que éste es un Hombre-Dios que vendrá como Mesías en aquella generación, lo que es una afirmación pagana y blasfema.
Escribe MANUEL BARREDA.
Palestina vivía una etapa prebélica de nacionalismo exaltado que cada pocos años daba una rebelión importante, según nos ha legado –como principal historiador- Flavio Josefo.
Se estaba gestando una gran Guerra cuyos detalles estratégicos estaban diseñados: podemos asomarnos a un esbozo en el “rollo de la guerra” qumranita.
Mientras tanto, se iban produciendo cada poco tiempo rebeliones de menor alcance, al frente de cada una de las cuales se alzaba un jefe militar que se arrogaba ser de la dinastía de David, además de las obligadas arengas moralizantes y promesas salvíficas.
Algunos de ellos realizaban curaciones milagrosas. No en vano un Mesías era el rey elegido por Yahvé, que debía traer e iba a presidir su Reino, fin para el que precisaba hacerse de un gran número de seguidores y cumplir ciertas conductas anunciadas por los profetas que midieran su popularidad, como la entrada triunfal en Jerusalén a lomos de un burro, según dijera Zacarías.
Escribe MANUEL BARREDA.
Jesús Cristo, el personaje más controvertido de la historia.
Muchos investigadores serios (estudiosos de originales y exégetas versados en historia y hermenéutica bíblica y filológica) han llegado a la conclusión de que no hay ninguna fuente histórica válida y contemporánea que nos hable de Jesús.
Algunos autores han llegado al extremo de creer que no hay personaje histórico alguno. ¿Quiénes? Autores de la talla de G. A. Wells, Earl Doherty, Alvar Ellegård, Timothy Freke y Peter Gandy.
¿Por qué niegan su existencia o dudan de ella? Porque estiman muy difícil que un gran hombre, masivamente seguido como Mesías durante algún tiempo, y juzgado y ejecutado como tal, no deje testimonio histórico alguno, a pasar de haber vivido en uno de los siglos más documentados de la historia humana.

Por más que la gente se confunda y se equivoque en la exposición o proposición de “sus” verdades, esto no lleva a afirmar que “la” verdad es relativa y que no existe “la” verdad.
La verdad es lo que es; la interpretación de la verdad –la teoría sobre la verdad-- es lo que puede ser.
¿Pero quién está capacitado para asegurar que “ésa” es la verdad? ¿Quién está por encima de todos para asegurarlo? ¡Los creyentes dirán que Dios y sus enviados!
Y precisamente ésa es la mayor mentira, una "mentira original", porque ni siquiera se dan cuenta de que hablan según interpretaciones las más de las veces literarias, de sentimientos, vivencias históricas, elucidaciones personales... Es su yo el que habla y creen que es Dios.

No se nos aparta de la cabeza el fementido uso que hace la Credulidad Jerárquica de aquellas personalidades que destacan en algún aspecto de la ciencia y que, compungidos, hincan sus rodillas pidiendo perdón por sus pecados y demandando el alimento espiritual que su ciencia no les aporta.
Los científicos de la naturaleza descubren que las bases mismas de la vida se expresan mediante leyes físicas y químicas y aplican la metodología adecuada para llegar a conocimientos válidos.
Eso está bien y de hecho así ha progresado la ciencia. Pero, curiosamente, cuando tratan con “ideas”, “pensamientos”, “sentimientos”... no proceden con el mismo rigor científico ni conceden valor a las explicaciones de la Psicología y otras ciencias no "tan" naturales. Recurren al arca de Noé de los “misterios insondables”.
Propugnan un alma inmortal y un Ser supremo para aliviar sus ansias, pero cuando la neurología les va acercando a la “sede de la conciencia” y el concepto “alma” deja de tener consistencia, tornan sus ojos a otros especímenes...
En tres patas se sostiene la creencia: una el psiquismo peculiar de la persona practicante; otra el campo abonado de incultura donde crece; y la tercera la permisividad política que la protege.
Poco a poco se va viendo privada de, al menos, dos de esas patas necesarias para sostenerse, la incultura de la sociedad y el sostén político, no porque vayan en sí y directamente contra la creencia, sino porque el sesgo que toman en las sociedades avanzadas hace inviable la creencia.
La incultura de las gentes, ávida de explicaciones, acepta las primeras que se presentan con más brillo que otras; el sostén político les da alas de libertad o de apoyo expreso para desarrollarse por encima de otras opciones más vitalmente humanas.

