Imposible persuadir a un creyente.

A quienes hacemos proselitismo en pro de la cordura y del sentido común --"¿Pero todavía sigues creyendo en cuentos de niño?"-- se nos tacha de todo: laicistas, demonios, pervertidos, asesinos de la fe...
¿No perciben la contradicción en la que incurren?
¿Qué podemos pensar nosotros de quienes van por la vida levantando catedrales y acaparando haciendas para convencer a los incautos de que ahí está escondida una deidad que gobierna nuestras vidas, sabiendo y estando convencidos de que todo eso es una patraña bien urdida?
Y cuando, de buena fe, tratamos de hacerles "entrar en razón", siempre esgrimen motivos, argumentos "razonables" --que no racionales--, a los que se agarran y contra los cuales se estrellarán todos los intentos de persuasión por la vía de la evidencia:
Creo
Porque quiero creer. Es mi libertad.
Porque además Dios me ayuda a creer
Porque Dios ha insuflado en mí la fe
Porque Dios no me puede engañar
Porque lo incomprensible no se puede razonar
Porque, si no creyera, no tendría sentido mi vida
Porque siento dentro de mi la seguridad de lo eterno, de algo inconmovible.
Suelen ser razones adventicias, como el tiempo litúrgico, sobrevenidas, insufladas, inducidas, repetidas "ad nauseam" para logar el convencimiento, arrastradas desde la niñez...
Sólo podría convencerse el crédulo si pudiera fundamentar su vida en otro mundo de ilusiones. Y tal "otro mundo" no existe: sólo está la cruda realidad.
Las reglas de juego a las que se somete la mente no le sirven, primero porque su mente está abotargada por vivencias inmediatas y segundo porque dichas reglas, per se, suelen dar de lado la "vivencia".
Entre la evidencia científica y la seguridad del sentimiento, se agarra a una seguridad para él evidente, que paradójicamente provienede lo no evidente.
También la histeria de conversión produce enfermedades "reales".
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Estimado blogger:
Lamentablemente es una realidad que ningun creyente dejará de creer por mucho que se le expongan argumentos, hechos, ni el sentido común. También es una realidad que la gente solamente ve lo que quiere ver y oye lo que quiere oir.
Cualquier argumento que se le exponga será considerado siempre como un "ataque" a los principios o creencias (o ideas) en los que ha basado su vida, y es lógico temer la posibilidad de haber estado toda tu vida equivocado. De ahí la negación. De ahí buscar cualquier excusa para, por ejemplo, asegurar que "Sto." Tomás de Aquino era BUENO, pese a promulgar el asesinato de los no creyentes. De ahí el terror a pensar que su vida se ha basado en una patraña.
Únicamente podrán darse cuenta de esos sinsentidos cuando desechen ese temor.... mientras tanto, vamos dados.
Allá cada cual con su locura....
¡Ay!, ¡ay!, blogger. Te han informado mal. Dios no gobierna nuestras vidas. Ya nos gustaría, pero aquí en este terruño español, quienes nos gobiernan pertenecen a grupos laicos, y lo hacen asquerosamente mal. Paso de ejemplos, porque imagino que ya que conoces la realidad, o tendrás noticias, al menos, de lo que digo.
Habláis mucho en ese foro de la "evidencia científica", y yo te pregunto, ¿cuántos conocen esa evidencia científica?. Quizás tú, o tus maestros, o tus discípulos.
Otros prefieren ver la tele, o leer prensa dirigida desde el poder (o de los poderes). Enséñanos a pensar y a creer, maestro.
Un abrazo.
Curiosamente, muchos de tales argumentos son circulares.
Blogger:no finjas engañarte.A los demás ,no lo logras.Desde el homo sapiens ,lo tuyo se llama necedad("Dijo el necio para sí:·no hay Dios·").En cuanto a la ciencia,deja de dar pábulo a la rechifla:«Desde el siglo XVIII -dijo Keynes en aquella velada de 1942, en medio del estrépito de la Segunda Guerra Mundial- Newton ha sido considerado el primero y más grande de los científicos de la era moderna, un racionalista, alguien que nos enseñó a pensar de acuerdo con los dictados de la razón fría y carente de emoción. Yo ya no puedo verlo bajo esa luz». Y a continuación, Keynes añadió con elegante rotundidad: «Newton no fue el primer hombre de la edad de la razón, fue el último de los magos, el último de los babilonios y de los sumerios, la última gran mente que contempló el mundo visible e intelectual con los mismos ojos que lo hicieron quienes empezaron a construir nuestra herencia cultural hace casi diez mil años».
Miércoles, 30 de mayo
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