
Reflexiones post hospitalarias. Hay hospitales regidos por congregaciones religiosas. Admirable labor. Loas sin remilgo alguno. Después de su trabajo, y antes, encomiendan a su Dios la labor diaria, se la ofrecen a él, le piden fuerzas... Nada que objetar.
Pero yo también he sido cuidado por enfermeros y enfermeras "de otro estilo", ésos que después de su trabajo atienden los cuidados de su casa y gozan o sufren su propia familia, la formada por ellos.
¿Qué quieren que les diga? Más cercanos al enfermo. Se puede hablar de un mundo común, compartir ideas, lecturas, pensamientos. Mi agradecimiento más profundo a su dedicación, su alegría, su profesionalidad, sus palabras de ánimo, su familiaridad incluso...
Consideremos el trabajo en un hospital de una monja-enfermera –-religiosa— versus enfermera-monja –-empleada—. Y el paciente considerado bien como un Cristo encarnado, bien como simple persona. Cuestión de enfoque.
Se dice, yo no lo he visto, que a veces uno es tratado como mero paciente, como un número de cama. Repito, no lo he visto.
Sea "Cristo doliente" o "persona sufriente", ¿cuál es la diferencia real? Ninguna. ¿Qué añade un trabajo a otro? Nada. Sólo cambia la apreciación, el enfoque. Sin embargo les dicen, y así lo creen, que la monja-enfermera recibe un “plus” de gracia santificante. Simplemente por una cuestión de perspectiva.
¿Sólo por la intención Dios va a premiar más un trabajo que otro siendo el mismo?
Si nos ponemos en el punto de vista del paciente, lo más probable es que le dé totalmente igual con tal de curarse, pero bajo otro punto de vista, no parece probable que aceptase de buen grado ser tratado como portaestandarte de un personalidad suplantadora, Cristo... Probablemente preferiría ser bien tratado, pero por él mismo, sin sufrir la “humillación” --tómese esto con su mica salis-- de ser suplantado por otro, por más que sea dios.
Es que por esta vía, caminamos hacia el absurdo o hacia el esperpento. El absurdo: hay monjas que llegan a afirmar que si no fuese por Dios, “esto” no lo harían. ¿Cuál es, en este caso, la situación de la monja-enfermera “obligada” a realizar ese trabajo para el cual no siente vocación? El esperpento: la santificación por la vía del repulsión.
Con tanto absurdo, el día a día conducirá a la insatisfacción vital, sin posible vuelta redentora atrás.
En el fondo, las monjas enfermeras trabajan como cualquier humano, sin pensar en esas tonterías. Luego, por la noche, en la oración, dirán que lo hacen por Dios. Sublimaciones de poca monta.
Las otras se van a su casa con la satisfacción del deber cumplido y, quizá, con la satisfacción de la alegría que han aportado y el reconocimiento humano que les reporta su labor. También del salario, que se da por supuesto. El día a día lo llenan con el agradecimiento y la sonrisa de quienes se sienten bien cuidados y bien tratados.
Desde luego con el mío.
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pues... (capítulo segundo) si el profesional también tiene habilidades de psicología, de sociología y de espiritualidad... mejor que mejor. Todo lo que sea bueno cura, así que no me molestaría que pasase el cura del hospital por mi habitación cuando yo esté allí en la condición de enfermo.
Lo dicho, que como enfermo me irá bien una "sonrisa", sea de creyente, de agnóstico o de ateo.
Pues me resulta interesante el enfoque del tema. Las descalificaciones a priori por ideologia serían injustas de un lado u otro.
Uno o una -por lo de miembros y miembras- no hace las cosas con mejor o peor profesionalidad por su confesionalidad religiosa, sino por su coherencia con el compromiso adquirido y su capacitación. Hay una capacitación y una ética profesional sin más.
Los pluses son muy relativos. Puedes ver al enfermo-paciente como negocio o como incordio, o verlo como persona con su derecho a ser atendido con la mejor técnica y el mejor trato. No hay un trato con el enfermo aséptico, con lo importante que es la asépsia en el campo sanitario.
Admito que algunas actuaciones deficientes se ha camuflado con los hábitos. Pero también habrá que admitir que, en muchos casos, la entrega de personas religiosas ha sido ejemplar.
Osea, que lo exigible a todo profesional sanitario es la excelencia, hasta donde se pueda. Y como la enfermedad lo remueve todo, pues...
