Humanismo sin credos

Va de anécdota monjil.

16.11.08 | 18:00. Archivado en Vida religiosa
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¿De qué madera son algunas monjas? ¿Por qué criterios se rigen? ¿Cómo asimilan las gracias y desgracias ajenas? ¿Alguien que vive en este mundo puede entender los criterios “humanos” –si es que les queda alguno—con que miran la realidad?

Las preguntas responden a la siguiente anécdota que da pie a este exordio.

Trío de hermanas, Ángela, casada, Pilar, con pareja de hecho y Sor Consuelo, monja. Las tres se llevan bien, cada una en su sitio y Dios... más en el hogar de una que en el de las otras.

La primera de las hermanas, Ángela, tiene 63 años y está casada con Carlos, 62 años; los hijos ya han “volado” de casa. En esta familia dual la convivencia se reduce a una soledad compartida. Discrepancias mutuas. Reproches. Manías. Silencios, muchos silencios. Posiblemente deseos, lógicamente no desvelados a nadie, de separación.

Pilar, de 48, soltera civil pero comprometida con su pareja de hecho, trabaja de jefa de grupo en El Corte Inglés. No tiene ni problemas económicos ni afectivos.

Por su parte Sor Consuelo, de 57 años tiene los principios muy claros y sabe lo que quiere en esta vida. No duda de su misión. No es monja contemplativa y vive compartiendo y consolando a diario los problemas y miserias de la gente pobre. Pero la familia es la familia: la monja lleva muy mal la deriva de ambas hermanas. El Dios que está con ella tampoco puede consentir lo que ella ve. Aún así, ciertos temas ni se tratan.

La relación entre las tres hermanas, como digo, es buena. Ángela, la desventurada y sufriente esposa, y Pilar, la pervertida concubina, se ven con frecuencia; comen juntas cuando el trabajo lo permite; su comunicación es fluida, frecuente y cordial. Por circunstancias lógicas, con Sor Consuelo, la monja, se ven menos. Además, el status monjil parece que es un muro para compartir intimidades.

Viendo la deriva de la convivencia familiar entre Ángela y Carlos, Pilar, la hermana menor, “interpreta” una nueva y "se teme" la separación que ve venir. En una de sus espaciadas conversaciones telefónicas expresa sus temores a Sor Consuelo. La lejanía física o los muros conventuales aumentan todavía más el eco estruendoso de las elucubraciones y la monja comienza a padecer.

Para una “esposa de Cristo” el matrimonio es un sacramento: así se lo han enseñado, así lo ha vivido, así lo concibe. Indisoluble. Hay que salvar el vínculo pase lo que pase y se haga lo que se haga. No es concebible una separación canónica: no hay causas evidentes para ello, ni tribunal alguno se avendría a declarar nulo tal matrimonio, después de 37 años de convivencia (¿puede haber alguna causa real para ello partiendo de los supuestos con que adornan tal sacramento? Ninguna).

Para Consuelo, la monja, sería una tragedia espiritual, por familiar, tal separación, “porque además –dice con suma candidez-- me llevo muy bien con Carlos, que es una buena persona”. Incluso la separación o invalidación canónica vendría a ser un trauma inaguantable.

Uno podría imaginar el tenor de sus oraciones:

¡Al menos mi familia, Dios mío, que se mantenga unida! ¡Que el virus social que nos corroe no alcance a mis allegados!

Pues... no. No son ésas las preces y éste es el asunto que da pie a la anécdota. Sor Consuelo alivia su angustia con otra monja, íntima suya y le refiere lo que sucede en su propia familia.

“Esto pasa, esto acontece, así están las cosas en mi familia, mi hermana y mi cuñado, mucho me temo... Te voy a confesar algo que llevo tiempo pidiéndole a Dios: he rezado, he pedido insistentemente a Dios que uno de los dos, ella o él, no importa quién, contraiga una enfermedad grave.”

Finalidad clara: para que uno tenga necesariamente que cuidar del otro y no se produzca el fatal desenlace (el divorcio, que no la muerte).

La monja confidente se quedó estupefacta. Ni siquiera ella, siendo del estamento, ha podido comprenderlo. Ante tal declaración no supo qué responder ni qué pensar.

Pues ni yo. ¿Qué decir? Ahí queda la anécdota, siniestra anécdota. Y arriba las preguntas para que alguien las conteste.

10 comentarios


Los comentarios para este post están cerrados.

Comentarios
  • Comentario por saruce 18.11.08 | 14:10

    Creo que la anécdota es imaginaria, Y si acaso fuese verdad, cualquiera puede entender que esa posible religiosa no "carbura" ni bien, ni mal.
    Todos conocemos a personas dedicadas de por vida, al servicio de los demás. Y creo que ninguno puede decir que ese tipo de actuación es normal, o coherente cono la "entrega a Dios", como también es llamada la vida religiosa.
    No es una cuestión de religiosidad, sino de psiquiatría.
    Blogger, ¿qué color le ponemos a este post?.

