
El domingo pasado y por cuestiones ajenas a creer o no creer asistí al sermón del segundo de a bordo, coadjutor a secas. Parece que el hecho de ser segundo, sobre todo en tareas doctrinales, deprime y encorajina. Ésa es la sensación que daba el coadjutor.
El hecho de que a sus sesenta y pocos años no haya pasado de "co-adjutor" --ayudante, colaborador, dependiente, segundón-- más parece un eufemismo que encubre o conlleva excesivas frustraciones vitales que oficio digno de tal. No sólo era que su discurso estuviera vacío de todo contenido humano, de algo que mínimamente pudiera encender la llama de la convicción, es que además presuponía y tergiversaba todo. Y esto es lo que me sublevó.
Su sermón daba por sentado varias cosas: que quienes no van a misa profesan un odio visceral a la religión; presuponía en quien no sigue los dictados píos, corrución de costumbres; presuponía en el “mundano” que habla en contra de los que creen y de lo que creen, analfabetismo compulsivo, desconocimiento criminal de lo que es la gracia y el plan de Dios; si este "mundano" se opone a la presencia de lo sacro en la vida civil, a la par que impío y anticlerical, entra en la categoría más o menos de terrorista. O casi. Sermón apocalíptico.
Las más de las veces el mundo cerrado en que estos clérigos-cervatana viven les lleva a refutar doctrina, opiniones, escritos, ensayos, libros afirmando cosas que “el otro”, el que pone a la credulidad en su sitio, ni ha dicho ni ha querido decir o no sabiendo interpretar las ideas dentro del contexto adecuado.
Esto que es verdad en cuanto a conductas o pensamientos de hoy enfrentados a la religión, lo es todavía más cuando juzgan escritos del pasado. Escritos que con seguridad no han leído y que sólo refutan de oídas. La Iglesia con su infinita sabidurá ya ha juzgado, saben que tal autor es contrario a las ideas clericales y para ellos cualquier cosa que diga es nefanda, censurable y digna de castigo.
Con toda seguridad el malhadado Jomeini no había leído “Versos satánicos” antes de lanzar su diatriba mortal (fatwa acomañada de abundante dinero) contra su autor, S. Rushdie, sumiendo a una persona en el temor a ser asesinado en cualquier momento. Eso mismo les sucede a estos domingueros lenguaraces. Bien saben ellos que para refutar algo hay que conocerlo muy a fondo. Eso se lo dejan a los de Roma. El cansancio mental les impide ponerlo en práctica. Más bien su fundamentalismo.
Me da la sensación de que todos ellos arrastran un problema serio que tiene que ver con el miedo a la verdad. O bien sienten un vago temor a que, cuando entran “a fondo” en lo que quieren defenestrar, primero lleguen a entender de qué va la cosa, quizá, luego que les parezca razonable. Por ende, saben que corren el peligro de admitirlo y... ¡puede que lleguen a convertirse!. Conocido el peligro, como lo conocen, prefieren no saber. Se vive bien en la casa del padre/Padre
Y todos son iguales, sean sacerdotes, rabinos o imanes. O simples fieles que quieren ahondar en su fe. No saben lo que piensan sus oponentes; no se paran en las ideas, van contra las personas; lanzan diatribas contra fantasmas creados por ellos con trapos sueltos. En el fondo una burda tentativa de tergiversar cualquier argumentación, filosófica o de sentido común, contra la religión dando patadas en el culo del personaje.
Por eso, tal como sucede en cualquier diálogo, cuando descubren lo que piensa el otro se llevan sorpresas mayúsculas. Y como hasta ahora han sido ellos los intérpretes tanto de su verdad como de la mentira [de sus oponentes], no había forma de que el vulgo supiera lo que piensa “el otro”. De ahí que los prejuicios y hábitos mentales hayan echado raíces tan potentes en la mente de los fieles: la palabra “ateo” suscita hasta miedo; decir “los masones” suena hasta duro al oído; “hereje” es lo peor que le podrían llamar a un creyente; “comunista” es poco más o menos asesino...
Cuando ese creyente percibe ensañamiento, desconocimiento, ataques infundados en ese sacerdote canijo o memo, la desconfinaza araña la piel de la creencia ciega. Y consiguen el efecto contrario. Es entonces cuando surge un interés, aunque mínimo, por los enemigos del alma. Y descubre que la mayor parte de las veces le han engañado. Como aquellos que, ávidos de verdad, comprábamos libros de Historia en Francia prohibidos en España por el franquismo.
O el caso de Lutero y Voltaire.Cuando, tras leer sus biografías accedí a las obras, ya no me parecieron ni depravados ni malvados ni satánicos. Dos grandes hombres. Que tenían más razón desde luego que sus contrarios.
