Humanismo sin credos

La puerilidad de creer en milagros.

17.10.08 | 12:00. Archivado en Razón, sentido común y cerebro, Credulidad
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Si hay algo de lo que debieran huir las religiones es la creencia en milagros. Es el elemento más flagrante de creencia en supercherías que invalidarían cualquier mensaje espiritual de orden elevado.

Sucede sin embargo que los adoban de tal manera, los envuelven con tantas capas de pseudo ciencia "miscatiana", los analizan personajes supuestamente encumbrados, los narran en libros y libros llenos de prosopopeya, los repiten y divulgan y hablan una y otra vez de ellos... que a la fuerza dan la sensación de veracidad.

Con los milagros sucede como con las visiones de ovnis y contactos con extraterrestres. Todos aseguran que es verdad lo que han visto, que lo han fotografiado e incluso filmado y que tienen que ser extraterrestres, sin pararse a pensar en alguna otra posibilidad. ¡Es tan sugestivo creer en lo más raro y que a uno le ha sucedido un hecho extraordinario!

Y la creencia engorda por nuevas y gigantescas supersticiones basadas en la creencia en unos textos o fragmentos ocultos que únicamente están a disposición de unos pocos escogidos.

En contra de toda esta superchería lo decimos y diremos mil veces: dado que tal explicación es la más improbable, hay que suspender o retener el juicio hasta que el hecho quede confirmado por hechos similares y en similares circustancias (repetición estadística o experimental) o hasta que surjan explicaciones más coherentes y racionales.

De nuevo G. de Ockam en nuestro auxilio: si de una cosa se pueden dar dos o más explicaciones, hay que descartar la más descabellada, la que no explica nada o la que plantea más preguntas de las que responde. Así de claro.

Un ejemplo, el de las estatuas de vírgenes o santos que lloran o sangran. En primer lugar habría que preguntarse por qué siempre es tan trágico todo y por qué todo un Dios se manifiesta de manera tan miserable y sin incidencia alguna positiva en la vida normal. Pero sucede que, además, esto lo puede llevar a cabo cualquier prestidigitador del tres al cuarto con materiales tan banales como, por ejm. manteca de cerdo.

En la actualidad todos los milagros que se atribuyen a cualquier santificable pecan o de vulgaridad ramplona o de ingenuidad de lo más simple o de sugestión colectiva.

Recordemos una anécdota referida a Teresa de Calcuta, el famoso "milagro fotográfico" (grabar sin apenas luz y que salieran todos los detalles de la Casa de los Moribundos con efectos especiales de iluminación). “Milagro”, dijo el tontaina de Malcolm Muggeridge, evangelista y luego católico que escribió el guión del documental Something Beautiful for God: “...la parte rodada en el interior estaba bañada de una suave luz particularmente hermosa... ...Estoy personalmente convencido de que Ken grabó el primer auténtico milagro fotográfico... ¡Es la luz divina! Es la Madre Teresa...” sin aportar la explicación más convincente de que habían usado unos rollos nuevos de Kodak de alta sensibilidad todavía no probados.

O como la curación de Mónica Besra, realizada por obra de una estampita de esta siniestra señora ya difunta. No valieron los tratamientos efectivos de la clínica: sólo sirvió la estampita que dos monjas de la Orden habían puesto sobre su vientre.

Nadie ha comparado curaciones asombrosas que suceden en los hospitales sin recurrencia a huesos, hábitos, cíngulos o estampas con ésas que dicen ser obra de santos. Nadie porque es un asunto que apenas si interesa investigar: el paciente se ha curado, los médicos no saben cómo y basta. En manos de una congregación tendrán estas curaciones gran valor escatológico. O crematístico.

Algo que hasta un niño de Primaria entendería, no entra en la cabeza de un cardenal de la Iglesia: No todo lo que no tiene explicación “natural” es necesariamente “sobrenatural”.

Una consecuencia nefasta de esta creencia en curas milagrosas por parte de gentes con pocas luces es que muchos de ellos morirán por confiar en placebos sacros. O en curanderos o en faquires. No es más que ellos la supradicha Madre Teresa, ambiciosa monja albanesa que llegó a santa por adjurar de su verdadero nombre, Agnes Bojaxhiu.

