La Iglesia, históricamente, ha convertido la sexualidad en moralidad, lo cual ha llevado al hombre, crédulo o consagrado, a frecuentes situaciones de angustia, especialmente en los jóvenes, muchos de los cuales han vivido la contradicción vital de “sentir” el impulso sexual en todo su esplendor cohabitando con una moral crédula estrecha, emanada de sexagenarios sin sexo.
Su exigencia puritana normalmente se ha traducido en condena. Y siempre en imposición coactiva de normas de conducta.
Miércoles, 30 de mayo
Jesús Espeja
Mariano Fresnillo Poza
Jordi Llisterri i Boix
Pedro Tarquis
Juan Fernandez Krohn
Manuel Mandianes
Alejandro Córdoba
Desiderio Parrilla Martínez
Asoc. Humanismo sin Credos
Josemari Lorenzo Amelibia