por Emérito Agusto
La muerte es una realidad presente en todo el contexto de nuestra condición humana y de las relaciones sociales; cualquiera que sea, todo acontecimiento es “portador de muerte”; la vemos ya como algo nuestro, a diario, fines de semana, puentes y vacaciones, derrumbes, terrorismo, violencia doméstica, terremotos... Desde que nacemos, estamos abocados a la muerte.
Es la única verdad infalible. Se trata de un desafío, porque la aspiración fundamental de la persona es vivir...
Como consecuencia de este dilema, de ese rabioso deseo animal de supervivencia, en todas las religiones, principalmente las monoteístas, se abre un espacio después de la muerte, un Nirvana, un Paraíso, un Cielo ¡o un Infierno! (que últimamente se ha descubierto que existe y es eterno).
Miércoles, 30 de mayo
Asoc. Humanismo sin Credos
Carlos F. Barberá
Josemari Lorenzo Amelibia
Universidad Pontificia Comillas
Ediciones Khaf
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo
Antonio Aradillas
José Manuel Bernal