Hoy "viene" el Espíritu Santo... No, no es así, hoy se celebra la gran fiesta de la Tercera Persona de la Santísima Trinidad, que reventó con su vitalidad el recinto cerrado a cal y canto donde estaban encerrados los timoratos apóstoles. A partir de ahí, "loquebantur variis linguis magnalia Dei" y partieron por todo el mundo a difundir la "Buena Nueva". De algunos nunca más se supo.
El mito de la torre de Babel, obviado; la presencia de trinidades deicas en otras religiones, superada: un dios (monoteísmo hebreo), tres personas (politeísmo circundante). Y todos contentos. Y a creer. Y a confiar en que el Espíritu hará renacer de las cenizas la maltrecha economía (salvadora) de la nave de Pedro.
Con harta frecuencia, porque así conviene a su prestigio, traen a colación a grandes científicos, escritores, artistas... que pusieron su ciencia al servicio de la religión, científicos que nos hacen ver las maravillas que Dios encerró en la naturaleza y que el hombre descubre: ¡gloria al Altísimo!.
También en este blog sufrimos tales andanadas por parte de alguna que otra mosca cojonera, digno prosélito que ha bebido en las fuentes que nacen de la Watchtower.
Si escarbamos en la historia, vemos el sibilino discurrir de la Organización Crédula, cómo de controlar todo pasa a colaborar en todo...
El sabio doctor en ciencias físicas se transforma en patán inepto e incompetente cuando tiene que solventar problemas de su comunidad de vecinos, cuando trata de encauzar la vida de sus hijos, cuando se queda solo durante unos días en casa, cuando tiene que organizar un viaje...
El gran arquitecto de todos reconocido o el médico especialista en las ultimidades de la cardiología... se acercan compungidos y humildes a recibir la “sagrada hostia” y creen a pie juntillas recibir el cuerpo de Cristo. Y le sirven a la credulidad como mojones de la fe.
Escribe MANUEL BARREDA.

Dirás que me estoy yendo por las ramas. Me preguntarás si creo o no que el universo tiene un centro o un origen; si creo en la necesidad de que alguien evite colisiones entre estrellas y galaxias; si creo que ese alguien lo creó; si creo en alguien increado que preexistiera todo el tiempo.
Quien lo pregunta supone un tiempo infinito antes de ahora.
Mi respuesta es: "No hay ningún centro de observación privilegiado y hay cosas que ignoramos sin que las resuelva ningún dios ni mito alguno".
II.- EN QUÉ CREO: El INFINITO
El infinito tiene propiedades mágicas: proponer un tiempo infinito es hacer factible lo imposible, ya fuere “una singularidad”, o la formación espontánea de dos anti-sistemas complementarios. Son cosas del infinito...
¿Saben lo que es una "verdad inducida"? Pues lo que sigue. Dicen, y se les llena la boca con ello, que las cosas de este mundo no proporcionan la felicidad.
Dicen tal monserga para hacer creer al simple fiel que sus desasosiegos tienen un origen claro, el pecado y el alejamiento de Dios; para injertar en su sesera explicaciones que por otra parte nunca el adoctrinado pondrá en cuestión. Corroboran sus dicterios con citas y citas del libro revelado, "palabra de Dios-te alabamos Señor".
Las “grandes” palabras deben verificarse siempre. Debieran reflexionar sobre la veracidad de su contenido, su sentido y entidad. Más que nada porque la “plenitud de la verdad que encierran las palabras” sólo la pueden otorgar los hechos.

460. Milagro no es otra cosa que creer que ha habido milagro.
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461. El pensamiento moderno no ha hecho sino volver contra la credulidad sus propias armas --adoctrinamiento y compulsión--, las que ella utilizó durante siglos.
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462. ¿Reinos de paz y justicia? ¿De vida y verdad? Nada de lo que prometían se ha cumplido. ¿Para qué seguir pensando que el futuro va a ser igual?
Escribe MANUEL BARREDA

¿En qué creo?
Creo en la experimentación personal. Y en la científica. En la posibilidad de crecer superando errores y constricciones.
Creo en los grandes sistemas filosóficos: escepticismo (Pirrón de Elis), Estoicismo (Zenón de Citio), Epicureísmo (Epicuro de Samos), incluso en algunas aportaciones del cinismo (Antístenes, Diógenes), pero lo importante es nuestra actitud crítica antes que crédula o sumisa: ninguno de estos sistemas es infalible y cada uno de nosotros ha de asomarse con espíritu curioso, estudioso, analítico, alegre, práctico y libre.
Por el contrario, no casan con mi entender los “sistemas teológicos” (tipo Agustín, Vico, Hegel, Shopenhauer, Comté, Emerson), por cuanto suponen un plan finalista o una dirección externa (bien una fuerza cósmica inmanente al mundo, bien una programación divina; en cualquier caso, un mecanicismo).
Cuando se quiere talar un árbol, no es lo usual ni productivo deshojarlo o podar ramita a ramita. Se corta por la raíz o se arranca de cuajo.
La cepa radicular de las religiones está en la creencia, aunque la raíz principal haya que buscarla en la incultura.
Las creencias han hecho multiplicar las religiones; éstas, al organizarse, han creado grandes cuerpos doctrinales; sus acólitos han urdido sociedades bien trabadas entre sí y con un ordenamiento jerárquico difícilmente quebrantable; su edificio material es de proporciones gigantescas... especialmente el edificio católico.

