El destrozo filosófico griego sobre la credulidad no nos pilla tan lejos.
19.11.08 @ 12:00:00. Archivado en Credulidad, Cristianismo humano o punible

Casi todos los pensadores “independientes” de la antigüedad griega lucharon contra la superstición y contra la pura credulidad. Eso sí, no podían hacerlo bajo presupuestos científicos, porque de poca ciencia podían echar mano para oponerse a credulidades por todos admitidas.
No por ello dejamos de encontrar “intuiciones” en filósofos griegos que causan admiración: a Sócrates lo acusaron de que afirmaba que la luna era un trozo de tierra, cosa que él endosó a Anaxágoras. Decía asimismo Anaxágoras que el Sol era una roca incandescente, cosa que está más cerca de la realidad que las afirmaciones crédulas de otros contemporáneos suyos (comenzando por aquellos que lo deificaban). Tenemos a Leucipo y Demócrito, que proponían --¿hipótesis sólo?—que todo estaba compuesto de átomos en continuo movimiento. A éstos y en general a todos los de la escuela atomista el asunto de la primera causa, del origen de todo... no les preocupaba.
Un seguidor de la escuela atomista, Epicuro, no negaba la existencia de los dioses, pero estaba convencido de que no ejercían ningún poder sobre los asuntos humanos. Por lo mismo, tratar de interpretar la voluntad de los dioses era una pérdida de tiempo. ¡Nefando para el cristianismo!
El filósofo más atractivo de la “antirreligión”, o del sentido común, depende, podría ser Lucrecio (I a.c.), contemporáneo de Cicerón y de César, gran admirador de Epicuro (como también lo somos muchos de nosotros) y mantenedor de la teoría atomista. Estoy repasando estos días su obra De rerum natura, traducida y versificada admirablemente por Marchena en 1791. (Lucrecio. De la naturaleza de las cosas. Bibl. de Filosofía. Ed. Folio)
Sus argumentos los hemos oído una y mil veces, pero ¡debieron ejercer tanto influjo en su tiempo!
¿Y para el cristianismo? Hubo de todo, desde su finalidad ígnea --qué bien debían arder los libros en los siglos V a VIII-- hasta ser copiado, sin parecer entenderlo demasiado, por monjes calígrafos irlandeses.
Su obra fue destruida o quiso serlo por los fanáticos cristianos del medievo. Sólo se salvaron dos copias de la obra citada procedentes del siglo IX, de alguien que las pudo poner a buen recaudo de las iras de los talibanes del momento. Es un consuelo.
Lucrecio es el mismo David Hume cuando diserta sobre la posible aniquilación humana -tras la muerte no hay nada- que, si se piensa, no es peor que la nada de la que procedemos --¿qué éramos cien años antes de nuestro nacimiento? ¿qué seremos cien después sino mero recuerdo?--; se adelantó al mismo Freud cuando interpreta los ritos funerarios como deseo de supervivir; y coincide con Aristófanes al explicar el clima y determinados fenómenos naturalessin recurrir a los dioses.
Por esa esponja letal y abrasiva que el cristianismo pasó sobre determinadas filosofías atomistas y materialistas (palabra denigrada hasta la saciedad por los “espiritualistoides” de todos los tiempos), explicaciones de la vida, de las cosas, de la naturaleza, más acertadas que las religiosas, tuvieron que esperar siglos a abrirse paso.
Lucrecio perduró sin embargo en las mentes despiertas e inquietas, aún siendo creyentes. Decía cosas de sentido común o que explicaban “más” y que convencían “más”. De ahí que el creyente (¿supuesto?) Isaac Newton incluya en su obra Principia hasta 99 versos de Lucrecio. El mismo Galielo Galilei en su obra Il Saggiatore (1623), sin citar a Epicuro, recoge muchas de las teorías de la escuela atomista.
¿Por qué la Humanidad tuvo que esperar hasta los siglos XVIII y XIX para poder desarrollar ideas o hipótesis ya formuladas? Simplemente por miedo. Más que miedo, terror. Era mejor y sobre todo más saludable seguir las afirmaciones “científicas” de Agustín de Hipona (los dioses de la antigüedad eran los diablos cristianos, la tierra tenía menos de 6.000 años y lindezas por el estilo) y no contradecir la “ciencia oficial”. Y menos desarrollar ideas que podrían conducir al ateísmo.