Dígase lo mismo de otros científicos o pensadores que laboran con la realidad. Es cierto que hoy día muchas de las aseveraciones de Freud están puestas en entredicho. Se equivocó en la generalización de su diagnóstico, pero... ¡cuánto ha aportado a la comprensión del ser humano! ¡Y cuánta pseudopsicología religiosa ha desmontado!
Hay que gritarlo muy fuerte: aún equivocándose, aún errando, todos aquellos que desvelan los secretos de la Naturaleza, son más creíbles que toda la sarta de doctores de la Santa Madre Iglesia que, instalados en la verdad previa, emiten compulsivamente "fatwas" de obligado cumplimiento.
Es la diferencia entre estar leyendo historia o estar leyendo novela histórica.
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Amigo Emérito Augusto, he llegado a pedir dimisiones de "educadores" religiosos de mis hijos, y de políticos "nada religiosos" que nos gobiernan. Resultado negativo, en todos los casos.
Esos malos oradores, predicadores, o como desees llamarlos (o algunos de ellos, para no generalizar), tienen una visión sesgada de la realidad. He conocido algunos que se alimentaban intelectual y espiritualmente, del boletín diocesano.
Un reciclado, a tiempo, nos favorece a todos, y más a quienes aspiran a infuenciar a otros.
Un abrazo.
Y es que no sólo en las misas, sino hay que ver lo que se oye en los sermones de bodas y primeras comuniones.
Es cierto que en estas ocasiones no es "obligatoria" la asistencia, tanto más que, para la mayoría, lo que menos importa es el sacramento; pero también se comulga con ruedas de molino.
La mayoría de estas pláticas rozan lo cursi, cuando no despotrican contra el divorcio, el aborto o las bodas homosexuales... y otras chapuzas.
SARUCE, yo entiendo que sean "humanos"; pero ten en cuenta cuál dicen que es su "misión". ¿Dirías lo mismo de un profesor que soltara frecuentemente ciertos dislates en la "formación de sus alumnos"? Yo te juro que pediría la dimisión de ese "educador".
Muy bueno, FLEMMING, lo tuyo. Pero hay una leve diferencia. Nadie se siente compelido a entrar aquí y si lo hace es por voluntad propia de querer aprender algo o por masoquismo.
En cambio es obligatorio bajo pena de pecado MORTAL acudir a misa los domingos. Y en la misa sucede lo que sucede, que nadie puede a'post'illar nada a lo que dice el ensotanado.
Más o menos así nos sentimos algunos de nosotros con algunos de sus artículos.
Atentamente.
En cuanto a Dios, Él siempre está vivo, o sea, está a ver qué es lo que pasa, y además, se entra en el corazón pequeño
-y grande- de aquellos hombres que gustan de sentirlo. Aquí, todos se la dan de que lo saben todo, menos Dios, que está adaptándose a las nuevas brisas
y gusta de recibir el sentimiento de
aquellos que lo aman, ahora, ya sin Religión que valga.
Si es lo que yo digo, Dios, que sabe más, jamás ha dado una fatwa católica, islámica o protestante, porque lo que ocurre es siempre simple aunque parezca complicado: todo va en evolución, y aunque se llegare a aislar un asunto como si se hubiera llegado ya a toda 'la verdad',.. cambiará alguno de aquellos elementos que nosotros gustamos
en etiquetar como 'constante', como por ejemplo, la velocidad de la luz, y entonces se nos queda 'coja' la teoría más brillante. Aquí todo es relativo, es decir, que todo se deja INFLUIR por lo que tiene alrededor.
En las normas de la Sociedad humana ocurre lo mismo: la Iglesia desea declarar que la Ley es Absoluta, y para eso declara ya de paso que Dios es absoluto también. Y luego pasa lo que pasa: que aquí no hay norma que mil años dure, sea de 'cosuetudine', de psicoanálisis, o de física cuántica. Buenas noticias, eso quiere decir que TODOS tenemos que abrir las entendederas
siempre, y no hay que dormirse en los laureles.
Probablemente sean otras razones las que llevan a esos oradores, a cometer exageraciones, decir burradas, e incluso chorradas.
Cualquier sermón en el interior de un templo, ha de tener el principal objetivo de enseñar a amar, a perdonar y/o a vivir en paz.
Lo demás son ganas de fastidiar. Sacar el estado de malhumor interior, y lanzarlo a los oyentes, crean o no, tiene poco de constructivo y de cristiano.
Haberlo háilos, pero no son mayoría.
No los justifico, aunque los disculpo, porque también son humanos.
Miércoles, 30 de mayo
Carlos F. Barberá
Josemari Lorenzo Amelibia
Universidad Pontificia Comillas
Ediciones Khaf
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Antonio Aradillas
Juan Jáuregui Castelo
José Manuel Bernal
Sor Gemma Morató