San Isidro, patrón de Madrid y de los labradores. Fiesta en muchos pueblos de España. Cerrado a cal y canto el comercio. Procesiones. Un "piscolabis" en la Hermandad de Labradores local... Un santo en cierto modo simpático... pero ¿no se mezcla aquí lo legendario, lo inventado, con lo histórico?
Atención a los datos: nació, 1080, en un Madrid moro --"Madrid castillo famoso..."-- desde hacía tres siglos. San Isidro con toda probabilidad musulmán, dicen por salvarlo que mozárabe. Murió en 1172 (¿un siervo de la gleba de 82 años?). Otros dicen que en 1130. Fue canonizado en 1622, 450 años después. La bula para su culto se publicó en 1724 (¡) y fue declarado protector de los agricultores en 1960 (¡). Compárese el caso con el Fundador del Opus o con Teresa de Calcuta, de quienes ya se habló de edulcoramiento biográfico. ¿Alguien puede relacionar personaje real, fechas y motivos de protección?
Cuando tan poco se sabe con certeza histórica de lo que era Madrid por esas fechas y apenas nada de su "nobleza" (que no la había en tal "poblachón manchego"), de Isidro, un simple peón agrícola, cuatrocientos años después se sabe todo: profesión, hechos y milagros, lugares, hijos, esposa... Sospechoso. Cualquier mente desapasionada diría que hay más de invención que de realidad. Pero, ¿para qué insistir? Bienvenido sea el día de asueto.
A decir verdad en la ristra de “santos protectores” lo que encontramos es, como poco, una ofensa al buen gusto.
Diez citas de la comparecencia pública de don Antonio Algora, obispo de Ciudad Real y responsable de Sostenimiento Económico de la Iglesia:
1. Marcar la casilla de la Iglesia es la mejor manera de luchar contra la crisis económica.
2.- Quien pone la equis a favor de la Iglesia se compromete con el parado, el inmigrante o el expulsado por la sociedad en un asilo.
3. … la Iglesia es especialmente solidaria con los que más sufren la crisis en estos momentos.
4. … labor impagable que la institución eclesiástica realiza en favor de la sociedad…
5. Labor asistencial y solidaria de la Iglesia
6. [temor]…como consecuencia de un menor poder adquisitivo de los españoles, bajen también las aportaciones por esta vía…

Fátima se construyó en base a una “reelaboración” sesgada realizada por las “fuerzas vivas clericales” utilizando testimonios de supuestas visiones de unos niños sometidos a una presión mental que explotó por donde pudo. No se puede decir que Fátima, el fenómeno actual, tenga su origen en 1917: en realidad, todo comienza a partir de otra fecha, 1935. Hasta entonces incluso la Jerarquía portuguesa se oponía a dar pábulo a tales manifestaciones de credulidad.
Seguimos con el testimonio de Don Mario Oliveira (Fátima, nunca mais.1999)
En los primeros testimonios de lo que los pequeños dijeron ya había algunos retoques del clero. Sin embargo, la Jerarquía de la Iglesia siempre se mantuvo distante de los fenómenos de Fátima hasta 1930. Hasta entonces ningún Obispo se quiso implicar en el asunto.

Fátima responde a unos presupuestos religioso-políticos previos o simultáneos, alentados por la Jerarquía y el clero portugueses de principios del S. XX. Recuérdese la I República, el golpe de estado de Sidonio Paes, la llegada al poder de Salazar…
Fátima es una caja de resonancia de las doctrinas del Libro “Misión Abreviada”. Fátima no tiene consistencia en sí objetivamente hablando. Corresponde a una invención de una parte del clero portugués que nunca soportó el hecho de que hubiera una revolución y una República. La revolución de la república puso fin a casi 8 siglos de simbiosis entre el régimen monárquico y la Iglesia católica.

Cuando tienes a mano una explicación lógica, normal, sensata, racional… ¿por qué buscar otras sobrenaturales o extra naturales? Quizá la pregunta no debiera ser “por qué” sino “para qué”, dado que la pretensión es encontrar una finalidad a lo que, en principio, no tiene explicación inmediata. Esto ocurrió en Fátima.
Ésta es la conclusión que, pretendiendo ser asépticos y de manera desapasionada, extrae uno de todo lo acaecido allí.
El regusto que me queda todavía de mi ya lejana visita a Fátima es amargo, desabrido, penoso, triste, incluso angustioso… Por muchas razones, la primera al ver a pobres gentes “rodillear” por la senda enlosada central; otra, por la utilización artera del sentimentalismo barato; todavía más por el mercadeo de lo numinoso en que se ha convertido ese inmenso tugurio de credulidad a flor de piel. Pero sobre todo, por la manera como la Iglesia despoja de su dignidad a personas menesterosas, angustiadas, débiles y que arrastran por la vida necesidades no satisfechas.

[Es de obligado cumplimiento referirnos a Fátima al acercarse estas fechas. Por vía de referencia, léase nuestra verbal peregrinación al sacralizado lugar en este ARTÍCULO]
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Pablo VI visitó Fátima en 1967; Juan Pablo II lo hizo tres veces, 1982, 1991 y 2000. Benedicto XVI lo hará el próximo 13 de mayo de este 2010. El día 7 de junio de 1981, JP2 “consagró el mundo” –“ahí es ná”-- a la Virgen. Recordemos que en mayo de 1981 JP2 había sufrido el atentado, tal como “pronosticara” el también memorable III Secreto de Fátima
[Los efectos benéficos de tal consagración son conocidos de todos. El mundo ha “sufrido” una transformación como nunca se había visto].
En relación a tal consagración mundial, consignemos que Lucía, a lo largo de su vida conventual, no dejaría de insistir en que la Virgen no había pedido tal consagración, sino la de Rusia, y ésta de modo específico, del Papa en unión con todos los obispos del mundo (1). Creo haber leído que la Virgen la visitó varias veces por los años 70-80 para recordárselo.

