
Escala de valores, axiología... Podríamos definir los valores como los principios motores de la vida, los intereses, pensamientos o credos que mueven a las personas.
De vez en cuando el hombre debe "pararse" y explicitar, concretar, sistematizar –-pensar, en definitiva-- cuáles son sus propios valores.
¿Vivir solamente?
¿Descansar?
¿Tener cuanto más dinero mejor?
¿Mandar y tener poder sobre otros?
¿Ejercer sobre los demás el supremo bien de la educación?
¿El trabajo dependiente?
¿Un trabajo autónomo?
¿Vivir y gozar de la familia?
¿La presencia continua de Dios en los actos triviales de cada día?
¿La santificación?
¿Trabajar "in situ" por los demás?
En tal escala de valores, o en otra cualquiera complementaria, con seguridad gran parte de ellos harán relación a las demás personas, porque también los demás viven pendientes de nosotros o podemos aportar lo que somos y sabemos a los demás.
Uno de los ejercicios racionales más interesantes es considerar qué valores son fundamentales en “mi” vida.
Y aquí nos encontraremos con aquello en que tanto insisten los portavoces del credo: las preguntas de la vida.
Las que siguen suelen "percibirse" como sentimientos vagos o presentimientos, pero bueno sería explicitarlas como ejercicio mental:
¿quién soy?
¿de dónde vengo?
¿a dónde voy?
¿por qué existe el mal?
¿qué hay después de esta vida?
¿qué hay en la naturaleza que me asombra y no puedo comprender?
¿por que obran mal las personas?
Quizá el hecho mismo de plantear esas preguntas y otras que van surgiendo a su abrigo suprima las angustias etéreas que sobrevuelan por la mente de quienquiera que sólo "sienta" esas inquietudes.
Y quizá también, al contrastar las respuestas propias con las que se han dado, se vea la cantidad de tonterías que se han dicho o incluso han impuesto como doctrina.
Lo curioso, o desalentador, es que los credos llevan siglos adelantándose a las preguntas --poner la venda antes de la herida-- y han cortocircuitado el proceso contestando por el propio interesado. ¿Pero le sirven sus respuestas al hombre de hoy?
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"¿Pero le sirven sus respuestas al hombre de hoy?"
El hombre de hoy desconfía de los "credos"
Prefiere las respuestas de la ciencia o simplemente alienarse, crédulamente o no: porque también existe la alienación crédula, no solo no plantearse las preguntas sino también no cuestionarse las respuestas.
Me quedo con Quevedo y su "cerrar podrá mis ojos..."
¡Cuidado con los clásicos! Lo de "Ay, mísero de mí" lo recita Segismundo, y de este personaje no se puede decir que sea el paradigma de la ética (ver la obra)
Respecto a Lope, decir como don Quijote de sus armas "nadie las toque que contender con Roldán no pueda". Blogger, una cosa es que discrepes de miscato, otra que te metas a poeta:en la primera podemos llegar a estar de acuerdo, pero en lo segundo... te arriesgas mucho. Para tu información, la gente del Barroco tenía una cultura que ya la querríamos muchos, a pesar de su antigüedad: era muy rica en simbolismos, cultura clásica... pero ¿por ser esto "humanidades", no casan bien con el humanismo?.
MISS- GATO, no sueñes tanto. Aunque me imagino que día y noche soñarás con los angelitos, nimbado de gloria. “Cuatro esquinitas tiene mi cama,…cuatro angelitos que me la guardan…”
Sueña...sueña..., que tus sueños entelequias son.
Respeta al pestiño; odia la pestiñería.
Para los amantes del clasicismo. Humanismo sano:
¡Ay mísero de mí! ¡Ay infelice!
Apurar, cielos, pretendo,
ya que me tratáis así,
qué delito cometí
contra vosotros naciendo.
Aunque si nací, ya entiendo
qué delito he cometido:
Bastante causa ha tenido
vuestra justicia y rigor,
pues el delito mayor
del hombre es haber nacido.
Sólo quisiera saber
para apurar mis desvelos
(dejando a una parte, cielos,
el delito de nacer),
qué más os pude ofender,
para castigarme más.
¿No nacieron los demás?
Pues si los demás nacieron,
¿qué privilegio tuvieron
que yo no gocé jamás?
---------
¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño,
que toda la vida es sueño
y los sueños, sueños son.
MISS- GATO, no sueñes tanto. Aunque me imagino que día y noc...
DON MISCATO, usted parece que escribe para pasar el rato.
Ya que le gusta citar
versos (siempre repetidos)
puede ahora rebuznar
Con estos ripios manidos:
La retórica de Lope,
No hay quien la toque:
Retórica creyente
Que antes la gente
Por necia y no saber
Se entregaba a creer.
