Humanismo sin credos

Estimación porcentual de la tipología creyente.

01.03.09 | 18:00. Archivado en Análisis
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Dicen ser milmillonarios. Exactamente 1.147 millones. Tal número, visualmente apabullante, aún rebajado no deja de ser considerable... pero dista mucho de la realidad. Es más, no dice nada. Nunca el número es indicativo de calidad: más vale la verdad de un sabio que la creencia de un millón de palurdos; más el diagnóstico de un médico hoy día que la opinión de miles de millones hace 20 siglos... Un rebaño de 1.000 ovejas huye despavorido ante un solo lobo. Y aquí el lobo es la cultura, la educación, la paz, el crecimiento económico, el bienestar social y familiar...

Aunque no con la proliferación de la rama desgajada protestante, también el Catolicismo está desmembrado en “tendencias” de la más variada índole.

Jerarquía, clerecía y fieles, todos se llaman “católicos”, pero ni todos tienen conciencia de ser iguales ni todos viven su pertenencia de la misma manera.

Veamos los distintos tipos con una estimación subjetiva, no científica ni contrastada (hipótesis) de su incidencia porcentual en la frecuencia global de católicos:

católicos a fuer de bautizados, pero que no han vuelto a pisar la iglesia: 35%, quizá más.

católicos o creyentes “sociológicos ”, “practicantes inertes ocasionales” conformistas, miembros “de bulto”: 35%, quizá menos.

católicos que aúnan prácticas católicas con creencias animistas o fetichistas, católicos de base de muy baja condición intelectual o mínimo conocimiento del dogma: 5% (más en países como Filipinas, algún país sudamericano...)

practicantes convencidos y autoritarios, y por lo tanto sumisos y obedientes, que se oponen a cualquier paso renovador que pueda dar la Jerarquía, antítesis de cualquier postulado progresista, gustosos de la doctrina y los ritos ancestrales: 5%

católicos “tradicionales”, practicantes incluso diarios, conformistas, que no se enteran de nada de lo que se "cuece" en los entresijos teologales o burocráticos, dispuestos a aceptar todo lo que les llega como podrían no aceptarlo: 15%

renovadores, partidarios del “esto debe cambiar”, postconciliares, subdivisibles a su vez en reformistas de base o reformistas “desde arriba”; son los que más pudieran influir en revitalizar la Iglesia, pero su capacidad de decisión se ve cercenada por los intereses de muchas “mafias” instaladas en la poltrona: 2%

católicos progresistas desilusionados, que viendo lo que la Iglesia podría haber cambiado, han visto que una y otra vez chocan contra el muro de la burocracia vaticna que incluso sufren cómo la doctrina conciliar retrocede: 1%

progresistas radicales, que en doctrina y praxis están más allá de lo que la Jerarquía enseña y que constituyen verdaderas “sectas” dentro del tinglado eclesial. Su deriva puede inclinarse hacia la radicalidad extrema o hacia el progresismo exacerbado, casi siempre pretendiendo ser ellos la luz carismática por donde ha de caminar la Iglesia, convencidos hasta la médula de la excelencia de sus postulados, en connivencia frecuentemente con grupúsculos políticos, situados en el límite de la ruptura: 1%

católicos eclécticos, cuyo pensamiento se mueve muy cerca del sentir individualista del protestantismo o de la cosmología panteísta de las religiones orientales, que en sus prácticas siguen siendo católicos pero internamente reducen el catolicismo a su credo individual: 1%

Como se podrá colegir, muchos de estos grupos se entrelazan y solapan, pues nadie es blanco o negro en estado puro. Quizá, como los mandamientos, se pudieran resumir en dos:

 católicos perseverantes(10%)
 católicos malogrados, sociológicos o ambientales (90%)

En casi todos los subgrupos abundan aquellos que ven cómo su Iglesia se va trasmutando en un pingajo que se cae a pedazos, pero a quienes separarse de ella supondría mayor molestia que seguir considerándose católicos, aunque nada esperen de ella. Inclasificables.


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