La creación es un concepto religioso que no sólo repugna a la inteligencia sino incluso, si se piensa bien, a la misma esencia de Dios.
El mundo, el universo, es un enigma se mire por donde se mire y se profundice en ello todo lo que se quiera. Se sabe mucho pero se desconoce más. Se formulan hipótesis científicas que todavía no han sido confirmadas. Se aventuran explicaciones que exigen nuevas explicaciones.
Pero, hete aquí que la religión lo tiene claro, todo muy claro: Dios creó el Universo. Nudo gordiano cortado. Deus ex machina. En versión 11M un antiquísimo "...y vale ya".
Admitamos a consideración las cuatro posibles explicaciones dadas hasta ahora:
Por MANUEL BARREDA
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Intentemos seguir una vía argumentativa más plural, que incluya la razón como elemento indagador, cierto que limitado, pero también muy capaz de obtener claridad.
Un enfoque racional se interesa por el camino que nos procure una vida feliz. La razón se procura conocimiento, liberación y disfrute crecientes.
No es que limitemos de partida el alcance de la experiencia, sino que si nos centramos en sentir o acelerar una experiencia máxima podemos dificultar incluso la más accesible, y los primeros pasos promotores de sabiduría factible. (Aunque tampoco es para temer ese huracán transformador que nos convertiría en una persona “normal pero sabia”, que ve la realidad sin perturbaciones).
Por MANUEL BARREDA.
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Entiendo por sabiduría “un estado progresivo de conciencia y comprensión creciente, maduración personal, alegría vital, desapego relativo, razonabilidad, libertad y disfrute vital”.
Hay quien asume que ese estado es más excelso y definitivo y pone la palabra con mayúsculas. Asumo su posibilidad, dado que los testimonios, aunque excepcionales, parecen surgir en todo tiempo y lugar.
Quienes han percibido ese cambio arrollador refieren haberse visto aspirados a otro estado, han sentido una alegría desconocida y una claridad que desde entonces permanece a su lado. Una vida sin más engaño, represión ni frustración…

Hoy descendemos del cuadrilátero pugilístico del "olimpo crédulo" para ironizar sobre el triste espectáculo, sobre el erial, el secarral, el páramo cultural y técnico que apreciamos en la despreciable clase política. Instalada en este su otro "olimpo", han llegado a constituir lo que se ha dado en llamar "casta política". También esto es "humanismo".
El afán de poder como superación de complejos del inferioridad ("El carácter neurótico") del que hablaba el psiquiatra Alfred Adler es una fuerza encomiable y hasta exigible en un político.
Pero dicho afán de poder se ha de sustentar en una mínima preparación
Escribe MANUEL BARREDA
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Algunas personas notamos cierta insuficiencia que nos mueve a buscar. Nos sentimos perdidas, faltas de sentido o plenitud.
Percibimos, sin embargo, el aguijón interior que nos mueve a buscar verdades, poesía, amor, metafísica; y que nos convierte en buscadores. Quisiéramos asomarnos y superar el aburrimiento y la mediocridad cotidianos. Sabemos que somos minoría.
Hay otros tipos de personas y estrategias, claro está. Las hay desigualmente: seguras de su ejercicio, unas más proclives a engañarse y tendentes a la evasión o, por el contrario, a la adaptación social; otras en principio más capaces de amar y disfrutar aunque cargadas de prejuicios, susceptibilidades circunstanciales y riesgos potenciales a superar.