Y si hoy Roma se cura mucho de proclamar un milagro así como así(no vaya a ser que médicos y periodistas pongan en evidencia a sus mentores), podemos imaginar el monumental apaño que la Iglesia ha llevado a cabo en épocas pasadas, épocas de ignorancia y miedo, cuando la palabra de un sacerdote era palabra de Dios y la oposición o duda motivo de ser considerado poco menos que hereje.

9 comentarios


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Comentarios
  • Comentario por Sorprendido 22.10.08 | 21:30

    ¿A qué viene la verborrea del ínclito/a SOTA DE BASTOS?
    Él/ella cree o no cree en los milagros, por que de eso iba el tema.
    Confundir el culo con las témporas se suele dar en los que tienen un auténtico cacao mental, o diarrea.
    La RAZÓN, el INTELECTO mínimo, rechaza todo milagro, por que todo lo que dice la religión es una superstición infantil, como dijo Eintein.....

  • Comentario por Sota de Bastos 21.10.08 | 18:57

    (debería ir al final) Y ahora me preguntarán: ¿Si no es por cambios al azar –que ya hemos visto que es ridículo-, cómo tiene lugar la evolución, es que va haciéndola Dios “a pedal”? La respuesta que tendría que haber dado Darwin es: “No lo sé, no se puede explicar por la ciencia del siglo XIX”, pero quería cerrar “a capón” esa ciencia y fingir que el materialismo lo tenía todo explicado. Me parece tan tonto decir que Dios ha fabricado la evolución como decir que la Reina Victoria encendía todas las noches las farolas de gas. Las encendían los empleados de los Ayuntamientos y ahí empezaba una cadena que acababa en el Parlamento, que funcionaba porque estaba la Reina. Yo pienso que la evolución es dirigida por unas causas naturales finales que están en el futuro, lo que en física moderna es posible y que cuando sepamos lo suficiente, veremos que Dios es como la Reina Victoria, tiene que estar al mismo tiempo al principio y al final.

  • Comentario por Sota de Bastos 21.10.08 | 18:47

    Ya lo dice Jesús: "Aunque resuciten los muertos no creerán". El hecho es que miles, por no decir cientos de miles, de personas en todos los tiempos han sido testigos de milagros y hay quien niega a creer en ellos, porque están agarrados a los paradigmas de la ciencia oficial del siglo XIX y no se dan cuenta de lo ridículo que es por varias razones. Una es que eso en lo que ellos creen ya no es ciencia, desde aproximadamente el principio del siglo XX. Otra es, porque la misma ciencia del siglo XIX (y ésa es una de las razones por las que evolucionó) tenía unas contradicciones que dejan pequeños a los mayores milagros. Una de ella, que deja estupefacto a todo el que no tenga una “fe del carbonero” en el materialismo, es el mecanismo que da Darwin para la evolución, “el azar”. Cuidado: no estoy diciendo el hecho de la evolución, que es innegable, sino cómo tiene lugar. Citaré algunos párrafos de Hill Bryson, catedrático inglés de física. Y eso es sólo el principio.

  • Comentario por Sota de Bastos 21.10.08 | 18:47

    Ya lo dice Jesús: "Aunque resuciten los muertos no creerán". El hecho es que miles, por no decir cientos de miles, de personas en todos los tiempos han sido testigos de milagros y hay quien niega a creer en ellos, porque están agarrados a los paradigmas de la ciencia oficial del siglo XIX y no se dan cuenta de lo ridículo que es por varias razones. Una es que eso en lo que ellos creen ya no es ciencia, desde aproximadamente el principio del siglo XX. Otra es, porque la misma ciencia del siglo XIX (y ésa es una de las razones por las que evolucionó) tenía unas contradicciones que dejan pequeños a los mayores milagros. Una de ella, que deja estupefacto a todo el que no tenga una “fe del carbonero” en el materialismo, es el mecanismo que da Darwin para la evolución, “el azar”. Cuidado: no estoy diciendo el hecho de la evolución, que es innegable, sino cómo tiene lugar. Citaré algunos párrafos de Hill Bryson, catedrático inglés de física. Y eso es sólo el principio.

