De forma directa:
"Pienso, siento y vivo con la convicción de que, cuando yo muera, no sucederá otra cosa que acabarse mi existencia. No soy distinto al resto de los seres vivientes que pueblan la naturaleza".
Digámoslo con palabras más crudas: el poco estiércol que generen mis vísceras servirá para alimentar a otros elementos de la naturaleza, bichos o plantas. Puede parecer crudo, pero ¡es tan natural!
Llevaba años preparando mi pensamiento para algo que, por ley natural, tenía que suceder: mis padres tenían que morir. Su muerte la viví como la cosa más natural del mundo, con paz.
Miércoles, 30 de mayo
Asoc. Humanismo sin Credos
Carlos F. Barberá
Josemari Lorenzo Amelibia
Universidad Pontificia Comillas
Ediciones Khaf
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo
Antonio Aradillas
José Manuel Bernal