El Catolicismo, y en general el cristianismo europeo, se encuentra en un momento histórico "delicado", por no usar la metáfora de "caída libre". Hay muchos que desearían su regreso a las regiones que le son propias, las del mito. Asimismo verían como provechoso para la sociedad el que de una vez por todas cesara ese cierto control social que todavía ejercen. En pro de hacerles más fácil el viaje y optando por su supervivencia, el sesgo de su actual "modus existendi" debería ser radical.
Es una mera propuesta, aunque sabemos de “imposible cumplimiento” dada la autoestima endogámica que les asiste... y corroe:
a) "ad extra", conversión en sociedad pública, no semi-paralela al estado, tal cual hoy día funciona, sino sometida a los poderes civiles como las demás sociedades;
b) desaparición del rito en su forma actual en pro de formas donde impere más la espontaneidad y la naturalidad;
Escribe MANUEL BARREDA
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¿Una esperanza de superación de nuestra frustración vital?
Sócrates reconocía un “Guía Interior” o daemon (genio) que lo avisaba de la posibilidad de cometer acciones equivocadas. No es el único en hablar de un sustrato de esa índole, capaz de orientar nuestras decisiones.
¿Existe tal entidad? ¿En qué consistiría? ¿Podemos contactar con ella, estimularla y usarla en provecho propio?
Hay quien responde con un sí seguro a las tres cuestiones. Nuestro “yo interior” responde con un sí o un no llamativamente seguros a las preguntas que le hagamos con el corazón.
Es especialmente eficaz en temas intuitivos y de largo plazo:
¿es amor lo que siento?, ¿qué temo? ¿realmente me vale la pena meterme en este trabajo? ¿qué me está pidiendo mi hijo? ¿qué necesito o estoy echando de menos?
Vuelvo de nuevo a las palabras y a su doble poder, el de "instrumento de comunicación de ideas" y el de "sugestión". Usamos las palabras para entendernos, es el fin primordial de las mismas. Pero también "para otras cosas". Un perro es lo que es, un sustantivo. Usado sin embargo como adjetivo o casi como interjeción, ya es otra cosa. Aún conservando el mismo significado, no es lo mismo un "pacifista" entre soldados que un socio de Greenpeace.
Sabemos que el léxico tiene connotaciones varias. Remito a Ferdinand de Saussure y su "Curso de Lingüística General" para saber más. En términos lingüísticos hablamos de connotación y denotación. Es decir, una palabra hace relación primera al objeto, acto, situación a que se refiere. Pero también un vocablo "sugiere", hace ilación o está en función de experiencias, valores, asociaciones emotivas o intenciones... que a veces poco tienen que ver con el significado primigenio.
Es el caso de la palabra "ATEO" especialmente en un entorno social de hace años donde ser "católico" era "lo normal".

Cada vez estamos más convencidos de que lo que importa al creyente es la fe en lo que consuela, sin tener en cuenta si el objeto del credo es verdadero o falso, si tiene entidad real o no.
En el subsuelo o subconsciente de la religión anida la presunción no declarada de que lo relevante no es la historicidad de determinados hechos sino que esos supuestos hechos inciten o no a elevarse a Dios. Defenestraciones de teólogos hemos visto por asomarse al precipicio de la duda, no con asertos, sino con mensajes entreverados de tal calibre.
Sobre la veracidad, autenticidad, historicidad, cronografía, etc. de los Evangelios o sobre su contenido mitológico ya se ha discutido sobremanera. Los creyentes y teólogos honrados han tenido que aceptar por indiscutibles muchas de las conclusiones a las que la ciencia ha llegado. Pero éstas son "palabras mayores".
Escribe MANUEL BARREDA.
El sentimiento de culpa (de origen) “super-yoico” difiere del simple miedo a ser castigado por Dios. Este último miedo es una anticipación del sufrimiento postmortem, un temor que acompaña y puede estropear una buena tarde de lectura bajo la sombra de un pino; o incrementar en muchos enteros el miedo a morir.
Hay quien ha vivido obsesionado por ese final muchísimo más amenazador que la propia muerte. Este sentimiento era más habitual en otros tiempos, pero hasta hace cincuenta años era el pan nuestro de cada día en nuestra propia España.
Recalco que este miedo incrementado es algo propio de las religiones autoritarias: ni los griegos ni los judíos primitivos (preexilares) lo tenían (ni siquiera varios grupos puristas postexilares, como los saduceos, entre otros no contaminados por la religión persa).
Escribe Manuel BARREDA
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En las religiones anti-vida Dios pone el énfasis en la represión de todo lo que pueda resultarnos agradable: desde un sanísimo “no hacer nada”, hasta el practicar cualquier disfrute sexual no (ultra)regulado por la institución que lo restringe y que parece tener el cometido de reprimirnos a todos. Su efecto más directo es hacernos sentir a todos pecadores.
El invento no es exactamente cristiano: los gnósticos repudiaban el cuerpo material, obra demoníaca o de un demiurgo imperfecto como el mundo en que nos hallamos y tendían a proponer una superación ascética. Muchos de los cristianos primitivos de la región egipcia eran también gnósticos.
Por su parte, algunos grupos judíos (esenios y el principal ramal fariseo) integraron el concepto persa del Juicio Final y el infierno con sus demonios y penalidades (además de otros: el cielo o paraíso celestial, los ángeles, el apocalíptico “Fin de los tiempos”, el movimiento mesiánico…).

