
La calidad de vida nunca ha dependido de modo significativo de los hábitos religiosos aunque sea cierto que, especialmente en las personas de edad avanzada, la vivencia de sentimientos religiosos y la práctica habitual de ritos influyen positivamente en ella.
Cada vez va calando más en la conciencia de la sociedad que la calidad de vida depende fundamentalmente de cuestiones psicológicas, del ánimo vital especialmente, del influjo de los sentimientos, del control de las emociones, del trabajo por mejorar lo que antes se denominaban “pasiones”.
La conexión entre sentimientos y enfermedades ya era de dominio público, pero no ha sido hasta nuestros días cuando se ha investigado científicamente.
Una nueva ciencia está naciendo, la psico-neuro-inmunología, basada en que las defensas contra una enfermedad se generan primero en el cerebro. Una descarga de emociones negativas envenena al cerebro, por lo que la persona debiera adquirir hábitos y entrenamiento para su control.
En líneas generales debemos tener claro lo que sigue:
1. Los malos hábitos emocionales tienden a desbancar a los positivos: la inercia emocional conduce a que se instalen los malos sentimientos.
2. Siempre se presentan agrupados, asociados; la baja autoestima, por ejemplo, siempre va asociada a la autopunición y al miedo al rechazo.
3. Emociones negativas como pena, tristeza o desesperación suelen acompañar a trastornos físicos: esto es normal; pero lo mismo que aparecen se van. Lo preocupante es la negatividad crónica y persistente, que contamina cualquier actividad de la vida diaria.
4. Tan negativo es el optimismo sin fundamento como el pesimismo; lo que hay que desarrollar es el racionalismo teñido de esperanza: ver las vías de escape a realidades opresivas.
5. Actitudes negativas típicas: sentirse “objeto de persecución maligna”; creer y afirmar que tal situación no va a cambiar o que, se haga lo que se haga, todo va a seguir igual; si se instala en el cerebro la pregunta fija y persistente del “¿por qué a mí?”; si se formulan preguntas sin el ánimo de responderlas; si sólo hay memoria para las cosas negativas...
6. La fijación de malos hábitos emocionales es un sabotaje continuo a la felicidad, al bienestar general de la persona.
7. Es preciso estar precavido contra la civilización, especialmente urbana, que genera muchos de esos hábitos.
8. Es importante saber que dichos hábitos no son ni algo congénito ni algo permanente. No están marcados genéticamente, aunque pueda haber “predisposición” a ellos.
Son hábitos destructivos los que tienen que ver con la depresión, los sentimientos de culpa, ansiedad u obsesión; el no quererse, el rechazarse uno mismo; el pensar que ya no se tiene nada que hacer; el “dejar paso a los demás”; el sentirse falto de valía o de importancia; la descalificación propia, el “no sé qué me pasa”...
También el culpar a los demás de nuestras desgracias, la no aceptación de responsabilidad en los hechos, el dar de lado las verdaderas o posibles razones...
He aquí un campo inmenso para el “trabajo de la razón”, que no es otra cosa que "investigar en uno mismo" y "hacer examen de conciencia" de lo que a uno le sucede.
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Resulta curioso que Jesús, cuando habla de “amar a los demás”, pone como criterio el “como a ti mismo”.
Por supuesto, no hay que descartar el cuerpo. "Mens sana in corpore sano". Hay que cuidarlo al máximo. No olvidemos que es “lo único que nos va a durar toda la vida”.
Saludos cordiales.
SARUCE,amigo. ¡¡Cuánto tiempo!!
Voy a quitar las interrogaciones a tu propuesta: “La presumible complejidad del ser humano, nos hace ser o estar condicionados por circunstancias totalmente desconocidas e inexplicables”. Firmo y rubrico.
Y respecto a las actitudes y sus resultados, no he querido generalizar. Pero no cabe duda, y está demostrado sicológicamente, que el optimismo y la visión positiva de la vida, ayuda a superar esos condicionamientos inexplicables. Algo semejante ocurre con el “recurso a Dios”. Se piden “milagritos” para una enfermedad (generalmente cuando ya no se tienen recursos médicos) y la enfermedad, implacable, “sigue su curso destructivo”. Eso es ley natural.
La “felicidad" es un término muy subjetivo y cultural, difícil por tanto de definir. Para mí "soy feliz, cuanto más contento estoy conmigo mismo.
