El asunto de la sexualidad no es tan banal como para dejarlo pasar por encima o para circunscribirlo a una serie de normas de conducta.
La vida religiosa –dicen— es la vía más perfecta de la santificación. Si dicen que pensamientos, emociones... se deben poner al servicio de Dios, ¿por qué no también algo tan humano como la sexualidad?
Vade retro, Sátanas!, dirán.
Miércoles, 30 de mayo
Jesús Espeja
Mariano Fresnillo Poza
Jordi Llisterri i Boix
Pedro Tarquis
Juan Fernandez Krohn
Manuel Mandianes
Alejandro Córdoba
Desiderio Parrilla Martínez
Asoc. Humanismo sin Credos
Josemari Lorenzo Amelibia