Humanismo sin credos

Sobre felicidad y alegría, también religiosas.

15.08.09 | 12:00. Archivado en Vivencia
  • enviar a un amigo
  • Imprimir contenido

No todo lo humano, de lo que por asunción se apropian, responde de forma satisfactoria a la descarada manipulación de que hacen gala. Felicidad y alegría, “realidades” humanas inasequibles a su voracidad.

¿De qué alegría habla la religión?. A despecho de que hablemos de dos conceptos distintos de alegría, no se concibe la que ellos esgrimen. Lo que cualquiera percibe en esa su alegría de los hijos de Dios es una inmensa tristeza a los ojos de los hombres.

No escalemos las rampas teológicas y miremos las cosas con los ojos del sentido común, que se supone “común” a ambos dominios: durante años me he dedicado a observar el rostro de los asistentes a los ritos religiosos, por tenerlos enfrente.

Lo que expresan esos rostros es una tristeza vital tan profunda que parece rezumar por los poros de su piel.

La alegría, aún dentro de la seriedad, se manifiesta por rasgos psicomorfológicos: ojos con brillo especial, rictus de la boca, arcos ciliares, postura más o menos erguida de la cabeza, expresión que puede hacer brotar la sonrisa en cualquier momento... La mirada y la actitud de un niño sano y querido por sus padres es el mejor modelo de tal alegría.

En cambio, lo que indican esos rostros avejentados es tristeza, podríamos decir que tristeza sobrehumana, tristeza sobrenatural...

Otro tanto se puede decir de los jerarcas: no hay más que observarles oficiando sus ceremonias, sobre todo a aquellos sacerdotes “de edad” que, por ascesis, dedicación y tiempo debieran estar pletóricos, radiantes y saturados de la gracia divina.

Véanles en las retransmisiones televisadas de actos dominicales: no es seriedad, que ciertamente la hay, es tristeza, profundísima tristeza unida a decaimiento, depresión física, como de personas que han perdido lo mejor de su vida.

Pregunto de nuevo: ¿de qué alegría estamos hablando?. ¡La alegría es una! ¡No la confundan!.

3 comentarios


Los comentarios para este post están cerrados.

Comentarios
  • Comentario por Luna 15.08.09 | 20:53

    Cierto es que,todo acto social,en este caso ceremonias dentro de la Iglesia,por el formalismo y respeto a los ritos,ha hecho que el ambiente se haga triste y los rostros al querer interiorizar el acto,presenten un rictus serio.
    La actitud grupal,de manera inconsciente,arrastra al individuo a actuar de igual forma para verse integrado en él.
    La felicidad de cada persona varía mucho, dependiendo de los objetivos o cosas que estime importantes para equilibrar su estado emocional.Dicha felicidad,se puede demostrar de manera efusiva o serena dependiendo de cada individuo.
    La jerarquía eclesiástica,hace dificil mostrarse de manera espontánea,incluso en celebraciones como:bodas,bautizos..quiere imponer tal solemnidad a los actos que,hace que todos los ritos,tengan el mismo patrón.

    Blogger:Intenta no analizar tanto, y pon,tu parte de alegría si es que tanto vas a Élla,para ir cambiándola.

    Me alegra observes en los niños sus actitudes, y las ...

  • Comentario por Chencho 15.08.09 | 13:38

    Pues ese rictus lo contemplaba el autor del artículo estando frente a los aludidos. Por lo tanto, poca alegría inspiraba el que tenían frente a ellos.
    Mi experiencia nada tiene que ver con lo expuesto en el artículo. No he visto rostros que transmitan tanta serena alegría que los monjes y monjas en los monasterios. Se nota cuando una persona vive realizada y feliz.
    ¿De qué Iglesia estamos hablando?

  • Comentario por No hay alegría sin disfrute :D 15.08.09 | 12:18

    Es que los seres humanos que actúan así se convierten por fuerza en gazmoños y por eso están forzando una postura que realmente les es aburrida, cargante, fatigosa, latosa, incómoda y, finalmente, insoportable.

Miércoles, 30 de mayo

BUSCAR

Editado por

Los mejores videos

Síguenos

Hemeroteca

Sindicación