  • Comentario por Sota de Bastos 21.10.08 | 18:43

    Se obtiene las proteínas al unir aminoácidos, necesitamos muchísimas y puede haber un millón de tipos en el hombre y cada una pequeño milagro. Según todas las leyes de la probabilidad, no deberían existir. Para hacer una, necesitas agruparlos en un orden determinado. Para el colágeno colocar 1.055 aminoácidos en la secuencia correcta. Pero se hace solo, espontáneamente, y las posibilidades son nulas: sencillamente no sucederá. Para verlo mira una máquina tragaperras de Las Vegas con 1.055 ruedecillas giratorias y 20 símbolos en cada rueda (uno por aminoácido común). ¿Cuánto tiempo hay darle a la manivela para aparezcan en el orden correcto los 1.055 símbolos?: Infinito. Aunque fuesen 200 ruedas giratorias, el número de aminoácidos para una proteína, las posibilidades en contra de que apareciesen las 200 en una secuencia prescrita son de 1/10 elevado a 260. Esta cifra es mayor que el número de todos los átomos del universo, cuya edad es 15 elevado a 9.

  • Comentario por PAS 19.10.08 | 15:12

    No tiene sentido alguno que Dios sane a un enfermo terminal que al fin y al cabo va a morir, y voy mas allá. Lo verdaderamente importante para esta señora italiana es morirse cuanto antes para "gozar" de la beatitud.

  • Comentario por logos 18.10.08 | 06:13

    Miscato, si fuera por Zapatero, mañana mismo se dictaba una Orden ministerial de 'control' de la industria milagrera y se dejaban sin efecto todos los milagros de lurdes en un solo decreto, teniendo que restituirse a todas esas personas a su estado anterior a la intervenciòn divina, (excepto si la Iglesia sujeta al IVA cada sanidad y cada resurreccion).
    Ahora va a ver si èl exhuma 180.000 restos de humanos al objeto de que, relatando todos los detalles de cada resurrecciòn y combatiendo a la Iglesia, no se hable por la plebe del asunto de 3.000.000 de parados que no lo arregla él con milagro alguno.
    El socialista aprende del milagroso Bush al resucitar la bolsa. Zapatero dice que tiene la soluciòn a la Economía mundial: el CONTROL de todo el dinero bajo su mano.
    Fe y Razòn finalmente unificadas.

  • Comentario por miscato 17.10.08 | 17:06

    Dicho y hecho, la italiana consigió llegar "viva aunque en camilla" a la ciudad francesa como era su deseo.
    Una vez allí, las religiosas la introdujeron en la piscina y Santaniello explica que "el agua estaba helada, pero sentí inmediatamente algo que hervía en el pecho, como si me hubieran restituido la vida. Después de pocos segundos, me levanté con mis propias fuerzas y comencé a caminar, rechazando la ayuda de los camilleros, que me veían con incredulidad".
    Al regresar a casa, pidió consultar a un ilustre cardiólogo de aquella época para que reconociera su estado de salud tras su visita a Lourdes. Éste "me dijo que no tenía nada, que estaba sanísima y que no podía explicarse todos los certificados y exámenes hechos precedentemente", asegura. Desde este acontecimiento crucial en la vida de Anna Santaniello, ésta ha vuelto en otras ocasiones a Lourdes para ofrecer su servicio como voluntaria en la ayuda a los enfermos.



  • Comentario por miscato 17.10.08 | 17:04

    Blogger: lo tuyo está pefectamente claro:has optado por ver la realidad con ojo animal.Y tienes el entusiasmo de un converso,de un funcionario camboyano.Tienes suerte que aquí,tu mal esta perfectamente diagnosticado,y puedes curarte.Mucha violencia tienes que hacer a tu inteligencia para obligarla a renunciar a todo lo que no cabe en el ojo animal.

    Milagro nº 67 en Lourdes.La enferma, Anna Santaniello, sufría desde su infancia una malformación cardiaca, declarada incurable por los médicos. Al cumplir los cuarenta años, su estado de salud empeoró gravemente y, a pesar de la oposición de los médicos y de su familia, decidió viajar en peregrinación a Lourdes.
    Esta malformación le impedía caminar y hablar claramente. Asimismo, le causaba cianosis en la cara y edemas en las extremidades inferiores. "Ya casi no lograba respirar y le dije a mi hermano que mi último deseo era ir a Lourdes", explica Anna Santaniello en el diario "La Città…" de Salerno. Dicho y hecho, la ital...

Miércoles, 30 de mayo

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