24 de Abril, Domingo 4º de Pascua, domingo del "Buen Pastor". Día de oración por las vocaciones.
Fue ese día, domingo, a propósito de la jornada "pro vocaciones", cuando comenzó a relatarme anécdotas de hace más de cuarenta años "gozadas" por ella en el interior del convento-noviciado. Hoy tiene más de sesenta años. A pesar del tiempo transcurrido todavía los recuerdos "viven" en su interior como si de un sueño mal sufrido se tratara.
Lo suyo evidentemente no era vocación religiosa, aunque así se lo hicieran ver estando dentro. Digamos al margen de anécdotas que a la rectoria monjil le interesaba, en ese tiempo de superabundancia de "vocaciones" sin estudios, que una muchacha de buena posición social, casi con el magisterio terminado, guapa, rondando sus veinte juveniles años, entrara "en religión". Era un reclamo jugoso.
Me dice que rara vez ha comentado estas cosas, más que nada porque siempre le han parecido asuntos rastreros, ruines, indicativos de una vida mezquina... que hasta le da vergüenza haber pertenecido durante tres años a ese colectivo.
Muchas de las "anécdotas" que aquí se refieren, inciden en aspectos psíquicos calificables de neurosis.
Escribe MANUEL BARREDA
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Entiendo que creer o no es bastante secundario con respecto a algo más decisivo: vivir felizmente, disfrutar la existencia plena que anhelamos, llevar un tipo de vida que merezca la pena. ¿Tiene esto algo que ver con creer uno u otro credo? Ojalá que no.
Hubiera dicho que las religiones anti-vida se oponen a una vida plena, pero al parecer estamos de suerte: casi todos los cristianos que se asoman por aquí viven su fe como el mayor de los bienes, notan su efecto liberador, esperanzador y aun euforizante. Los efectos negativos, en cambio, se los atribuimos --o hemos sentido en propias carnes-- quienes defendemos habernos liberado de dogmas que arruinaban ese vivir cuando éramos creyentes.
Un conocido teólogo moderno, también periodista y licenciado en Química, afirma que los científicos reconocen que el espíritu no perece con el cuerpo (el asunto de la separación alma - cuerpo); que la fe y la ciencia no se oponen, es más se complementan (son dos campos absolutamente contradictorios); que tiene que existir algo, que podría ser el sustituto de la antigua idea de Dios... (“quaestio de verbis”: en esencia, tres de las verdades más importantes en que se fundamenta la creencia).
Sibilina forma de decir lo de siempre sin decirlo él para prever una posible salida a una potencial discrepancia en los modos.
Se pueden rebatir fácilmente los tres asertos. Algo dicen los paréntesis, pero no vamos a parar mientes en ello. Lo que se pretende es quitar la máscara a cuantos, a fuer de novedosos, siguen argumentando por vía de excelencia.
Recojo una frase leída en escritos espiritualistas, es decir, aquellos que pretenden un regreso a la pureza de la religión cristiana, obviando de alguna manera organización jerárquica, dogmas asentados y ritos estereotipados:
El dogma cristiano no consiste en expresiones, fórmulas y giros; es una vida interior, una fuerza santa y todos los conceptos doctrinales y dogmas sólo tienen valor en cuanto que expresan lo interior.
Cualquier creyente sincero estará de acuerdo con tal afirmación e incluso lucharía --y los hay que luchan-- para que así fuera. Es en gran parte el drama de muchos cristianos sinceros. Para quien ve las cosas de lejos y sin afección alguna, es una voladura controlada del entramado burocrático eclesial.

Interesante por demás es la encuesta del CIS de julio de 2009 (1) sobre la religiosidad en España. Ver un análisis de la misma "aquí". Los datos son más o menos conocidos de todos. A grandes rasgos:
• se declaran católicos el 76% de los españoles: 36,5 millones (engloba a los que creen en Dios, 59%, y a los que creen en algún espíritu o fuerza vital que nos rige y gobierna, 21%)
• 13% “no creyente": 6.25 millones
• 7,3% “ateos": 3,5 millones
• 2,1% creyentes de otra religión: 1 millón.
Para nuestro propósito, nos centramos en ese 76% de españoles, cajón de sastre donde caben las más diversas opciones y, sobre todo, opiniones.
Escribe MANUEL BARREDA
Existen muchas razones para estar “casi seguro” de que no hay Dios (en referencia a un Dios personal creador). Dawkins las resume muy bien, y con la mejor de las intenciones, ya que la religión, en particular las religiones anti-vida (culpabilizadoras, atemorizadoras o represivas) tienen –además de las posibles virtudes señaladas- efectos contrarios a la libertad interior, la salud mental, y aun la virtud o moral (un efecto éste ciertamente paradójico).
Además, el conocimiento personal, al pretenderse sesgado, unilateral, temeroso, o limitado por prohibiciones, no gana nada, por el contrario, tiende a empobrecerse.
El ideal sería que cada cual buscara por su cuenta, que todos pudiéramos expresarnos, ver programas y leer libros de diverso signo, unos confesionales, otros con información crítica, fuere intercultural, neutral, científica, antropológica o histórica.

Lugar del crimen.
Esta tarde, 21 de abril de 2010, a las tres y media, han enterrado en Madrid a Emilio y Pilar. Él, cincuenta años, ella cuarenta y nueve. Eso decían los periódicos. Aquí, muy cerquita, pero terriblemente lejos, una madre, Cecilia, de ochenta y uno, toda bondad y ternura, que ya no tiene lágrimas para más desgracias. Hace nueve años murió su otro hijo en accidente de automóvil. Con ella está su nieta, de diecisiete años.
Mi tristeza es honda, profunda, como una tarde gris de invierno, como de hierro oxidado. La mirada se me pierde a lo lejos. No quiero hablar, sólo sentir esa pena larga, ancha, que se esparce como el aceite desparramado encima de una charca… Y no es porque sean mi familia. Pero son, eran, parte de mi vida, mi reducida vida comunitaria.
Tengo el enorme placer de presentar en HUMANISMO SIN CREDOS a un nuevo colaborador --"esporádico" y "hasta que dure" según su deseo --. Persona de verbo mesurado, comprensiva y comprensible con y por aquellos de opiniones contrarias. Su trayectoria vital se ha movido en el campo de la medicina y la enseñanza, con afanes literarios expresados en diversos libros relacionados con los asuntos que aquí nos traen de cabeza y que quedarán reflejados en las opiniones que en este foro vierta su pluma.