Hoy este mismo poeta
Metería en su maleta
Los versos que desgranó
y, faciendo como yo,
se reiría de todo
y echaría por el lodo
tan necia credulidad.
Y no sería maldad
sino uso racional
de ese soberbio caudal
de poeta, como él era.
El resto... a la papelera.
Y recuerda algo que pica,
que era un cura jodedor
cosa que casa peor
con el credo que predica.
Y por que nos hacemos estas preguntas?
Es decir de donde viene al hombre la necesidad de responderlas?
Porque el hombre necesariamente tiene que tomar una posicion (no contestarlas ya es tomar posicion)con respecto a estas preguntas?
Pienso que porque Dios no es un problema que el hombre quiera o no plantearse, sino que la realidad se impone al hombre, y este necesariamente se pregunta por Dios.
Si me preguntas adonde voy,
y si tu quieres saber quien soy,
piensa que es fácil de adivinar,
que yo soy yo.
Si te preocupa mi porvenir,
puedes dejar de pensar en mi,
no lograrás hacerme cambiar,
soy como soy.
Blo g g, lo tuyo "na" y lo importante, a ti no te importa, peor, buscas destruirlo. Es lo que hay.
Pues ¿cómo de la enmienda y penitencia
Tan descuidado vivo en esta vida?
¿Cómo no limpio y curo mi conciencia
antes que llegue el fin de esta partida?
(...)
¡OH, loco! Torpe, necio, endurecido,
falso, liviano, desleal, vicioso;
que puede ser venir a condenarme
¡posible! ¿y río y duermo y quiero holgarme?...
(...)
¿Cómo de la virtud me olvido tanto?
¿Qué hago?, ¿en qué me ocupo?,
¿en qué me encanto?
(...)
De angustias y tormentos desiguales
¿no tiemblo? ¿no me enmiendo, no me espanto?
¡Loco debo ser pues no soy santo!
_Atribuida a Lope de Vega
Blogger:nuestros clásicos te formulan magistralmente las preguntas de una humanidad sana.Y son un test para descubrir si te interrogas sabia o neciamente:
"¿Yo para qué nací? Para salvarme.
Que tengo que morir es infalible;
Dejar de ver a Dios y condenarme
Triste cosa será, pero posible.
¡Posible...! ¿y río y duermo
y quiero holgarme?
¡Posible...! ¿y tengo amor a lo visible?
¿Qué hago? ¿En qué me ocupo?
¿En qué me encanto?
¡Loco debo yo ser, pues no soy santo!
Yo... ¿cómo vine al mundo? Condenado.
Dios ¿cómo me libró? Dando su vida.
Yo ¿cómo le perdí? Por un bocado
Que fue del mundo todo el homicida.
Dios ¿qué me pide? Lo que me ha dado.
Yo ¿qué le pido a El? La eterna vida.
Dios ¿para qué murió? Para librarme
Yo ¿para qué nací? Para salvarme.
(...)
Pues ¿cómo de la enmienda y penitencia
Tan descuidado v...
Marcos, coincido plenamente contigo en lo que dices y libros hay en cantidad para consultar. Entre ellos, no lo niego, el Eclesiastés (aunque destile bastante pesimismo). También las "Cartas morales a Lucilio", de Séneca. Aquello de "mataiotes mataiótetos, ta panta mataiotes" (vanidad de...) del Eclesiastés es sublime.
Y creo que tal libro destila "humanidad" y "presbiteriología" (la sabiduría de los ancianos) por todos los versículos.
Por poner algo: "Al que tiene un "por qué" no le importan los "cómo" (Nietzche). Creo que aquí se están planteando los "por qué" de un modo más voluntarista que otra cosa, como un fín en sí, no como un medio para vivir una vida. Si nos vamos al aspecto filosófico, tendríamos quizá que leer a Kant. Si nos vamos al aspecto "teológico", la respuesta estaría en Jesucristo (para los cristianos) y en el Evangelio. A algunos "nos funciona": el mundo es muy repetitivo y los errores humanos son casi siempre los mismos, igual que los sufrimientos, y las angustias. "Lo que ya fue, será". Si algún curioso quiere leerlos, el Eclesiástico o el Eclesiastés son un buen compendio (no por mirar recetas de otros un buen Chef deja de serlo). ¡Que aproveche!.
Miércoles, 30 de mayo
Asoc. Humanismo sin Credos
Carlos F. Barberá
Josemari Lorenzo Amelibia
Universidad Pontificia Comillas
Ediciones Khaf
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo
Antonio Aradillas
José Manuel Bernal