  • Comentario por [Blogger] 17.11.08 | 10:46

    GENARO, gracias por tu testimonio. No "tan fuerte" como el tuyo, pero mi sentimiento, y también mi situación, es idéntica.
    Y no hace falta creer en esos 800 y pico dioses --en ninguno-- para ser uno mismo y feliz.
    Gracias de nuevo.

  • Comentario por genaro 2 16.11.08 | 21:26

    Estamos unidos por encima de todo y lo único que siento cuando me toque "palmarla" es que no voy a poder seguir disfrutando de su compañía. Por eso, conscientes de que la separación nos la traerá la muerte a la que no tememos, vivimos nuestro sentimiento a tope.
    Pilar con su pareja, no va a la deriva, vive su vida y la monja tiene el cerebro corroido por unas ideas que la hacen una auténtica desgraciada...
    Mira que desear la muerte de su hermana o cuñado, ¿es que no sabe que hasta su pertenencia a una orden religiosa es "temporal"?.

  • Comentario por genaro 16.11.08 | 21:23

    El matrimonio de Ángela y Carlos va a la deriva por que entre ellos ya no hay amor y de eso, sólo ellos son los responsables.
    Llevo casado 46 años, las crias ya volaron del nido y para nosotros es una bendición (con perdón) el estar todo el día juntos, compartir aficiones, sea la jardinería y el invernadero o el senderismo por la sierra. Ella, mi mujer con sus 68 otoños, CADA DÍA ME PARECE MÁS GUAPA Y DESEABLE,y su personalidad más cuajada y a tener en cuenta y yo con casi 70 promaveras, estoy más enamorado que nunca. Hablamos mucho, de todos los temas, ella no cree en la Iglesia pero reza todas las noches por los familiares de los dos difuntos. Yo fui un jesucristín que ha evolucionado a fuerza de pensar y racionalizar, que no existe ninguno de los 863 dioses que los hombres han creado y esta diferencia no es problema entre nosotros. Yo respeto su "creencia" y ella respeta mi "increencia" y así en política y en cualquier tema. Estamos unidos por encima de todo y lo único que sie...

  • Comentario por Emérito Agusto 16.11.08 | 20:21

    Si (por aquello de "todo lo pidáis al Padre se os concederá") Dios accede generosamente a las súplicas de la Hermana San "Suplicio", ¿se hará cómplice del mal?
    Y si la "supliciadora" sabe que Dios no puede conceder "males" al prójimo, porque se lo han enseñado en su Orden, ¿de qué le sirven todas sus oraciones?
    Por otra parte, ¿se puede desear un mal (la enfermedad) para conseguir "otro mal" (la horrible convivencia)? ¿Quién dijo aquello de "no devolváis (deseéis) mal por bien"? Claro, que aquí sería mal por mal.
    ¿Entiende la monjita el aforismo "el fin no justifica los medios"?

    Bueno, ¡¡y yo que quería responder a las primeras preguntas!!

  • Comentario por Mikimoss 16.11.08 | 20:13

    Pero si esto es lo que ha regido toda la historia de la humanidad: el bien de la tribu (léase Dios si eres creyente) por encima del individuo. De hecho así formulado es un anacronismo, puesto que no se inventó la idea de individuo hasta hace relativamente poco, con el desarrollo greco-romano de la responsabilidad jurídica. Recordemos la tragedia de Antígona, a la que se acusaba de "autónoma", es decir, ¡nada más y nada menos que de querer darse sus propias leyes! Anatema social donde los haya.

  • Comentario por Máximo 16.11.08 | 18:42

    Es fuerte la anécdota: en vez de buscar el bien de las personas--yla salud y la vida es el primer bien--, buscan servirse del mal para sacasr un pretendido bien de inferior calidad. Y luego piden milagros para conseguir la salud. Creo que en vez de cuaslquier otro sentimiento, lo que dan es verdadera pena.

    Pero así es su vida, no hay que darle vueltas. Han hecho de lo que creen una coraza y ya hasta ellos mismos no ven otra cosa que dichas coraza.

  • Comentario por Máximo 16.11.08 | 18:39

    Antes de empezar, porque pensaba responder a las primeras preguntas, ¡¡que se largue este MISCATO!! Es que no hay quien le aguante: si fuera la primera vez... ¡pero todos los días con la misma monserga!

  • Comentario por ALFONSO 16.11.08 | 17:44

    No hay absolutamente ninguna Religion en el mundo que tenga un aparato burocratico tan sobredimensionado como el clero catolico romano.Al clero,ni agua.CONSAGRADOS A DIOS ESTAMOS TODOS.

  • Comentario por miscato 16.11.08 | 14:43

    Blogger:una vez que te has convertido al oficio de la necedad,cuanto digas queda afectado

Miércoles, 30 de mayo

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