¡Qué poco duró aquella “idea” surgida de la Andalucía árabe (seguidores de Averroes) de la DOBLE VERDAD! En vez de “creer” lo que parecía más lógico, se tenía que creer a pie juntillas aberraciones de lo más descabellado.
Con razón Francis Bacon –casi siguiendo a Tertuliano—venía a decir que “cuanto mayor es la estupidez, más fuerte es la creencia en ella” y que “la fe alcanza su cota máxima cuando sus enseñanzas son menos asimilables por la razón”. La fiesta del Corpus Christi es uno de sus máximos exponentes.
Claro que eso dicen los mismos cristianos desde Orígenes hasta hoy: “Credo ut intelligam”, “credo quia absurdum” y originalidades por el estilo. Pierre Bayle, de tiempos de Isabel I de Inglaterra y algo más joven que F.Bacon se dedicó a exponer todo lo que la razón decía contra la fe para concluir: “Tanto mayor es el triunfo de la fe creyendo, a pesar de todo”.
¡Si no les pasara lo mismo a muchos lectores, de este blog...y huidizos de él, aunque "dialoguen sin fronteras"!
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Te organizas un gran lío con la filosofía griega y moderna. Los griegos abrieron la mente de Europa al conocimiento. Tan admirables eran en la búsqueda a la verdad que el cristianismo encontró en esa cultura de buscadores su mejor caldo de progreso. Pero además no te aclaras si fueron o no los monjes de la edad media los que alojaron, copiaron y difundieron la cultura de los griegos. Pero además el bloger no parece enterado que los primeros avances científicos cuando se salía de la edad media fuero liderados por cristianos, y que los padres de la física atómica moderna eran cristianos convencidos. Decir que la "esponja letal y abrasiva que el cristianismo pasó sobre determinadas filosofías atomistas y materialistas" es otra forma de deletérea de tirar cal viva sobre la historia. No me extraña que el bloger admire a filósofos de perfil bajo.
¿Qué requisitos debería reunir la religión VERDADERA?.
Saludos
Reconozco que hay creyentes que “temen” hablar con usted o con cualquier otro ateo o agnóstico, pero no más de los que análogamente, no desean hablar con los creyentes. No olvide tampoco, que ese miedo al que usted elude, no es específico de los creyentes, sino de todas las personas, que se atrincheran ante sus posiciones, incluido usted mismo.
No pretendo ni con esta contestación, ni con la de ayer, ni con ninguna otra en el futuro, cambiar su parecer y el de otras muchas personas que piensan como usted. Al contrario, si alguna vez ocurriese ese cambio en su vida, sería sólo obra de DIOS, tal y como a diario lo hace con otras personas que incluso diciendo no conocerle, no sólo creen firmemente en él, sino que además contribuyen y colabor...
Las obras de Dios, también se manifiestan y se nos revelan a los cristianos a través de los la Razón, el Sentido común, el pensamiento científico, etc..
Le sugiero, que se acerque a nuestra Iglesia, sin prejuicios ni miedo alguno, manteniendo sus propios principios, y verá con los ojos de buena fe, --que seguro que usted tiene--, que muchas de las cosas que comenta no son tales.
Creo que nadie de la Iglesia le va a mover de sus posiciones y planteamientos, y menos a usted que tiene principios firmes, pero al menos valdrá, --quiera Dios--, para que deje de faltar parcial o totalmente a la verdad como hace en algunas ocasiones.
No recuerdo que usted haya hecho con anterioridad, planteamientos similares respecto a otras confesiones religiosas.
A lo largo de la historia, algunos cristianos han cometido errores, a veces hasta graves, pero nunca mucho más grandes, que los cometidos entonces y actualmente, por los creyentes de otras religiones, y por supuesto mucho menos que otros bien conocidos por su ateísmo declarado o simulado. Ejemplos, de sobra los hay, y creo que usted debe conocerlos.
Por cierto, si Newton vio pasar a Dios por su telescopio... ¿¡era ESO Dios!?
Es para partirse de risa.
Y el famoso autor de tragedias Eurípides fue tachado ya de racionalista y ateo empedernido. En realidad Eurípides, con su mordaz crítica a los dioses del pueblo y del estado, era totalmente consecuente con el origen de los dioses. El racionalismo y el escepticismo de Eurípides en sus tragedias no es más que la carcajada culta y amarga contra una burda religión popular.
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Asoc. Humanismo sin Credos
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