
La reflexión profunda sobre el lenguaje religioso concretado en el diálogo con Dios, lleva necesariamente a la negación del mismo diálogo, del interlocutor o al menos a una prudente postura de abstención de juicio.
Comencemos diciendo que una de las funciones esenciales del lenguaje es ser vehículo de las ideas propias, porque una idea no verbalizada no existe. Cierto.
Pero el lenguaje es, sobre todo, herramienta social, elemento de comunicación de dichas ideas previamente verbalizadas: nadie se comunica con alguien si no hay un doble sentido de comunicación y recepción en la vía única del diálogo. El lenguaje como habla que transmite y escucha que comprende.
Y el lenguaje religioso sólo tiene una dirección, la de subida. Para muchos, lo que es su vida.
Miércoles, 30 de mayo
Asoc. Humanismo sin Credos
Carlos F. Barberá
Josemari Lorenzo Amelibia
Universidad Pontificia Comillas
Ediciones Khaf
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo
Antonio Aradillas
José Manuel Bernal