Humanismo sin credos

La púrpura reluce, aunque ajada

27.09.09 | 22:00. Archivado en Vida religiosa
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Una disección sincrónica de “lo religioso”, podría mostrar hechos difícilmente rebatibles a favor de la Iglesia:

 el caudal de cultura que ha emanado de la creencia y aportado hasta ahora por las religiones seculares es gigantesco;

 la sociedad todavía se rige, en sus ritos civiles, especialmente los “ritos de paso”, por ritos religiosos convertidos en costumbres sociales;

 las sociedades se están haciendo urbanas; las mismas sociedad rurales asumen modos de vida urbanos, con lo que la tradición queda más o menos truncada, pero el proceso es tan lento que tardará decenios en surgir una cultura de lo urbano;

 aparece un rebrote de fundamentalismo, ortodoxo o radicalizado, que si por una parte es visto con preocupación incluso por los mismos jerarcas de la religión organizada, por otra es indicativo del renuevo vital de la creencia;

 están surgiendo movimientos religiosos nuevos, que no dejan de ser “savia nueva” aunque pequen de cariz numinoso, fetichista, espiritista o adivinatorio.

Frente a ese “renacimiento” más voluntarioso que otra cosa, la realidad es otra.

 Símbolos, funciones e incluso el número absoluto de fieles, especialmente en las sociedades “adelantadas”, están en franco declive frente al empuje de la sociedad civil. Para unos esto es el inicio de la muerte de la religión; para otros un resurgir de la creencia.

 Aunque la autoridad de la casta religiosa todavía es “referente” moral e incluso un elemento de cohesión social, la religión organizada va perdiendo el monopolio del sentimiento religioso, que cobra vida extramuros de los templos

 Otras veces es la misma creencia la que divaga buscando caminos inexplorados: “New-Age”; neomisticismo; neoesoterismo; “cristiandad irreligiosa” (Bonhöffer); “el significado secular del Evangelio” (van Buren), la “teología del diálogo” (Buber), “el Dios sobre Dios” (Tillich), “la muerte de Dios” (Altizer, Hamilton, etc).

 Hay datos de menor entidad pero que inciden sobre lo mismo: cualquier creyente se cree con derecho a interpretar los textos fundacionales; la indiferencia, especialmente frente a los ritos cosificados, es manifiesta; frente a la práctica social, surge el individuo que “vive” a su manera lo religioso; una permeabilidad vitalista entre los diversos credos, con enorme flujo e influjo de los orientales sobre los occidentales... Y no es que se trate de una efervescencia renovadora, sino más bien de descomposición, porque el estamento organizado no los tolera, los reprime.

3 comentarios


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Comentarios
  • Comentario por [Blogger] 27.09.09 | 22:59

    Quizá podría pensar que en "ama al necio aborrece la necedad" repetido 1348 veces por el célebre comentarista MISCATO me encontraba yo: en ese caso, ¡¡yo era objeto de su amor!!
    Pero no, he preguntado a mis allegados esta pregunta: "Oye, ¿vosotros creéis que yo soy necio?" Y me han dicho que no.
    ¡Qué pena! No puedo ser objeto del amor de Miscato. Lloro de pena y aflicción.

  • Comentario por miscato 27.09.09 | 21:59

    éste fue el apóstol Pablo: «Vivo, pero no vivo yo sino que es Cristo quien vive en mí» decía (Ga 2,20). No se gloriaba sino en Cristo, y sobre todo en la cruz de Cristo. Y es porque en ella se encuentran todos los motivos que se puedan tener para gloriarse. Hay personas que se glorían de tener amistad con poderosos y grandes; Pablo sólo tiene necesidad de la cruz de Cristo para descubrir en ella la señal más evidente de la amistad que Dios nos concede. «La prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros.» (Rm 5,8). No, no hay nada que mejor ponga de manifiesto el amor de Dios para con nosotros que la muerte de Cristo. «¡Oh testimonio de inestimable amor! exclama san Gregorio, para rescatar al esclavo has entregado al Hijo».
    "Ama al ncio;aborrece la necedad"

  • Comentario por miscato 27.09.09 | 21:57

    Antídotos contra la necedad:

    Santo Tomás de Aquino (1225-1274), Teólogo dominico, doctor de la Iglesia
    Comentario a la carta a los Gálatas, 6

    Nuestro título de gloria: el Hijo del hombre entregado a manos de los hombres

    «En cuanto a mí ¡Dios me libre de gloriarme si nos es en la cruz de
    nuestro Señor Jesucristo! (Ga 6,14). Fíjate, apunta san Agustín, allí donde
    la sabiduría del mundo ha pensado encontrar la vergüenza, el apóstol Pablo
    descubre un tesoro; lo que a otro le parece una locura, para el apóstol es
    sabiduría (1C 1,17s) y título de gloria. En efecto, cada
    uno saca gloria de lo que, a sus ojos, es grande. Si se cree una gran
    persona porque es rico, se gloria en sus bienes. El que para él no hay
    grandeza mayor que Jesucristo, pone toda su gloria en sólo Jesús; éste fue
    el apóstol Pablo: «Vivo, pero no vivo yo sino que es Cristo quien vive en
    mí» decía (Ga 2,20). No se g...

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