por EMÉRITOAGUSTO.
Al hilo del post editado hace unos días “¿En qué cree un sacerdote?” y a raíz del quejumbroso cacareo eclesial ante la escasez de vocaciones sacerdotales “a causa de la secularización de la sociedad y de las agresiones constantes a lo religioso”, lo que influye necesariamente en las nuevas generaciones, me ha surgido esta reflexión, que no quiere ser más que eso, una reflexión contertuliar.
Abundan por doquier las afirmaciones sobre el “estado sacerdotal”. Porque no cabe duda que la clerecía es un “status quo”, para algunos, diferente, separado, segregado del resto de los mortales. La llamada a la vida sacerdotal o religiosa se entiende como una “invitación expresa de Dios” cuya voz se hace oír en lo más profundo de la conciencia y supone una elección privilegiada.
“El sacerdocio no es una profesión, es una vocación”, afirman sin reparos. Con lo que ya están sublimándola y diferenciándola de la vocación de médico (que no es vocación, es profesión), de la vocación de músico (que no es vocación, es profesión), de la vocación de investigador (que no es vocación, es profesión), de la vocación de escritor (que no es vocación, es profesión)… y más etcéteras (que no son vocaciones sino profesiones). ¿Por qué será que el término vocación se ha reservado durante tantos siglos exclusivamente a la vida sacerdotal o religiosa?
“La vocación sacerdotal es el don más grande de Dios a una criatura, a un hombre, puesto que consiste en la identificación con Cristo sacerdote que salva y santifica a la humanidad.” Este es otro de los tópicos que se oyen y leen con demasiada frecuencia. ¡Hay que ver qué terminología!: Llamada de Dios, elegidos, consagrados, segregados del mundo, identificación con Cristo, salvadores y santificadores, camino de perfección…
Por mi parte, voy a ensayar una teoría que podría servir para explicar esta crisis de vocaciones al estado eclesiástico, sin demonizar lógicamente al “laicismo y al anticlericalismo”.
Si la vocación es una "llamada de Dios". ¿Qué pasa, que Dios está de vacaciones? ¿Por qué no “llama más”? Da impresión que tiene poco poder de convocatoria, a pesar de ser todopoderoso.

Claro, resulta que es que Dios no llama directamente, sino a través de... O sea que Dios, como cualificado empresario del culto, tiene sus “comerciales” que le simplifican y facilitan la labor de reclutamiento. Y además, son ellos mismos quienes realizan el casting y dilucidan infaliblemente quién es realmente llamado por Dios y quién no. Por tanto, la respuesta a tal llamamiento dependerá de la diversidad de la propuesta. Se habla de seminarios florecientes y de seminarios precarios. Yo creo que todo depende de la forma con que se presente esta convocatoria.
PRIMERA PROPUESTA.
Joven, Cristo te llama para ser "su elegido", entre los más dignos de entre todos los cristianos. Serás "hombre de Dios", instrumento en las manos de Dios.
Vas a ser "consagrado" sacerdote, profeta y rey como Cristo, Sumo Sacerdote, Profeta y Rey. Vas a entrar en la "dignidad de pastores" para regir con sagrado báculo a la grey de ovejas clonadas.
Te llamarán padre y (mon)-señor; te harán reverencias y ocuparás los primeros puestos en las celebraciones. Cuando tus manos sean ungidas con el óleo sagrado, signo del Espíritu Santo, serán destinadas a servir al Señor como sus manos en el mundo de hoy.
Y las palabras arcanas que pronunciarás serán capaces de transustanciar el pan y el vino en el cuerpo y la sangre de Cristo, el gran sacramento de nuestra fe.
Cristo te entrega las llaves del "reino”, tu reino (porque vas a vivir como dios). Tú, como elegido y pastor de almas, impondrás las leyes en tu "feudo". Atarás y desatarás. Quien te alabe y te pelotee será bendito. Quien te critique y censure será arrojado a las tinieblas exteriores... Y serás sacerdote “in aeternum”. ¿Qué respondes a mi propuesta?
-¡¡Jo, qué chollo!! ¡Allá voy!