¿No podríamos traducir el “disfrutar de la vida” como “quererse a sí mismo”? Resulta curioso que Jesús, cuando habla de “amar a los demás”...
../..Creo que existe una relación entre ciertas actitides y los resultados de las mismas, pero no deberíamos generalizar.
Hace poco, un familiar mío afectado de mieloma múltiple (cáncer), se dejó convencer por unos sanadores amigos (médicos entre ellos) de que con voluntad y "alimentación especial" podría enfrentarse a su enfermedad.
El cáncer no se dejó convencer, ni hizo caso de esas actitudes tan positivas, y decidió continuar su curso destructivo.
No todo son hábitos ni actitudes, ni todo puede ser explicable ni asumible.
Quizás ahí radique la maravilla de la naturaleza humana.
¿Y no crees, amigo Emérito Agusto, que la presumible complejidad del ser humano, nos haga ser o estar condicionados por circunstancias totalmente desconocidas e inexplicables?.
La depresión, que se cita en uno de los párrafos del post, es un ejemplo de actuación anómala de la salud humana. Alguien muy cercano a mí la padeció durante nueve meses seguidos, y una mañana amaneció sonriendo, tras haber estado todo ese tiempo en el fondo de un pozo.
Y no era cosa de actitudes, sino de un desequilibrio de enzimas, según me contó un científico amigo.
Hay cosas que son inteligibles para los humanos, y otras, que no.
../..
Ahí "has puesto el dedo en la llaga" (y perdón por la expresión), Emérito.
Algunos decimos "tirando", porque siempre es mejor ser uno el que tire que no que tiren de uno, pero la mayoría de las veces decimos "Bien, gracias a Dios" (aunque se nos diga como decía el hijo de unos amigos:"¿y si Dios te quita la gracia?"... ¡porque tal como van las cosas, con la cantidad de imponderables (paro, subida del IVA y otros impuestos, etc) que nos sobrevienen, ya no se vive, se sobrevive!) Es broma. Creo que es una buena pregunta, ver dónde tenemos nuestra confianza, si estamos "construyendo sobre piedra o sobre arena". Muy buena, Emérito.
Y más etecés semejantes.
Qué pocos son los que contestan (contestamos) ¡¡Bien!! O un sincero convencido ¡¡Cojonudamente!!
Creo que algo puede estar fallando en nuestras vidas.
¿Os habéis dado cuenta de lo que contestamos cuando, como saludo, nos preguntan: “¿Cómo estás?” Las respuestas más comunes son curiosísimas; y en ellas demostramos nuestro estado de ánimo y hasta nuestra calidad de vida. Hago un elenco.
-“Tirando”. (¿del carro de la vida? ¿con “quién” queremos identificarnos?)
-“Luchando” (¿dónde está el enemigo? ¿la propia vida o el propio yo?)
-“Así, así”. (o sea, ni fu ni fa. ¿cómo vives, pues?)
-“Ya ves”. (donde queremos decir: si tú no lo ves cómo lo voy a ver yo. ¡vaya futuro!)
-“Vamos mejorando” (el plural mayestático indica que solos no podemos; necesitamos compañía para salir del atolladero)
-“Pse” (aquí hay que mirar la cara y el rictus de los labios)
-“No muy bien” (o sea, dicho directamente, ¡mal!)
-“No me puedo quejar” (podría estar peor, pero lo asumo. Soy un masoca)
-“Jodido pero contento” (es mi estado natural, estar jodido, pero ¿para qué me voy a quejar?; soy conformista.
Y m...
Hombre bloger, hoy medio se te puede leer y hasta respetar, aunque se discrepe.
No puedes evitar darle aunque sea de pasada una "puntaita" a la religión, pero bueno de la manera que lo haces hoy es razonable y aceptable.
Lo dicho, si respetas serás respetado y si no, pues a mi me va la marcha un montón. Si te "enrrollas" me callo, y con esto no te pongo mordaza, solo pido el respeto que se me debe y que me comprometo a devolver.
Garantizao.
Miércoles, 30 de mayo
Asoc. Humanismo sin Credos
Carlos F. Barberá
Josemari Lorenzo Amelibia
Universidad Pontificia Comillas
Ediciones Khaf
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo
Antonio Aradillas
José Manuel Bernal