Jamás les pregunté si lo hacían por Dios o por el diablo; tampoco ellos/as lo exteriorizaron.
Ignoro si en sus casas rezaban o encomendaban a Dios a los enfermos. Pero sí afirmo que en “su entrega”, lo hacían, no sé si "por Dios"; pero sí “como Dios”.
Hay dos parábolas de Jesús de Nazaret que siempre me han impresionado por lo que tienen de humanistas, las llamadas “El buen samaritano” y el “Juicio final”. En ellas se define claramente la actitud de entrega, de servicio a los demás sin intereses ni ideologías, ni siquiera de “caridad”. Sólo “convicciones” de “solidaridad” humana. En la primera, el “clero” pasa de largo ante el hombre moribundo. En la segunda, el juez no juzga porque se ha amado más a Dios, o se han cumplido sus ritos y sacrificios, sino por satisfacer las más elementales necesidades de la persona.
Personalmente, no he tenido experiencia de trato con “monjas-enfermeras” o “enfermeras-monjas”; pero sí he tratado con muchísimas/os enfermeras/os “laicos” (no sé si en sentido de “creyentes elementales” o de agnósticos). Confieso que, como en todas partes, también aquí se cuecen habas. Sin embargo, quienes estaban ahí por “vocación” (no divina, sino humana), vivían una entrega total y absoluta a los enfermos....
fe no es tan grande como para que Él venga en este momento a ti, pero si tu lo invocas, ciertamente Él no te echará ni te rechazará. He rezado por tí y esta noche voy a rezar con todas mis hermanas. En ese mismo instante le brilla la mirada al que grita con sus ojos por un poco de luz, y su sentir... se llena.
No, menospreciar a unos seres que son hechos a la imagen y semejanza de un griego desnudo en la palestra, un hoplita de las obras buenas, no es propio de caballeros bien nacidos.
La Psicología, la Antropología, y la Biología, por su parte, se encargan de afirmar que todo lo que se vierta de sentimiento interior por un ser humano hacia otro ser vivo, aunque sea un perro, ... llega de tal manera que lo insufla de ánimo (palabro que viene de pneuma= espíritu).
dentro el comunismo desde aquello de 'todo en común' de la Economía
del Evangelio, tengo que decir que los hospitales urgen a las enfermeras, las condicionan, y también a los profesionales de la medicina, y también a intendencia, y también a los fármacos, y a todo lo habido y por haber, ... para ganar dinero. Así, aunque la enfermera asalariada quiera, NO PUEDE volcar en el enfermo aquello otro que sólo una persona enajenada por su pensamiento de 'LA CARIDAD'... pueda llegar a hacer
, incluida la oración a Dios para que esa persona se salve, y se sane. Ayudos ramadánicos, incluidos.
La segunda es espiritual: cuando enfermo
terminal, o el anciano que ve a la parca
presente con su guadaña, o el paciente muy 'malito', o el niño que sufre esas enfermedades nuevas y terribles que nadie ha sabido diagnosticar... miran con esos ojos de quien 'ya lo sabe'... y buscan unos ojos que mirándole con alma muy franca, le digan así: Dios te ama, no tengas miedo, mi...
Hay aquí un par de DIFERENCIAS.
Primera, que la 'labor' de muchas monjas
españolas es ínclita, heredera de una tradición casi única en el mundo, que proviene de un tiempo en que la España quijotesca campaba con el estandarte de la Pax Universal por unos dominios donde
el sol no podía con ella. La España monjil es medieval, sobria, y por lo tanto, IM-PRE-SIO-NAN-TE: nada tienen esas damas con los hechos y pompas de Satanás en su última reencarnación que lleva las riendas de los reinos de este
mundo, ese caballo sin freno llamado CAPITALISMO.
Porque el Sistema que rige todo el entramado médico, y también farmaceútico
, se conduce por una divisa que todos conocemos, el hambre de dinero, los Hospitales no son instituciones de
'caridad', sino que están ordenados para ganar 'beneficios', rendimientos, DINERO. Y los bancos que los financian, también.
Así las cosas, yo que soy anticomunista militante por el peso de fracaso que lleva...
Miércoles, 30 de mayo
Carlos F. Barberá
Josemari Lorenzo Amelibia
Universidad Pontificia Comillas
Ediciones Khaf
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Antonio Aradillas
Juan Jáuregui Castelo
José Manuel Bernal
Sor Gemma Morató