SEGUNDA PROPUESTA
Joven, Cristo te llama para "servir a la comunidad", no tanto para servir a Dios ni a los ritos, sino al mundo. El que quiera ser el más importante que sea el "esclavo de todos". No te dejes llamar padre ni (mon)señor. Y en los acontecimientos solemnes ocupa siempre los últimos puestos.
No busques ser alabado. Tampoco lo vas a conseguir dado como está la sociedad. Más bien estarás en boca de todos como objeto de murmuración. No desees prebendas ni privilegios. Eres llamado a ser pastor, a ir tras la oveja perdida...
No impongas más cargas sobre las espaldas de las personas; al contrario, echa una mano para aliviar las que ya soportan. Acoge a todos aunque no piensen como tú.
No especules tanto en salvaguardar los derechos divinos, como en promover los derechos humanos, porque ante Dios todas las personas son iguales y no establece distinción ni por la raza, ni por el sexo ni por la ideología...
Más que "hacer teología" vive el evangelio... Más que hombre de Dios (que lo serás), sé hombre de hombres. ¿Cuál es tu respuesta?
-¿Qué pasa, que voy a ser un pringao toda mi vida? Y encima sin jamarme un rosco… ¡Me lo pensaré!
A partir de la respuesta a estas convocatorias, se podría establecer una artificiosa diferencia sustancial entre “sacerdote” y “cura”.
El sacerdote, ya lo deja entrever la palabra, es el funcionario de la religión. Vive del templo, del altar, de los ritos, mitos y timos. Preside protocolos ceremoniales cada vez más vacíos de contenido. Espera en su feudo parroquial a que los fieles acudan como sumisos corderitos. Ama a la Iglesia, pero discrimina a ciertos miembros y miembras del Pueblo de Dios...Y no hablemos ya de los “sumos sacerdotes"...
El cura es el que “cuida”, quien sale al encuentro, quien atiende, quien acoge. No mira tanto al cielo como a la tierra. Como buen samaritano no aduce argumentos religiosos ni divinos para acoger sin discriminación a cuantos acuden a él. No celebra ritos, sino encuentros de fraternidad. Lo mismo dan hostias que rosquillas, aunque luego reciba hostias como rosquillas…
¿No podría ser éste el corolario del florecimiento o la penuria de las vocaciones?
Y ahora la Sacra Asamblea Sinodal se percata oficialmente; y ¡hala! ¡A promocionar a los laicos!
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ACS. ¡Cuánto tiempo, chica! Ya casi se me había olvidado tu "cara", que ciertamente la vendes cara. Me alegro del reencuentro.
En cuanto a que soy un "vocacional de vacaciones" no tengo más que añadir que Dios no puso sus ojos en mí, no me "eligió", aunque hubo un tiempo en que yo sí le elegí a él. Se ve que era la oveja negra del redil. Aunque la "oveja negra" de lana blanca (latxa, en euskera) es la genuina. Ahora me conformo con ser un "artzain txakurra".
Muxu bat.
Si la Iglesia "somos todos"...entonces sacerdotes tambien somos todos.El Evangelio no crea ningun "sacerdocio" mas bien SE ENFRENTA A LOS SACERDOTES.Cristo no abolio un sacerdocio para crear otro sacerdocio.
Buen comentario, saruce.
En cambio máximo está bajo mínimos.
Miscato y el blogger ya se sabe: el típico caso de simbiosis parasitaria (en algunos aspectos almas gemelas, tal vez)
Y emérito está claro que es un vocacional de vacaciones. Pero el que tuvo, retuvo, mal que le pese.
Amigo blogger, ¿es posible cambiar de actitudes ante la vida, como de nick?.
¿Se puede ser sensible a lo espiritual, por la mañana, y hosco e irracionalmente posicionado contra la espiritualidad, pocas horas después?.
Porque no es racionalismo (creo que se trata de obsesión) esa lucha constante contra todo aquello que represente el seguimiento del mensaje cristiano.
Creo que la Iglesia católica no necesita de tus consejos para que lleguen nuevos curas (es lo mismo que sacerdotes, ¿se te olvidó?), y tampoco Dios sigue los pasos que deduces, cuando estás en el rol "chungo".