Escribe MANUEL BARREDA.
Nuestro credo coincide en lo esencial con el de nuestra madre. De mayores podemos cambiar de convicciones pero mostramos cierta resistencia a cambiar las creencias que nuestros padres (al parecer, sobre todo nuestra madre) nos inculcaron en nuestra más tierna infancia, formando un sustrato emotivo mágico, al tiempo que un modo de sentir y relacionarnos con el mundo: una cosmogonía vivencial cuya permanencia a menudo quisiéramos mantener.
Se trata de una preferencia inconsciente; le conferimos valor, la consideramos núcleo personal, fuente de seguridad, centro sagrado e intocable que da sentido a nuestra existencia.
Las “posturas” ante Dios derivan de la lógica humana ante cualquier “verdad” que se vive como “sentimiento” o como "emoción" pero o no se ha podido demostrar o es difícilmente demostrable: ni se puede afirmar su existencia ni demostrar su inexistencia. Todas ellas legítimas:
ateos que niegan tanto su esencia como su existencia;
agnósticos, que sin negar su existencia no pueden afirmar su esencia;
Dicen que gracias a la Iglesia floreció la cultura en Occidente y, como toda afirmación gratuita o generalicia, tiene sus connotaciones afirmativas y negativas.
Deberíamos preguntar a qué cultura se refieren: ¿la teocéntrica, la de iglesias y catedrales por doquier, la del arte religioso? ¿La gastronómica para engordar orondas panzas obispiles?
Quizá sea éste también otro "mito" interesado, cultivado y propalado por la propia Organización para presentarse ante Occidente con las manos llenas... y que hay que desmontar.
Porque, ¿la otra cultura? La ciencia, la que germinó entre los sabios griegos y que apenas si recogieron los romanos, quedó agostada por el sol del cristianismo. Un invierno científico de casi mil años se abatió sobre Europa.
Las jerarquías católica y protestante todavía confiaban en el “cristianismo secular de Alemania”, en la “cristiana Irlanda”, en la “católica España y la católica Polonia”..., faros de salvación y asideros frente al fragor de las olas de incredulidad que todo lo arrasa.
España, como el resto de los países europeos, se ha desprendido de la pátina de credulidad que la recubría. Algunos dirán que se ha separado el trigo de la paja y convendríamos que parte de razón les asiste, porque mucha era la práctica sociológica dentro del catolicismo de décadas pasadas.
En su momento la Jerarquía aplaudió y colaboró en la caída del comunismo confiados en que las masas “ateizadas” de esas naciones acudirían como ciervos sedientos a las fuentes que manan de la colina vaticana.
No ha sido así y el porqué tiene muchos aspectos dignos de ser considerados. Veamos algún que otro “porqué”, para comprender mejor y más en profundidad este proceso de secularización:
El siglo XXI será espiritual o no será... Frase una y otra vez citada por la credulidad católica que incluso trueca la traducción de espiritual por religioso. (1). Dicha así, sin vincularla a autoría conocida, sin referencia al “talento” que la parió, parece una simple “boutade”... y lo es.
No dice absolutamente nada, aunque se diga como “amenaza” para que renazca la religión, aduciendo que sin ella la historia de occidente está incompleta.
Completemos la respuesta: ¿qué “no será”? ¿Siglo? Sin comentario. ¿Espiritual? ¿"El siglo XXI será espiritual o no será espiritual"?.Contestación a lo Kant: juicio sintético a priori o tautología. Lógicamente, ninguno de los dos miembros de la frase se sostiene.

