
En inferioridad numérica o doctrinal, cualquier cristiano exhibe doctrina aceptable, humana, conciliadora, pacífica, moderada...
Es el disfraz de humildad con que se revisten los cánidos o los felinos que todavía no han cazado.
En tal situación pacifista y pacificadores como la de hoy, que no es otra cosa que anemia vital, se podrían aceptar sus postulados aunque sólo fuera por simple sentimiento de pena, pero la sensiblería nunca debe dar lugar a la claudicación de la razón.
Pero, por más que lo queramos ocultar, la infancia, adolescencia y, sobre todo, la juventud, que es la etapa de formación y consolidación de criterios, marcan decisivamente el devenir de una persona... y también de las sociedades.
Miércoles, 30 de mayo
Asoc. Humanismo sin Credos
Carlos F. Barberá
Josemari Lorenzo Amelibia
Universidad Pontificia Comillas
Ediciones Khaf
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo
Antonio Aradillas
José Manuel Bernal