Y como tengo el mismo derecho, no puedo por menos de meterme con Miscato que pasa de necio a mentecato cada vez que abre el pico. Y abre el pico porque lo tiene. Debe ser un clon de la cigüeña, ese otro mostrenco de los blogs que es lo más carca que parió madre. Así les va.
Y esa frase que pone que "La vocación sacerdotal es el don más grande de Dios a una criatura, a un hombre, puesto que consiste en la identificación con Cristo sacerdote que salva y santifica a la humanidad” ¿quién se la ha inventado?
Si eso fuera así, si fuera verdad, ¿quién no correría a hacerse sacerdote? Bah, que no se lo creen ni ellos. Viven de soflamas, viven de generar cuentos y adornarlos con más cuentos.
Yo al tinglado de la Iglesia le deseo lo mejor: que desaparezca. Por su bien. Más bien por el bien de las personas dedicadas a ello.
He tenido que hablar con alguno de ellos por cuestiones de algún funeral y no me gustan un pelo. En su feudo son prepotentes pero luego no valen un pimiento. Y de esto se dan cuenta los jóvenes y no quieren sentirse socialmente discriminados o excluidos.
Sólo se salvan de la quema algunos hartos de tanta burocracia eclesiástica que se largan a "misiones". Y ni esos siquiera.
Por añadir una tercera deriva en la vocación-vacación: los que entraron, vieron, se aconjaron, no supieron hacia dónde iba la cosa, les entró pánico a lo que se tenían que enfrentar, atisbaron el vacío vital en el que se introducían, percibieron que no compensaba lo que perdían con lo que recibían... y dijeron "fuá pa ti", que esto no merece la pena.
MISCATO, respecto a su comentario:
--El necio es un perro que no cambia de collar aunque le digan que lleva una longaniza por collar.
--El necio todo lo juzga bajo su punto "necedariamente" necio.
--El necio no entiende lo que le dicen y por eso piensa que le están insultando cuando le están enseñando.
--El necio prefiere seguir bebiendo su botellón, confundiendo sueños con deseos y deseos con realiddades.
--El necio termina en canalla cuando cree que le están dando la razón.
--Ir por la vida de necio llega a convertirse en vocación: he sido llamado para decirles a todos que son unos necios.
¿Y después de los laicos? Pues tendremos sacerdotas y si esto tampoco llega, pasaremos a reserva el santo celibato. Y ya puestos a especular, estimo que el paráclito se cansará de esperar a sus discípulos y discípulas, emprendiendo el viaje a su reino, para concluir como todas las religiones, en un mero acontecimiento en la vida de estos mortales humanos, que se mencionará en algún texto histórico del futuro, tal como ha sucedido con todas las precedentes. Lo malo de todo esto, es que seguramente no faltarán religiones que la sustituyan.
Hombre, está usted partiendo de una visión clerico-centralista de la Iglesia, para ser un buen cristiano en absoluto es necesario ser un sacerdote o cura (para mí es lo mismo, en mi opinión su división carece de lógica).
Y por otro lado es innegable que nos encontramos viviendo en una sociedad en la que "quemar las naves" no es algo apetecible se buscan apetitos inmediatos y seguridades eternas.
Así pues todo el mundo quiere trabajar en la Administración Pública, todo el mundo quiere seguir la corriente ya sea de moda, música, viajes...en definitiva se busca deseperadamente una identidad en un mundo fracturado y diverso.
Las grandes utopías de antaño forman parte de las manuales, ya no se lucha ni ná. Sirve de botón de muestra lo que señala el economista BUCHANAN explicando como en los 70, con una presión fiscal menor, la gente se sublevaba por las subidas de impuestos. A día de hoy nada de nada.
Estamos aletargados.
El mismo perro de la necedad con distinto collar.Este nuevo collar lleva engastadas expresiones de mala educación,tipo Rubianes,asiduos del botellón,patio de monipodio.Y es que la necedad y lo canalla se dan el pico.Oficiar de necio y de miserable convertido en "vocación".
Miércoles, 30 de mayo
Jesús Espeja
Mariano Fresnillo Poza
Jordi Llisterri i Boix
Pedro Tarquis
Juan Fernandez Krohn
Manuel Mandianes
Alejandro Córdoba
Desiderio Parrilla Martínez
Asoc. Humanismo sin Credos
Josemari Lorenzo Amelibia