Cuando decimos que el verdadero fundador del cristianismo es Pablo de Tarso no erramos: utilizó una figura posiblemente real, Jesús, un profeta más de los muchos que pulularon por Palestina que “terminó mal”, creó de él un fantasma, Cristo, lo asoció a concepciones previas del helenismo, de la religión egipcia y del judaísmo y lo puso a caminar.
El Nuevo Testamento tiene 27 libros: cuatro Evangelios de los cuales dos, y casi tres, se mueven en su onda, escritos a inspiración de lo que él previamente había enseñado y escrito; los Hechos de los Apóstoles, un panegírico o hagiografía a su medida; de los 22 escritos siguientes, 14 son cartas de Pablo, con la salvedad de que el resto, a excepción del Apocalipsis, son escritos muy breves. Es decir, el Nuevo Testamento en un 80% como mínimo es obra de Pablo de Tarso. Doctrinalmente, en un 100%.
Una prueba de Dios debiera tener tal contundencia racional que moviera necesariamente a un ateo (lo que "ellos" entiendo por tal) a aceptar a Dios. No es así.
Curiosamente tampoco al contrario, es decir, que Dios no se puede probar por argumentos ni últimamente lo intentan: Dios se cree y se acepta y basta. Dichos argumentos "de razón" duran lo que duran, hasta que viene alguien a tumbarlos.
¿Qué deducción se puede extraer?. Sencillamente que las verdades de fe no tienen que ver nada con aspectos racionales del cerebro. La razón rechaza a Dios. Y que las demostraciones de Dios sólo son aspectos de la racionalidad movida por las emociones.
Es de agradecer que haya personas, creyentes en este caso –y no digo crédulos para que nuestro ínclito Moisés no se ofenda-- que honradamente se interesan por las cuestiones que creen y sepan contestar a lo que podrían denominarse “dudas racionales sobre Dios”.
De entre todos los comentaristas y por aquello de apreciar en su justo valor el contenido de lo que se dice, me he creído en la obligación de editar hoy lo que un creyente (supongo)escribe.
No le haría falta poner eso de “No todo creyente es zote”. Se da por supuesto. por sentido de ecuanimidad, no procedo a replicar sus acotaciones: ahí están ambos artículos. Cada cual piense lo que crea oportuno o haga los comentarios que quiera.
Éstas son sus respuestas:
Preguntas que de una u otra forma y de manera recurrente aparecen en cualquier ámbito donde la fe es cuestionada. Aquí y a lo largo de meses, las hemos formulado de todos los modos posibles.
1. ¿Por qué depende tanto LA EXISTENCIA DE UN DIOS REAL de las convicciones interiores de una persona, aunque sean millones de personas, cuando otros muchos millones piensan lo contrario? ¿Quién tiene razón?
2. Existen numerosas religiones; todas dicen que son LA ÚNICA VERDADERA. ¿Qué criterios hay para asegurar que una es más verdadera que la que profesan los otros?
Piden y están en la tarea de pedir perdón; demandan comprensión; reconocen las culpas… Aunque estas culpas lo sean principalmente por haber sido descubiertas y haber salido a la luz, “nunca es tarde si la dicha es buena”, que dice el refrán.
Decíamos hace días que los pecados y los delitos no los cometen las sociedades sino los individuos. Es regla en Derecho. Y aunque la sociedad a la que tal individuo pertenece pueda llegar a hacerse responsable subsidiaria de tales delitos o pecados o culpas, no por ello debiera el resto del colectivo sentirse concernido: lamentar sí, pedir perdón no. “Que cada palo aguante su vela”, como también dice el refrán.
Dicho lo cual, lo procedente es lo que el sentido común de la legalidad imperante demanda: investigación, denuncia, juicio, absolución o condena y… “a pagar los platos rotos”.

Otras veces y de pasada hemos traído a colación el tema, pero lo expresamos con mayor contundencia: la fecha de caducidad de los dioses en cuanto que son creación nacida de las penurias, carencias, frustraciones, deseos, aspiraciones, anhelos... humanos.
Osiris fue un dios egipcio cuyos signos distintivos más característicos a ningún cristiano sonarán a extraños y que podemos resumir en estos puntos:
nació, vino o “bajó” a la tierra por amor a los hombres,
se dedicó a practicar el bien entre los mortales;
también --como su sucesor, Cristo--, murió asesinado por influencia nefasta del maligno, Set, el Satán de la Biblia;
también, como después Cristo, resucitó;
como Cristo, Osiris fue intitulado juez de vivos y muertos...
el culto, las ceremonias, los días a él dedicados, los templos, los ritos... tan amplios y extendidos como los del cristianismo

Ciertamente que la Iglesia en los últimos tiempos no hace ostentación o referencia “oficial” alguna a reliquias ni zarandajas por el estilo. Pero la práctica se sigue manteniendo. Algunas tienen la prerrogativa de ser sagradas y venerandas.
¿Sabe alguien el negocio que hay montado en torno a trocitos minúsculos de “hábitos de la monja”, “sábana donde murió la Buena Madre”, fragmentos de tela “en contacto con la santa”, micras de huesos encapsulados en estampas y que se venden a tanto el fragmento, etc.?
El hacer acopio de reliquias no fue una bufonada de Felipe II, que el asunto venía de antiguo. Fue una “afición” muy extendida ya en toda la Edad Media. Se vivía con fervor universal.
Recordemos sólo algunos casos que pueden animar, a quien esto lea, a profundizar más en asunto de tanta enjundia:
el afán del obispo Gelmírez (c.1065-c.1140) por "dotar" a Compostela de una buena cosecha de las galaico portuguesas. Digamos de pasada que desde el principio nadie estuvo muy convencido de que en Compostela estuvieran los restos de Sant Iacob.

Una trama muy sabrosa en la historia de la Iglesia ha sido la de las reliquias de santos. Ha dado para escribir muchas novelas enjundiosas, fabulosas, fantasiosas y hasta jocosas.
Por reliquia entiende la Iglesia cualquier parte del cuerpo u objetos relacionados con algún santo. Dic